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Perseguida por el CEO

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Ella es la asistente personal de Sebastián Shao, el hombre más guapo y adinerado de ciudad S. Todas las colegas de Emma están enamoradas de su jefe, más ella respeta eso. Puesto que él se acaba de casar. ¿Acaso él no podrá evitar poner sus ojos en ella? Es difícil pasar desapercibida cuando se es la presa de un depredador cubierto por una faceta de hombre serio e imponente. Un lobo con piel de oveja podría decirse. Un poco de romance con un toque de Obsesión. Pasa y adéntrate en esta historia...

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Capitulo 1: Algo inesperado.
Emma Ming trabaja como la asistente personal de Sebastián Shao, el hombre más guapo y adinerado de toda ciudad S. Siendo en dueño de gran parte de esta también. Todas las colegas de Emma están enamoradas de su jefe más ella respeta eso. Puesto que este recién se acaba de casar. Aunque ella lo ha notado extraño, lleva solo cuatro meses de casado con Laura Chang, su esposa pero al parecer él no parece interesado en ella ya que él siempre procura permanecer en la oficina tanto como le sea posible. Sebastián pose una hermosura inigualable, es alto, tiene cabello corto y de color n***o. Ojos azules y piel blanca, músculoso. El hombre de ensueño para cualquier mujer. Emma a pesar de no vestir tan elegante poseía clase y carisma. Ella era un poco más bajita que Sebastián. Tenía buen cuerpo. Buenas curvas y pechos, pero a comparación de las demás mujeres no se atrevía a usar ropa tan provocativa ya sea en el trabajo o fuera de el. Era sencilla, de cabello largo y n***o, ojos del mismo color pero con una piel demasiado blanca y suave. No usaba mucho maquillaje ni muchos accesorios. Ella solo quería pasar desapercibida. Ella es de complexión delgada y de buena cintura. Además es excepciónal en su trabajo, no necesitando de su cuerpo para acender, su inteligencia y capacidad la habían llevado hasta donde se encontraba el día de hoy, con gran esfuerzo llegó a dónde estaba en Grupo S Sebastián no la trataba mal. Al contrario la trataba como si de su confidente se tratara. No la veía más allá de su empleada y consejera. Y confiaba en ella más que nadie. Sus compañeras solían tenerle envidia, pero siempre la veían como tan poca cosa al estar al lado de Sebastián luciendo de esa manera tan poco provocativa y simple. Un día, cuando el reloj ya marcaba las ocho de la noche. Todos ya sé habían retirado. Emma regresaba de un último encargo de su jefe, dejando el informe sobre su escritorio para poder entregárselo por la mañana, recogió sus cosas y estaba por salir de ahí cuando escucho ruidos provenientes de la oficina de su jefe. Emma suspiró resignada y con cierta compasión. Tímidamente entró a la oficina. Y lo único que vio fue la silueta de aquel imponente hombre parado en la ventana fumando un cigarrillo -¿De nuevo no irá a casa, señor? - le pregunto con amabilidad emma. Atrayendo la atención de Sebastián hacia ella. Le dedicó una mirada cansada y suspiró. -Realmente, no sé si esa sea mi casa ya- Respondió con pesadez. Dejando el cigarrillo en el cenicero de la mesita de centro de la sala que tenía ahí y se encaminó hacia su escritorio. -¿Porque no te has ido todavía? - Le pregunto mientras se sentaba en su cómoda silla de cuero. -Bueno, fui por el informe de costos que me pidió usted, para el nuevo proyecto. -Oh ya veo...- dijo con indiferencia, aunque aún así estaba decido a no ir a su casa nuevamente, por lo que le pidio a Emma que le trajera el informe, pues se pondría a trabajar en ello de inmediato. Emma muy a su pesar, obedeció la orden de su jefe y se lo entrego, viendo como este nuevamente abría su laptop y se ponía a trabajar en silencio. -¿Desea algo más, señor?- cuestionó tentativamente Emma con mucha cautela, sabía que su jefe a veces podía tener un carácter un tanto pesado y más cuando se tocaba el tema de irse a su mansion. O de su matrimonio. Aún así ella no quería dejarlo solo. Puesto que todas las noches era lo mismo. A veces ella prefería retirarse y dejarlo trabajar en paz. Pero algo en esa noche la hizo pensar en quedarse al lado de su Jefe. Quizá era la tristeza y frustración que el hombre emanaba o quizá simple cariño que le.habia tomado, después de tantos años trabajando a su lado. Sebastián no respondió, pues a estas alturas del asunto se encontraba sumergido en su trabajo totalmente. Emma sonrió de lado y decidió dejarlo e ir por un café bien cargado para su jefe. Definitivamente, no podía dejarlo así. Después de un rato volvió a entrar a la oficina, encontrando al hombre dormido sobre su escritorio. Esto la sorprendió ya que jamás lo había visto así. "Ha de estar realmente cansado", peso ella. Se acercó con cuidado, colocando la taza de café sobre el escritorio y dudando si hacerlo o no, pero finalmente se decidió a despertar a su jefe sin importarle las consecuencias después. Pues sabía de antemano que aquello no era buena idea. Pero tampoco es como si pudiera dejarlo dormir ahí y en esa posición tan incómoda. Por lo que pensó que sería adecuado que durmiera en la sala de su oficina Decidida se acercó a él y lo movió un poco -¿Señor Shao?- le llamó suavemente. Pero el hombre no respondía. Lo movió un poco más,...y nada. Desesperada se acercó aún más a él, volviendo a removerlo, logrando está vez que aquel hombre se sobresaltara en la silla y al hacerlo se asustara y que tanto ella como él quedarán en una posición un tanto comprometedora. Ya que al haberlo movido este hizo la silla para atrás atrallendo con él a Emma quien cayó sobre sus piernas. Emma tuvo que sostenerse del pecho del hombre para no dar de lleno contra él y él solo atino a sostenerla con fuerza de la cintura evitando que está se cayera. Sus rostros quedaron tan cerca y pronto el corazón de ambos se aceleró de tal manera que ninguno de los dos entendía el porque. Era la primera vez que se veían de esa manera y para Sebastián y Emma no fue nada desagradable. Emma se encontraba ligeramente ruborizada y él también. Pero ninguno de los dos hacía algo por separarse del otro. Sebastián por otro lado, y poco a poco bajo la conmoción del momento comenzó a acariciar la cintura de Emma sobre su ropa. A sus 28 años aún no había experimentado la sensación de estar con una mujer. Ni siquiera con su esposa. Ya que su trabajo para el, era lo más importante. A tan corta edad lo habían nombrado CEO del poderoso Grupo S y no pensaba defraudar a su familia. Por lo que encontrar a una mujer o divertirse con varias como lo hacían varios de sus colegas no entraba en su vida. Fue hasta que su madre comenzó a meter presión y lo obligó a casarse con Laura , la herdera de grupo H, más que nada para formar alianza y también para darle un heredero. Esto tenía cansado a Sebastián, por eso a regañadientes había aceptado. No podía negar que Laura era una mujer muy bella pero ni esto lograba despertar algún deseo en el. Por lo que se sentía frustrado. Oh bueno, eso está hasta ahora. Ya que al tener a Emma en sus brazos y sobre sus piernas. Y cerca de su rostro, lo hizo sentirse deseoso y excitado también . Por lo que no pudo evitar acercarla más a él. Ella olía realmente bien. Y con la poca luz que había en la oficina, la hacía ver realmente encantadora. Emma por su parte aún tenía la mente en blanco. No sabía en qué momento había pasado todo. Y mucho menos que ahora su jefe la estuviera sosteniendo de esa manera tan íntima. Cuando pudo reaccionar era demasiado tarde, ya que Sebastián se había encargado de reducir el poco espacio que les quedaba para unir sus labios con los de ella. Él los presionó suavemente, sintiendo la calidez y la dulzura que ella desprendía. Emma no reaccionó al instante, solo permanecía con los ojos abiertos, mirando fijamente a Sebastián. Quien con los ojos cerrados, trataba de profundizar el beso. Por un momento ella se perdió aún más y accedió a corresponderle. Abriendo sus labios para que él tuviera acceso completo. Succionando y besando con una pasión ardiente que ninguno de ellos habia sentido antes. Solo se dejaban llevar por lo que sentían. Para ambos esto era su primer beso. Y Emma pensaba que Sebastián no lo hacía tan mal. Pronto las cosas comenzaron a calentarse. Y Sebastián deslizó sus manos por la espalda de ella. Hasta llegar a la parte de abajo, metiendolas debajo de la blusa de ella. Emma gimió suavemente ante tal inesperado pero increíble contacto. A pesar de todo Sebastián tenía las manos suaves y cálidas. Cosa que le agradó bastante a emma. Por su lado Sebastián no hizo más que excitarse ante el gemido de ella. Pensando que como algo tan glorioso podía ponerlo de esa manera. Sus pantalones comenzaban a apretarle. Y ella sintió la dureza de la erección de él debajo de ella. Cosa que la hizo reaccionar, abriendo los ojos de golpe, bruscamente se separó de el. Colocando de nueva cuenta sus brazos en el pecho de Sebastián. Él la miro confundido, viendo que ella estaba más que sonrojada y hermosa. Torpemente, Emma trato de ponerse de pie, pero el se lo impidió. -¿Que sucede?- pregunto con la voz rasposa él, puesto que aún se encontraba bastante excitado y no quería dejarla ir. Y mucho menos dejar las cosas así. -yo...y-yo...- trataba de explicarse ella, intentando levantarse de nueva cuenta, pero el se rehusaba a soltarla. - S-señor Shao...esto no está bien...disculpe mi atrevimiento - hablo con mucho esfuerzo Emma. Ya que era demasiado vergonzoso para ella encontrarse en esa situación y más que nada se sentía culpable por el simple hecho de haber cedido ante todo eso. Bajó la mirada muy apenada - Suelteme por favor - pidió a su jefe quien aumentaba su agarre, casi lastimandola. Al ver las muecas de dolor de ella, finalmente accedió a soltarla. Ella se incorporó, acomodadose su blusa blanca y su falda negra. No quería levantar la mirada, y observarlo a los ojos. De alguna manera se sentía sucia. Aunque no fuese del todo su culpa. Sebastián sin embargo no le quitaba la mirada de encima. Realmente la deseaba. Nunca antes la había mirado con atención, y nunca había pasado por su cabeza atreverse a tocarla. No porque ella fuese fea o algo por el estilo. El debía reconocer que a pesar de no ser una mujer que se arreglará tanto tenía su encanto natural. Y el apenas se daba cuenta de ello. Por supuesto que ahora que había probado está nueva experiencia no iba a dejarla ir tan fácil. El por supuesto quería más. Por lo que se levantó de su silla y se acercó a ella rápidamente, tomándola de nuevo de la cintura. Esto sorprendió a Emma, quién hasta ese momento se había quedado en silencio autoregañandose mentalmente por ser tan débil. No se esperaba que su jefe la volviera a tomar de esa manera y como si de una muñeca de trapo se tratase la levantó con facilidad, tomándola entre sus brazos. Llevándola hasta el sillón más grande que tenía en su sala. Ya estando ahí, la recostó, colocándose encima de ella después. Atrapandola entre su cuerpo. Impidiéndole así escapar de sus brazos. Ella intento quitárselo de encima pero la diferencia de tamaño y fuerza era realmente obvia. Intentó razonar con el, pero el logro callarla. Volviendo a besarla con más intensidad. Abrió sus piernas colocándose entre ellas. Restregando su m*****o sobre su entrepierna. Emma solo atinaba a darle pequeños golpes a su jefe en el pecho y en donde pudiera atinarle. Pero no parecía molestarlo en absoluto. El hecho de que el estuviera haciendo esto sin su consentimiento la estaba asustando y más al sentir su duro y enorme m*****o de el entre sus piernas. Cuando Sebastián, dejo su boca para lanzarse a besar su cuello, desesperado, olisqueando y mordiendo cada parte a su paso. -¡Señor Sebastián! ¡Detengase ya!- Le gritó ella completamente aterrada ya que mientras el se ocupaba de morder su cuello sin piedad y besarlo. También intentaba desabrochar su blusa. Dejando entrever un poco sus pechos. El se detuvo por un momento y la observó fijamente. Ella noto que los ojos de el se encontraban completamente oscurecidos. Parecía estar fuera de si. Sebastián trato de razonar. Pero tenerla así no ayudaba para nada. Su cuerpo reclamaba más de ella. Su respiración era agitada, cerro sus ojos y trato de tranquilizarse. No quería alejarse y dejarla ahí. Menos cuando volviendo a abrir sus ojos observó su espléndida figura y sus hermosos pechos. No entendía como es que nunca lo había notado. -Por favor, señor. Detengase y suelteme ya- nuevamente pidió Emma casi a punto de llorar, no quería hacer esto y menos así. El al escuchar sus súplicas se alejó de ella, levantándose lentamente pero sin dejar de verla. Verla de esa manera sin duda era un nuevo deleite para él. Emma en silencio se incorporo del sillón, abrazándose a si misma. Para luego abrochar torpemente los botones que el había logrado desabrochar. Quería llorar, pero aún así no podía evitar sentirse de cierta manera excitada. No a tal grado como lo estaba Sebastián. Pero sin duda aquel contacto habia logrado mover algo dentro de ella. -Usted, se acaba de casar, señor - le recordó ella poniéndose de pie. Y mirandolo tímidamente. El no parecía reaccionar aún, solo la veía en silencio. No era como si esperara una respuesta de su parte o al menos una disculpa ya que a pesar de todo conocía lo orgulloso que era su jefe. O al menos eso creía hasta que lo escucho hablar -L-lo siento- murmuró Sebastián. Volviendo en si. Pero sin dejar de mirarla. Si sentía haberla tomado de esa manera pero no era como si se arrepintiera de haberla besado y tocado. -Yo no se que me pasó - hablo con firmeza, ya que decía la verdad. -Descuide... supongo -respondio ella no muy segura de su respuesta. Puesto que todo se había dado sin querer. -Creo que lo mejor será que me retire, con permiso - Dijo para pasar casi corriendo al lado de el. Sebastián quiso detenerla. Pero sabía que si la tocaba de nuevo no la soltaría. Por lo que solo la dejo irse. Quedándose él en silencio, pensando y analizando todo lo que acababa de ocurrir con su asistente. Emma una vez dentro del elevador, arreglo de nueva cuenta su ropa y su cabello. Era bueno para ella que todos sus compañeros ya se hubiesen retirado del lugar o de lo contrario comenzarían a hablar mal de ella debido a su desaliñado aspecto. Una vez que llego al primer piso. Salió rápidamente del ascensor sin mirar atrás. Tomando un taxi y yéndose a su departamento inmediatamente. Mientras tanto con Sebastián. El se encontraba algo ido aún. Camino hasta su escritorio. Recordando todo lo que pasó anteriormente. Recordando cada beso y caricia que le había dado a Emma. Sin duda alguna había disfrutado todo eso y el simple hecho de pensarlo lo hacía sentir caliente y duro de nuevo. Sacudió su cabeza tratando de despejarse. Quiso volver a su trabajo pero no podía. Aún el aroma de ella persistía sobre su piel y ropa y en su oficina. Por lo que sintiendose asfixiado cerró su laptop. Tomo su portafolio y saco y salió de ahí. Dirigiéndose al lugar al que menos queria llegar, su casa. Cuando llegó, observó con atención la gran mansión. Antes solía gustarle estar ahí y llegar del trabajo e irse a relajar a su cuarto. Pero ahora que Laura se encontraba ahí. Le resultaba molesto. Ya que ella se le insinuaba todo el tiempo y siempre buscaba la manera de estar a solas con él o de mantener relaciones sexuales con el. Y a pesar de que era normal para una pareja casada como ellos. La verdad era que eso lo tenía desesperado. Aunque por primera vez se cuestionaba realmente si lo que había pasado con Emma era diferente o si podría sentirlo con otra mujer. Decidió ingreso a su hogar, donde se encontraba su esposa esperándolo, sentada en la sala mirando televisión. Al verlo llegar, ella se levanto inmediatamente de ahí y casi tirándose a sus brazos lo abrazó y besó con fuerza, Sebastián no reaccionó ante esto. De hecho no sintió nada. Ella dejo un casto beso en sus labios ya que no se esperaba que su marido finalmente decidiera llegar a casa con ella. -¿Cómo te fue? ¿Quieres cenar? - le cuestionó con dulzura su esposa. Pero el solo negó con la cabeza. Se apartó de ella para dirigirse a su habitación. Siendo seguido por ella. Al llegar ahí lanzo su portafolio y saco al sillón que ahí había. Aflojó un poco su corbata, suspiro profundamente y miro a su mujer. Ella era rubia, alta un poco más que Emma, usaba demasiado maquillaje, pero aún así era hermosa. Tenía buen cuerpo y ese día llevaba puesto un ajustado vestido rojo, que reslataba su figura y pechos. Sebastián la miro atentamente y Laura se sentía muy feliz de que su marido al final le prestará atención. -Acercate- le pidió él. Petición que Laura no se la pensó dos veces. Pronto se encontró frente a él. Sonriéndole de manera coqueta. Sebastián solo la miraba de pies a cabeza. Pero sin ninguna emoción en su rostro. Tomándola por sorpresa, la atrajo hacia el, abrazándola por la cintura y sin esperar respuesta de ella, la beso tal cual lo había hecho con Emma. Laura correspondió a su beso sin dudarlo. Aunque se encontraba sorprendida ante eso. No podía dejar pasar la oportunidad. Fue recostando a Sebastián en la cama, quedando ella sobre el. A diferencia de él, ella si que tenía experiencia en ese sentido. Puesto que no era su primera vez. Obviamente esto no paso desapercibido para Sebastián. Quién a pesar de no contar con la experiencia en ese tema. Se dio cuenta de que su esposa si que sabía. Ella lo besaba con desesperación y deseo y el a pesar de intentarlo. No podía sentir ni la más mínima pizca de excitación. Intentó desabrochar su vestido y cuando pudo hacerlo acaricio la piel de ella pero no, no era lo mismo que sintió al tocar a Emma. Así que dándose cuenta de que Laura no le provocaba lo mismo. Y que solamente con su asistente había sentido un sin fin de emociones y sensaciones tan exquisitas. Hizo bruscamente a un lado a su esposa.Casi aventandola sobre el colchón. Laura no se esperaba eso. Sebastián se levantó de su cama. Dejando ahí a Laura a medias. Y muy confundida. Pues ella pensaba que por fin lograría acostarse con el. -¿Que paso?- pregunto ella confundida. Esperando una respuesta de el. -No sentí nada- fue su respuesta, tan clara, fría y contundente como solo el podía ser -¿Cómo?- volvió a preguntar ella, ya que no entendía a qué se refería. -No me provocas nada- dicho esto, la miró fijamente. Con una mirada de esas que te hielan la sangre. Y Laura pudo sentirlo. Eso era una ofensa demasiado grande para ella. -¿Cómo te atreves a tratarme así?- le refuto ella poniéndose de pie también. Encarandolo por primera vez. Sebastián simplemente la ignoro y camino hasta su armario para poder buscar un cambio de ropa. -¡Contestame!- Le gritó Laura furiosa. Realmente lo estaba, pues lo que acababa de hacer Sebastián con ella no podía perdonarselo. De nueva cuenta, Sebastián la miro fijamente y casi de manera amenazante. Ella entendió esto y guardó silencio de inmediato. -Largate de mi habitación - Le ordenó fríamente -cuando salga de ducharme no quiero verte por aquí- sentenció para finalmente dirigirse hacia el cuarto de baño. Laura se quedó ahí, congelada en su lugar. Perpleja y aún molesta por la actitud de su marido. Pues ella pensó que está vez todo iba a ser diferente. Con un último berrinche de niña mimada, salió dando grandes pasos de la habitación, azotando la puerta al salir. Sebastián escucho esto, pero no pudo importarle menos. Al menos ya tenía un motivo enorme para poder divorciarse de ella. Ese matrimonio estaba destinado al fracaso y el lo sabía perfectamente. Además por fin había encontrado a la mujer correcta y quién diría que se tratara de su asistente personal. Nuevamente al pensar en ella. No pudo evitar recordar lo sucedido en su oficina. La calidez de su cuerpo y sus suaves labios sobre los de él. Sin duda algúna pudo haberla hecho suya. Dichos recuerdos provocaron que su pene volviese a ponerse duro. El sonrió con pesar. Puesto que ahora con tan solo recordarla bastaba para hacerlo excitar. Sin más remedio, decidió atender su problema, masturbándose mientras pensaba en Emma. (....................) A la mañana siguiente Emma despertó, eran aproximadamente las 6 de la mañana. No había podido dormir bien anoche. Tenía aún la sensación de todo lo ocurrido bien grabado sobre su cuerpo. Aunque en realidad no haya pasado nada, para ella era suficiente saber que con eso había cruzado los límites. Sin duda alguna tenia miedo; miedo de ser despedida después de lo ocurrido. Su trabajo comenzaba a las 9 de la mañana. Tenía aún un poco de tiempo para poder dormir. Pero sabía que no podría conseguirlo si seguía pensando en eso. También se estaba replanteando la idea de si ir o no a trabajar en ese día. Obviamente quería evitar a su jefe todo lo que se pudiera. Pero tampoco era como si pudiera dejar tirado su trabajo. La paga era demasiado buena y además el lugar quedaba a tan solo unas dos calles de ahí. Solo que está vez era diferente. Lo que sucedió anoche era algo que definitivamente no podía perdonarse y pasar desapercibido. -¿Ahora como vería a su jefe a la cara? ¿Cómo cambiará la manera en que el la ve? Y sobretodo ¿Acaso la despediria? - esto sin duda sería lo peor. Pero tenía que pensar alguna manera de mostrar que aquello que pasó no le afectaba en lo absoluto. Así que decidida y con una nueva actitud. Decidió olvidar ese suceso. Y continuar como si nada hubiese pasado. De todos modos ella creía que Sebastián haria lo mismo. La verdad era que no podía estar más equivocada. Se levantó de la cama. Busco algo de ropa, o lo que ella usaba como su uniforme. Que consistía en una falda, no muy corta, pero elegante de color n***o y una blusa algo olgada de color blanco. Se metió a bañar y después desayuno en silencio. Ella vivía sola, bueno no tan sola porque tenía un lindo gato n***o de mascota. Amaba los gatos y estaba segura que algún día terminaría llena de gatos y siendo soltera de por vida. Pero al menos sería feliz. Ella no buscaba un hombre. Ella era lo suficientemente capaz para salir adelante y tener una buena vida. Ahorraba lo suficiente y nunca gastaba de más. A menos de que de vez en cuando quisiera darse algún lujo. Cuando estuvo en la sala, su gato llamado Valky se acercó a ella, ronroneando y pidiendo su atención. Ella lo tomo con mucho cariño. Adoraba a su mascota, ya que había sido un regalo de su abuela materna, que desgraciadamente ya había fallecido. Sus padres vivían en otra ciudad, a unas cuantas horas de ahí. Y aunque trataba de darse el tiempo de visitarlos, la verdad es que nunca podía debido a lo exigente que era llevar la apretada agenda de su Jefe. Llevo a valky hacia la cocina. Dónde le sirvió su comida y continuó jugando con el un rato más. Observó el reloj y ya eran las casi 8 de la mañana, por lo que dejando ahí a su mascota, termino de arreglarse, luciendo el mismo peinado. Una coleta alta. Poco maquillaje. Tomo su saco y su bolsa y se encamino hacia su trabajo. Para ella era otro día normal. Un día más en su monótona vida. Un día que no se vería afectado por un un beso y unas efímeras caricias que surgieron de la nada. (.................) Cuando llegó a la oficina. Ya faltaba media hora para las nueve. Paso por un café americano para su jefe y otro para ella. Esa era una de sus tantas tareas como asistente personal. Sabía de antemano que el señor Sebastián, no podía iniciar su día laboral sin un buen café. O de lo contrario estaría de muy mal humor durante todo el día. Y nadie queria eso. En el camino se topó con varias de sus colegas quien a pesar de no llevarse bien entre ellas, las saludo con cortesía. Ellas le devolvieron el saludo y continuaron con su plática. Cómo si Emma no existiera ahí. -¿Viste lo increíblemente guapo que luce el señor Shao hoy? - pregunto una de ella de manera casi exagerada. Emma como no queriendo. Y aunque no tenía otra opción, escuchaba la conversación de ambas mujeres. -¿Cómo es posible que pueda lucir más encantadode lo que ya es? -Se le veía bastante bien y de muy buen humor hoy. Mi jefe me dijo que no parecía ser el mismo de siempre. Esto último atrajo la atención de Emma, no quería hacerse ideas absurdas pero descarto que eso se debiera a lo que pasó en la noche. -¿Tu crees que ahora sí lleve la relación en buen plan con su esposa? - Cuestionó una de ellas entre decepcionada y triste -Puede ser que si. Quizá pronto recibamos la noticia que ambos tendrán un heredero. Ante estás simples palabras Emma casi deja caer el café, pero gracias a sus buenos reflejos logro agarrar bien la pequeña bandeja en donde se encontraban. Sus compañeras se dieron cuenta de eso y como si recién se percataran de su presencia. Voltearon la cara sumamente apenadas ya que habían sido escuchadas nada más y nada menos que por la asistente personal de su jefe. Cuando llegaron a su piso correspondiente, ambas se bajaron de inmediato sin dirigirle una mirada a Emma. Ella por supuesto que ignoro esto. No era la primera vez que la trataban así. Ella pensaba que esas mujeres exageraban. No podía creer el hecho de que todas, todas las mujeres de esa empresa (a excepción de ella, claro está) estuvieran enamoradas de su jefe. Vamos, si era guapo y rico y todo lo que quieran pero no era para tanto. Cuando llegó al último piso. El piso 50. Ya estaba agotada física y mentalmente. El no haber dormido le comenzaba a pasar factura. Por lo que tomo su café, dándole varios sorbos hasta llegar a su oficina. Dejo sus pertenencias ahí. Tomó los pendientes del día de hoy y su libreta de anotaciones, junto con el café de su jefe. Y se encamino hacia su oficina. Totalmente cargada de valentía e indiferencia, según ella. Ya que apenas entró, pudo ver cómo su jefe permanecía sentado en su sillón. Vestido elegantemente. Está vez llevaba puesto un traje de color azul marino. Justo a su medida, que lo hacía lucir estupendo. Resaltando sus increíbles e impactantes ojos azules. Llevaba su hermoso cabello prolijamente peinado. Dejando caer unos cuantos mechones por su frente. Verlo así, la hizo flaquear un poco. Y que casi le temblaran las piernas. Pero trato de mantenerse firme y demostrar que no le había afectado y encantado verlo de esa manera. Sebastián sonrió ampliamente al verla. Sonrisa que Emma no pudo ver ya que mantenía su cabeza baja mientras le daba los buenos días y dejaba sobre la mesita de centro los informes, pendientes, y su café enfrente de el. Él no quitaba su vista de encima de ella. A pesar de la distancia pudo oler el exquisito aroma que ella desprendía. Ese que había logrado despertar todo su ser. Vio como ella tomo asiento frente a el, como todas las mañanas. Se dió cuenta que no venía tan arreglada pero aún así Lucia bellísima. Por un momento Emma solo se enfoco en redactarle cada una de sus citas del día. Y haciendo anotaciones en su libreta. Primero trataron lo profesional. A pesar de desearla Sebastián no podía dejar de lado su trabajo tampoco. Una vez terminando de decirle todo esto. Sebastián se levantó de su lugar, caminando a paso seguro y firme, acercándose a ella. Cómo si de su presa se tratase. Emma quien se encontraba aún haciendo algunas anotaciones y moviendo citas. No sé percató de los movimientos que su jefe hacia. Fue hasta que lo sintió justo detrás de ella. Asomándose por encima de su hombro, viendo todo lo que hacía. Esto sobresalto a Emma, quien inmediatamente se levantó del sillón -Disculpe, si eso es todo me retiro- dicho esto quiso pasar a un lado de el. Pero Sebastián fue más rápido y logro agarrarla de las muñecas haciéndola soltar la libreta y todo lo que llevaba consigo.-¿Pero que...? - no termino de decirle las cosas ya que Sebastián con gran agilidad logro tomarla entre sus brazos y besarla como si no hubiera un mañana. Emma inútilmente trato de zafarse de el. Pero ahora comprendia que quizá él no había tomado ese pequeño desliz a la ligera. Sebastián lo demostraba con la forma tan sensual y erótica de besarla y acariciarla sobre la ropa. Esto nublo nuevamente el juicio de Emma quien dejándose hacer accedió a qué su jefe la besara y la tocará a su antojo. Por alguna extraña razón ella tampoco se podía resistir. Así duraron un buen rato. Solo entre besos y caricias. Hasta que Emma se separó por la falta de aire y por el agarre tan fuerte que Sebastián ponía sobre ella. -Señor, esto no está bien...yo creí que íbamos a olvidar ese incidente-contesto Emma algo abochornada por la actual situación y también por lo pasado anteriormente. -Yo no- Dijo con firmeza ese apuesto hombre frente a ella.

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