Es de noche, cuando ya estamos acostados en su cama, luego de ducharnos. Ambos desnudos, bajo las sabanas y las muchas mantas. Me gusta esa sensación, de que sacar apenas un dedo podría congelarme de frío, pero que dentro de este bunker de sabanas y mantas estamos calientes, con nuestros cuerpos pegados, entrelazando nuestras piernas de una forma que costaría distinguir donde empieza él y donde empiezo yo. Demian acaricia mi brazo. Estás ultimas semanas salimos de los confines de lo conocido y empezamos a hacer más cosas juntos. Normalmente después del trabajo vamos a tomar algo o a cenar, y luego venimos hacía aquí. Mi hospedaje está a un simple paso de volverse permanente si sigo así. Hasta ya incluso vacío la mitad de sus cajones para darme los otros a mi y que tenga mis cosas. Un nue

