- ¿Y bien? ¿Qué te pareció? A mi me gusta.
Termino el hechizo y miro al cielo. Las estrellas están dispersas, casi no se ven, pero sé que están ahí.
- ¡¿Acaba de salir eso de ese palo?! -pregunta, alarmado.
-Se llama barita, y si, es mágica -me acerco a él y se la pongo en las manos-. Inténtalo.
- ¿Segura que esto no tiene vida? -la mira, aterrado.
-Funciona con alguien de mando, es como un control, si no aplastas sus teclas no sirve, en este caso usas tu voz para que funcione -se la pongo entre las manos, apretando las mías sobre las suyas-. Venga, intentémoslo.
Asiente no tan seguro, y dría yo que asustado.
- ¿Cómo se hace? ¿Dices alguna palabra en especial o solo la agitas? Esto puede ser peligroso, mi puntería no es buena, puedo destrozar algo y luego arrepentirme. ¡Puedo destrozar algo! ¡No, ya no quiero intentarlo!
-Hey, ¡calma! -me río-. Hablaste muy rápido que se te escuchó gracioso.
- ¡¿Qué tiene de gracia todo esto?!
-Vale, ya, pero cálmate -alzo las manos en señal de rendición-. No lo intentes, ¿ok? No lo hagas.
- ¡Tampoco soy un cobarde! -chilla, avergonzado, lo único que puedo hacer es disimular mi diversión-. Lo intentaré -asegura, acomodando bien la barita en sus manos mientras apunta al frente.
Entonces, solo espero su ataque.
Espero…
Espero…
Espero…
No llega.
- ¿Por qué no disparas?
- ¿Qué tenía que decir para que se encienda? -pregunta, avergonzado, y sonriendo como un niño pequeño mientras sostiene la barita como si fuera lo más peligroso que haya en el mundo.
Me va a dar un dolor de cabeza.
- ¿Qué hechizo quieres hacer? Hay muchos.
-No quiero destrozar algo, tampoco alterar la línea de tiempo, mucho menos destruir un planeta, ¿uno para quemar algo, pero no tanto?
-En primera, no puedes destruir un planeta con eso, segundo, la línea de tiempo no se altera, aunque quisieras. ¿Seguro que quieres intentarlo?
-Si. Una lanza llamas suena bien.
Lanza llamas.
- ¡Perfecto! Solo piénsalo y cuando tengas en claro a donde disparar dices kálese xórki.
- ¿Kálese qué?
-Kálese xórki -le repito, acercándome a él-. Recuerda visualizar al objetivo.
Asiente, no tan seguro. Cierra los ojos y suspira, me preocupo al ver que cambia de dirección apuntando hacia unos troncos.
- ¡Kálese… xórki! -y dispara, diciéndolo a la perfección.
Una pequeña bola de fuego impacta contra la madera, los troncos gruesos se encienden enseguida creando una especie de fogata a mitad de la noche. Por suerte estamos muy lejos de las personas, solo nosotros dos fuera del campus.
- ¡Wow! ¡Increíble!
-Fue fácil, ¿verdad? ¡Lo lograste!
Nos acercamos al fuego y verificamos que todo esté encendido.
-Nada mal para ser tu primer lanzamiento -confieso, dándole palmaditas en el hombro derecho.
Sonríe. Agarro la barita y me doy cuenta que sus manos están temblando mucho.
- ¿Estás asustado?
-No.
-Lo estás.
-Que no.
- ¡Claro que sí!
No dice nada, solo mira el fuego que expulsa hacia arriba pequeñas chispas rojas. Decido abrazarlo.
-Tranquilo -digo en us oído-. Estuvo bien, estoy aquí. Lo hiciste perfecto, ¿lo sabías?
Asiente, cerrando sus puños para tratar de controlar sus nervios.
-Si llega a ver una próxima vez podremos intentar algo menos riesgoso, o puedo explicarte los diferentes hechizos que puedas hacer para que no te lastimes o no lastimes a alguien. Algo simple y sencillo, pero con un resultado increíble, ¿aceptas?
Asiente, sin salir de su burbuja.
Termino de ordenar un poco la cocina y sigo escuchando la voz de Nayan diciéndole a Orión lo que a hecho hace unas horas.
-Sabes que puede entenderte, ¿verdad? -pregunto, acercándome a ellos.
Orión me da una mirada de ayuda, pero me río.
-Lo sé, es por eso que le comparto mi experiencia.
-También puede darte su opinión.
-Solo dice miau, y yo no entiendo su idioma.
-Orión, ¿podrías darle tú opinión a lo que te ha contado? -él me mira, desorientado, pero asiento dándole a entender que puede hacerlo.
-Primero, un hechizo de fuego es uno muy fácil, tú emoción me da cólera, pero es entendible porque fue tu primer hechizo. Segundo, ¿invocarlo en madera? ¡Podrían haberse quemado! ¿No pensaste en las consecuencias? ¿No había algo menos peligroso como una rama o un fruto caído de un árbol? ¡Piénsalo dos veces antes de actuar! Tercero, ¿no puedes disimular un poco? Freya te aguanta, pero yo no soy ella, ¿me agradas? Si, pero no como para escucharte hablar de lo mismo más de seis veces. Y, tranquilo, no te asustes por que hable, soy una gato común y corriente el cuál habla, es normal que un gato hable. No soy un fantasma, soy un medio gato, tampoco como ratones como piensas que hago cuando desaparezco, me gusta la comida casera y cocinada.
Lo miro con cara cansada al ver que Nayan se queda inmóvil, mirándolo y pestañando al mismo tiempo.
-Genial, lo has asustado.
- ¡Pero hice lo que me pediste!
- ¡No te pedí que lo asustaras!
- ¡No imaginé que lo haría!
- ¿No piensas en las consecuencias?
- ¡Oh, gracias por usar mis propias palabras!
- ¿hablaste? -dejamos de discutir al escuchar una tercera voz. Nayan-. T-tú hablaste.
- ¡Acertaste!
-Deja de molestarlo, Orión -me acerco a Nayan y le paso un brazo por encima del hombro-. Si, Orión habla, también sabe hechicería. Él es el que te salvó la vida aquel día.
-P-pero… él habló, el gato habló.
-Lo sé, también lo oí.
- ¿Cómo es posible eso? -baja sus hombros y se pone a pensar-. Es un gato.
-No lo es.
-Técnicamente si lo soy.
-Ok, lo es, pero no del todo -me mira, confundido-. Orión es un gato en su forma natural, pero se convierte en dragón cuándo se enoja. Es mitad gato, por así decirlo.
- ¿Gato? ¿Dragón?
-Creo que es mejor que descanses, has tenido muchas emociones por el día de hoy -lo recuesto, pero sigue con la mirada perdida-. Descansa, ¿sí?
Asiente. Se gira dándome la espalda y acomodarse.
Pasan algunos minutos y verifico si ya se ha dormido. Y, efectivamente, está muy dormido. Pobrecito, tuvo un día muy largo.
Me acerco y deposito un beso en su frente para luego ir directo a Orión.
- ¿Por qué no pudiste solo decirle lo que pensabas en lugar de ocasionarle un estado de shock?
- ¿Acaso dije algo que no fuera lo que pensaba? -me fulmina con la mirada y niega-. Te pones muy sensible cuando se trata de él.
- ¡No es cierto!
- ¡Si lo es!
Nos quedamos en silencio, cada quién por su lado. Ninguno dice nada, y mejor porque estoy un poco molesta.
Nunca habíamos estado tan distanciados. Siempre solucionábamos las cosas, aunque esto sea algo simple, estaba molesta.
-Ni por mi te pones así…
Lo miro al instante.
- ¿Qué dices?
-Nada, solo… duerme. Iré a buscar ratones, como dice Nayan.
Trata de irse, pero lo detengo.
-Espera, tú eres especial, ¿ok? El hecho de que me ponga así por él no significa que dejes de importarme.
Y lo es, porque él es el que ha estado conmigo desde que tengo memoria, me ha cuidado siempre y no se a alejado nunca.
Asiente, pero sé que sigue con el mismo pensamiento.
-Ven para acá -lo jalo de su patita y lo acerco a mi pecho-. Eres especial para mí, Orión. Eres como mi pequeño hijo, te quiero -pone ambas patitas a los lados dándome también un abrazo, hunde su cabeza en mi cuello llegando hasta mis oídos.
-También te quiero, como a una mamá o, como a una hermana, pero te quiero mucho, Freya.
Sonrío.
-Celoso.
- ¡No es cierto!
- ¡Si lo es!
-Vale, lo estoy un poco -se rinde-. Iré afuera, descansa lo que puedas, y ya sabes, no sueñes porque si lo haces tu mente seguirá despierta -me da un beso en la mejilla y desaparece por la puerta.
Sonrío, despidiéndome con la mano.
Me acerco a la cama y me acomodo del lado desocupado. Quedo dándole la espalda y siento una mano rodear mi cintura.
- ¿Te desperté?
-No. Solo quería tenerte cerca.
Doy pequeñas caricias en el brazo que está en mi cintura, haciéndolo dormir.
Dudo que mañana no me pregunte sobre todo lo que ha pasado, o cuando su mente termine de procesar las cosas que ha visto y oído.
-Descansa, Nayan.
-Descansa, Freya.