Capitulo 17

2388 Words
1… 2… 3… Otra vez. -Freya, ¡te estás haciendo daño! 1… 2… - ¡Dame eso! -me quita mi barita de las manos y la apartar. - ¡Devuélvemela! - ¡No! - ¡Orión, te he dicho que me la des! - ¡Y yo he dicho que no! Molesta y la cabeza dándome vueltas me siento en el piso. - ¿Por qué haces eso? -me pregunta. -Tengo que practicar mis ataques -digo, en un tono de desagrado. - ¿Y justo en tu pequeño departamento? -pregunta, anonadado. -No quería salir -giro mi cabeza viendo el desastre que hay por todo el lugar-. Yo recogeré todo, no te preocupes, es mi desastre, ¿no? -me levanto arrastrando mis pies. - ¿Por qué todo esto tan repentino? -Ya te lo dije, porque necesito mejorar. - ¡No! -asegura con firmeza y lo miro, cansada-. Hay algo más detrás de esto. -Para ser un felino eres muy inteligente. -Sabes que solo lo aparento, así que, dime. ¿Qué es lo que está pasando? Me revuelvo el cabello y doy un gran suspiro. -Estaba aburrida, y afuera hace mucho frío -miento, y empiezo a levantar las cosas tiradas en el suelo. Por un momento creí haberlo convencido por el silencio que creó, pero me volví a irritar cuando me lo preguntó. -Es por él, ¿verdad? -No se de que estás hablando -me hago la desentendida, empezando a ir hacia la cómoda y dejar los trapos tirados sin arreglar. -Lo sabes perfectamente. Todo el caos que hay aquí no es normal, y no me refiero al estado del departamento -se acerca a mí, poniendo un dedo en mi pecho-, sino aquí. Tu mal humor, tono de voz, y todo lo que veo en ti no es algo regular. Sé que algo está pasando y no me lo quieres contar, tampoco te obligare a decírmelo, solo recuerda que no solo soy alguien que te ayuda y te protege de algún peligro por el que pases, sino que también soy tu amigo con el que puedes contar. -Tienes razón -digo, y me pone atención-, pasa algo más. -Bien, te escucho -se sienta y da palmaditas a un lado de él para que lo haga también. -Pasa que soy una idiota -respiro hondo-. Pasa que no estoy haciendo lo correcto. Pasa que… -me voz se corta-, que estoy enamorada. -Y crees que eso está mal. -Si… espera, ¿tú qué sabes? -Lo noto en tus ojos -da un suspiro y nos quedamos en silencio-. Sabes que enamorarte es totalmente natural. No digo nada, solo escucho. -Pero también sabes que enamorarte no es algo que necesites en tu vida porque las reglas de ustedes los hechiceros son así. Pero, sin embargo, tú lo sientes con alguien que no debes. -Lo he dañado todo -bajo mi cabeza-, le dije cosas, le mentí. -No creo que… Orión se queda callado. - ¿Ibas a decir algo? -pregunto, en un hilo de voz-. ¿Orión? -Fre-freya… - ¿Qué pasa? -alzo mi cabeza y me quedo inmóvil. -Justo a ti te estábamos buscando. Se mueven rodeándonos sin tener una salida. Mi barita, ¿dónde está? -Hemos venido a por él. Mi barita, no la veo por ninguna parte. -Pero sabemos que tiene un guardián, y para matarlo primero tenemos que matar al que lo protege de nosotros. La vi, mi barita. Veo a Orión y él sabe descifrarlo, porque se mueve con facilidad. Ellos no lo ven, creen que es un animal y no le toman importancia. Orión me hace señas de que ya la tiene, pero para poder tenerla conmigo tengo que acercarme un poco a él, así que me paro y los enfrento. -Has venido por él, ¿no? Pero saben que primero tienen que pasar por mi -me deslizo por el piso dando pasos cortos-. Eso no será fácil, así como acabé con los otro lo puedo hacer con ustedes también. Intentan acercarse, pero aumento mis pasos y por fin agarro mi barita. - ¡Quietos! -Una simple barita no va hacer que nos vallamos -se burlan-. Vamos, queremos ver que hagas con cada uno de nosotros lo que hiciste con los otros. - ¿Qué? ¿Están retándome? -me burlo-. Puedo hacerlo una y mil veces si es necesario, pero nunca obtendrán lo que quieren. Ténganlo por seguro. -Entonces, pongámoslo a prueba. -Freya, ten cuidado. -Orión -lo miro, sonriendo-, todo saldrá bien. Cree en mí. Se acerca y me sonríe. -Creo en ti. -Empecemos. Voy y me alejo de Orión para quedar frente a ellos, decidida a matarlos. -Sin trampas -advierto, y ellos se ríen, pero terminan aceptando. Bien, empecemos una vez más. Lanzo un hechizo pequeño, haciendo causar nada en ellos lo cuales se esquivan. -Di tus últimas palabras. Me lanzan todos, al mismo tiempo, un gran circulo de energía maligna logrando rosarme. Por suerte lo esquivé, venía muy rápido que casi no lo logro. -Digan las suyas. Cierro mis ojos y sin mirarlos, lanzo otro hechizo, pero, esta vez, más fuerte, haciendo que se dispersen por todo el lugar. Ellos se duplican, rodeándome una vez más. Son muchos. ¡Dije sin trampas! -me asusta un poco lo que está por suceder. -Pero venga, ¿qué nos tienes miedo? -Malditos asesinos -pienso qué hacer, la única opción es esquivarlos y desintegrar uno por uno, pero eso no me ayudaría mucho. Los objetos voladores. ¡Eso es! Me elevo hasta quedar arriba de ellos a una distancia muy lejana y visualizarlos a todos. Orión frunce el ceño, pero luego se da cuenta de lo que estoy a punto de hacer y asiente con una sonrisa de lado en su rostro. -Vengan por mí -los desafío-, si me alcanzan. Ellos se enojan, pero terminan siguiéndome. Voy por todo el lugar haciendo giros para esquivar sus ataques, hasta que logro tenerlos a todos detrás de mí. -Adiós, Sombras -sonrío con satisfacción y me detengo en seco. Ejecuto los mismos movimientos obteniendo una energía más intensa, algo que me asusta, pero no me detiene. Y los acorralo, lanzándola justo en su dirección. ¡Bien! -Buen plan. ¡¿Qué?! -Juré haberlos matado -confieso, algo confundida, mirando mis manos. Nadie dice o hace nada, pero sigo en mi enredo, ¿cómo no funcionó si juré haber sentido mucha más energía que antes? - ¡Freya! ¡Es una trampa! ¿Una trampa? Miro a Orión, quién está alarmado, pero con la mirada ciega… eso solo significa una cosa. Él sabe algo. - ¡Nayan! ¡Está en peligro! ¡Te tendieron una trampa, ellos no vinieron a matarte! ¡Es una trampa! Los miro, ellos se ríen y ahí es donde me doy cuenta que no son ellos, sino copias. - ¡Malditos! -aprieto mis dientes con fuerza, haciendo que mi rostro tiemble por la presión. La ira me carcome viva, las ganas de matarlos me llenan sin satisfacerme. - ¡Son unas malditas copias! -los apunto con mi barita lanzándoles un hechizo, haciendo que uno por uno desaparezca. - ¡Por eso no logré matarlos! ¡Porque eran unas malditas copias! - ¡Ellos están con Nayan! Miro rápidamente a Orión, quién me da una mirada, asustado. No… Salgo de la línea de tiempo dimensional. - ¡¿En dónde están?! -En… - ¡Orión! -No puedo verlo, no me lo permiten. - ¡Carajo! -corro por todo el campus hasta llegar a su habitación. No está. Mierda. -Freya, lo tengo -me mira, pero no directamente-. Está detrás del campus, tirado en ruinas de algún tipo de casa. Pero está solo. Su casa, donde vivía con Lord. Corriendo lo más que podía llego, cayéndome unas cuantas veces antes de estar de pie frente a lo que era su hogar. - ¡Nayan! -lo llamo-. ¡Nayan! -no responde. Voy y busco debajo de los restos. ¿Por qué aún existe este lugar? - ¡Nayan! -vuelvo a llamarlo, desesperada-. ¡¿Dónde estás?! -Freya, aquí -dice Orión, haciendo que gire mi cuello y lo vea al lado de un árbol, inconsciente. Corro y me tiro a su lado agarrándole la cara con ambas manos, preocupada por la sangre que cae de su cabeza sobre su cara. -Nayan -lo muevo-, respóndeme. -Está inconsciente. - ¡Eso ya lo sé! -le tomo el pulso y logro respirar al sentirlo. -Se pondrá bien. - ¡Nayan! -sigo intentando que despierte, pero no lo hace-. ¡Despierta! ¡Por favor! -empiezan a salirme lágrimas-. ¡Te mentí al decirte que fue un error! -lloro, asustada sin saber que hacer-. ¡Lo hice, pero no es cierto, si sentí algo contigo! -D-de… ¿verdad? - ¡Nayan! ¡Estás herido! ¡No hables! -me altero al verlo quejarse un poco. - ¿Es… verdad? -No te muevas, no lo hagas -agarro su mano, y reviso su cabeza. Me mira a los ojos, los suyos están entreabiertos. Con uno de sus dedos me limpia una lágrima que acaba de salir y me sonríe. -Vamos, tenemos que… -Responde, por… por favor. Lo miro, aún llorando. -Si -acaricio su mejilla y él cierra los ojos, disfrutándolo-. No me arrepiento. Él sonríe. Pero deja de hacerlo. Su mano cae y su cabeza también. - ¿Nayan? -todo su rostro-. ¿Nayan? -me alarmo, sin tener respuestas-. ¡Malditos! Lo levanto y uso mi barita para poder llegar a mi apartamento más rápido. Lo acomodo en la cama y le empiezo a limpiar la cara con un trapo húmedo. -Vas a estar bien. Lo prometo -le digo, dejando de un lado todo para pararme delante de él-. Sé que no debo utilizar este recurso contigo, pero no puedo verte así -posiciono mi barita dejando que su punta toque el pecho de él, luego, cierro los ojos, pienso en las consecuencias de mi pronto acto, pero no me importa. No cuando se trata de la vida de él. - ¡Therápefsé to! -una pequeña luz aparece en mi barita, y entra en su cuerpo, iluminándolo todo. Haciendo que brille. Me alejo un poco y veo su proceso. Sus heridas se van borrando una por una, las marcas en sus brazos se van evaporando desde el principio hasta el final. La sangre que está en su rostro se evapora al igual que las marcas en su pile, haciendo que su rostro recupere su color original. Su pecho empieza a subir y a bajar, dando la seña de su respirar. Los dedos de sus pies empiezan a moverse lentamente, haciéndome saber que recuperó la movilidad. Sus ojos se van abriendo lentamente dejándome verlos. Sus pupilas ya no están irritadas. Y ya no tiene marcas, pero su cuerpo aún brilla. -No te muevas -le digo, con voz suave. No me mira, solo pestañea mirando el techo. Su cuerpo recupera su estado, dejándolo mejor que antes. El hechizo que invoqué en él es uno el cuál te sana hasta la más mínima molestia. Te regenera la piel, y hace que te sane por completo. -Ya va a terminar, confía en mi -el asiente, oyéndome. - ¿Aún te duele? -niega, y respiro, recuperando el aliento perdido. - ¿Qué a pasado? -pregunta. -Aún no, espera que el proceso de tú recuperación termine, ¿si? -vuelve a asentir, mirándome al fin. -Me siento raro. -Lo sé, esto te ayudará. Logra ver sus dedos, os cuales tienen el brillo. - ¿Por qué...? -espera, no te muevas -el obedece y no dice nada-. Te explicaré todo una vez hayas descansado bien. - ¿Lo prometes? Asiento. -Lo prometo. - ¿Todo? -Sí -lo miro, y sonrío al saber a que se refiere-. Todo. Sin mentiras. -Freya, yo... ¡Ah! -empieza a quejarse, y me doy cuenta que el proceso de finalización está por terminar-. Duele. -Lo sé, espera un poco más, aguanta otro poco -siente, pero su cara de dolor hace que me desespere y empiece a morder mis uñas. - ¡Ah! ¡No puedo! -su cuerpo se tensa, y el brillo empieza a desaparecer haciendo que deje de dolerle. - ¿Estás bien? Respira muchas veces, cierra sus ojos y luego me mira. -Si, estoy bien. - ¿Te sigue doliendo? -lo miro, esperanzada. -Si. -Espera, puedo hacer que... -Me duelen los labios -dice, y me ruborizo. -Los... ¿labios? Asiente y me toma la mano para acercarme a su rostro haciendo que me tumbe sobre él. - ¡Espera! ¡Sigues débil! -Ya no -y une nuestros labios sin moverlos. Nos quedamos un rato así, yo con mis ojos cerrados disfrutando esto, y él igual pero acariciando mi mano con su pulgar. - ¿Ya no te duelen? -entrecierro los ojos, aún cerca de su cara. -Un poco -sonríe. Hoy tuve el susto más grande de toda mi vida. Por un momento pensé que no llegaría a tiempo, pero lo hice. ¿A dónde se fueron? Llegué y solo estaba él, herido. Me las van a pagar, ténganlo por seguro. -Amor. - ¿A-amor? -le pregunto, estando recostada encima de su pecho. -Si, eres mi amor. Soy su amor... lo soy. Y él el mío... lo es. -Solo respóndeme algo -suspiro, y asiento-. ¿No te arrepientes? -Dijimos que te diría todo una vez hayas descansado. -Lo sé, aún sigo queriendo saber que es lo que tenía en mi cuerpo, pero esa pregunta ronda en mi cabeza. Me siento, mirándolo y acariciándole la mejilla. -No me arrepiento de nada -sonrío y me acerco dándole un beso en su frente. - ¿Por que me dijiste que había sido un error? -Porque no sabía como manejar la situación -se vuelvo a recostar, esta vez abrazándolo-. esa vez también fue especial para mi, dije todo eso porque tenía miedo de cometer algún error, pero ahora me arrepiento de lo que dije. Lo siento. - ¿Sabes? Para mi, aquella mañana, fue muy especial. ¿sabes por qué? Porque fuiste tú. Al principio eras irritante para mi, pero desde el día en que te acercaste y me dijiste y aseguraste que no estaba solo sentí una corriente por mi cuerpo. Algo hermoso. Sentí que eras especial. - ¿No lo soy? -río, divertida. -Lo eres -me da un beso en mis cabellos y me acaricia la espalda-. Lo eres mucho.
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