Joshua Garret
Parpadeaba levemente sintiendo mis parpados exageradamente pesados forzandome a despertar. Abrí y cerré mi boca varias veces, notando lo reseca que estaba, como si hubiera ingerido arena. Sentía mi mirada algo desorientada, además de mi cuerpo totalmente adolorido. Observaba detenidamente a mi alrededor, las paredes eran blancas y noté la ausencia del candelabro de mi habitación, lo que me hizo darme cuenta de que no me encontraba en mi cuarto. Trataba de evocar mis recuerdos más recientes... había conversado con Aston... me disponía a tomar un taxi... Sí, eso era lo último que tenía en mi cabeza.
Trataba de moverme con la sensación de tener un cuerpo rígido y al intentar hacerlo, percibí un suave ruido similar a un leve maullido. Observé detenidamente mientras mi mirada descendía, percibiendo a alguien cerca de mi pecho, y por mero reflejo empujé con fuerza a esa persona para apartarla de mí al ver que no era el cabello de Isabella. Al oír un grito agudo de disgusto, me levanté de un salto de la cama, sin ropa, empecé a buscar mis prendas con ansiedad, sin comprender la situación.
—¡Qué rayos! —murmuré, sintiéndome completamente alterado y desconcertado.
—¿Joshua?
Oía una voz atractiva con un tono un tanto adormilado. La vi acomodarse en la cama y frotarse suavemente los ojos, soltando un pequeño bostezo. Sus pechos quedaron al descubierto cuando la sábana se deslizó, lo cual me causó aún más angustia. Con urgencia, encontre mis pantalones y me los puse velozmente.
—¿Qué te sucede, Joshua? ¿Por qué estás tan nervioso? Amor, ven, tengamos un matutino, me dejaste con más ganas, pero no despertabas en la madrugada.
Ignoraba completamente a esa mujer endemoniada colocándome mi camisa con rapidez.
—Joshua, por favor habla conmigo —percibí un matiz de incomodidad.
—No sé qué sucedió la noche pasada, pero esto no ocurrió, es imposible —expresaba con desesperación, sintiéndome sumamente angustiado—. No, no, no podría haber tenido relaciones contigo. No puede ser. No es posible —mortificado tomaba mis zapatos olvidándome de mis medias empezaba a buscar mi teléfono.
—¿No? Permíteme decirte que si sucedio, y varias veces—su sonrisa se dibujaba de forma astuta—. Observa, si tienes dudas sobre que paso, en mi cuerpo está la evidencia.
Observé de reojo su cuello y me sorprendí al ver la gran cantidad de marcas. La cantidad de ellos era tan grande que me resultaba abrumadora, ni siquiera en mis momentos más apasionados habría actuado de esa manera con Isabella... era como si un ser salvaje le hubiera mordido el cuello.
—Eso no fui yo. —intentaba convencerme a mi mismo de la escena.
—¿Ah no? Joshua… —se levantaba de la cama dejando entre ver su cuerpo tonificado, pero como si fuese un animal bien adiestrado mantuve la cabeza completamente erguida para no ver su cuerpo desnudo. —Lo que tú y yo logramos juntos fue increíble, deberíamos hacerlo de nuevo.
—Esto nunca paso. —Con una gran sensación de nerviosismo, tragó saliva en un acto de ansiedad total.
—Puedes tener tus propias ideas, pero permíteme señalar que si paso, me sorprendiste con tantas cosas que supuestamente no querías experimentar con tu esposa —una sonrisa pícara se dibujó en su rostro— Está bien, no te inquietes, puedes aprovecharme como te plazca en el ámbito s****l, desahógate conmigo.
No.
De ninguna manera.
Imposible.
Rápidamente me alejaba, como si fuera un ser infernal enviado para atormentarme, y al tomar mi celular, abandonaba la habitación. Corría desperado notando que mi teléfono estaba apagado. Al encender mi celular, lo primero que noto son más de quince llamadas sin contestar de Isabella.
—No puede ser.
Con unos nervios desbordantes, me encaminaba hacia el estacionamiento en busca de mi vehículo cuando me percaté de que había un mensaje de Isabella. Al abrirlo, quedé petrificado por el pánico.
—No quiero verte, quiero el divorcio…que.. —acariciaba mi cabello de frustración intentando entender y cuando vi las imágenes casi me muero.
Habían varias fotos mías y de Natasha y lo peor de todo es que no recordaba nada. Colocaba mi teléfono en la base para sujetarlo comenzando a conducir acelerado. Hice que mi asistente virtual de mi teléfono marcara a Isabella varias veces, pero a la sexta llamada comenzó a enviarme al buzón de voz.
—No puede ser, ¡Mierda! —vociferaba con fuerza totalmente frustrado al entrar en el trafico.
Golpeaba mi volante intentando dejar escapar mi frustración, imaginaba a Isabella llorando y eso me destrozo. La conocía, ella se hacia la fuerte en muchas cosas, pero en lo emocional era un manojo de nervios que lloraba incansablemente. Al imaginar que yo provoque sus lagrimas me destrozaba. Llegaba a nuestra casa y lo primero que hice fue correr por toda la casa para encontrarla…pero no estaba.
Al llegar a nuestra habitación fue todo un caos. Pareció que un tornado había pasado destruyendo todo a su alrededor. Con el corazón acelerado, abrí el armario y noté la ausencia de una gran cantidad de su vestimenta. Sin poder contenerme, verifiqué que tampoco estaban sus papeles personales, incluyendo su pasaporte. Mientras se pasaba la mano por el pelo con desasosiego, no tenía claro a donde ir.
¿Se habría ido del país?
No.
Imposible.
Lo primero que se me vino a la mente fue que seguramente fue a casa de sus padres. Mientras me dirigía hacia mi vehículo, noté que mi celular estaba sonando. Al al abrir, me di cuenta de que había recibido un mensaje.
**Lorenzo** La he convencido para que no se vaya a la casa de nuestros abuelos en Italia. Sera mejor que vengas a hablarle, aun está en la casa de sus padre y está muy alterada.
Una intensa ráfaga de esperanza invadió mi ser mientras conducía de forma un tanto desordenada hasta llegar al hogar de sus padres. Al llegar, pude ver a Elijah saliendo por la puerta con una expresión de victoria en su rostro, ajustando su atuendo con satisfacción. Corría hacia él sin comprender por qué, empujándolo con fuerza.
—¿Que le dijiste?
—¿Yo? Absolutamente nada. —se burló con arrogancia— Era evidente que no eras la persona impecable que presumías ser. ¡Gracias, no tuve que esforzarme mucho y tú mismo me lo facilitaste todo!
—Aléjate de mi esposa. —levantaba mi mano señalándolo con un dedo de manera amenazadora— Le pones un dedo a mi esposa y te mato.
—¿Esposa? Mejor dicho casi exesposa —rio de manera divertida—Tengo un amigo abogado que le aseguro que como no tienen hijos puede ser un divorcio exprés —sonrió de manera divertida, riéndose de mi desgracia—puede ser un divorcio de menos de dos meses Joshua.
A pesar de sentir la urgencia de golpearlo, opté por tocar la puerta con desesperación al escuchar eso. Tenía la intención de derribar la puerta, en ese momento reinó un silencio absoluto y logré percibir la voz de Lorenzo al otro lado, pidiendo que me permitieran pasar. Al abrirse la puerta, no tuve ni un instante para saludar a la madre de Isabella ni a Lorenzo. Mi atención estaba completamente centrada en una sola persona. Mientras subía por las escaleras, abrí la puerta de la habitación y allí estaba ella.
Al alzar la mirada, sus ojos mostraban un enrojecimiento total, como si hubieran derramado lágrimas durante horas. Su cara lucía completamente desfigurada, como si hubiera sufrido un tormento, y sus labios estaban desgarrados.
—Cariño...—murmuré con delicadeza mientras me acercaba a su lado.
—¡No me llames cariño! —gritó con tal intensidad que su voz resonaba en la habitación—. ¡No me creas tonta! ¿Por qué razón me engañas de esa manera una y otra vez? ¿Por qué, Joshua?
—Isabella, cariño no es lo que piensas —intentaba suavizar mi voz, aunque estaba totalmente mortificado. No quería gritar pues quería evitar la pelea de la vez anterior.
—¿En serio? Observa tu cuello. Maldita sea Joshua —comenzaba a sollozar—Mirate ¡Que te pasa! Dime la verdad, no trates de negarlo, sé que me engañaste.
El señalamiento de deslealtad me impactaba como un golpe contundente. No solo experimentaba dolor por la percepción que ella tenía de mí, sino que también me invadía una sensación de impotencia, como si estuviera atrapado en un enredo de incertidumbres que me sofocaban.
¿Cómo podía demostrarle que era inocente?
Para mí, ser infiel no era una opción. Mi corazón siempre había pertenecido a ella.
—Isabella, jamás te seria infiel.
—Joshua, por favor, deja de engañarme —sus lágrimas caían mientras ocultaba su rostro con las manos.
Cada vez que trataba de expresarme, las palabras se esfumaban antes de poder pronunciarlas.
—Isabella, algo habrá ocurrido, no sé qué, pero no podría engañarte, créeme.
—Primero tu camisa y decidí creerte, decidí creerte cuando te fue a buscar, y ahora también en esta ocasión —su voz se quebraba por las lágrimas—¿Por qué me lastimas tanto, Joshua? ¿Por qué?
—Entre Natasha y yo no ocurrió absolutamente nada, nada en absoluto.
—Entonces porque tu cuerpo este así. —sus sollozos hacían casi imposible de entender lo que decía.
Al alzar la vista y verme reflejado en el espejo, era evidente la cantidad de marcas en mi cuello, resultaba imposible no percatarse de ellas. Mis explicaciones sonaban vacías, incluso para mí. Sabía que tenía que encontrar un camino, una forma de probarle que no pude hacerle nada a Natasha, pero al mismo tiempo el miedo a perderla me paralizaba.
Su mirada resbalaba por mí como si ya no pudiera verme, como si hubiera dejado de ser el hombre que conocía y amaba. Sus ojos rebosaban lágrimas que me partían el alma. Intenté abrazarla, pero recibí un golpe en la mano cuando intentaba acercarme.
—¡Mantente alejado de mí!
—Te ruego, Isabella, confía en mí.
—Entonces ¡Dime que esto es una pesadilla! Dímelo, dime que esto no ocurrió…. ¡Dímelo! —sus gritos invadieron toda la habitación y pude notarla elevar su rostro mirando al techo en busca de consuelo.
Trataba de comunicarle que todo era una mentira, que no era real, cuando un recuerdo impactó mi mente de repente, como un relámpago. Natasha me empujaba besándome apasionadamente, le decía algo, pero no entendía, un empujón a la cama y tras de esto nada más venía a mi cabeza. Mi semblante palideció por completo al solo pensar en la posibilidad de que algo hubiera ocurrido entre nosotros, era algo insoportable.
—No he hecho absolutamente nada, Isabella.
—¡Joshua, basta ya con engañarme! Ya no puedo —se llevaba su mano a su corazón— ¡No quiero estar con un mentiroso! —vociferaba con fuerza— ¡Me engañaste!
—¡Jamás te engañé! —Exclamaba —¿Cómo puedo demostrarte que no fui infiel? —susurraba de repente, abrumado por la desesperación que crecía en mi interior.
La impotencia se cuela en mis palabras. Ella se encogió, sus ojos rebozaban de lágrimas y cada vez que intentaba acercarme para abrazarla solo me alejaba. Experimentaba una profunda angustia interna. Cada vez que una lágrima caía, parecía ser un silencioso testigo de lo que estaba ocurriendo.
Respiré hondo en un intento por tranquilizarme, tenía la sensación de que si ambos nos poníamos a gritar, no lograríamos avanzar. Deseaba ser el mejor apoyo para ella, el pilar en el que pudiera confiar, pero en esos instantes me encontraba frágil y desprotegido.
—Isabella, debes confiar en mí, jamás tendría una relación con Natasha.
—Joshua, por favor, para...—sus ojos de azules como el zafiro estaban tan llenos de lágrimas que me partían el alma.
A pesar de que quería acercarme a su corazón parecía imposible. La tensión en la habitación era palpable, y la ira de no poder recordar que paso anoche me consumía. Cada vez que hablaba, parecía que su enojo crecía aún más.
—Isabella, amor, te ruego que confíes en mí...Jamás te fui infiel —mis palabras temblaban al sentir la frustración de no ser creído.
—¿Cómo puedes decir eso? —Grito, la rabia y la tristeza se mezclaban—. Te vi. Te vi con ella.
—No es como piensas... —Pasaba la mano con impotencia por mi cabello.
—¡Déjame de mentirme en la cara! —sus palabras salían como un rio desbordado—Ya me canse…ya no quiero mas dolor...ya no puedo más —sus lágrimas empezaron a caer —Solo… solo quiero que esto termine. Quiero el divorcio, Joshua.
Al oír esas palabras que salían de su boca, mi cuerpo se quedó inmóvil por completo, como si hubiera recibido el impacto más devastador de mi vida. Mi mirada se sentía destrozada, sin embargo, Isabella simplemente inclinó su rostro levemente hacia abajo.
—¿Divorcio? —con incredulidad, mi voz resonó en la habitación, cargada de sufrimiento. —¡Se que no estas hablando en serio!
Observé su mirada firme y determinada, a pesar de estar inundada de lágrimas, demostraba estar segura de su elección. En ese preciso instante... En ese instante exacto, anhelé poder revertir el tiempo por completo y evitar que todo esto estuviera ocurriendo.