Capítulo 6

2335 Words
Al regresar a casa, luego del asilo, me dirijo rapidamente hacía las escaleras para ir a mi habitación. Tengo que ducharme, vestirme y regresar a la ciudad para ir a lo de Demian. Le dije que mejor no viniera por mi, porque mis padres notarían que alguien me viene a buscar en una motocicleta, sin mencionar que mamá las odia.  - Arwen, ¿eres tú? - la voz de mi madre acercándose, me detiene a medio camino de subir. Al llegar posa su mirada en mi.  - Hola mamá.  - ¿Qué tal todo en tu primer día en el asilo? - pregunta. Noto que hay algo de preocupación en su mirada.  - ¿Se enteraron lo de Finn? - pregunto.  - Si... - responde con tristeza. - El tío Eric llamo a papá.  - Pues, ahí tienes tú respuesta.  - ¿Aún estás segura de querer seguir en el clan?  - Claro que si, mamá. - respondo algo brusca. - Eso no me va a hacer cambiar de opinión con respecto a lo que quiero en mi vida. Ni eso, ni nada va a lograr que me desvíe de mi camino.  Suspira. - Está bien. Sabes que puedes hablar con nosotros de lo que sea. Yo también pase por eso del unirme al clan y de sentirme que no pertenecía allí, pero no porque no lo quisiera, sino que ellos ya se conocían de hacía un largo tiempo y yo era como la intrusa.  Desciendo unos escalones para acercarme más a ella. - Si... yo también me siento así. Es como si siguiera siendo la hermanita de Renn.  - No te preocupes cielo, es solo cuestión de tiempo. ¿Acaso te olvidas como se llevaban todos ellos al principio? Con honestidad, no creímos que durarían.  Río. - Si, lo recuerdo.  - Chicas, la cena está lista. - papá se acerca a nosotras.  Mamá me sonríe. - Ven, vamos a cenar y seguimos charlando.  - De hecho, tengo que irme.  - ¿Qué? ¿A dónde? - pregunta papá extrañado.  - Es el cumpleaños de Emma, hará una piyama en su casa. - miento.  Ambos me observan fijamente, pareciera que intentaran leerme el pensamiento. Se que una parte de ellos dudan de mi, pero en el fondo no quieren aceptar que no soy esa niñita que solía ser.  - Bueno. - accede papá. - Le diré a Edward que te lleve de vuelta. - agrega refiriéndose a uno de los choferes.   - No te preocupes, ya le dije a Mark que me lleve.  Papá me mira serio, le dedico una sonrisa dulce. Me sonríe.  - Bueno hija.  - Ya que hablamos de todo un poco... - comienzo a decir.  Él suspira. - ¿Y ahora que? - pregunta con pesar.  - Quiero mudarme a la ciudad.  - ¿¡Qué!? - exclaman los dos con sorpresa.  - Si. - afirmo con seguridad.  - Pero a ti te encanta vivir aquí. - dice mamá.  - Si, cuando era niña. Ahora me fastidia un poco estar tan lejos de la civilización.  - Ni que viviéramos en la jungla. - agrega papá con fastidio.  - Me gusta el ruido, el caos, el ver los autos, las luces. - sigo diciendo. - Y lo obvio, es que es un viaje llegar hasta aquí para cambiarme, para tener que volver a la hora.  - Apenas tienes 18 años, ¿y ya te quieres irte de tú casa? - pregunta papá algo ofendido.  - Renn se fue a los 18 años para viajar con tú dinero y Jude se fue a la escuela militar. - digo.  - Rocco se fue a una edad prudente. - sigue papá. - Si, ¡porque no se puede mantener muy lejos de ustedes! Es el claro ejemplo de niñito de papá.  - Claro que no. - lo defienden a dúo.  - Por favor, quiero estar más cerca de mis amigos, de los restaurantes, de las tiendas, de los cafés y los parques. Además también estaré más cerca del asilo.  Me siguen observando pensativos.  - Ahora no es un buen momento... - comienza a decir mamá. Suspiro con fastidio. - No puedes irte a vivir sola, aún no sabemos que fue lo que le sucedió a Finn. Aunque en mi opinión es bastante obvio que le entraron a su departamento.  - Sin mencionar que a tú hermano le han entrado también a su departamento. - sigue papá. - Como bien ha dicho tú mamá, ahora no es un buen momento.  - Una vez que todo se calme y vuelva a la normalidad, nos sentaremos y lo hablaremos. ¿Si? - Bueno. - respondo seria y reanudo mi camino hacía arriba.  - Cielo, ni que fuera tan malo vivir con nosotros. - se queja papá a mis espaldas.   - Mejor no opino... - ¿¡Qué!? - exclama.  ***** Una vez que termino de ducharme, comienzo a vestirme. Me pongo un vestido rojo corto y bien ajustado, encima de eso uno n***o largo simple, para que mis padres no me vean salir de la casa como si me fuera a pararme a una esquina aguardando a que alguien me recoja, en lugar de una pijamada con mis amigas.  Cuando me subo al auto, me quito la ropa señuelo y me voy maquillando, mientras me observo en el espejo de mano. También me pongo perfume y por ultimo me suelto el cabello, que lo tenía atado en una coleta.  - Aquí está bien, Mark. Detente. - le pido al chofer, al reconocer el edificio donde vive Demian.  - Señorita Arwen, se llega a enterar su padre o Glen, el jefe de los choferes, que no la llevo a donde usted dice que va, y el despido será el menor de mis problemas. - gira la cabeza para observarme. - He oído que una vez le disparo a un chofer que lo llevo 5 minutos tarde a una reunión.  No puedo evitar reír al ver la cara de preocupación del joven muchacho.  - Tranquilo Mark, no fue por eso, fue porque él dio una orden y el pobre desgraciado dijo "pero". Mi padre odia esa palabra.  - Eso no me deja más tranquilo. - su mirada refleja aún más temor. Vuelvo a reír. - Solo bromeo. Además, no hay forma de que se enteren. Me has llevado a la casa de Emma un millón de veces, por lo que no hay forma de que metas la pata. Si alguien pregunta algo, tú respondes... - Yo solo la lleve a la puerta de la casa de su amiga y aguarde a que entrara. - finaliza. - Exacto. Además, no es la primera vez que me dejas de mi amigo, y todas las otras veces han salido bien. No me han regañado y tú sigues respirando.  - Si, pero no tengo el mañana asegurado.  - Nadie lo tiene, ya sea que trabajes para los Marshall, como no. - me hecho un ultimo vistazo en el espejo, para luego guardarlo en mi cartera. - También te olvidas que gracias a que me cubres, tú novia tendrá un bonito y exclusivo vestido de regalo de cumpleaños. ¿Has averiguado su talle?  - Eh... si, luego le paso las medidas. - responde.  - Genial, te lo haré llegar a tú casa mañana.  - Gracias, señorita Arwen.  - Gracias a ti. Seguiremos haciendo negocios juntos, así que piensa que quieres tú, se que tú cumpleaños es en dos semanas.  - ¿Eso quiere decir que llegaré a cumplir los 25? - Claro que si. Buenas noches. - bajo del auto y me dirijo hacía la entrada.  Aprovecho a entrar justo cuando una pareja sale. Voy subiendo las escaleras hasta el piso de Demian, mientras le marco con mi celular.  - Que raro tú llamando tan tarde, diablita. - dice al otro lado de la línea.   - Hola Peter, mejor amigo de mi hermano, a quien conozco desde que tengo uso de razón. ¿Qué tal estás está noche? - Vaya... es sorprendente lo amable y agradable que puedes ser cuando quieres algo.  Pongo mis ojos en blanco. - ¿Cómo te trata una bella noche como está? - sigo con la voz más adorable que me sale fingir. - Corta el acto, que me está dando escalofríos. ¿Qué quieres?  - ¿Recuerdas esa parte en la que tú madre es una famosa diseñadora de modas, aclamada por todo el mundo?  - ¿Cómo podría? Veo su nombre o su cara por toda la ciudad.  - Genial, porque es de ella de quien necesito un pequeño favorcito.  - ¿Por qué no la llamas tú? ¿Qué acaso no te hizo tú vestido de cumpleaños? - Ya lo sé, pero no tiene que saber que es para mi, porque de hecho no es para mi y no quiero que mi madre se entere.  - ¿En que estás metida? ¿Es ilegal? - ¿Ya empiezas a hablar como abogado? - pregunto con fastidio. - Anda, le debo a alguien un favor.  - Por más que adoro los diseños de mi madre, ella sabe que tengo complejo con mis piernas, lo que no me permite lucir bonitos vestidos... o faldas.  - Anda... Puedes inventarle algo. Que es para alguna novia, o una amiga.  - Ella sabe que no tengo novias.  - Por favor. No me hagas suplicar.  - Bueno. - accede. - Pero me deberás un favor a mi, luego.  - ¿Qué es esto? ¿Cadena de favores?  - Estamos hablando de un vestido de mi madre.  Suspiro. - Buen punto. - me detengo al llegar a la puerta de Demian, la cuál se abre y él se apoya en el marco, observándome con una sonrisa divertida. - Tengo que irme, ¿cuento con ese vestido?  - Si, yo me encargo.  - Eres el mejor, adiós. - corto la llamada. Poso toda mi atención en el rubio que tengo enfrente.  - Creí que yo era el mejor. - dice, falsamente ofendido.  - ¿Y quién dice que solo puede haber uno? ¿O acaso eres celoso?  - No. Jamás.  - Genial. - digo con una sonrisa.  Me observa de arriba a abajo. - ¿Estás segura de que no quieres salir? Porque estás... estupenda. De hecho, siempre lo que estás.  - Aww, quieres quedar bien, eso es tierno. - entro.  - ¿Me creerías si te digo que cuando más te me haces irresistible es cuando llevas ese top deportivo y la calza?  - ¿En mi ropa de entrenamiento?  - Exacto. - se acerca a mi, lo tengo apenas a unos centímetros de distancia. Pone sus manos en mi cuello y roza sus labios con los míos. - Toda de n***o, siendo una chica fuerte, ruda y obstinada, que nada la detiene.  Paso mis manos por debajo de su remera, tocando ese abdomen marcado. Noto como se contrae.  Río. - ¿Qué ha sido eso? - pregunto divertida. - ¿Te di cosquillas? - bromeo.  Él me observa en silencio por unos segundos. - No. - niega. - Escalofríos.  - ¿Lo siento? Niega con la cabeza. - Es bueno. Eso significa que me haces sentir. - comienza a decir. - NO... - se apresura a decir. - No me pongas los ojos en blanco, Arwen Marshall.  - Lo siento, Romeo.  - Sigo sin entender porque pone esa historia como ejemplo de amor, me parece absurda.  - A mi me aburre.  Me mira pensativo y luego de se forma una sonrisa. Lleva sus manos a mi rostro y unimos nuestros labios en un beso.  - No has mirado la decoración. - dice cuando nos separamos.  Me giro y observo con más atención su pequeño departamento, que el suelo se encuentra repleto de velas esparcidas por todos lados. El colchón que está sobre el piso, tiene las sabanas y mantas estiradas. Creo que es la primera vez que vengo que no tiene su cama como si hubiera pasado un tornado por encima. Vuelvo mi vista a él.  - Si hubieras puesto pétalos, lo más probable es que me haya ido.  - Luego de quemarme el departamento.  Sonrío satisfecha. - Exacto, rubiales.  Se queda observándome serio.  - Mentí Arwen...  - ¿Qué? ¿No eres rubio natural? - pregunto divertida.  Ríe, pero enseguida vuelve a mirarme con su rostro neutro. - Soy celoso, pero solo cuando se trata de ti. - dice. - Quisiera que fueras solo mía, pero se que es imposible, porque tú solo eres de ti misma.  Me sorprendo bastante al oírlo decir eso. No creí jamás que algo así saldría de su boca.  - Si, tienes razón... - comienzo a decir. - Pero tú puedes ser solo mío. - bromeo.  - ¿Eso es lo que quieres? Porque lo seré. - me responde serio.  Apoyo mis brazos encima de mis hombros, mientras acaricio su cabello. Él coloca sus manos mi cintura.  - Me gusta la lealtad. - digo.  Ambos sonreímos levemente y volvemos a unir nuestros labios en un beso, que cuando comienza a sobrar intensidad y el calor se apodera de nuestros cuerpos, Demian baja sus manos a mi trasero y me levanta, y yo enlazo mis piernas a su cuerpo, sin dejar de besarnos.  Demian fue y es, el primer hombre que despertó toda clase de sentimientos en mi... atracción, deseo, placer, ese calor que se apodera de ti y te nubla la vista y los sentidos. De igual forma, con sentimientos, me refiero a algo más físico, no a esas tonterías del amor. Me parece super sexy, encantador, lo quiero... es mi mejor amigo. Me gusta la relación que tenemos, porque tenemos sexo, sin las complicaciones de pareja, como plus se que puedo decirle lo que sea y que no se va a ofender. Siempre fui alguien que dice lo que piensa de forma directa, lo que suele ofender a personas susceptibles, pero Demian es diferente. Él me entiende, no trata de cambiarme.  Si, creo que no me gustaría verlo con alguien más. Quiero que sea solo mío...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD