NARRACIÓN POR AISHA---------------------------------------
Me desplacé hacia la cocina, y verifiqué todo. Pensé que iba a llevarle a Alan. Abrí la despensa, y decidí prepararle pancakes. Una vez terminado, tomé una lata de regreso, y se lo llevé a Alan en una bandeja.
—Aquí tienes —le comuniqué a él dejando la bandeja en sus piernas.
Alan fijó su mirada en la bandeja contento. Y me acordé de que me faltó un detalle. Debí de traerle frutas o un postre. Tomé un respiro y decidí mejor traerle algo de frutas. Por lo tanto, me voltée para regresar hacia la cocina.
—Vuelvo en seguida Alan. Se me olvidó traerte algo —mientras me desplazaba, le dejé dicho algunas palabras.
No escuché a Alan decir nada. Continué con mi caminata. Llegué hasta la cocina, y me llevé conmigo un paquete de fresas. Retorné de nuevo hacia la sala, donde yo había dejado a Alan, y se lo entregué. Él lo tomó con una mano, y lo puso a un lado.
—No trajiste lo más importante Aisha —realizó una pausa mientras yo tomaba asiento—. Dejaste la botella de whisky querida.
—Lo sé —sólo dije dos palabras.
Alan procedió a comerse lo que yo le había llevado. Una vez terminado, extendió su mano hacia mí, y me daba toques.
—Creo que me falta algo —mencionó él algunas palabras rompiendo el silencio.
—Por favor, Alan. ¿Vas a seguir con lo mismo? —rodé los ojos.
—Aisha, sabes muy bien lo que yo quiero. Anda, ve. Quiero pasar un buen rato contigo —él trató de insistir con lo mismo.
—Muy bien, sé lo que voy hacer... Te lo voy a traer. ¿Satisfecho?
—Eso es lo que yo quería escuchar de parte tuya.
Más tarde, me desplacé lentamente hasta llegar hacia la habitación de mi hermana. Tomé una de las botellas, y se la llevó a Alan. Él estaba contento, muy emocionado. Me desplacé hacia la cocina, y preparé un vaso con hielo y se lo llevé.
—No quiero que tomes mucho —le dejé dicho a él.
—No vas a deternerme —contradijo él.
Enarquée una ceja, y me giré hacia su dirección. Lo veía reírse sin emitir ningún sonido.
—¡Alan! ¡No vas a irte de aquí borracho! —le llamé la atención.
—Mi amor. Si me emborracho, me quedaré aquí contigo —dio su opinión él.
—Bueno. Puedes quedarte... Pero si Ansley sabe que te tomaste una botella de ella sin su permiso, podría enojarse conmigo —dije diciendo la verdad.
—¿Le tienes miedo a Ansley? —él me preguntó a mí.
—No le temo. Pero es algo de ella que hemos tomado —respondí.
—Aisha, toma —trató él de convencerme—. Extendió su mano con el vaso en mano para que yo tomara.
Miré el vaso. Pero no supe que responder. Vacilé por unos segundos, y decidí tomar del vaso.
—Está bien, Alan. Voy a tomar —acepté su proposición sin más preámbulos.
Entonces, lo que hice fue quedarme en donde yo estaba. Y seguí conversando con él, ambos tomábamos del mismo vaso. Horas después ya el alcohol estaba haciendo estragos en nuestras cabezas, y reíamos mucho.
—¿Lista para hacer el delicioso? —Alan me preguntó.
Estaba a mi lado, y ambos estábamos abrazados. Su cabeza estaba sobre mi hombro.
—Podría ser —fue la respuesta que yo le di.
Lo escuché suspirar profundo. Aspiraba, y exhalaba aire.
—Aisha —mencionó mi nombre y paso sus brazos sobre mi cintura—. Me quedaré esta noche.
Sus palabras no me habían sorprendido, las analicé así en medio de la borrachera.
—Creo que esta noche todos me han dejado sola —di mi opinión.
—Pero yo no —Alan dijo y era cierto.
Él me estaba haciendo compañía y quería quedarse.
—Vamos hacer algo, Alan. Quédate esta noche —le dejé dicho a él.
Horas más tarde, me iba desplazando por toda la casa, corrí las cortinas, e iba apagando las luces. Alan, y yo nos movilizamos hasta llegar hacia mi habitación. En la cual, apagué la luz del techo, y dejé encendida las luces de las lámparas que estaban ubicadas en la mesa de noche. Aproximé mis pasos, hasta llegar hacia la cama, y me llegué a acomodar. Alan se había quitado los calzados, y la jaqueta que tenía puesta. Me acomodé sobre mi cama, y me incliné hacia su dirección. Extendí mis manos, y aproximé su cara hacia la mía. Le di un beso un poco largo, y me aparté de él de inmediato. Nuestras miradas quedaron fijadas por un rato. Veía a Alan después de un rato aproximarse hacia mí, y tomó mi boca. Mordió mis labios, y de inclinó a besarme. Sentía como el fuego de mi entrepierna iba incrementando, y yo me deleiba entre sus caricias que iban rozando mi piel suavemente, y con mucha lentitud. El deseo era inevitable, y yo quería más. De un momento a otro, Alan empezó a quitarme lo que yo tenía puesto. Nos dejamos llevar por la pasión. Su boca rozaba por todo mi cuerpo, succionando cada parte. Llegó el momento en donde él se había colocado encima de mí, y empezó a embestirme. No pude evitar, no producir ni un tipo de sonido. Finalmente el orgasmo había llegado. Y nos detuvimos a mirarnos, mientras tratábamos de contener la respiración.
—¿Mañana vas a decir que no te acuerdas? —me preguntó él.
—No tengo respuestas para tu pregunta —contesté yo.
Alan se inclinó hacia mí, y bajó la cabeza.
Al siguiente día lo veía a él durmiendo. Procedí a movilizarme, y tomar un baño de aseo. Esta vez, sí me acordé de lo que hicimos. Llegué a tomar un baño, y me vestí. Salí de mi habitación, y llegué hacia abajo. Avancé hacia la cocina en donde tomé café, y preparé desayuno. Me desayuné ahí mismo, y con una bandeja de desayuno para Alan partí hacia mi habitación. Pero él no había despertado. Me quedé sentado en unos de los muebles en espera a que él despertara. Horas después Alan por fin había despertado, y se giró hacia mí.
—Buenos días, señorita sensual —fue lo que dijo él al fijar su mirada en mí.
—Buenos días, Alan señor insaciable —entonces fue mi turno, y sonreí.
Alan apartó su mirada de mí, e iba movilizándose. Yo quité mi mirada de él, y se formó un silencio. Se había ido hacia el baño. Y me levanté para arreglar la cama. Retorné de nuevo tomando asiento en unos de los muebles en lo que Alan regresaba. Finalmente salió del baño, y llegó hasta donde mí, tomó la bandeja que yo le había traído sin preguntar, se imaginó que era para él.
—Gracias, turroncito.
—Si quieres algo más, me avisas.
—Creo que es suficiente.
—Amor, ¿puedo tener una plática íntima después que yo me coma todo esto?
—Sí, Alan.
Coloqué mi mirada sobre él, y lo veía que había comenzado a desayunar. Desvié mi mirada de él, y la puse sobre una dirección en específica. Observaba todo a mi alrededor que estaba en perfecto estado. Alan había finalizado, y dejó la bandeja a un lado. Se acomodó en el mueble, y yo esperé respuesta de parte de él.
—¿Cuándo viene tus padres? ¿Ansley ha regresado? —él me hizo dos preguntas.
—Mis padres vienen mañana, y Ansley viene en la noche. En cuanto a mi hermana, ella está en la casa del Alfa, pues están celebrando el cumpleaños de Abel. Yo obviamente no quise ir, preferí quedarme contigo —le contesté detalles que él quería saber y que desconocía.
—Vaya. Así que Abel está de cumpleaños, y te invitaron —comentó él con simpleza.
—Me invitaron. Pero negué ir. Además esa mujer... —achinée los ojos e hice una breve pausa—. No quiero por nada del mundo, absolutamente por nada del mundo tener un vínculo con Thalia. Después de todo lo que dijo de ti, me desconcertó por completo, y no sé lo que pueda ella hacer. Porque definitivamente aún anda detrás de ti.
—Aisha hiciste bien en no ir. Mira, te voy a decir algunas cosas. Todo depende de las decisiones que puedas tomar. Tú verdaderamente sabrás, si vas a crear un vínculo con el Alfa y la Luna. Yo te recomendaría que no compartas con ellos. Por lo menos, mientras ellos sientan todos esos sentimientos hacia mí —me aclaró él y lo entendí.
—He estado pensando en eso. Lo siento por Ansley, pero yo no siento deseos de compartir con ellos. En cuanto a Abel, me inspira confianza, y es bueno. Pero sus padres son muy diferentes a ellos —me expresé libremente.
—Bien, Aisha. Por nuestra estabilidad es mejor que no reunas mucho con ellos. Al menos que sea algo importante, y no te descuides con Thalia. Ella podría armar represalias en contra de ti —me dejó dicho algunas palabras.
—Precisamente por ella es que no quiero ir —pronuncié.
Tomé un respiro, y me acordé de esa mujer. No pensé que La Luna fuera tan fría, y que se expresara de una manera como yo la había visto.
—En cuanto a nosotros... —pausó por breves segundos—. Quiero saber, si te acuerdas de lo que hicimos anoche.
—Sí, Alan. Me acuerdo. No estuvimos como la noche aquella —afirmé firmemente.
—Exacto. ¿Quieres turroncito que te acompañe en lo que llegan los demás? —extendió su mano derecha y la colocó detrás de mí espalda.
—Si eso es lo que quieres o puedes. ¿Sabes algo? Yo iba a visitar a Sashiko, ya que iba a estar solo hoy. Pero como te vas a quedar, me parece perfecto dejarlo para otro día. O si quieres podemos ir —respondí y di alguna sugerencia.
—¿Ir y perdernos del hacer el amor? —cuestionó él.
—Podríamos optar por ambas opciones. ¿Qué me dices? —quería que diera una respuesta positiva.
—Mejor hagamos el delicioso, luego comemos, después podremos hacer el delicioso, y finalmente ir a visitar a Sashiko —sugirió él no dejando de mencionar que estemos juntos por algunas horas.
Alan extendió sus dedos sobre mi brazo izquierdo, e iba moviendo sus dedos. De hecho, sus caricias sobre mi piel me estaba causando sensaciones sobre mi cuerpo.
—Alan —mencioné su nombre con la finalidad de que se detuviera—. Por favor, en estos momentos no me toques de esa manera.
—¿Por qué Aisha? ¿Tienes miedo de dejar las bragas sobre el mueble? —realizó él dos preguntas.
—Sí, Alan. Eso y mucho más —le respondí con firmeza.
—Vaya, te noto un poco histérica. Tienes que dejar ese tipo de comportamiento que tienes sobre cuando te hablo de esos temas —él se expresó dejándome dicho algunas palabras.
Realmente si hicimos el delicioso, después me desplacé para cocinar. Y luego volvimos a hacer el delicioso. Tomamos un baño, y luego nos fuimos hacia el apartamento de Sashiko. Este nos dio una ojeada antes de permitirnos entrar.
—¿Lo volvieron a hacer? —nos preguntó él y se movilizó permitiéndonos la entrada hacia adentro.
—¿Por qué tanta curiosidad Sashiko? ¿Acaso quieres un trío? Lamento informarte de que no tienes cabida en nuestra intimidad —Alan se expresa mientras caminaba.
Permanecí en silencio. Por el momento me resultó interesante el rumbo de la conversación hasta el momento. Aproximamos nuestros pasos hasta llegar hacia unos de los muebles. Sashiko aún no había respondido y se colocó en unos de los muebles justamente al frente de Alan.
—Eres un degenerado Alan. ¿Desde cuándo yo he querido estar contigo en una cama? No me vengas con tus excusas sin fundamentos —se mostró Sashiko de una manera despectiva.
—¿Por qué te molesta? ¿Acaso te gusto? Dime la verdad —insistió Alan.
—Alan. Si sigue de insoportable, voy a contarte de mi apartamento. ¿Qué me dices? —fue lo que dijo él al respecto.
—No lo puedo creer. Ustedes se están peleando por una v***a —interferí yo.
Sashiko colocó su mirada sobre mí. Enarcó una ceja y me miraba extrañado.
—Aisha... ¿Qué demonios? ¿Has entendido amiga? —achinó los ojos él.
—Sashiko, no me mires así. ¿Qué dije mal? ¿No están hablando de relaciones de hombres? O escuché mal —decidí no continuar, sabía que él me iba a reprender.
—Tú y yo tenemos una conversación muy seriamente en privado Aisha —me dejó dicho Sashiko, y se giró hacia Alan de nuevo—. Muchas gracias, Alan. Por venir.