- ¡Arwen! - me llama con voz firme Renn a mis espaldas, mientras sigo caminando por el hall de su edificio, hacía la salida. - He dicho que no pienso marcharme de la ciudad. - respondo, sin detenerme. - ¡Espera! - sigue llamándome. Me freno en seco, cuando él me detiene al agarrarme el brazo. Ambos nos miramos. - Suéltame o verás que tan bien me has enseñado a atacar a alguien. - sentencio. - Quiero que me escuches. - me dice con voz severa. - ¿Tengo que recordarte quien da las ordenes aquí? - Ni sueñes que voy a huir y a esconderme en otro país. - ¿¡Y tú te crees que nosotros queremos!? ¡No tenemos opción! - grita molesto. - ¿¡O todavía no entiendes que lo hemos perdido todo!? ¡Sin clan, sin gente, sin armas! - Tienes razón. - admito. - Aún así, no pienso irme. - Arwen, es

