Capítulo 10

2178 Words
NARRACIÓN POR ALAN---------------------------------------------------- Estaba con Anastasia en un bar sentados en una barra. Pedimos whisky para tomar, el mozo nos miraba de vez cuando, y apartaba su mirada, no entendía su actitud. Por lo tanto, decidí olvidar todo lo relacionado con el mozo. Tomé un respiro profundo, y me detuve por un instante a mirar el alrededor. —¿Qué crees que pueda ocurrir Alan? Ya el Alfa sabe de tu relación con Aisha. Él sabe que hay una conexión hacia ti por Ansley. Debe de sentirse nervioso por el pasado que tuviste con la Luna. Esta situación se está volviendo más complicada de lo que uno pensaba —se expresó Anastasia tocando un tema antiguo. Bajé mi visión sobre el pequeño vaso que yo tenía con whisky e hielo. Y pensé en aquella situación. En el pasado no pensé que las cosas se iban a convertir en lo que se ha convertido ahora mismo. —He pensado tanto en aquello, que he preferido olvidarme por completo sobre el asunto hermana —pausé por breves segundos—. No podemos cambiar el destino. —¿Y si el Alfa intenta eliminarte? ¿No has pensado en esa posibilidad? —realizó ella dos preguntas. —Sé que él podría intentar eliminarme, pero no estoy con su esposa para que lo haga —contesté. —No debes bajar la guardia nunca. No conoces las intenciones de él. Mira como fue a casa de Ansley y Aisha alterado. Y siento que las cosas se podrían complicar —comentó Anastasia preocupada. Yo intentaba de que Anastasia no pensara tanto esa situación que ella no me escuchaba. Por lo tanto, decidí mejor tomar el control de la situación. —Voy a ver que puedo hacer yo —terminé diciendo. Tomé un respiro, y seguí pensando. Sin esperarlo minutos después sentí unas manos sobre mi espalda. Me giré para ver quien era. Logré ver a mi hermana que se había girado. Posé lentamente mi mirada sobre aquella persona que me había tocado, y me topé con la sorpresa de que era Zaira. —Zaira —pronuncié su nombre sorprendido—. Wow, pero que sorpresa. —Hola, Alan. Cuanto tiempo —sonrió luego, apartó su mirada de mí y puso su mirada sobre mi hermana—. ¡Anastasia! ¡Qué emoción poder verte! —Zaira. ¿Qué te trae por aquí? Me habían comentado de que vivías en otra manada —Anastasia se dirigió hacia ella. —Ah, es verdad. Es que tuve unos problemas. Pero estoy de vuelta —respondió ella. Yo mismo sentí curiosidad con querer saber sobre el asunto. Las dejé conversar para luego interrogar a Zaira. Su desapareción me pareció algo extraño. —¿Será posible de que puedas contar Zaira porque estuviste viviendo fuera de la manada? —le pregunté a Zaira cuando vi que ella y Anastasia habían conversado lo suficiente. Zaira colocó su mirada en mí y se puso seria. —Es que ... —detuvo su voz y bajó la cabeza. —Zaira cuéntanos, mi hermano tiene problemas con el Alfa. ¿Qué puede ser peor que eso? —Anastasia terminó diciéndole un poco sobre mi problema. Ella se sorprendió y me miró sorprendida. —¿De verdad Alan? ¿Pero qué tipo de problemas tienes con el Alfa Nathan? —me hizo dos preguntas ella. —Fui amante de su esposa —respondí sinceramente. Me miraba perpleja. Reí un poco y aparté mi mirada de ella. —¿Alan? ¿Hiciste eso? —me cuestionó ella. Yo asentí sin mirarla. —Todo es verdad Zaira —mi hermana le afirmó a ella. —Wow, verdaderamente que no lo puedo creer —comentó Zaira. —¿Y tú Zaira? ¿Nos podrías contar? —Anastasia le preguntó. Zaira volvió a bajar la cabeza. Supuse de que alho estaba ocurriendo. —¿Qué sucede Zaira? —decidí preguntarle. —Pues, en verdad... —volvió a alzar la cabeza de nuevo—. Yo... —desvió su mirada desorientada—. Como sé algo de ti Alan. Creo que podría contarte —retornó a colocar su mirada en mí—. Tenemos un problema en común. Pues yo fui amante del Alfa Nathan, por eso me fui de esta ciudad —terminó confesando ella dejándome verdaderamente sorprendida. No lo podía creer. Para mí fue algo un poco increíble. Con razón no volví a ver a Zaira por una cantidad equis de tiempo. Mis ojos asombrados miraban los de ella. Ella nos contó muchas cosas, y comprendimos la situación. —Zaira, me parece que no debes de perderte tanto. No te alejes de nosotros tanto —le dije a ella. —¿Te preocupa Alan? No te preocupes por mí, que yo estaré bien —dejó dicho ella. —Zaira quiero que me prestes atención. No debes de ignorar ningunas de las advertencias que te estoy dando. Me parece que debemos de mantenernos en contacto. Cualquier problema que te surja, no dudas en contactar conmigo. Estoy aquí para ayudarte. No permitiré que la Luna, y el Alfa te hagan daño por nada del mundo. Los conozco y sé porqué te lo digo. Seguramente por algo verdaderamente fuerte no estás viviendo en esta ciudad, y no nos los quieres contar —fue mis palabras para ella. —Gracias, Alan —ensanchó ella una sonrisa—. Lo tomaré en cuenta. —Bien, hablaremos después en otra ocasión más a fondo. Anastasia tambien está a tu merced —le comuniqué a ella. Zaira no permaneció por mucho rato. Al parecer se iba del bar, tenía un rato ya y la estaban esperando unas amigas. Nos despedimos de ella, y quedamos en vernos luego. Ella se marchó, y me detuve a pensar en las cosas de la vida. Yo no iba a dejar a Zaira sola por nada del mundo. —Anastasia quiero que más adelante converces con Zaira. Ella tiene muchas cosas que contarnos —pronuncié un poco preocupado. Más tarde, Anastasia y yo nos desplazamos del bar. Una vez afuera nos quedamos mirando los transeúntes. Me giré a la derecha y por casualidad logré ver a uno de los amigos de Anastasia junto con su hermana. —¿Alexio? —cuestioné incrédulo—. Anastasia. Tú me habías dicho que Alexio no se encontraba en esta ciudad pero lo estoy viendo venir —por ningún segundo dejé de mirarlo. —¿Estás viendo a Alexio? ¿En dónde? —cuestionó ella. —Mira hacia donde estoy mirando y lo verás. —Vaya, sí que es Alexio. ### Alexio se había aparecido a mi casa como lo había prometido. Pero esta vez junto a su hermana. Esa mujer sinceramente me estaba callendo mal. Sentía que me estaba acosando porque me perseguía. —¡Alan! ¡Estás aquí! —exclamó Meredith llegando hacia mí. Desvié mi mirada de ella, e intenté alcanzar una taza de té que estaba a mi derecha. De hecho terminé de beber lo que estaba en aquella taza, y volví a ponerla en dónde estaba. —Meredith, me duele la cabeza —me quejé para que no me hablara mucho. —¿Te duele la cabeza Alan? ¿Tomaste algo? —preguntó ella. —Sí, tomé algo —mentí. Ella tomó asiento, y siguió hablando. De pronto Anastasia se apareció, y me sentí aliviado. De inmediato me levanté e iba desplazándome por toda la sala sin decir ni una sola palabra. Regresé de nuevo hacia mi habitación en donde me tranqué con seguro, y me acomodé sobre la cama. Pensé que era lo que yo iba a realizar. Era un fin de semana, y no tenía ningún plan trasado. Me vino a la mente muchas cosas mientras estuve allí. Como en eso de las siete de la noche convercé con Aisha, me había dicho que estaba en casa sin hacer nada ybque tampoco tenía planes. En mi mente se posó un sentimiento de lujuria. Pues no sabía como iba seducir a mi novia. Decidí llamarla para salir un poco y ver que yo podría haber con el calor que estaba emanando en mí. —Alan, ¿todo bien? —Sí, Aisha. Todo bien. Quisiera saber si podemos salir esta tarde o noche. No sé. —Bien, pero. ¿Y si nos quedamos en mi casa? Ansley no se encuentra y no viene por hoy. Mis padres están con mis abuelos. Estaré completamente sola. —Ah, perfecto. Entonces con más razón voy de voladas hacia tu hogar. —Bien, te espero. Colgué la llamada, y dejé el móvil a un lado. Pues me desplacé lentamente llegando hacia el baño. Una vez listo, llevé mis pasos hacia abajo. Vi a Meredith en un lado conversando con Alexio, mientras que este fijó su mirada en mí extrañado. —¿A dónde vas Alan? —me preguntó él. Detuve mis pasos, y quedé mirando a Alexio para responderle. —Voy a casa de mi novia —le contesté. —¿Tienes novia? No lo habías dicho —se expresó extrañado. —Sí, tengo novia. Es que no había tocado el momento —me excusé. Evité mirar a Meredith que no había vuelto a mencionar una sola palabra. Me giré con la finalidad de abandonar la casa. Avancé mis pasos y llegué hacia fuera. Logré sacar mi auto de la cochera, y llegué hasta la casa de Aisha. Estacioné mi auto y coloqué mi mirada sobre la casa de Aisha, me vino a la mente cuando Nathan y Thalia estuvieron una noche allí. Aparté mi visión luego, saqué las llaves, y procedí a salir auto. Llegué hasta la puerta de entrada de la casa, y toqué el timbre. Al poco rato Aisha estaba sonriendo al frente de mí, y me dio un beso en la boca que yo no esperaba. —Aisha —mencioné su nombre sorprendido y con el sabor de sus labios en mi boca. —Pasa Alan. No te quedes ahí como un idiota —pronunció Aisha. Sé movilizó de donde se encontraba, y después yo emprendí mis pasos para entrar hacia adentro. Tomé un respiro entrando a la sala de estar, y me acordé de mi cuñada. —Así que mi cuñada está comiendo filete —mencioné algunas palabras, seguí caminando hacia unos de los muebles, y logré sentarme cómodamente—. Aisha, quiere decir que Ansley va a estar haciendo el amor con Abel durante esta noche. —¿Por qué lo aseguras Alan? Eres un cochino —me desprendió ella. —Aisha, las relaciones entre un hombre y una mujer no son cochinadas. Tomaré tus palabras como una broma. ¿De acuerdo? —le dejé en claro a ella. La escuché respirar, e incluso cruzó los brazos. —Sí, claro. Es como tú dices —fue lo que dijo ella. —Muy bien, Aisha. Ya que ambos estamos aquí solos. ¿Será qué podemos tener una conversación más íntima y seria? Estaba ardiendo. Quería que Aisha estuviera sobándome mis partes íntimas con su lengua, boca, mano, con lo que quisiera. Iba a buscar una forma de como convencerla. —Ve al grano Alan —ese fue comentario de ella. —Mira, Aisha... Mejor dejemos esas conversación para después, y vamos a tomar algo. ¿Qué me dices? —le dejé claro a ella. —Ansley tiene botellas de alcohol en su habitación —respondió ella. —Pues toma una botella de la que ella tenga —sugerí yo. No escuché palabras de su parte, por un rato permanecimos en silencio hasta que sonó el teléfono de la casa. Aisha se movilizó para tomar la llamada, mientras yo pensaba que iba a conversar con ella. Después la veía regresar y se acomodó de nuevo sobre el nuevo. —¿Aisha? ¿No vamos a hacer el delicioso? —me decidí en responderle a ella. —Por el momento me parece que no lo vamos a hacer —contestó ella. —¿Por qué? ¿Tienes miedo, vergüenza o dudas? —la interrogué a ella. —Alan. Hablemos de esto luego. —Y yo estoy deseoso Aisha. ¿No te dan deseos de navegar en mi entrepierna? Escuché risas de su parte. Y me giré para mirarla, puse mi mano sobre su espalda, e iba sobando suavemente su espalda. —Alan te entiendo perfectamente. Pero no estoy para lo que quieres —dijo ella negándose a estar conmigo. —No me entiendes Aisha. Se sincera conmigo y ahorremos de hablar mentiras. Pero podemos hablar un poco más sobre nosotros —pronuncié dejándole claro lo que yo tenía en mi mente. —¿Te enojaste Alan? —me preguntó ella. —Ve a la cocina prepara algo para comer, o busca una botella de la que tiene tu hermana —esa fue la respuesta que yo le dije a ella. Quise olvidar ese asunto. Por lo menos, hasta el momento. —Ni modo. Vuelvo en seguida —dijo Aisha y se levantó de dónde estaba emprendiendo sus pasos para llegar hasta la cocina o hasta la habitación de Ansley.
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