-Yo no lo olvide- Dijo con firmeza ese apuesto hombre. Mirándola con ojos llenos de deseo - es más quiero más de ti - dijo, volviendo a besarla. Pero emma de inmediato corto el beso alejándose un poco de el.
-Señor, estamos en la oficina, usted es mi jefe, está casado. Debería entrar en razón. - refutó emma tratando nuevamente de apartarse de él.
-Se que es así, pero realmente no me importa - contestó firmemente aquel caprichoso hombre. Estrechandola aún más entre sus brazos.
Emma tontamente había pensado que todo seguiría normal. Pero al ver que estaba equivocada se arrepintió totalmente de volver a ir a trabajar. Algo dentro de si sabía que aquello hubiese Sido una mejor idea.
Sin embargo era algo tarde para arrepentimientos pues ahora se encontraba de nuevo acorralada por su jefe.
-Ademas veo que a ti tampoco te molesta- comentó socarronamente Sebastián, mientras besaba el cuello de ella. Emma ante esto abrió los ojos con sorpresa, si bien era cierto eso. No quitaba el hecho de que él,...bueno pertenecía a alguien más.
Tenía que ser sincera consigo misma y admitir que empezaba a gustarle está sensación de estar así con él. Pero tampoco iba a destruir un matrimonio nada más porque su jefe así lo decidiera o por pura calentura.
Así que con algo más de fuerza, logró separarse de él, poniéndole un alto. Mirándolo con todo la seriedad posible. Está acción sorprendió a Sebastián. Quién algo confundido la miro esperando alguna respuesta.
Él, obviamente no quería ser rechazado de esa manera y mucho menos iba a permitirlo. Pero cada que intentaba acercarcarse, Emma lo miraba de mala manera y se alejaba de el.
Ninguno de los dos decía palabra alguna. Solo mantenían la vista fija uno del otro. Cómo si se estuvieran retando a ver quién daba el primer paso. O más bien a ver quien cedía ante el otro.
Emma dispuesta a golpearlo de ser necesario y Sebastián a besarla nuevamente.
-Ya le dije que se alejara- le dijo Emma furiosa, harta de eso y harta de tratar de ver quién podía más. Si no ponia un límite pronto las cosas podrían salirse de control. -Usted es mi jefe y yo solo soy su asistente. Quiero que le quede claro que lo que pasó ayer por la noche, fue un mero accidente. Yo no lo planeé ni usted tampoco. Creo que debe respetarme y yo a usted. Y sobretodo a su ESPOSA - sentenció Emma haciendo gran hincapié en la última palabra dicha, antes de tomar de nuevo sus cosas, y salir de la oficina a toda prisa. Ya que aún así tenía miedo de que esté hombre reaccionara de otra manera.
Sebastián quedó de piedra en su lugar. Nunca, nadie antes le había hablado de esa manera, o se hubiera a atrevido a prohibirle algo.
Sabía que Emma tenía razón. Ante la sociedad todo eso se vería mal. Pero poco le importaba. Claro que tenía una imagen que cuidar, pero no quería tampoco dejarla ir tan fácil.
Solo atino a apretar los puños con fuerza. Mientras miraba la puerta de su oficina, con una evidente rabia naciendo desde lo más profundo de su ser. Prometiendose a si mismo que a como diera lugar iba a tenerla a ella si o si.
(....…........)
Después de ese nuevo e incómodo acercamiento con su jefe. Para Emma no fue un día fácil. Ya que esté a modo de venganza, y solo porque si. Sin duda, demostrando que esto se lo estaba tomando de forma personal. Le había puesto a hacer mil encargos y además trabajar horas extras.
Emma por supuesto estaba que hechaba humo, pero no le iba a dar el gusto a él de verla de esa manera. Al contrario, seguía las instrucciones al pie de la letra, haciendo su trabajo impecablemente bien como lo hacía cada día. Hoy no sería la excepción a la regla, sobretodo nada más por los caprichos absurdos de él.
Su jefe no había salido en todo el día de su oficina, ni siquiera para comer. Solo se dedicó a torturarla con trabajo y más trabajo al paso de las horas.
Ella solía llevarle u ordenarle algo para la comida, pero está vez no lo hizo. Además de que este solo estaba ordenandole todo por teléfono. Porque desde que habló con él esa mañana, él se encerró en su oficina y no había salido de ahí.
Emma a pesar de todo se preocupaba por el. Pero tenía miedo de entrar. Y que este decidiera atacarla o algo por el estilo.
Era la primera vez que sentía miedo de él.
Ya casi se retiraban todos de la oficina. Solo quedaban algunos de sus compañeros. Que al igual que ella habían sufrido la furia de su jefe sin debería ni temerla.
Pero pues que más se podía hacer, a final de cuentas era trabajo.
Miro hacía la puerta de la oficina, pensando en si sería buena idea ir y ver cómo estaba. O si necesitaba algo. Pero aún tenía mucho trabajo por hacer.
Así que descartando la primera opción, siguió trabajando dejando que aquel hombre saliera cuando se le diera la gana.
(.................)
Ya eran las once de la noche, ella a penas había terminado finalmente con su trabajo. Dejó todo organizado para el día siguiente. Apagó la computadora y tomo sus cosas. Dispuesta a irse de ahí. Estaba cansada y muy hambrienta.
Ya no quería regresarse y ver si el hombre se iría o no a casa o si estaba bien.
Por culpa de el y sus estudios caprichos estaba saliendo tarde. Y ahora se encontraba de muy mal humor.
Rezaba por poder encontrar un taxi a esas horas.
Cuando estaba a punto de ir hacia el elevador. La gran puerta de la oficina se abrió. Ella se quedó paralizada en su lugar. Viendo como aquel imponente hombre salía de ahí. Con su saco sobre uno de sus hombros y su maletín en su mano izquierda. Lucia desganado y cansado.
Él la miro también, y sus ojos azules brillaron con intensidad. Pero Emma decidió ignorar esto. Se disculpó y camino hacia el elevador. Cuando estuvo dentro, presionó con fuerza el botón de la planta baja, pero antes de que se cerrarán las puertas una enorme mano las detuvo.
Emma asustada retrocedió hasta que su espalda choco contra la pared del elevador y ante ella apareció la figura de Sebastián.
-Que modales tan malos tiene señorita, Ming. - la regaño con dureza entrando al elevador con ella. Pulsando el botón del sótano.
-L-Lo siento, señor- hizo una breve reverencia, pues era verdad. Había olvidado que él venía hacia ese elevador también.
Sebastián la ignoró, durante todo el tiempo que pasaron, en llegar hasta la planta baja. Solo la musiquita de fondo se escuchaba y la respiración pesada de ambos.
Emma tampoco hacía mucho esfuerzo por querer entablar una conversación con el. Simplemente estuvo entretenida viendo su celular.
Una vez llegando a la planta baja. Emma se despidió de él, y cuando se disponía a salir, algo la jalo de nuevo hacia el acensor.
Se trataba de Sebastián, quien la había tomado de su blusa, regresandola de nuevo a dónde estaba antes.
Emma algo ofuscada se molestó y solo vio cerrarse las puertas del ascensor ante ella.
-¿Porque hizo eso? - preguntó molesta, mientras el elevador avanzaba. Intentó pulsar nuevamente el botón de su piso. Pero Sebastián se lo impidió.
-¡¿Que rayos le pasa?! - ya para este punto ella había olvidado las formalidades para con él.
Sebastián sin embargo, solo miraba distraidamente hacia arriba, como si el techo del ascensor fuera de lo más interesante. Una vez llegando al sótano que era el estacionamiento de la empresa. A regañadientes Sebastián la jalo, junto con el hasta llegar a su auto. Un hermoso Maserati color n***o.
-Oiga ¡¿que cree que hace?!, Ya se está pasando con estos juegos. - le volvió a refutar Emma. Pero Sebastián simplemente la tomo del brazo, mientras abría su coche.
-Suba por favor- le pidió el, Emma no obedeció simplemente lo miro enojada. Sebastián suspiro y dijo- Ya es tarde, no es correcto que usted se vaya sola a su casa. Permítame llevarla. - por primera vez en ese día le hablaba con respeto. Pero a pesar de ello, seguía siendo y sonando dominante con ella.
-Permitame hacer memoria pero,...¿De cuando acá le preocupa mi seguridad?- coontrataco Emma- muchas veces me he quedado tiempo extra o esperando a que usted se vaya a su casa y nunca se había ofrecido a llevarme. Además no tiene porqué hacerlo.
-Bueno, siempre hay una primera vez para todo.- le contesto de manera juguetona mientras tomaba un mechón del cabello n***o de Emma.
-!Deje de decir esas insinuaciones!, no le dije en la tarde que no quería que se me volviera a acercar.
-Una cosa es que usted me lo haya dicho, otra muy diferente a que yo quiera hacerlo, además soy su jefe.
-El hecho de que sea mi jefe no le da derecho de acosarme de esta manera.
Era una verdadera suerte que a esas horas ninguno de los empleados se encontrará ahí. O de lo contrario esto sería un gran escándalo.
-Solo déjeme llevarla- le pidió exasperado Sebastián. Era la primera vez que le tocaba lidiar con una mujer de carácter fuerte a parte de su mamá.
-Ya le dije que no, gracias. Dijo Emma dispuesta a marcharse. Pero Sebastián perdiendo la poca paciencia que le quedaba la tomo de la mano, y la metió al auto a la fuerza. Emma reaccionó tarde. Ya que antes de poder salir. Él ya había entrado al coche y habia cerrado con llave las puertas.
-Usted no acepta un no como respuesta, ¿no es así?
-Ya debería haberlo notado en todos estos años que lleva trabajando para mí. - al decir esto le sonrió victorioso y arrancó el auto. A pesar de seguir escuchando las protestas de Emma.
(...............)
Un rato después, Emma decidió quedarse callada durante lo poco que quedaba de camino. Él sabía que vivía cerca de la oficina. Pero aún no quería alejarse de ella y mucho menos regresar a su casa. Así que sin la opinión de ella, tomo otra ruta.
Emma al notar esto, se asustó -¿A-a donde me lleva?
-Descuide, no le haré nada, solo quiero ir a cenar algo.
-¿Y porque da por hecho que yo deseo cenar con usted?
-Porque usted tampoco comió- le respondió este con simpleza, mientras manejaba a su restaurante favorito.
-¿Y de quien es la culpa?
-Es su deber como mi empleada
-Si, pero todo eso lo hizo por caprichoso. - cabe recalcar que a estas alturas del asunto Emma conocía perfectamente a Sebastián. Por lo que no dudaba de que así fuera esto. Más nunca se lo había dicho en su cara...hasta ahora.
Esto último hizo sonreír a Sebastián. Emma lo notó y se embobo un poco con la sonrisa tan bonita que esté tenía. Nunca lo había visto sonreír de esta manera.
Pensó que iba a enojarse por ese comentario. Pero no. Su jefe si que estaba actuando de manera muy diferente ahora.
Sin poder evitarlo se sonrojo. Ya que habia estado observándolo más de la cuenta. Por lo que simplemente guardo silencio y durante todo el camino solo se ocupó en ver por la ventana.
(.............)
Pronto llegaron al restaurante, era enorme. Y muy lujoso. Aunque no era para menos tratándose de Sebastián. Muchas de las veces ella misma le había hecho reservaciones en aquel lugar. Pero nunca creyó posible que ella fuese a llegar a estar en este restaurante. Por lo tanto no podía evitar sentirse fuera de lugar. Ya que las personas que estaban ahí lucían elegantes y refinados. Nada que ver con ella. Que aún iba vestida con su simple uniforme de asistente. Su jefe por otro lado, volvió a colocarse su saco, luciendo ese porte digno que el tenía y el cual lo hacía entrar como si nada a este tipo de lugares.
La recepcionista del lugar. Recibió de buena manera y educadamente al Señor Sebastián.
Le pregunto que si iba a ser en la misma mesa de siempre, a lo que esté respondió que si. Fue entonces que la chica poso su mirada en Emma. Pero solo la vio de pies a cabeza, sonriendo burlonamente debió a su vestimenta, así que no era de esperarse que aquella mujer se imaginara que ella era la secretaria personal de ese Señor tan atractivo.
Sebastián Lucia espléndido, demasiado bien ante los ojos de los demás, así que era más que obvio que muchos no armarían un gran escándalo dado de que quizá solo se tratase de una cena de negocios.
Bufo molesta, mientras la recepcionista con toda la amabilidad del mundo los encaminaba hacia la mesa especialmente preparada para él.
La verdad era que Emma no se esperaba gran cosa ni nada. Pero le sorprendió ver qué Sebastián no se sentó en su lugar si no que más bien, espero a que ella llegara, ya que por desanimada y desganada que estaba, caminó a paso lento, lejos de esos dos, es decir de la recepcionista y de su jefe. Cuando llegó ahí el le ofreció la silla, para poder sentarse antes que él.
Eso la descolocó un poco, ya que aquel hombre no Solia hacer este tipo de caballerosidades con ella .
-¿Que gustan ordenar- pregunto amablemente la recepcionista del restaurante. Al mismo tiempo que les entregaba el menú a ambos.
Sebastián lo hojeo sin darle mucha importancia y ordenó un filete mignon, termino medio, con un poco de puré de papa y vegetales. Pidiendo después la mejor botella de vino que tenían. La chica, le ordenó a uno de los meseros anotar la orden del señor Sebastián.
Mientras que Emma atónita, mantenia toda la cabeza hundida en aquel menú, viendo cada platillo en allí habia, con los ojos bien abiertos del asombro. El precio llegaba a rondar en más o menos en lo que ella ganaba en un día.
Algo nerviosa y distraída no se percató de que todos la miraban espectante.
Fue hasta que debido a la presión. Solo pido un platillo que consideró ella era el más económico del lugar una simple ensalada cesar.
El mesero se retiró por sus órdenes. Y Sebastián y ella volvían a quedar en silencio. Solo la música de fondo de escuchaba. Al parecer había una pequeña orquesta de música clásica tocando en el lugar. Las melodías eran sin duda bellísimas. Pero Emma sentía que no podía disfrutar de eso.Tal vez en alguna no tan extraña situación lo haría sin duda.
-Si, tiene hambre, puede pedir lo que quiera, no creo que solo con una ensalada sea suficiente.
Emma lo miro de mala forma, ya que bueno indirectamente eso sonaba a qué le estaba diciendo que estaba pasada de peso o algo asi.
Sebastián al notar la mirada intensa y penetrante de ella, solo tosió levemente, y dijo que solo lo había dicho a qué ella podía pedir lo que quisiera. Y que no se fijará en el precio.
"Para él, es fácil decirlo"- pensó amargamente, Emma. Una cosa era tener todo el dinero del mundo y otra muy diferente a qué ella se aprovechará de esa situación.
-Con eso está bien - contestó, restándole importancia al asunto. Y Sebastián no se lo tomó de mala manera, al contrario sabía que ella era así. Por lo cual no le insistió más.
Así pasaron en silencio, hasta que la comida llegó y cada quien se dispuso a comer su respectivo platillo. Sebastián le ofreció vino. Pero ella se negó, alegando que no tenía suficiente resistencia al alcohol y que por esa razón lo evitaba.
Sebastián entendio esto. Porque le pidió una limonada. La cual Emma aceptó con gusto.
-Digame, Señorita ming ...¿tiene novio?¿o alguien especial en su vida?- justo al terminar de formular esas preguntas. Ella se ahogó un poco con la bebida. Por lo que de inmediato Sebastián se acercó a ella, tratando de que ella pudiera calmarse.Dandole leves palmaditas en la espalda.
Cuando al fin se recomouso. Le agradeció a Sebastián y se alejo de el. Ya que si de por sí su contacto le afectaba, su sola cercanía con ella le ponía los pelos de punta.
-G-gracias, estoy bien- contesto ella cuando se recompuso por completo. Limpiando su boca con la servilleta.
-Siento mucho si fui un entrometido. Aunque pensándolo bien a estás alturas del asunto, no tendría porque avergonzarme de preguntarle esto. - Dijo de manera simple y divertida. Cosa que no le pareció a Emma pues pensó que el descaro de este hombre era igual de grande que toda su fortuna y sobre todo su ego.
Emma se removió incómoda en su lugar. La verdad era que Sebastián la estaba llevando a sus límites en cuanto a paciencia.
Sebastián lo noto, pero hizo como si no le importara aquello.
Ella entendió que quizá él no dejaría ese tema de lado, ya sea esa noche o cualquier otro día. Así que decidió ser directa y le dijo - No, no tengo novio y no me interesa tenerlo. -Quiza con eso ya no la molestaría más, pensó ella.
Esa respuesta hizo sonreír a Sebastián. Ya que ella estaba diciendo la verdad y eso le gustó. Pero lo que ella no sabía es que este hombre estaba decidido a tenerla a como diera lugar.
Ella vio la sonrisa de él y no supo cómo tomarse aquello. Lo que si era probable es que estuviese burlandose de ella.
Lo único que quería era que se acabará esa dichosa cena y poder irse a casa. Pero al parecer Sebastián no tenía ni la más mínima prisa por hacerlo
(....…........)
Una vez terminando de cenar. Sebastián quiso retomar la plática con ella. Ya que desde ese breve cuestionamiento de parte de él, ella se había mantenido callada. Pues Emma lo rechazaba.
Sebastián podía ser un as en los negocios. Pero para hablar con mujeres o tan siquiera entenderlas era un fracaso total.
Aún así no se rindió. Y continuo hablando de todo un poco. A pesar de ser un hombre ocupado. Tenía pasatiempos y gustos que de vez en cuando y cuando podía le gustaba realizarlos.
Le contó a Emma que le encantaban los videojuegos, leer y poder dormir cuando podía.
Esto a Emma no podía interesarle menos. Por lo que solo se dedicó a observar todo lo del restaurante con gran desinterés.
Sebastian se dió cuenta de ello. Y eso sí lo hizo molestarse un poco -¿Que acaso está mujer no podía tener un poco de interés en él?
Bueno era cierto que el estaba casado, si. Pero aún así no tenía porque ser tan tajante con el.
Aún así no se iba a rendir.
(.........)
Cuando finalmente salieron del restaurante. Nuevamente Sebastián se ofreció para llevarla a su casa. Pero ella se negó, alegando que podía tomar un taxi. Cosa que ella sabía que era una mala idea porque ya era tarde y además estaba en una zona algo alejada de su departamento.
-Bueno, señor Sebastián. Gracias por la cena- agradeció e hizo una reverencia y sin darle tiempo a responder a el. Se dió la media vuelta caminando hasta la siguiente parada. Pensó que por fin había logrado quitárselo de encima. Pero Sebastián harto de todo la tomo del brazo llevándola a la fuerza hacia su auto.
-Oiga ¿que le pasa?- volvió a preguntar Emma exasperada realmente.- ya cené con usted. Ahora ya puedo irme.
Sebastián sin demostrarle que ya estaba perdiendo la paciencia solo le dijo- ya es tarde, mi deber es llevarla a salvó a su casa.
-Eso no es necesario
-Claro que lo es. Es el deber de un caballero.
Emma incrédula lo miro fijamente. Y cuando ya estuvieron cerca de su auto. Se soltó de su agarre- No es propio de un caballero acosar de esta manera a una dama. Tampoco es propio que siendo mi jefe crea que tiene autoridad sobre mi. - Sebastián ante esto se quedó incrédulo. Pero a pesar de todo sabía que ella tenía la razón. Muy en el fondo sabía que estaba cruzando los límites. Pero por alguna razón no podía detenerse.
Sin dejarla decir nada más. La metió a su auto. A pesar de que ella puso resistencia. Termino cediendo. Definitivamente era peor tratarlo como hombre que como jefe. Sin duda compadecía a su pobre esposa.
(............)
Una vez que llegaron al edificio de departamentos donde Emma vivía. Sebastián detuvo el auto. Se desabrochó el cinturón y quiso salir a abrirle la puerta a ella.
Ella al ver esto. Solo pudo detenerlo.
-Señor, Sebastián. No sé preocupe. Yo puedo ir por mi propia cuenta. Ya es tarde y lo mejor será que vaya a su casa - esto último lo decía desesperada ya que durante el viaje, lo único que rompía el silencio entre ambos era el incesante sonido del celular de el. Y por lo que ella alcanzó a ver es que se trataba de la esposa de este.
Pero el no contestaba, simplemente con evidente frustración colgaba la llamada. ¿De verdad no amaba ni tantito a su esposa? Emma se imaginaba a la bella mujer esperándolo, leal a el. Tal vez mendigando un poco del amor de aquel hombre tan frío.
Pero ella a final de cuentas no era quien para juzgarlo, cada quien hacia las cosas a su manera.
Pero para ya no tener problemas. O verse involucrada en otro escándalo. Ella prefirió nuevamente poner distancia.
Se despidió nuevamente de él. Y salió por su cuenta del coche. Todo esto ante la intensa mirada de Sebastián.
Cómo dicen, la vida es tan impredecible. Bueno este hombre también lo era. Por lo que al verla alejarse. Tomó la decisión de salir el también del auto. Tomo sus cosas y rápidamente logro alcanzarla justo antes de que tomara el elevador.
Emma al verlo hacer esto de nuevo. No pudo evitar bufar cansada.
-Señor Sebastián ¿que es lo que pretende? Ya le dije que se fuera a casa no es necesario que me acompañe hasta mi departamento.
Este hombre realmente comenzaba a comportarse como un niño. Y no como el adulto que era.
-Ya es demasiado tarde. He decidió quedarme en su casa. -Dijo como si nada, mientras bostezaba descaradamente.
Aquellas simples palabras dejaron sin habla a ella y en completo estado de shock
¿Acaso el pretendía hacer eso?
-Pero ¿como se le ocurre semejante barbaridad? Señor usted tiene su propia casa. Y además un hombre de su complexión no necesita ningún tipo de seguridad.
-Bueno de vez en cuando puedo evitar arriesgarme.
Vaya excusa de mierda, pensó Emma. Más no lo dijo en voz alta.
-No puede quedarse en mi departamento. - dijo una vez que llegó a su piso. Y se bajó del elevador, siendo seguida por Sebastián. Que a pesar de todo no apresuraba el paso.
Emma al ver esto, corrió hacia su departamento. Ingreso su clave y se encerró déjando a su jefe afuera.
-Señorita Ming, déjeme entrar. No puede dejarme aquí. Me moriré de frío - recién comenzaba el verano y para nada hacia frio.
-No le voy a abrir la puerta. Ya váyase a su casa. Lo veré en la oficina mañana. - le dijo. Y se dispuso a dirigirse a su habitación sin ningun remordimiento o culpa. Sabía que aquel hombre era tan orgulloso y prepotente como para atreverse a pasar la noche ahí.
Así que sin preocuparse. Se metió a bañar. Tomo un vaso de te y se fue a dormir.
Paso un buen rato y no lograba conciliar el sueño. Por alguna razón se quedo preocupada por el. Después de todo era su jefe, le tenía cariño y pues además era quien pagaba su sueldo cada semana.
El reloj ya marcaban las tres de la mañana. Quizá ya habrá llegado a su casa. ¿Habrá llegado bien?
Así que dejando de lado el coraje que la había hecho pasar durante todo ese día.
Tomó su teléfono y marco el número de su jefe.
No obtuvo respuesta. No quiso preocuparse porque tal vez este se encontraba dormido o tal vez bañándose.
Se levantó de la cama y con el celular en mano salió de su habitación. Para poder ir por algo de agua. En el camino hacia la cocina. Decidió nuevamente marcar el número de su jefe. Y pronto una melodía comenzó a sonar desde fuera de su departamento.
Incrédula por creer que aún estuviese el ahí. Le puso los pelos de punta. Pues este hombre ya estaba pasando a ser un acosador a algo tenebroso. Con miedo, siguió el sonido de la melodía del tono de llamada. Y cuando la mando a buzón, colgó y volvió a llamar, pues pensó que quizá se trataba de un error. Pero para su mala suerte el sonido provenía de detrás de la puerta de su departamento.
¿Se le habrá caído el celular?
Quiso encontrarle sentido lógico a aquello sin caer en la locura. Tampoco es como si quisiera abrir la puerta, pero no tenía de otra.
Dejo el celular, sobre su mesita de centro. Y con cuidado volvió a acercarse a la puerta abriéndola poco a poco.
Pensó que al abrirla encontraría a su jefe acosador ahí de pie. Y quizá hasta entrando a la fuerza para hacerle quien sabe que. Pero al voltear hacia su lado derecho. Más específicamente hacia abajo. Lo vio ahí, sentado sobre el suelo. Cubriéndose del frío de la noche con su saco y abrazando sus piernas. Completamente dormido.
Emma realmente estaba en shock y algo confundía ante el hecho de ver a su jefe de esa manera tan vulnerable.
-¿Ha estado aquí todo este tiempo? - murmuró emma quedamente.
Agachó un poco su cuerpo. Para mirarle el rostro a aquel apuesto hombre. Realmente era bello y en aquel momento Emma lo encontró adorable.
Viendolo en ese estado. Sintió que su corazón se arrugaba. El parecía estar completamente dormido.
Emma no era mala y tampoco tan despiadada para dejarlo ahí.
Por lo que se decidió a dejarlo pasar. Pero se prometió a si misma que solo sería por está ocasión.
Trato de levantarlo pero aquel hombre por obvias razones era más grande y pesado. Por lo que no tuvo de otra que despertarlo suavemente.
-¿Señor?- pregunto casi en un susurro Emma. A pesar de que había Sido dura con el. Ahora se sentía culpable.
Este solo se removió. Pero no despertó. Por lo que Emma volvió a moverlo más fuerte. Está vez si funcionó. Pero al mismo tiempo provocó que Sebastián saltará en su lugar. Algo asustado y desorientado. Por unos breves minutos olvidó dónde estaba.
Lo último que recordaba era haberse cansado de esperar a que su ayudante se apiadará de el y lo dejara entrar. Pero al pasar el tiempo y ver qué eso no ocurria. Decidió sentarse en el suelo. Sin poder evitar quedarse dormido.
Al poder enfocar su vista, vio a Emma. Incada a su altura y está lucía preocupada.
Sebastián sonrio quedamente porque a pesar de todo ella había salido a verlo.
-Señor Sebastián ¿Se encuentra bien? - pregunto temerosa ya que este aún parecía algo ido.
Sebastián solo asintió. Y la miro.
-Esta bien, puede quedarse. Pero solo será está noche ¿De acuerdo?-
Sentenció firmemente ella. Pero sin embargo Sebastián sabía que pronto la haría cambiar de opinión sobre eso. Más no dijo nada del asunto. Solo asíntio como niño obediente.
Quiso incorporarse pero no pudo. Sus piernas estában totalmente dormidas debido a la posición en la que él había estado. Por lo que Emma al verlo no tuvo más remedio que ayudarlo. Poniendo su enorme brazo músculoso sobre su cuello. Y agarrándolo de la cintura lo ayudo a ingresar al departamento. Esto le parecio tierno y divertido a Sebastián. Quien diría que una pequeña chica como ella hiciera este tipo de cosas.
Una vez dentro, cerro la puerta. Activandose el seguro automático. Lo llevó hasta el sofá. Dónde lo ayudo a acomodarse.
-Espero no le importa pasar la noche en mi sofá, Señor- dijo ella apenada. Pues sabía que quizá este hombre dormía en la mejor y más lujosa cama del mundo.
-No importa. Puedo acostumbrarme - dijo haciendole quedar claro que aquello iba a ser una costumbre ya. Más sin embargo Emma no puso mucha atención ya que de inmediato fue por un té caliente para él.
Una vez listo le entrego el té. Y el lo recibió con gusto porque la verdad era que si se estaba muriendo de frío.
-Señor, se que he hablado con usted sobre esto todo el día y bueno usted no parece entender la situación. No puede seguir haciendo esto. Además está arriesgando su salud también - le hizo ver Emma de manera preocupada pues lo que tampoco quería era que enfermase por su culpa.
-Se que es asi- contesto él. Terminando de beber su té. Dejo la taza en la mesita. Y miro a Emma significativamente - Pero no puedo olvidar lo que pasó y mucho menos dejarlo así y no hacerme responsable.- contestó de manera caballerosa. Algo que hizo que emma alzará la ceja incrédula. Habia Sido de todo menos caballeroso.
-¿Responsable de que manera?- cuestióno ella algo exasperada por la actitud tan obstinada de este. - usted está casado, ya me cansé de decírselo.- de nueva cuenta se lo repitió.
Sebastián por otro lado solo se dejó caer sobre el sofá ignorando lo que ella le decía.
Se encontraba agotado y lo único que quería era descansar.
-He tratado de ser paciente - insistió ella. Acercándose hasta donde el estaba. Con las manos en la cintura lo vio de mala gana. Pues este se encontraba ya acostado completamente con uno de sus brazos cubriendo su ojos.
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