Nikolaos Konstantino Estaba realmente enojado cuando llegué a Grecia. El jet apenas tocó pista y ya sentía ese peso en el pecho, esa furia silenciosa que me acompaña cuando algo que quiero queda fuera de mi alcance. Alejarme de Alaska me había dejado los nervios de punta; maldita sea, lo único que deseo es tenerla cerca, llenarla de besos, robarle sonrisas como si el mundo no existiera. La adoro, la deseo y odio que todo tenga que ser tan complicado. —Cariño, al fin llegas… —dice Dafune en cuanto cruzo la puerta, con esa sonrisa medida que aprendió a usar como armadura. Me casé con ella porque era la única hija de un Yakura moribundo. Un acuerdo limpio, frío, efectivo. Un matrimonio que me aseguró un asiento en el consejo y más poder dentro del clan. No lo hice por amor; lo hice por es

