NARRACIÓN POR ALAN---------------------------
Sashiko no volvió a mencionar ninguna sola palabra sobre aquello que habíamos discutido. Charlamos un poco, y después él mismo se movilizó para poner una botella de sidra en el refrigerador. Regresó con su aire de hombre gay, y tomó asiento de nuevo.
—Parece que no encontraron nada que hacer que vinieron hasta aquí —dio un breve comentario Sashiko.
—Por el momento no. Pero sí, hicimos muchas cosas Sashiko —terminé diciendo sin darle mucho detalle.
Ensanchó una sonrisa muy ampliamente, pareció hasta maliciosa.
—¿Qué hicieron Alan? —me miraba picaron.
—Sí, Sashiko. Es lo que estás pensando. Sólo que lo de anoche está vez Aisha no lo pudo olvidar —contesté diciéndole la verdad.
—Me están afirmando que durmieron juntos, y que tuvieron relaciones —pronunció Sashiko.
—Sí —Aisha le confirmó.
—Muy bien, eso quiere decir que van a tener sexo todos lo días —dejó dicho algunas palabras.
—¿Cómo qué todos los días Sashiko? —le pregunté y enarquée una ceja.
Achinó los ojos, y no dijo nada. Aisha y yo decidimos pasar el resto del día hasta allá. En la noche devolví a Aisha hacia su casa, y yo retorné hasta mi casa. Cuando entré vi a Bryan en el suelo. Aparté mi mirada de él, y la puse sobre Roy.
—¿Roy has visto el estado de Bryan? ¿Qué le sucede? —realicé dos preguntas.
—Tomó demasiado —me dio una respuesta corta.
—Entiendo, Roy. ¿Y cómo la pasaron? ¿Alguna novedad? —seguí aproximándome hasta la dirección de Roy.
—La pasamos bien. No ha ocurrido ninguna novedad —Roy me contestó sin mirarme.
Continué mis pasos en silencio, y llegué hasta la segunda sala. Observé todo el lugar. No había nadie. Me seguí desplazando por toda la casa, y no logré ver a Anastasia. Seguí mi trayectoria hasta arriba hacia su habitación. Cuando abrí la puerta de la habitación de Anastasia, la veía con unos audífonos en sus oídos. Me percaté que alguien más se encontraba en la habitación. Por lo tanto, giré mi rostro y logré ver a unas de las amigas de Anastasia. Me saludó con la mano. Era Katiuska, y se encontraba con ella en una esquina de la habitación. Di un toque a la puerta, pero era obvio de Anastasia no estaba escuchando, decidí seguir caminando hasta ella, al verme se quitó los audífonos y dejó su mirada en mí.
—Llegaste Alan. ¿Todo bien? —ensanchó una sonrisa en sus labios.
—Todo bien, Anastasia. Pensé que era mentira cuando me dijiste que no ibas a salir esta noche —extendí un poco la plática.
—¿Por qué las dudas Alan? —cuestionó ella.
—Sólo fue una ligera duda —respondí.
Hablé un poco con Anastasia, y después lo que hice fue retirarme de su habitación. Llegué hasta mi habitación, tomé un baño y me recosté para dormir.
Al siguiente día era, domingo. E iba en mi auto directo hacia un centro comercial para comprar algunas cosas que hacían falta en el hogar. Casualmente entrando a una tienda, mi rostro de topó con el de Nathan. Sentí una punzada en el corazón, la sangre me empezó a correr con más fuerza. Pero decidí mantener la calma, desvíe mi mirada de él, y continué mi camino sin darle importancia.
—¿Para dónde vas Alan? —escuché a Nathan preguntar.
Yo por mi parte, hice caso omiso a su pregunta. No tenía nada que conversar con él. Suspiré pesadamente, y continué mis pasos. Pude realizar mi compra tranquilo, aquel susodicho Alfa, no volvió a molestarme. Llegué hasta el auto, guardé las compras. Pero cuando me giré después de haber cerrado el baúl del auto. Volví de nuevo a toparme con Nathan.
—¿Qué creíste Alan? ¿Qué ibas a escaparte de mí? —preguntó él con aires de grandeza.
Nos miramos fijamente por un buen rato. Nadie decía nada. Yo no respondía, y él no continuaba. Pero debía yo tener valor, y enfrentar a Nathan porque lo hacía a propósito con la finalidad de molestar.
—Tengo entendido que no tengo que conversar contigo —le hablé con escepticismo.
—No me importa tu opinión —discrepó Nathan.
El aire se estaba cargando. Sentía la mala vibra, y la sensación de que alguna discusión podría salir. Se le ocurrió salir al encuentro.
—¿Piensas que voy a prestarte atención? —inquirí, y lo miré duramente.
—Debes de prestame atención Alan. ¿Sabes que un mal entendido podría costarte tú cabeza? —pausó por breves segundos—. Obviamente que no quieres morir.
—¿Vienes a amenazarme o a qué? —le pregunté rápidamente con la finalidad de salir de él, ya no lo estaba soportando.
—Vengo a darte una advertencia. Si te veo con mi esposa... Te la verás conmigo. Es mejor que ni siquiera te metas con ella porque lo lamentarás —me dio una advertencia con una amenazaba.
De su parte era de esperarse. Pero lo que él no comprendía, es que yo había dejado el pasado atrás. Olvidé todo lo vivido con su esposa.
—Nathan, sabes muy bien de que yo corté con su esposa de una manera definitiva. Ella es la que me cae detrás, y eso usted lo sabe. A ella es que usted debe de interceptar, no a mí
Porque no me interesa esa mujer —le dejé bien claro tras escuchar sus advertencias.
—No me menciones a mi esposa. Estamos hablando de tú y yo. Me conoces bien, Alan. Espero de no tener problemas contigo por ese lado —se expresó él ignorando la parte de su esposa.
Nathan siguió hablando por unos minutos, yo no volví a decir más nada. Finalmente se había ido, y pude respirar con tranquilidad. Ya esa pesadilla se había retirado. Avancé hasta el auto, y regresé de nuevo hasta mi casa. Estacioné el auto en la cochera, y saqué lo que yo había comprado. Dejé las bolsas en la sala de estar, y cuando iba saliendo logré ver a Anastasia que venía hacia mí dirección con una taza en la mano.
—Buenos días, Alan. Al parecer te levantaste bien temprano —pronunció Anastasia mientras caminaba.
—Buenos días, Anastasia. Salí de compras y me topé con el idiota de Nathan. Me persiguió hasta el parqueo, y me amenazó. Ya sabes con lo mismo —rodé los ojos después de haberme expresado.
Ese tema me tenía cansado.
—Ese imbécil aún cree que tú podrían volver con su esposa —siseó ella, y detuvo sus pasos.
—Se lo he dicho varias veces. Estoy cansado. Estuve conversando con Aisha con respecto a Nathan y su esposa. Lo mejor es que Aisha mantenga distancia con ellos. Ella ha tomado medidas y se ha decidido por ella misma —le conté a ella un poco.
—Espero que algún día deje de molestar —comentó Anastasia, tomó un respiro y volvió a hablar—. Por lo menos, ellos no tienen ningún problema con Ansley.
—Así, es. No pueden oponerse al destino que es muy distinto —concordé con ella.
—Bien, Alan. Hablemos después de eso con mas pausa, y recuerda mantener la calma siempre —terminó diciendo ella.
—Voy a hacer algo en mi habitación, por si me necesitas —con esas palabras di por terminada mi plática.
—Perfecto, Alan. Te espero luego —dijo Anastasia.
Emprendí mis pasos lentamente, y logré llegar hacia mi habitación. Tomé mi computador y me senté en un mueble. Como en eso de las dos de la tarde, Bryan se había aparecido en mi habitación. Yo estaba recostado sobre mi cama, y lo veía desplazarse.
—Alan estás aquí —estrujó sus ojos y se detuvo—. ¿Cuándo llegaste?
—Esta mañana —le respondí yo.
Pude ver en su rostro que aún no estaba recuperado.
—¿Qué me cuentas?
—Esta mañana salí de compras. Cuando guardé las compras en el baúl del auto, Nathan se me acercó para molestar. Ya sabes amigo.
—Que fastidio es ese hombre.
—Pues sí Bryan. Cuando yo vine, te vi en un lado en el piso durmiendo.
Se echó a reír.
—Ah, Alan. Es que... Aún tenía sueño y me estiré durmiendo.
—Ven, acércate. Vamos a conversar.
Bryan emprendió sus pasos, y se acomodó en la cama. Convercé con él, muy tranquilo. Pues tratamos temas importantes que teníamos pendientes. Luego él se marchó de mi habitación, y me quedé conversando con Aisha através de mi móvil.
En la noche, a Bryan se le ocurrió que yo lo acompañara. Pero no me quería decir hacia donde era que íbamos a ir. Yo no tenía deseos de salir.
—¡Alan, vamos! —siguió insistiendo.
Rodé los ojos.
—Sal tú solo, Bryan —le dejé dicho a él.
—No, yo te quiero ver conmigo —siguió insistiendo él.
—No quiero. Ve con Roy —traté de evadirlo.
—¡Alan! —gritó él.
Estábamos en la sala de estar, yo estaba acomodado en un sofá, y miraba hacia una dirección en específico.
—Bryan, déjame en paz —me quejé obviamente.
—No, te vota dejar en paz Alan. ¡Vamos! —continuó insistiendo él.
En seguida coloqué mi mirada sobre él. Tomé un respiro, y lo veía mirándome serio. Medité por breves segundos, y llegué a la conclusión de aceptar su propuesta.
—Bryan te voy a acompañar. ¿Contento? Espero que no sea a un lugar desagradable.
Él ensanchó una sonrisa ampliamente. Se había emocionado.
—¡Perfecto! ¡Allá vamos! —exclamó él emocionado.
Justamente en ese momento Anastasia había llegado. Coloqué mi mirada sobre Anastasia que veía a Bryan extrañado.
—¿Qué es lo que le pasa a este idiota? —preguntó Anastasia.
—¡No soy ningún idiota! —Bryan le reclamó a ella.
—¿Qué no lo eres? ¿Entonces qué eres? —cuestionó Anastasia.
—Anastasia —él masculló su nombre y la miraba con los ojos achinados.
—Muévete para otro lado idiota —ella lo reprendió y detuvo sus pasos.
Dejé mi mirada puesta en Bryan. Estuve mirando las reacciones de ambos. Aveces yo pensaba que ambos estaban enamorados. Pues los veía muy enganchados en las peleas de vez en cuando.
—A ver chicos. Vamos a hacer algo... Dejemos las discusiones tontas para otro día —interferí yo con la finalidad de aquella disputa terminara.
Bajé la cabeza por breves segundos, luego miré a Anastasia.
—No, no vamos a discutir por algo tonto —discrepó Anastasia y se giró hacia mí.
—¿Vas a salir con este idiota? —me preguntó ella y cruzó los brazos.
—Por supuesto, que voy a salir con ese idiota Anastasia. ¿Quieres venir? —sonreí pero sabía que ella no iba a aceptar.
—No quiero salir con usted —obviamente se negó.
—¡Deja a esa idiota que se quede Alan! ¡¿Para que diablos la invita?! —protestó Bryan.
Tomé un respiro, y me giré caminando hacia uno de los muebles.
—¿Cuándo nos vamos Bryan? —le pregunté a Bryan.
—Déjame hacer algo. Vuelvo en seguida —escuché a Bryan decir.
Llegué a tomar asiento, y pude ver a Bryan desaparecerse. Anastasia no le quitaba la mirada. Bajé mi rostro, y suspiré por un instante.
—Anastasia, ven aquí —la llamé aún con mi rostro en el suelo.
Alcé mi vista, y la veía llegar hasta mí. Se sentó a mi lado, y me quedé conversando con ella hasta que Bryan había llegado.
—¡Volví! ¡Vámonos Bryan! —exclamó él caminando hasta unos de los estantes.
—Vas a manejar tú —le dejé dicho a él.
—Por supuesto —me respondió él a mí.
Me levanté del asiento, y caminé hasta el estacionamiento. Esperé a Bryan que había llegado luego. Nos montamos en el auto, y emprendimos la huída.
—¿Todavía no me piensas decir hacia donde vamos? —decidí preguntar.
—No te preocupes. Luego lo vas a saber —contestó él.
Di por terminada esa plática. No iba a valer la pena si yo seguí insistiendo, y comoquiera no me iba a responder. Por lo tanto, decidí permanecer en silencio durante el trayecto. Después de un rato vi que Bryan se había estacionado en un centro nocturno. Por la fachada, podía definir que tipo de ligar era ese.
—¿Me has traído a un lugar dónde las mujeres tienen relaciones sexuales con hombres? —lo cuestioné a él.
Giré mi rostro hacia su dirección, y se está riendo.
—¿Tienes miedo Alan? Déjame corregirte amigo. Este no es un lugar donde los hombres tienen relaciones sexuales con mujeres. Es un lugar donde las mujeres bailan, y si tú quieres te vas con alguna —esa fue la respuesta que él me había dado.
Con razón no me quiso decir hacia donde íbamos a estar.