Alaska
Mi nombre es Alaska Harrington y soy la menor de los hijos de Liam Harrington.
Eso es lo primero que la gente aprende sobre mí.No quién soy. No qué siento.Solo a quién pertenezco.
Ser una Harrington significa sonreír cuando las luces se encienden, caminar recta aunque los pies sangren y aprender, desde muy joven, que el silencio también es una forma de obediencia. Mi padre siempre dijo que el apellido pesa más que cualquier deseo personal, y yo crecí creyéndole, repitiéndolo como un mantra mientras me ataba las zapatillas de ballet una y otra vez.
El teatro es el único lugar donde respiro sin permiso.
Mi padre fue presidente hace muchos años.
Antes que él, lo fueron mis abuelos. Y antes, otros Harrington cuyos retratos cuelgan en pasillos donde nunca se ríe.
El poder, en mi familia, se hereda como una condena.
Mi hermano mayor, Daniel, es el actual presidente desde hace algunos años. Carismático, impecable frente a las cámaras, distante cuando las puertas se cierran. Para el país es un líder; para mí, es una sombra que siempre está demasiado ocupada para mirar atrás.
Yo quedé fuera de todo eso.
Demasiado pequeña para servir, demasiado valiosa para ser libre.
Por eso, desde que cumplí diez años, vivo en un internado en Polonia. Lejos, silencioso y seguro, dicen. Un lugar donde nadie puede tocarme… ni tampoco conocerme. Me enviaron allí porque no podían cuidarme. Porque todos tenían responsabilidades más grandes que una niña que aún no sabía atarse bien las cintas de ballet.
Desde entonces, mi vida se mide en horarios estrictos, rezos al amanecer y pasos contenidos por pasillos de piedra fría. Monjas vigilantes, sonrisas correctas, castigos silenciosos. Ocho años rodeada de hábitos grises y normas que no admiten preguntas.
Solo salgo los fines de semana y solo cuando es estrictamente necesario.
Galas, eventos oficiales. Apariciones calculadas donde debo sonreír, inclinar la cabeza y recordar que mi apellido pesa más que cualquier emoción.
En todo ese encierro, hay una sola excepción.
Amaya.
Mi mejor amiga, mi salvación. La pelirroja más loca del mundo, ruidosa donde yo soy callada, impulsiva donde yo pienso demasiado. Amaya no pertenece a ningún linaje poderoso, y quizás por eso es la persona más libre que conozco.. Según ella sus padres son empresarios italianos y los menciona muy poco lo cual es raro porque es muy habladora.
—Cuando salgamos de acá, nos vamos a escapar —me dice siempre, tirada sobre su cama, mirando el techo—. Tú vas a bailar en los mejores teatros y yo… bueno, yo voy a ir a visitar a mi amor.
Con ella me río. Con ella me permito existir.
—Tengo que ir a confesarme… —dije, levantándome de la cama.
Amaya soltó una carcajada que resonó por el dormitorio
—Ve, monjita —se burló—. Reza por mí también.
Le saqué la lengua y salí antes de que siguiera riéndose.
Caminé sola hacia la iglesia del internado. El cielo estaba cubierto y el aire olía a incienso viejo y piedra húmeda. Siempre me sentía distinta al cruzar esas puertas, como si el mundo se quedara afuera y solo quedaran mis pensamientos… esos que no lograba callar.
Al entrar, lo vi, el cura nuevo.
Cabello castaño, prolijo, ojos marrones que no evitaban mirar a la gente a los ojos. No tenía el gesto cansado de los otros sacerdotes. Parecía… joven. Demasiado para ese lugar.
Tragué saliva y avancé.
—Buenos días —dije en voz baja.
Él sonrió con amabilidad. —Buenos días, hija. ¿En qué puedo ayudarte?
Me senté frente a él. Las manos me temblaban.
—Necesito confesarme —murmuré.
Asintió y guardó silencio, invitándome a hablar.
Bajé la mirada.
—No dejo de pensar en alguien —confesé—. Un hombre mayor. Desde la primera vez que lo vi… no se va de mi cabeza.
Mi voz salió quebrada.
—Pienso en él todo el tiempo. Cuando estudio, cuando rezo, cuando intento dormir y eso me asusta.
El sacerdote frunció levemente el ceño, atento. —¿Qué es lo que sientes exactamente, Alaska?
Inspiré hondo.
—Deseo —dije, casi en un susurro— y culpa porque sé que no debería sentirlo. Porque sé que no es correcto… pero aun así no puedo evitarlo.
El silencio se volvió pesado.
—¿Has actuado sobre ese sentimiento? —preguntó con cuidado.
Negué con la cabeza, aunque mis mejillas ardían.
—No —respondí—. Pero mi mente va más rápido que mi cuerpo… y eso me hace sentir sucia y perdida.
Él permaneció en silencio unos segundos antes de hablar.
—Los pensamientos no te definen —dijo finalmente—. Lo que importa es lo que eliges hacer con ellos.
Apreté los dedos sobre mi falda.
—¿Y si no quiero dejar de sentirlos? —pregunté, levantando la mirada—. ¿Y si una parte de mí… no quiere ser salvada?
Mi corazón latía con fuerza.
Tragué saliva y levanté la barbilla. Ya no estaba confesándome como una niña obediente.
—No es solo que me guste —dije despacio—. Es que me enciende, me atraviesa, me despierta partes de mí que nadie más ha tocado jamás.
El sacerdote se quedó inmóvil.
—Cuando pienso en él —continué, con la voz cargada de calor—, mi cuerpo responde antes que mi cabeza. Me arde la piel. Me tiemblan las manos. Me imagino su cercanía, su voz baja diciéndome cosas que nadie se atreve a decirme, tocándome.
Respiré hondo, sin bajar la mirada.
—No pienso en flores ni promesas. Pienso en su fuerza, en su boca y sus manos en ser suya.
El silencio se volvió insoportable.
—Y sí —añadí, más despacio—. He buscado alivio pensando en él. Me he tocado.
El sacerdote dio un paso atrás. —Alaska… eso ya no es solo pensamiento.
—Lo sé —respondí, con una media sonrisa peligrosa—. Por eso estoy aquí. Porque no quiero fingir que soy pura cuando lo que siento es fuego.
Mis dedos se cerraron con fuerza.
—Dígame… ¿eso también se confiesa? ¿O solo se castiga?
El sacerdote respiró hondo, claramente afectado. —Eso que describes… ya no es inocencia. Escucha te indicaré que pasajes de la biblia leer.
Notas del Autor:
Hola, buenas noches.
Este libro lo iré actualizando de a poco, así que les pido paciencia.Recuerden que forma parte de una saga, y si bien se puede leer de manera independiente —porque explico todos los detalles necesarios— siempre es más enriquecedor leer en orden.
Orden recomendado de lectura:
1. Clan Aguilar: La hija ilegítima
2. La esposa de reemplazo del mafioso
3. Casada con un Santoro
4. En los brazos del Sultán
5. Emma Mia (En proceso)
6. La debilidad del Zar.