Eva
“Sé positivo. Disfruta las pequeñas cosas de la vida. Vive el hoy sin temor al mañana”.
Frases motivacionales que me obligaba a leer para no caer en la desesperanza.
— Dejaré que te lleves todo lo de tu cuarto y nada más, no creo que él tenga mucho para ofrecerte pero espero que consigan el resto de las cosas poco a poco — miraba como sacaban las cosas de mi cuarto sin contestarle nada a mi madre.
Había pasado la dichosa semana y con ella pude enterarme de muchas cosas.
El tal “sir” no era nadie, solo un hombre común sin ningún título y con una familia un tanto peligrosa rodeada de mala fama. No es que me importase que no tuviese dinero pero estaba ofendida con sus mentiras y las de mi madre. Que descaro que le haya seguido su jueguecito y robado un título que no le pertenecía solo por quedar bien.
Mi madre simplemente se cansó de tener a una hija a punto de llegar a ser proclamada como la solterona del año y eso que solo tenía 25.
Y había algo más, tampoco le dieron dinero, ella simplemente me entregó como basura y él me recibió como reciclaje.
Mentiras, mentiras y más mentiras.
« ¿Qué les cuesta a las personas decir la verdad? ».
Si así había empezado la relación no me quería ni imaginar lo que me esperaba, pero no perdía la esperanza y mis sueños no se esfumaban.
“Sé positivo. Disfruta las pequeñas cosas de la vida. Vive el hoy sin temor al mañana”.
Me lo repetía una y otra vez acompañándolo de ejercicios de respiración.
— Si hubiese sabido que esto iba a pasar no alejaba a Clark — miré a los ojos a mi madre y ella sonrió burlona.
— Prefiero que estés con este hombre que al menos es respetado que con un carnicero — apreté los labios con ira.
— No es respetado, es temido por tener hermanos pandilleros — chasqueó la lengua.
— Como sea, serás igual de respetada o temida y yo podré vivir sola por fin — negué y me entristecí.
Tenía algo presente en mi vida, a Dios, la única enseñanza que había que rescatarle a mi señora madre.
Me gustaba ir a la iglesia y escuchar La Palabra, me gustaba sentir que allá arriba había alguien cuidando por mí o tenía a mi lado a mi ángel guardián, por eso no perdía la fe en las personas y mucho menos en la mujer que me dio la vida.
Suspiré e hice algo que ya había perdido la cuenta de la cantidad de vez que lo hice.
La perdoné.
« Señor, te imploro que perdones a mi madre, ella está cegada posiblemente por la perdida de mi hermano y mi padre y por eso se comporta de esta forma ».
Sabía que me estaba engañando pero quería creer que era eso y no que de verdad no le importaba.
Había pasado mucho tiempo de todo eso, yo tan solo era una niña pero ella cambio y empezó a actuar mucho peor cuando pasó, cuando una bala perdida me arrebató a mi padre y una venganza errónea se llevó a mi hermano. Pero había una diferencia, mi padre si me amaba y me consentida pero mi hermano no.
Pasara lo que pasara, así me hundiesen en el barro no acostumbraba a guardar resentimiento.
¿Para qué llenarse de odios y malos pensamientos cuando puedes hacerlos fluir e intentar vivir con paz en tu corazón y mente?
Así que acá estaba, saliendo de bajo del brazo de mi madre y enfrentándome a una nueva vida.
— Gracias — mi madre alzo una ceja —, me alimentaste y me diste un techo en el que vivir, que te de las gracias es poco.
— Si bueno — alzó sus hombros para restarle importancia —, puedes seguir viniendo para cocinarme o asear la casa — intenté sonreír y tomarlo como una invitación a visitarla.
— Y si algún día necesitas ayuda o no tienes donde vivir … — me cortó con una risa fría.
— Preferiría vivir bajo un puente que volver contigo — negó y señaló el auto —, mira, han llegado por ti, nos vemos — asentí y salí.
Esperé un abrazo o un beso cariñoso de despedida pero no fue así, solo cerró la puerta casi en mi nariz después de decirme palabras tan crueles hacia su propia sangre.
Suspiré y me adentré al taxi.
Por el retrovisor vigilaba como el pequeño auto llevaba mis pocas cosas, cama, closet, nochero y espejo, y obviamente mi ropa.
« Vida de esposa exitosa y futura madre acá vamos ».
Al llegar sonreí al verlo a él y la casa que sería nuestra.
— ¡Al fin llegas! — me abrazó dándome vueltas en el aire mientras reía.
— Me estaba despidiendo de mi madre — asintió.
— Ven, te daré un recorrido — asentí y pegué un brinquito emocionada.
La casa aunque estaba vacía era acogedora, una pequeña salita con un hermoso balcón, cocina, baño y dos habitaciones.
— Es hermosa — asintió.
— Podemos ahorrar para algún día comprar una, por el momento nos instalaremos acá — asentí esperanzada.
— ¿Y tus cosas?
— Solo sería la ropa — salió para ayudar a entrar mis objetos.
— ¿Y nada más? — asintió.
— Le dejé todo a mi madre — alcé mis cejas y jadee.
No teníamos ni un plato en el que comer y ya empezaba a ponerme nerviosa.
— Hablando de ella … quiere conocerte — asentí suspirando.
— Revisaré el horario para la entrevista universitaria y mi empleo y te diré cuando puedo — dejó de ayudar y me miró sorprendido.
— ¡Oh! — se sacudió las manos y se recostó en una pared cerca de mí — que bien que sacas el tema para que hablemos de ello — ladee mi cabeza sin entender pero prestando atención — no creo que tengas necesidad de trabajar, para eso estoy yo.
— Pero a mi me gusta — apretó los labios.
— Pero no lo harás — pasé mi mirada de uno de sus ojos al otro repetidas veces.
— ¿Qué?
— Como escuchas, el hogar ya es suficiente trabajo y ni tiempo de estudiar te dará.
— Soy buena para el orden, nada se me complicara o juntará — suspiró exasperado.
— Te lo diré en otras palabras, en la universidad habrá muchos chicos que querrán acercarte a ti y yo no estoy dispuesto a estar con una golfa — jadeé.
« ¿Acaba de insultarme? ».
— Yo no soy … — me interrumpió.
— Eso dicen todas, así que nada trabajar y nada de estudiar — se dio la vuelta y sacó dinero para pagar el transporte de mis pertenencias.
Mientras veía su espalda procesaba sus palabras.
Me … esta prohibiendo hacer mi vida.
Theodorus, el hombre con apariencia de ángel y que su sonrisa prometía llevarme al cielo, con sus palabras estaba haciendo todo lo contrario.
— Es mi vida Theodorus — hablé al marcharse los trabajadores de la mudanza —, no puedes negarme a hacer mi futuro.
— Claro que puedo hacerlo — cerró la puerta y se enfrentó a mí con las manos en los bolsillo —, recuerda que pagué por ti así que técnicamente soy tu dueño y, nos casaremos, seré tu esposo, tu dueño, amante y amigo — sonrío sin mostrar los dientes y el mismo escalofrío me recorrió toda la espina dorsal.
— No pagaste por mí, sé que fue una mentiras y además me volveré loca acá encerrada — volteo los ojos.
— Te quejas demasiado — resopló —, esta bien, hoy tendremos nuestro primera cita si prometes obedecer mis órdenes — se acercó demasiado a mi y podía sentir su respiración en mi rostro.
Ese acto en vez de emocionarme me dio miedo, mucho, mucho miedo.
— Nada de trabajar ni estudiar, serás una mujer dedicada a tu hogar, familia y tu esposo, ¿Entiendes? — pasó su dedo por mi mejilla.
Asentí una y otra vez hasta que sonrío y me tomó de la mano sacándome a rastras.
— ¿A dónde me llevas? — cuestioné casi temblando.
— Nuestra primera cita tontita — me sonrió y beso mi frente.
Mientras caminaba me recuperaba del frío que me hizo sentir minutos atrás.
Este hombre tenía fuertes cambios de ánimo de un momento a otro y eso me estaba confundiendo, y ni hablar de lo que tendría que abandonar por estar a su lado.
En otras palabras seré solo una ama de casa desesperada pero con un hombre que verá por mi bienestar.
« Es cierto, Theodorus solo me está protegiendo ».
Y mientras caminaba a lo que sería mi primera cita me convencía de que lo que él hacía era solo por mí, y erróneamente acabé de convencerme al experimentar la mejor de las citas en un lindo parque de diversiones.
« Me hace sentir amada y segura, Theodorus es el hombre indicado ».
Que ingenua y tonta de mí.
Estas palabras se convertirían en mi segundo error, porque el primero estaba el confiar en personas que no lo merecían.