Alaska Antes de que la noche terminara nos tomamos varias fotografías familiares. Sonrisas medidas, posturas ensayadas, flashes que no preguntan si estás bien. Después subí a mi habitación y me metí en la cama con el cuerpo agotado y la cabeza llena de ruido. Dormí sin soñar. Me levanté cerca del mediodía. El silencio de la casa me resultó extraño, como si algo se hubiera movido mientras yo dormía. Bajé las escaleras en pijama y entonces lo vi: papá estaba con sus maletas, acompañado por dos hombres de seguridad. —Cariño —dijo al verme—. Fue un gusto verte anoche. Marcus te llevará de regreso al internado esta noche. Asentí, aunque el pecho se me apretó. —Papá… —dije—. Recuerda que dentro de unas semanas será mi cumpleaños. Lo miré con una esperanza que intenté disimular. —¿Irás por

