Hasta ahora ella había mantenido oculta la información de su familia. Tratando de sobrellevarlo ella sola por su cuenta. No sabía que su jefe sería capaz de investigarla.
-¿Esto, es una especie de extorsión o amenaza? - Cuestionó mordazmente Emma. Dándose la vuelta y encarándolo con fiereza.
Decir que estaba enojada era poco, Emma se encontraba realmente furiosa.
-Lo que pase con mi familia no es asunto suyo- Le dijo crudamente, pero Sebastián la ignoro.
-Como le comenté, esto podría beneficiarnos a ambos. Yo puedo darle todo el dinero que quiera, es más puedo hasta acomodar a su Papá en la mejor de las empresas y a su hermano en la mejor universidad. Por otro lado, su Mamá y su familia tendrán una larga y prospera vida, con una casa hermosa y sin preocupación alguna. ¿No le parece que eso es una buena manera de ayudarlos a ellos también?
Esto en vez de relajar las cosas entre ellos, solo hizo que el enojo de Emma aumentara aún más.
¿Cómo se atrevía este sujeto?
- ¿De verdad piensa que por tener dinero puede comprar a la gente? ¿Sabe una cosa?... La señora Laura tiene razón, es usted un desconsiderado y además de eso un hombre sin escrúpulos. Pensé que como jefe era tolerable, pero esto es demasiado. - Segura de sí misma, se acercó nuevamente al escritorio de Sebastián, retiro su identificación de su uniforme, con toda la dignidad y fuerza que pudo reunir y se la estampó en el escritorio con demasiada fuerza. - Pronto le entregaré formalmente mi carta de renuncia. Puede quedarse con todo su asqueroso dinero que a mí no me interesa. También puede jactarse del hecho de haber tomado mi primera vez, pero jamás me doblegare a su voluntad, todo eso puede quedárselo o bien metérselo en el trasero - Dicho esto, se dio la media vuelta y salió de la oficina dando un portazo. Al salir, sus compañeros está vez la miraron como si de una traidora, y roba maridos se tratará. Tal y como ella lo esperaba. Sin embargo, ignoro todo aquello, tomo su bolso y salió de ahí rápidamente.
Sebastián se había quedado en su lugar, sopesando todo lo que había pasado. Y que quizá si exagero un poco las cosas y más al decirlas de esta manera. Tal vez debió ser más sutil con ella y no pasarse tanto de la raya.
Ahora que volvía a replanteárselo si lo hizo sonar como amenaza. El dijo eso con la única intención de convencerla de esa manera. Al tratar de ayudarla a ella y su familia. Realmente no pensó que ella se lo tomara a mal.
Cuando recupero la compostura, y se dio cuenta de que había estado mal, se levantó como si tuviera un resorte y salió corriendo de su oficina. Asustando a todos en el proceso.
Sebastián desesperado miro a su alrededor y no la vio por ninguna parte.
-¿A dónde fue, Emma?- le pregunto a una de las secretarias que estaba ahí.
Esta tartamudeando de miedo al ver la expresión de su jefe solo atino a decir que ella se había llevado sus cosas y tomo el ascensor.
El rápidamente fue hacia allí. Presionando el botón para llamar al elevador con demasiada insistencia.
Sus empleados lo miraban de manera extraña pero esto no le importaba. El ascensor se tardó un poco en llegar, pero cuando por fin lo hizo subió rápidamente, presionando el botón de la planta baja.
Emma había salido del edificio ya, tomo un taxi y se dirigió a casa de una de sus amigas más cercanas. Pensaba irse primero a su departamento. Pero no quería que su jefe la encontrará ahí. Por lo que mejor decidió irse con sus padres después y pasar primero con su única mejor amiga, Cindy.
Cindy era su mejor amiga desde la primaria. La única persona que nunca la juzgo y siempre la apoyo en todo. Y hasta el día de hoy mantenían contacto y salían de vez en cuando a pesar de que Emma no era tanto de ambiente. Y casi no tenia tiempo, por llevar la agenda tan apretada de su jefe. Ahora agradecía haber porque tenía tiempo de poder visitarla, aunque sabía que eso después afectaría su economía y la de su familia. Pero solo por ese día se quiso dar la oportunidad de pensar en ella solamente.
Sabía que podía encontrar consuelo y algún consejo de parte de su mejor amiga.
Sebastián por otro lado llegó apresuradamente a la planta baja y salió corriendo. Pero no la vio por ningún lado. Le marco a su celular pero lo tenía apagado.
- ¡Maldición! - maldijo fuertemente volviendo a entrar en su oficina. Preguntándole a los guardias de la entrada si la habían visto. Ellos solo respondieron que si. Pero que la señorita Emma solo salió sin decir nada y que ellos obviamente no sabían a dónde iba.
Sebastián llamo a Dylan y le pidió que tomara su auto y lo llevará al departamentos de Emma para buscarla.
(...............)
Cindy Lang vivía por las afueras de la ciudad. En donde bares y centros nocturnos abundaban en grandes cantidades. Ella era dueña de uno de esos locales. Por lo que Emma podía decir que era una mujer exitosa, emprendedora y sobre todo muy sabia. Y aunque solo era mayor que ella por dos años. Sabía muchas más cosas de las que Emma desconocía.
Cuando llegó ahí. Aún llevaba puesto su uniforme de la empresa. Por lo que la gente comenzaba a verla raro. Pero no le importo solo se encamino hacia el bar Rainbow y entro sin necesidad de hacer fila. Ya que Scott el chico de la entrada la conocía y sabía que ella era bienvenida ahí. Emma le agradeció con una sonrisa. Y pasando por el ruido y todo el alboroto del lugar se dirigió exclusivamente hacia la parte de arriba. Más específicamente el tercer piso, donde Cindy tenía su habitación y su casa. Por decirlo de alguna manera.
En cuanto llego abrió y entro con su propia llave que su mejor amiga le había dado para alguna emergencia y vaya que está era una de ellas.
Cindy no se encontraba ahí. Y Emma supuso que quizá aún estaba en el bar o quizá en la planta baja arreglando negocios. Por lo que simplemente la espero. Yendo directamente al refrigerador sacando un gran bote de helado de limón y quitándose los zapatos se acomodo en el sofá de cuero oscuro y encendió el enorme televisor de pantalla plana y se puso a buscar algún programa, serie o película, la verdad le daba lo mismo. Lo único que ella quería era despejarse totalmente y olvidarse de lo que había pasado con Sebastián y sobre todo de que ahora se encontraba sin trabajo.
(..........)
Cindy, llegó a su departamento aproximadamente a las 12 de la medianoche. Había sido una noche cansada y agitada para ella.
Ella por supuesto tuvo que atender a unos posibles inversionistas para la apertura de otro nuevo bar. Cerca de la misma zona. Ya que este actual era lo bastante popular como para poderse dar el lujo de abrir otro sin ningún problema.
Ella era alta, de pelo rojizo y con unos bellos rulos, que la hacían ver encantadora. Le gustaba vestir de manera sexy pero no rayar en lo vulgar. Su figura era también hermosa y poseía un rostro igual de bello que ella.
Aparentaba ser como una especie de mujer fatal, pero, al contrario. Era una buena persona, una que solo trataba de salir adelante por su propia cuenta.
Al ingresar a su departamento, escucho que la televisión estaba encendida. Y esto la sorprendió un poco, haciéndose preguntarse si ella la había dejado así o quizá alguien más había entrado.
Por lo que tomo un bat de béisbol como arma de defensa personal. Al ser una persona que anda en este bajo mundo. Poseía enemigos y gente que le tenia demasiada envidia. Y no en vano había aprendido clases de defensa personal.
Con cautela avanzo hacia su sala de estar. Encontrándose con un bulto, bien envuelto en una cobija de color azul. De la cual solo se veían unos cuantos mechones negros sobresaliendo de la parte de arriba. Miro a su alrededor y sonrió. Vio los zapatos de tacón tan conocidos para ella y un bote de helado de limón, completamente vacío sobre su mesita de centro.
Dejando el bat de lado. Se acercó hacia aquella conocida persona y la descubrió un poco. Encontrándose con el bello rostro de su mejor amiga Emma. Completamente dormida y muy adorable.
Lo que hizo a continuación y sin poder resistirse tomo ambas mejillas de Emma y las apretó con fuerza. Provocando que está despertara sobresaltada y algo asustada también.
Cindy rio a carcajadas. Diciendo que era realmente adorable.
Emma la miro enojada. No sabía porque, pero ella siempre le hacía eso.
-¿Desde cuándo llegaste?- Cuestiono algo adormilada aún. Bostezo y miro a su amiga.
-Recién acabo de llegar. Pensé que había entrado algún ladrón o algo. Pero pensándolo bien entro una pequeña ratita blanca y se terminó todo mi helado. - Dijo haciendo un puchero
Emma miro el bat que permanecía aún lado del sillón y miro a Cindy con la ceja levantada.
-¿Que esperabas? Obviamente tenía que asegurarme que no era otra persona. Sabes cómo es esto.
-A partir de ahora tendré que cuidarme de ti - dijo acomodándose de nuevo en el sillón, dispuesta a volver a dormir de nuevo.
-A ver señorita - hablo Cindy en tono autoritario, mientras jalaba de ambos brazos a su amiga. Volviendo a hacer que esta se sentara. Quien solo gruño ante esto. Pues solo quería dormir. -No es que me moleste, sabes que eres bienvenida cuando quieras, es tu refugio y mi hogar es tu hogar. Pero necesito saber la razón por la cual estás aquí. Así que no te dejare dormir hasta que me cuentes todo. -finalizo Cindy triunfante, logrando hacer que Emma se sentará correctamente dejando más espacio para que ella también tomara asiento de su lado.
Cindy se quitó los zapatos, bajo el volumen de la televisión y miro con atención a su amiga. Esperando a que comenzara a hablar.
Emma sin más alternativa suspiro. Y comenzó a contarle como es que pasaron las cosas con su jefe Sebastián. Y como ahora se había enfrentado a la ex esposa de el y de como este le había propuesto matrimonio.
Cindy quien hasta ese momento había permanecido en silencio. Se quedó atónita ante esto. Había escuchado rumores acerca de Sebastián Shao y su divorcio pero jamás imagino que su amiga fuera la razón de que esto pasara. Cindy no se caracterizaba por ser precisamente alguien prudente. Si no todo lo contrario, miro a Emma fijamente y está última le devolvió la mirada.
- ¡¿Que?!-cuestiono exasperada Emma pues sabía que su amiga le diría algo que probablemente no iba a gustarle. - Anda dilo ya o búrlate, me da igual.
-Yo jamás haría eso- respondió ofendida la pelirroja. - Solo que jamás pensé que tu jefe ese que para él eras invisible y ahora...hasta quiera casarse contigo. Déjame preguntarte algo, aunque ya imagino la respuesta pero...¿Te acostaste con él? - cabe mencionar que Emma había omitido ese pequeño detalle pues conocía la actitud de su amiga y sabía perfectamente que no la iba a dejar en paz por ningún motivo hasta que lo escuchará salir de su propia boca.
Emma bajo la cabeza, sumamente avergonzada ante tal hecho. Y basto con que Cindy no recibiera respuesta pues no se había equivocado.
- ¡No puedo creerlo! ¿Te acostaste con tu jefe? – Chillo la mujer pelirroja llena de emoción.
-Gracias Cindy, eso me hace sentir mucho mejor - Dijo Emma sarcásticamente mientras tomaba un cojín y se cubría la cara. Sentía que le ardía de la vergüenza. Cindy era consiente de que para Emma había sido su primera vez
-¿Y.. y que tal estuvo ehhh? - pregunto con picardía, provocando que las orejas de Emma se pusieran más rojas de lo que ya estaba.
-Bueno....es decir...estuvo bien, supongo…
- ¿Supones? ¿EMMA, TE DAS CUENTA DE QUE TUVISTE RELACIONES CON UNO DE LOS HOMBRES MAS GUAPOS Y RICOS DE LA CIUDAD S? - exclamó incrédula Cindy. Completamente emocionada. Alabando la enorme suerte que su mejor amiga tenia.
- ¿Puedes por favor acercarte a la ventana y gritarlo más fuerte? Creo que no te escucharon los vecinos del otro lado- ironizó Emma ahora enojada y abochornada ante todo ese alboroto innecesario que estaba haciendo la que se supone era su mejor amiga.
Cindy rio con ganas y contesto- El sonido de la música es suficientemente alto. Aquí no importa nada de eso. Lo verdaderamente importante, es lo que harás a partir de ahora.
-Bueno…yo renuncie a mi trabajo. Quizá deba volver con mis papás. - de hecho, Emma ya se había planteado esa idea. No sabía si intentar conseguir otro trabajo en el mismo rubro en el que estaba antes. Seguramente sería difícil, por lo que suspiro fuertemente antes de concluir- la verdad es que no se. Lo único que se me ocurrió fue salir de la oficina casi corriendo y venir aquí contigo.
-Ohh mi pobre, Emma - Cindy la abrazo con ternura, acariciando el suave cabello oscuro de su linda e inocente amiga. Sabía que ella era una persona tranquila, dedicada a su trabajo y familia al cien por ciento y el que ahora estuviera en este dilema sinceramente la entristecía bastante. Habían crecido juntas y habían pasado por muchas cosas. Sin duda alguna iba a apoyarla en lo que fuera.- Por lo pronto puedes quedarte aquí.
-Pero no quiero ser una carga. Ni siquiera sé si me pagarán algo por los años que trabaje en Grupo S. Además, no es como si quisiera ir a preguntarles, sobre todo a mi exjefe.
-Lo se, pero bueno puedes ayudarme con la administración del bar está semana ¿que te parece? -sugirió Cindy sonriente tratando de hacer sentir mejor a su amiga. Lo cual pareció funcionar ya que Emma no pareció pensárselo mucho. Porque por otro lado eso significaba alejarse un poco de todo lo relacionado con su jefe. Y que mejor en ese lugar un poco apartado de la ciudad.
-Esta bien, acepto. Pero solo será una semana ¿De acuerdo?
- ¡Claro que sí! - Respondió Cindy al instante. - Puedes tomarte el tiempo que gustes.
-Y bueno además por qué necesito ir a mi departamento para poder ver qué hacer a partir de ahora.
-Ok, entiendo.- sonrió una vez más Cindy antes de tomar de la mano a Emma y arrastrarla hacia la cocina. La verdad es que tenía hambre y Emma dejándose llevar la acompaño hasta allí. Dónde cenaron algo de ramen y platicaron de muchas cosas tal y como solían hacerlo cuando eran más jóvenes.
(............)
Habían pasado 4 días en los que Sebastián se encontraba de mal humor. Cansado y sumamente estresado. Todos en la oficina se encontraban temerosos y algo ansiosos también debido a esto incluyendo aquellas mujeres que se morían por el. Creían que aquel hermoso hombre no era otro mas que el mismismo demonio en persona.
Nada le parecía. Ningún proyecto, ninguna idea que ellos aportaban parecía interesarle.
Todos ellos estaban casi seguros que todo el problema se debía a Emma. Aquella mujer insignificante que había hecho que el dejara a su ex esposa. Y si, ahora así hablaban de ella. Refiriéndose hacia Emma como una rompe hogares sin corazón. Dylan quién había escuchado algunos comentarios. Llamo la atención de estos empleados chismosos y les pidió que de manera respetuosa se los guardarán o de lo contrario serían despedidos. Por lo que ya más nadie se atrevió a cuchichear a espaldas de Sebastián.
Quién a pesar de no importarle. Escuchaba los comentarios que hacían. Y sencillamente no estaba de humor para hacer algo al respecto. A este paso no quería quedarse sin empleados. Pues por incompetentes ya había despedido a varios.
Desde que Emma se fue. Dylan se había encargado de todo lo que ella manejaba. Su agenda entre otras cosas. Además Sebastián, iba todas las noches saliendo del trabajo al edificio donde ella vivía con la esperanza de poder verla llegar.
Utilizando su influencia y con gran facilidad , logro hacerse del edificio donde Emma vivía y ahora tenía total acceso al hogar de esta. Dónde pasaba dormido la mayoría de las veces.
Quizá a este paso muchos pensaran que estaba loco. Y la verdad es que lo era. Estaba loco por esa mujer que sin siquiera escuchar sus razones solo lo dejo ahí.
Sebastián no comprendía cómo es que se podía extrañar tanto a una persona. Nunca lo había hecho, y ahora sabía que dolía demasiado.
Emma por su parte, ya se encontraba algo tranquila. Había guardado algo de dinero en su tarjeta. Por lo que pudo comprarse algo de ropa para poder hacerse cargo de uno de los bares de su amiga.
Cosa que le quedaba como anillo al dedo. Emma es perfecta en todo lo que hacía y cuando se trataba de trabajo era la mejor. Sin duda alguna Cindy le pidió reconsiderarse el quedarse con ella. Pero Emma le pidió algo de tiempo para poder dejar su departamento y traerse algunas cosas personales y seguir trabajando con su amiga. A lo cual Cindy estuvo de acuerdo.
La semana había pasado volando en un abrir y cerrar de ojos. Y Emma no podía estar más que contenta. Cindy le comento que tenía que ir a la ciudad y que si quería irse con ella. Aprovechando para que fuera a su departamento para elegir lo que iba a llevarse.
Emma estuvo de acuerdo. Y ya una vez estuvieron en la Ciudad S. Cindy se retiró, pues tenía una cita con un amigo con el que llevaba tiempo hablando y que quizá se irían un poco tarde de ahí. Emma le deseo suerte y se bajó del auto de ella. Se despidió de su amiga y después subió a su departamento. Siendo recibida con gran gusto por la recepcionista quien la saludo inmediatamente. Emma le regreso el saludo y se subió al elevador. Eran ya las 5 de la tarde. Y por suerte aún tenía algo de tiempo para poder elegir con calma. Ya que estaba segura de que Cindy probablemente se tardaría más de la cuenta y que quizá hasta tengan que pasar la noche en su departamento.
Una vez que llegó a su piso, camino con calma. Distrayéndose por un breve momento, buscando entre su bolsa su celular, para poderle enviar un mensaje a Cindy para decirle que la esperaría en su departamento. Y que le avisará cuando viniera de regreso.
Una vez que terminó de redactar el mensaje y mandarlo. Alzo la mirada y lo que vio la hizo detenerse en seco.
Su mirada perpleja no podía creer lo que veía. Sus piernas comenzaron a temblar y su pulso se aceleraba con rapidez.
Quiso darse la vuelta y salir corriendo. Pero antes de hacerlo unos fuertes brazos la envolvieron completamente. Acorralándola y estampándola contra la pared.
-Aghhh..., - Gimió Emma de dolor. Pues el impacto de su espalda contra el duro concreto de la pared le había dolido demasiado. Aturdida levanto la mirada, encontrándose con unos penetrantes ojos azules llenos de furia, anhelo, alegría y deseo. Un sin fin de sentimientos podían ser expresados fácilmente con tan solo verlo a los ojos.
Emma palideció. No podía creer que ante ella tuviera a su mayor tormento. Sebastián Shao, su ex jefe y pareciera como si quisiera hacerle mil cosas a la vez.
Ella permanecía callada ante el miedo y la incertidumbre. Solo podía sentir sus piernas flaquear y solo optó por retirar la mirada de aquella azul tan penetrante.
- ¡Mírame! - le ordenó con firmeza Sebastián. Su voz se escuchaba ronca y pesada. Demasiado demandante.
Emma no obedeció, por lo que Sebastián sin piedad la apretó aún más entre sus brazos. Haciéndola gemir nuevamente de dolor.
-S-Suélteme- pidió Emma en un murmullo. Pues poco a poco sentía como si el aire le faltaba.
- ¡¿Porque diablos te fuiste así?! - pregunto con severidad Sebastián. A pesar de haber deseado con toda su alma volver a verla. Su deseo y su furia nublaban su juicio. Por lo que no se daba cuenta de que estaba lastimándola.
-¿Cómo que porque me fui? - rebatió Emma ya enojada también. Tratando de zafarse de aquel agarre tan fuerte- ¿Que hace afuera de mi departamento?
Sebastián rio - He estado esperándote aquí por toda esta semana.
-¿Que?- pregunto confundida Emma viéndolo a los ojos. Buscando mentira dentro de ellos. Pero la firmeza con la que la miraba solo le confirmaba que todo lo que decía era cierto. -¿Porque hizo eso?
-Yo no pude soportar que te fueras así. Te necesitaba. Y ahora que te tengo no te dejare ir nunca.- hablo con seguridad Sebastián. Acercándola más a su cuerpo. Atreviéndose a besar sus labios sin siquiera pedirle permiso a ella.
Tomándola por sorpresa y con demasiada fuerza, Emma no reaccionó al instante. Fue hasta que se dio cuenta de que él trataba de abrir su boca con brusquedad dentro de la de ella. Así que molesta le propino una mordida en su labio inferior con la suficiente fuerza para hacerlo sangrar.
Emma creyó que esto lo haría retroceder pero ocurrió todo lo contrario.
Esto había excitado a Sebastián. Quien sin pensarlo mucho levantó a Emma con gran facilidad y la llevo hasta su departamento. Ignorando las quejas de ella. Introdujo la contraseña. Y ambos entraron.
Una vez ahí. Sebastián se dirigió hacia la habitación principal, dónde sin mucho cuidado arrojo a Emma sobre la cama. Mientras que el se quedó de pie, mirándola desde ahí. Rozando la mordida que ella le había dado. Saboreando su propia sangre en el proceso.
Emma no podía estar más asustada. Por lo que quiso levantarse y huir de la cama. Pero Sebastián fue más rápido y se colocó encima de ella. Abriendo sus piernas y colocándose entre ellas.
Emma ese día se había puesto un hermoso vestido azul marino. El cual, le quedaba a la perfección. Tenía manga corta y un escote no tan pronunciado. Aun así, Sebastián la vio demasiado irresistible y tentadora.