—No pasa nada… —insistí, con la voz temblándome a pesar de intentarlo—. Estoy bien. En ese momento salió el imbécil de mi hermano Iván de la piscina, chorreando agua, con esa expresión arrogante que siempre me ha provocado rechazo. Alcé la vista y me di cuenta de que mamá nos miraba desde lejos mientras charlaba con Edward. Ella siempre mira raro a Raúl, como si su sola presencia la incomodara. —Qué raro que estés sin Daniel… —dice Iván, con una sonrisa torcida. No hubo aviso, no hubo tiempo.Lo único que vi fue a Raúl avanzar hacia mi hermano, decidido, sin dudarlo. Lo tomó del cuello y comenzó a golpearlo con puñetazos en la cara, uno tras otro, secos, llenos de rabia contenida. El sonido de los golpes se mezcló con gritos y exclamaciones ahogadas. Marcus me puso detrás de él, cubrién

