La noche de mi fiesta pasa entre la música fuerte, bailar con diferentes muchachos que tratan de ligar conmigo sin mucho éxito y beber mucho champagne. Estaba rodeada por muchas personas, demasiadas, sin embargo ninguna me interesaba. Que fastidio estar con tanta gente y que ninguna logre atraparte o que te genere el mínimo interés como para continuar una conversación.
No soy alguien que suele envidiar, pero si sentí indiciosos de eso con Renn. El logro encontrar a su grupo de personas. Solía creer que cuando yo me uniera también sería parte, que sentiría que ahora formo parte de un equipo, pero no es así. Porque no lo son, son el de Renn.
¿Qué pasa con los seres humanos que siempre tenemos ese anhelo de pertenecer a algo? Mi madre siempre solía decir que las personas no somos unas islas. A veces me gustaría que lo fuéramos.
Mi hermano se me acerca. - Ya no vamos. - anuncia. - ¿Quién viene por ti?
- No te preocupes, papá ya envió a alguien para que me recoja. - miento.
- Bien, aguardaré entonces a que...
- No. - lo interrumpo. - Renn, no necesito que me hagas de niñera. Ve a tú casa, ya de seguro me están esperando a afuera. Terminaré de saludar a unos amigos.
Me observa pensativo, entrecerrando sus ojos. - Está bien... - accede, pero no muy convencido. - Si se demoran me llamas y vengo por ti.
- Tranquilo, hermano mayor.
Me dedica una leve sonrisa y se da la vuelta para regresar con su esposa, y sus amigos. Espero unos 10 minutos a que se hayan marchado todos por fin. Cuando salgo del salón, cual película adolescente, lo veo apoyado en su motocicleta, cruzado de brazos y mirándome con esa bonita sonrisa. Me acerco a él. Veo que ya no tiene puesta la corbata y su camisa se encuentra fuera del pantalón, con los primeros botones de arriba desprendidos.
- Comenzaba a creer que te habías arrepentido. - dice.
- ¿Aún así te quedaste aguardando?
- La espera lo vale, si existe aunque sea una mínima posibilidad de que llegues a venir conmigo.
Pongo mis ojos en blanco. - ¿Mientras me esperabas te tragaste un libro de poesía?
Ríe. - Estoy tratando de impresionarte.
- ¿Si? Pues no lo vas a conseguir recitando palabras tontas. Tendrás que usar otros recursos.
- Se me están acabando, en realidad.
- Que poca imaginación, rubiales.
Me extiende el casco que estaba sobre el asiento de la motocicleta. - Por el momento es lo que tengo. ¿Sirve?
Lo tomo. - Por ahora.
- ¿A que hora debes estar en casa?
- No tengo horario, ahora soy mayor.
- ¿Tú padre como lo lleva? - pregunta divertido.
- Está al borde del infarto, pero bueno, me obsequio un arma. Así que no te hagas le chistoso conmigo.
- Créeme, no necesitas un arma para asustarme.
- Bien. - sonrío con satisfacción.
Me extiende lo que tenía apoyado sobre su falda. - Como prometí te traje mi chaqueta. Me pareció verte un poco descubierta, temí que pasaras frio y te enfermaras.
- Vaya que considerado. - digo con sarcasmo, lo que lo hace reír. Le doy el casco y toma la chaqueta para ponérmela. Evidentemente me queda bastante grande, pero aún así se siente cálida. - ¿Qué tal me veo?
Sonríe de forma dulce. - Estupenda. - se acerca a mi y me coloca el casco. - Ahora si que eres una motoquera en todos los sentidos.
- Claro, sobre todo con el vestido de cabaret que tengo puesto.
- Podrías hacerme un baile, ya que lo mencionas.
- Por supuesto, en tú siguiente vida.
- Diablos me había ilusionado con las dos primeras palabras. - se gira para posicionarse bien en la motocicleta.
- No doy las cosas gratis, aún menos cuando provienen de mi persona. - me subo detrás de él y me aferro a su saco.
Gira su cabeza para observarme. - Puedes abrazarme chispitas, te lo permito.
- Ya quisieras.
- ¿Quieres que vaya a velocidad príncipe encantador o cretino con bonita sonrisa?
- Tú solo tienes la apariencia de príncipe encantador, pero eres un cretino.
- Está bien... pero con bonita sonrisa, ¿verdad?
- Anda, que me aburro.
- Como ordenes jefa. - me sonríe para volver a mirar al frente. Enciende la motocicleta y comienza a andar con velocidad.
Siento como la adrenalina me recorre todo el cuerpo, el viento que choca contra mi hace que se me erice la piel, generando un cosquilleo en mi estomago que me encanta. Es la primera vez que me subo a una motocicleta y por más que en el fondo siento un leve temor de perder el equilibrio e irnos hacía un costado, ese sentimiento es reprimido por lo excitante que es y el estar aferrada a Demian también ayuda. Es una de las pocas personas que me generan esa sensación de tranquilidad.
- ¿Qué tal vas? - me grita sin quitar la vista de adelante.
- ¡Genial! - exclamo.
- Estupendo. - aumenta la velocidad.
Se frena en seco, lo que me lleva por instinto a aferrarme a su cuerpo, abrazándolo.
- ¡Lo has hecho a propósito! - exclamo una vez que me recupero de la sorpresa, soltándolo y dándole un manotazo en su brazo.
Ríe. - Anda, si te morías por hacerlo, no me lo niegues.
- Idiota. - bufo.
Me mira. - ¿Qué dices si dejamos la moto aquí y caminamos por el puente de Brooklyn?
- Está bien...
Nos bajamos y Demian deja la motocicleta atada a un poste. Caminamos uno al lado del otro, en dirección al puente. Desde allí se puede tener una hermosa vista desde toda la ciudad de Nueva York de noche, es tan imponente y magnifica. No puedo evitar oír la voz de mi padre en mi cabeza "Nueva York no está a tú altura."
- ¿En que piensas? - me pregunta.
Lo miro, mientras seguimos avanzando. - En algo que me dijo mi padre...
- ¿Puedo saber que?
- "Nueva York no está a tú altura". - repito.
Sonríe y queda pensativo. - ¿Acaso existe algo que lo este?
- Si sigues con las palabras melosas, harás que me de diabetes.
Suspira. - No hay forma de que aceptes un cumplido.
- No me gustan los cumplidos, me resultan falsos. Son por compromiso, no son honestos.
- ¿Crees te diría algo por compromiso? ¿A ti precisamente? - lanza una risa. Y me observa. - Lo digo con completa honestidad. Más allá de lo que pienses, no soy de los que sueltan palabras bonitas al azar.
- Vaya, si lo fueras Neruda quería soso a tú lado.
- Muy chistosa. - dice con sarcasmo. - A lo que iba... es que concuerdo con tú padre. Eres muy imponente, y eso que conozco a Clover. Haber entrenado contigo estos dos años ha sido muy demandante y desafiante.
- Gracias por haber accedido a entrenarme a la par de Renn.
- No fue nada. - sonríe.
- Si lo fue, lo hiciste a escondidas de tú jefe.
Menea la cabeza. - Tú también eres mi jefa.
Sonrío. - Me ha gustado como ha sonado eso. Repítelo.
Ríe. Queda serio. - Tú también eres mi jefa.
- Aún se siente raro, no me lo he ganado, pero me gusta oírlo, sirve como una especie de motivación.
- ¿Y que planes tienes, chispitas?
Quedo pensativa. - Buena pregunta...
- Lo bueno de tener apenas 18 años, es que tienes toda una vida por delante, algo así como un lienzo en blanco.
- Apenas tienes 26, también tienes una vida por delante.
- No tengo muchas aspiraciones. Solo... ser parte del mejor clan y trabajar para la persona más poderosa.
- Pues, ya lo has conseguido.
- No, ella aún no tiene su clan. - me mira divertido.
- Tener mi propio clan... si. - quedo analizando lo que él dice. Me gusta y me da satisfaccion como se oye. - No podría conformarme con algo heredado, tengo que hacerlo mío.
- Y cuando ese momento llegué, yo seré el primer miembros de tú clan. ¿Me aceptarías?
- Depende, ¿Qué tienes para ofrecerme? - pregunto divertida.
- ¿Me harás ahora la entrevista?
- Si, así que empieza a hablar y trata de impresionarme, porque no aceptaré a cualquiera en mi clan.
Ríe. - A ver... - queda pensativo. - Bueno, además de mi gran habilidad en lo físico y mi gran destreza para las armas. También te puedo ofrecer mi completa predisposición y rendición, además... de adoración y me permito esclavizar. - no puedo evitar reír. - Te he hecho reír.
- No te pavonees tanto.
- Oh si, es un gran logro.
- Bien, ¿y que más?
- Gran disponibilidad horaria, además de movilidad. - sigue diciendo. - ¿Ya he mencionado que te dejare hacer conmigo lo que quieras?
- Eso suena tentador.
Se frena y me detiene tomándome del brazo. Nos miramos. - ¿Me aceptaras en tú clan?
Lo observo a esos ojos que se tornan de un azul noche por la falta de luz. - ¿Me seguirás? ¿A donde sea?
- Si, a donde sea. - afirma. - A través del fuego también.
- Está bien. - accedo. - Demian Teller, estás admitido como el primer m*****o de mi futuro clan.
Sonríe y se arrodilla, tomando mi mano, trato de zafarme de su agarre, pero no me suelta.
- Prometo servirle mi reina.
- Ya suéltame, que parece que me estás pidiendo matrimonio.
Se para. - ¿Y si huimos a Las Vegas? Ahí si que le dará un infarto a tú padre.
- Prefiero prevenirlo, consigo más cosas cuando estoy en el papel de "la niñita de papá"
- ¿A la niñita de papá le gustaría una cerveza?
- Si, le gustaría. ¿Podemos ir a tú departamento?
- Si, no veo por qué no. No será un elegante salón con decoración brillosa y cara, pero terminaremos tú cumpleaños de forma fenomenal. Ya verás, te sorprenderé.
- Soy exigente, no lo olvides.
Pasa su brazo por encima de mis hombros y retomamos la caminata, pero hacía el lado por el que vinimos.
- Lo sé chispitas, lo sé. - deja un beso en mi sien.
Me hubiera gustado decirle que no necesitaba de cosas elegantes y brillosas, que mi mejor cumpleaños lo pase en su departamento de 2x2, comiendo pizza fría sentados en el colchón que tenía sobre el piso y tomando cerveza. Pero yo no era buena con las palabras... mejor dicho, no era buena con las palabras referidas a los sentimientos.
Una lección que aprendería con el tiempo, es que no debemos dar por sentado a las personas.