El tiempo y sus cambios

1556 Words
Eva “Sé positivo. Disfruta las pequeñas cosas de la vida. Vive el hoy sin temor al mañana”. Frases motivacionales que me obligaba a leer para no caer en la desesperanza. — Dejaré que te lleves todo lo de tu cuarto y nada más, no creo que él tenga mucho para ofrecerte pero espero que consigan el resto de las cosas poco a poco — miraba como sacaban las cosas de mi cuarto sin contestarle nada a mi madre. Había pasado la dichosa semana y con ella pude enterarme de muchas cosas. El tal “sir” no era nadie, solo un hombre común sin ningún título y con una familia un tanto peligrosa rodeada de mala fama. No es que me importase que no tuviese dinero pero estaba ofendida con sus mentiras y las de mi madre. Que descaro que le haya seguido su jueguecito y robado un título que no le pertenecía solo por quedar bien. Mi madre simplemente se cansó de tener a una hija a punto de llegar a ser proclamada como la solterona del año y eso que solo tenía 25. Y había algo más, tampoco le dieron dinero, ella simplemente me entregó como basura y él me recibió como reciclaje. Mentiras, mentiras y más mentiras. « ¿Qué les cuesta a las personas decir la verdad? ». Si así había empezado la relación no me quería ni imaginar lo que me esperaba, pero no perdía la esperanza y mis sueños no se esfumaban. “Sé positivo. Disfruta las pequeñas cosas de la vida. Vive el hoy sin temor al mañana”. Me lo repetía una y otra vez acompañándolo de ejercicios de respiración. — Si hubiese sabido que esto iba a pasar no alejaba a Clark — miré a los ojos a mi madre y ella sonrió burlona. — Prefiero que estés con este hombre que al menos es respetado que con un carnicero — apreté los labios con ira. — No es respetado, es temido por tener hermanos pandilleros — chasqueó la lengua. — Como sea, serás igual de respetada o temida y yo podré vivir sola por fin — negué y me entristecí. Tenía algo presente en mi vida, a Dios, la única enseñanza que había que rescatarle a mi señora madre. Me gustaba ir a la iglesia y escuchar La Palabra, me gustaba sentir que allá arriba había alguien cuidando por mí o tenía a mi lado a mi ángel guardián, por eso no perdía la fe en las personas y mucho menos en la mujer que me dio la vida. Suspiré e hice algo que ya había perdido la cuenta de la cantidad de vez que lo hice. La perdoné. « Señor, te imploro que perdones a mi madre, ella está cegada posiblemente por la perdida de mi hermano y mi padre y por eso se comporta de esta forma ». Sabía que me estaba engañando pero quería creer que era eso y no que de verdad no le importaba. Había pasado mucho tiempo de todo eso, yo tan solo era una niña pero ella cambio y empezó a actuar mucho peor cuando pasó, cuando una bala perdida me arrebató a mi padre y una venganza errónea se llevó a mi hermano. Pero había una diferencia, mi padre si me amaba y me consentida pero mi hermano no. Pasara lo que pasara, así me hundiesen en el barro no acostumbraba a guardar resentimiento. ¿Para qué llenarse de odios y malos pensamientos cuando puedes hacerlos fluir e intentar vivir con paz en tu corazón y mente? Así que acá estaba, saliendo de bajo del brazo de mi madre y enfrentándome a una nueva vida. — Gracias — mi madre alzo una ceja —, me alimentaste y me diste un techo en el que vivir, que te de las gracias es poco. — Si bueno — alzó sus hombros para restarle importancia —, puedes seguir viniendo para cocinarme o asear la casa — intenté sonreír y tomarlo como una invitación a visitarla. — Y si algún día necesitas ayuda o no tienes donde vivir … — me cortó con una risa fría. — Preferiría vivir bajo un puente que volver contigo — negó y señaló el auto —, mira, han llegado por ti, nos vemos — asentí y salí. Esperé un abrazo o un beso cariñoso de despedida pero no fue así, solo cerró la puerta casi en mi nariz después de decirme palabras tan crueles hacia su propia sangre. Suspiré y me adentré al taxi. Por el retrovisor vigilaba como el pequeño auto llevaba mis pocas cosas, cama, closet, nochero y espejo, y obviamente mi ropa. « Vida de esposa exitosa y futura madre acá vamos ». Al llegar sonreí al verlo a él y la casa que sería nuestra. — ¡Al fin llegas! — me abrazó dándome vueltas en el aire mientras reía. — Me estaba despidiendo de mi madre — asintió. — Ven, te daré un recorrido — asentí y pegué un brinquito emocionada. La casa aunque estaba vacía era acogedora, una pequeña salita con un hermoso balcón, cocina, baño y dos habitaciones. — Es hermosa — asintió. — Podemos ahorrar para algún día comprar una, por el momento nos instalaremos acá — asentí esperanzada. — ¿Y tus cosas? — Solo sería la ropa — salió para ayudar a entrar mis objetos. — ¿Y nada más? — asintió. — Le dejé todo a mi madre — alcé mis cejas y jadee. No teníamos ni un plato en el que comer y ya empezaba a ponerme nerviosa. — Hablando de ella … quiere conocerte — asentí suspirando. — Revisaré el horario para la entrevista universitaria y mi empleo y te diré cuando puedo — dejó de ayudar y me miró sorprendido. — ¡Oh! — se sacudió las manos y se recostó en una pared cerca de mí — que bien que sacas el tema para que hablemos de ello — ladee mi cabeza sin entender pero prestando atención — no creo que tengas necesidad de trabajar, para eso estoy yo. — Pero a mi me gusta — apretó los labios. — Pero no lo harás — pasé mi mirada de uno de sus ojos al otro repetidas veces. — ¿Qué? — Como escuchas, el hogar ya es suficiente trabajo y ni tiempo de estudiar te dará. — Soy buena para el orden, nada se me complicara o juntará — suspiró exasperado. — Te lo diré en otras palabras, en la universidad habrá muchos chicos que querrán acercarte a ti y yo no estoy dispuesto a estar con una golfa — jadeé. « ¿Acaba de insultarme? ». — Yo no soy … — me interrumpió. — Eso dicen todas, así que nada trabajar y nada de estudiar — se dio la vuelta y sacó dinero para pagar el transporte de mis pertenencias. Mientras veía su espalda procesaba sus palabras. Me … esta prohibiendo hacer mi vida. Theodorus, el hombre con apariencia de ángel y que su sonrisa prometía llevarme al cielo, con sus palabras estaba haciendo todo lo contrario. — Es mi vida Theodorus — hablé al marcharse los trabajadores de la mudanza —, no puedes negarme a hacer mi futuro. — Claro que puedo hacerlo — cerró la puerta y se enfrentó a mí con las manos en los bolsillo —, recuerda que pagué por ti así que técnicamente soy tu dueño y, nos casaremos, seré tu esposo, tu dueño, amante y amigo — sonrío sin mostrar los dientes y el mismo escalofrío me recorrió toda la espina dorsal. — No pagaste por mí, sé que fue una mentiras y además me volveré loca acá encerrada — volteo los ojos. — Te quejas demasiado — resopló —, esta bien, hoy tendremos nuestro primera cita si prometes obedecer mis órdenes — se acercó demasiado a mi y podía sentir su respiración en mi rostro. Ese acto en vez de emocionarme me dio miedo, mucho, mucho miedo. — Nada de trabajar ni estudiar, serás una mujer dedicada a tu hogar, familia y tu esposo, ¿Entiendes? — pasó su dedo por mi mejilla. Asentí una y otra vez hasta que sonrío y me tomó de la mano sacándome a rastras. — ¿A dónde me llevas? — cuestioné casi temblando. — Nuestra primera cita tontita — me sonrió y beso mi frente. Mientras caminaba me recuperaba del frío que me hizo sentir minutos atrás. Este hombre tenía fuertes cambios de ánimo de un momento a otro y eso me estaba confundiendo, y ni hablar de lo que tendría que abandonar por estar a su lado. En otras palabras seré solo una ama de casa desesperada pero con un hombre que verá por mi bienestar. « Es cierto, Theodorus solo me está protegiendo ». Y mientras caminaba a lo que sería mi primera cita me convencía de que lo que él hacía era solo por mí, y erróneamente acabé de convencerme al experimentar la mejor de las citas en un lindo parque de diversiones. « Me hace sentir amada y segura, Theodorus es el hombre indicado ». Que ingenua y tonta de mí. Estas palabras se convertirían en mi segundo error, porque el primero estaba el confiar en personas que no lo merecían.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD