21. ❣️Profundo y verdadero entre nosotros❣️

2171 Words
Sentaba fijada mi mirada fija en aquella pequeña cobija de color rosa pastel. Había doblado y desdoblado la misma cobija como si aquello pudiera arrancarme el dolor que estaba sintiendo en estos momentos. Exhalé suavemente, con todas las emociones que experimentaba... ¿Era esto una señal de que lo amaba? Al parecer, la respuesta de mis sentimientos ya se había determinado. Joshua parecía haber conquistado mi corazón, aunque mi memoria no pudiera confirmarlo, mi corazón indicaba claramente esa posibilidad. Mientras divago en mis pensamientos, percibo un suave golpeteo en la puerta. Levanto un poco la barbilla al darme cuenta de que Lorenzo se apoya en la puerta. —Si sigues doblando esa sabanas las vas a desintegrar. —sentó suavemente en mi cama con una sonrisa en el rostro. —Lo se. —respondía con un suspiro sonoro—. Siento que si no lo hago, me moriré —mencionó con una leve sonrisa melancólica. Sus ojos me escudriñaban con detenimiento. Después de unos instantes breves, se tumbó en mi cama contemplando el techo. —No bajaste a cenar. —No tenía hambre. —¿Qué piensas? —Tu-tu-tu —tartamudeaba ligeramente —Tu crees que de verdad el me es infiel. Digo, es un hombre muy atractivo, es muy cariñoso, tiene una mirada espectacular —comenzaba a recordar cada una de sus facciones haciéndome reír ligeramente —Cuando sonríe se le hacen unos hoyuelos. Sus besos son realmente maravillosos. —experimentaba un ligero ardor en mis mejillas llevaba la cobija a mi pecho. —Isabella ¿Quieres que te deje a sola con tus pensamientos? —se burlo ligeramente Lorenzo lanzándome un cojín. —No, —deje escapar un muy sonado suspiro —si el me es infiel no puedo perdonarlo. —mi voz comenzaba a quebrarse —No quiero ser plato de segunda mesa ni que me utilicen a su conveniencia. Lorenzo se mantuvo en silencio durante unos instantes, inclinando suavemente la cabeza en la almohada. —Creo que una caminata nos servirá a ambos. —Se sentó en la cama— Vamos, prepárate te llevare al parque de abajo. —comenzaba a escribir algo en su teléfono. —Pero hace frio. —Vamos, por favor, tu has vivido siempre en Boston así que esto no debe afectarte. Yo que vivo en los lugares calientes debería estar sufriendo. —su tono sonaba ligeramente juguetón mientras al mismo tiempo sonaba como si el estuviera sufriendo por dentro. —Deja de quejarte Lorenzo. Después de ponernos los abrigos, Lorenzo y yo nos disponíamos a dar un paseo hacia el parque. Miraba hacia arriba y contemplaba las bellas estrellas en la oscuridad de la noche, lo cual brindaba dándome sensación de calma. Resplandecía con una fuerza que parecía destinada a tranquilizar mi corazón. Cubriendo todo con un aura de tranquilidad y paz. Las luces de la farola parpadeaban suavemente, generando sombras delicadas que bailaban entre los árboles, al mismo tiempo que una suave brisa movía las hojas. Nos dirigimos al parque. A pesar de que la luna se ocultaba entre nubes dispersas, su resplandor plateado iluminaba tanto nuestros rostros como el ambiente, otorgándole al lugar una atmósfera casi encantada. Observé detenidamente los columpios con la mirada. Se me venía a la mente cómo solíamos correr hacia ellos con la alegría desbordando de nuestros labios, desafiando la fuerza de atracción en un momento de completa felicidad. Sin dudarlo, me acerqué a uno de ellos y me senté, permitiendo que la delicada cadena sonara al tocarla. —¡Empújame, Lorenzo! —le pedí, una sonrisa iluminaba mi rostro. —Vas a romper el columpio. —sonreía de manera sutil. —Solo admite que eres un debilucho y no puedes mecerme. —lo provocaba ligeramente. Él se acercó, dispuesto a ayudarme. Después de tomar un instante para recuperar el aliento, se situó a mis espaldas y empezó a empujarme suavemente por los hombros. Al iniciar el balanceo, experimenté nuevamente la sensación de flotar en el aire, lo que me hizo sentir momentáneamente como si estuviera volando. El viento frío rozaba mi piel, y cada empujón que me daba Lorenzo parecía intentar alejar mi tristeza. Cada vez que respiraba, el frío creaba una pequeña nube de vapor. —Recuerdas ese día que me empujaste tan fuerte que termine cayéndome rompiéndome los labios. —reía ligeramente tras el recuerdo de mi infancia. Él sonrió, su voz mezclándose con la brisa nocturna. —Si, todo porque querías alcanzar el sol. —su tono era suave —Cuando caíste me diste el peor susto de mi vida. Incluso pensé que tendría que escapar a Italia porque pensé que mi tía me iba a matar. La forma en que se expresaba con humor me provocaba risas descontroladas mientras continuaba disfrutando del movimiento constante. Los recuerdos tenían tanta relevancia, eran tan fundamentales que lograban disminuir mis temores. Cada recuerdo, cada memoria, cada rememoración me hacía vibrar mi corazón. Olvidar una década de memorias equivalía a transitar por un frágil equilibrio mental. —Recuerdo que hicimos un pacto de que le diría a mi mamá que resbale. Asi pude salvarte. —Asi es, así evitaste mi muerte…una crónica de una muerte anunciada—replicó Lorenzo, con un aire nostálgico en su voz escuchándose una muy suave pero ronca sonrisa. Nos manteníamos inmersos en la calma nocturna mientras seguimos conversando. Recordábamos cómo nos aferrábamos a esos momentos infantiles, cuando las preocupaciones quedaban atrás y solo existía la risa. Cada empujón que me daba era un recordatorio de la un lazo que había sobrevivido al paso del tiempo. A medida que me elevaba más, un leve recuerdo surgió en mi mente... de Joshua. Pude vernos a nosotros, parecía que estábamos en la universidad tomados de las manos. Cerraba los ojos dejándome llevar por aquellas memorias que deseaban regresar. En esa memoria, nos veía avanzando hacia un jardín situado frente a la universidad. Recordaba claramente cómo recogía una flor blanca, una margarita, y delicadamente colocarla detrás de mi oreja. Experimenté un intenso latido que me hizo regresar al presente. Al abrir mis ojos, me encontré con un cielo despejado y hermoso que parecía darme la bienvenida. —Lorenzo, ¿En tu opinión, el amor se origina en el corazón o en la mente? —Me parece que no soy la persona más indicada para hacer esa pregunta. —Una suave risa se oyó al mismo tiempo que me empujaba de nuevo en los hombros. —¿Podrías hacer el intento? —Hacia un gesto de decepción apenas perceptible mientras el fingía morirse. —Con todo lo que me está sucediendo, me pregunto sobre como se desarrola el amor amor. Siempre he pensando que el amor es como la alegría que se va manifestando el corazón y se va construyendo poco a poco. —No solo eso. —hizo una ligera pausa. —El amor es ese pequeño motor que comienza en el corazón. Se convierte en nuestra inspiración para guiarnos a sentir esas pasiones y emociones que nadie nos trae. —Es decir que solo es el corazón. —No necesariamente, yo también creo que después de ese enamoramiento llega la parte de la cabeza. Es quien pone en orden y equilibrio todos los sentimientos que andan revoloteando. —Ya que el amor apasionado desenfrenado no siempre es bueno. —murmuraba suavemente mientras observaba el firmamento —Incluso si representa tu mundo entero, aunque creas que no podías sobrevivir sin esa persona, si te causa daño, eso no implica amor. —Así es, el cerebro está presente para orientarte sobre si esa persona merece tu amor y tu atención. —Lorenzo, mencionaste que no eras hábil en eso, sin embargo, demuestras ser muy acertado dando consejos. —¿Piensas así? —Si, ahora quiero que me aconsejes. —Dime, ¿en qué puedo ayudarte ahora? Sentia que el empujón de Lorenzo se bajaba a mis caderas, el apretón era ligeramente posesivo pero lo ignoraba. Mi concentración estaba completamente en el firmamento del cielo. —Lorenzo, ¿Tu crees que estoy enamorada? —¿Mmm? —No estoy seguro —suspiraba suavemente —Al despertar, creía estar enamorado de Elijah, pero ahora tengo sentimientos por Joshua. —Mostraba una leve sonrisa —No entiendo por qué siento que mi corazón late tan fuerte a veces por él. —Inclinaba mi cabeza —No entiendo por qué percibo mis latidos tan distintos a los de Elijah... Aunque no logre recordar, tengo la sensación de que me atrae mucho. —una suave risa se escapaba de mis labios. —Mmm. —Creo que por eso…Me duele mas. —agachaba la cabeza ligeramente intentando no volver a llorar —Siento que solo de imaginarme que el estuviera con alguien mas mi corazon se rompería en pedazo. Si decide estar con otra persona, preferiría alejarme de él en lugar de permitirle lastimarme emocionalmente. —Cariño, tu eres la luz de mi vida, la mujer que el destino diseño especialmente para mi. —Un tono algo áspero se percibía —Nunca podría traicionarte. Tu eres la razón de mi sonrisa cada minuto, cada hora, cada día, cada año que estuvimos juntos y están por venir. Te veo a mi lado, siempre a mi lado, yo cuidándote y tu guiándome. Quiero que seas la madre de mis hijos, la abuela de mis nietos y incluso la que me lleve flore cuando yo haya muerto. Aunque mi corazón latía con emoción y saltaba de alegría al escucharlo, detuve el movimiento del columpio con mis pies. Me baja de manera acelerada comenzando a alejarme como si su mera presencia quemara. —Isabella, por favor, escúchame —suplicó Joshua, su voz suave intentaba ocultar su desesperación. —¡No! Mantente lejos de mí. —continuaba caminando acelerada siendo detenida por un suave jalón por su parte al sujetarme de la mano. —No es como crees. —¿No es lo que pienso? —replicó, con mi voz creciendo en la colera —Entonces soy una estúpida que lo imagino todo. —Cariño, déjame explicarte. —¡No me llames cariño! —vociferaba con fuerza sintiéndome que estaba comenzando a hiperventilarme por la furia. Sentía que mi corazón estaba a punto de salírseme por la boca, apenas podia respirar. Tenia una dificultad para hablar impresionante, mis manos se tornaban sudorosa, no podia sentir mi cuerpo, no era yo. Las sensaciones estaban tan intensificadas que mi voz se trababa. —Isabella ¿Estas bien? Quería llorar, gritar, pero el intenso golpe de aprecio a mi corazón me liquidaba. Mi corazón palpitaba de maneras increíbles, sentía ligeros temblores. Incapaz de contestar, coloqué mi mano sobre mi pecho como si intentara extraerlo y, sin pronunciar palabra, simplemente me besó. El beso que recibí fue tan dominante, pero ligeramente suave, me envolvió por completo. No podía resistir la tentación de cerrar los ojos y seguir su guía, lo que me hacía experimentar una sensación de protección. Su beso se tornaba cada vez mas en esa pequeña brisa que era necesaria. No me permitió marcharme hasta que mi cuerpo se calmó. Con calma se alejó, nuestros ojos se cruzaron y pude percibir levemente ese latido que ya se estaba volviendo común al mirarlo a los ojos. —¿Cómo te sientes ahora? —susurró suavemente, como una brisa que anhelaba rozar mi piel. —Si, gracias, no se que me paso —susurraba ligeramente. —Experimentaste episodios de pánico, —acarició con ternura mi cabello —al principio de nuestra relación, solían ocurrir con frecuencia, especialmente durante la noche. Al principio de nuestra convivencia, despertabas con pesadillas. Gritabas con angustia tu deseo de que te regresaran tu hijo. Tu tranquilidad era difícil de alcanzar, pero con el tiempo, logré dominar estrategias para apaciguarte, llegando incluso a sumergirme en la lectura de textos de psicología en tu beneficio. —su tono era plausible. —Han pasado muchos años desde la última vez que sufriste un episodio de pánico... Supongo que la acumulación de estrés al pensar que te fui infiel desencadenó esto. Lo siento. —Yo…—lo miraba ligeramente, su intensidad me hizo estremecer. Desvié ligeramente la mirada —Conoces mucho de mi. —intente cambiar el tema pues sentia que su mera presencia me debilidaba. —Claro que te conozco. Te amo, por eso todos los detalles de tu corazón, hasta cada mínimo detalle es un tesoro que cuando lo descubro lo guardo en mi cabeza. —sonrió ligeramente— Cada miedo, cada sueño, cada sonrisa, cada deseo, cada mirada, cada memoria, aprendo todo lo que pueda para hacerte recordar lo afortunado que soy por permitirme compartir mi vida a tu lado. Y en ese momento…. Mientras nuestras miradas se encontraban… Joshua brillo con tantos colores que era imposible no sentir la calidez de estar a su lado… Y aunque mis memorias aun no lo recuerden, mi corazón… ese corazón que siempre pareció confundido desde el principio lo recordaba. Mi corazón comenzó a latir con una intensidad que me hizo sentir que hay algo profundo y verdadero entre nosotros.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD