El se encargaría de hacerla cambiar de opinión y porque no, hasta de enamorarla.
Después de eso, Sebastián se despidió de ella con un beso. Ella le regaño por su atrevimiento. Pero este le dijo que a cambio de esperar su respuesta. El era libre de besarla cuando quisiera. Y que ella no podía hacer nada al respecto para detener eso. Ya que era una forma de compensarlo por la espera y el tiempo que le estaba dando para pensarse las cosas.
Emma replicó ante esto. Pero antes de poderle decir algo más, Sebastián se retiró. Pues tenía trabajo pendiente que hacer. Dejando que ella disfrutará de lo que quedaba de su día libre.
Sin duda alguna trataría de disfrutarlo completamente, no todos los días podía ver algo de generosidad de su jefe, aprovecharía al cien ese día, así que fue hacia la cocina, saco un bote de helado de fresa de la nevera y se sentó en su sillón. Viendo un poco de televisión. Creyó que con eso quizá podría alejar los pensamientos tan bochornosos y culpables que llenaban su mente. Y que así todos los recuerdos de la noche anterior se irían disipando. Sabia que eso no duraría para siempre, pero al menos eso era algo.
Trato de no pensar mucho en lo que había pasado con su jefe. Y mucho menos en la pobre de su exmujer. La cual en esos momentos probablemente se encontraría completamente destrozada.
Solo esperaba no tener problemas con ella en el futuro. Había leído cientos de novelas en donde la protagonista sufría a causa de la ira de alguna amante o ex de su amado. Aunque ahora que lo pensaba no sabia si catalogar al Señor Sebastián como algo de ella, era algo correcto o algo que tenia el derecho de hacer ahora. Quizá y después de todo, esto pasaría al olvido y Sebastian Shao se cansaría de ella muy pronto.
Las horas pasaron y la hora de dormir llegó. Se levantó con pesadez de su lugar. Quejándose y maldiciendo por lo bajo, ya que aún le dolía un poco su cuerpo debido al intenso ejercicio de ayer. Por decirlo de una forma sutil.
Así con lo que traía puesto. Se tiró sobre su cama. Solo coloco la alarma de su celular y poco después se quedó profundamente dormida.
(..............)
Después de varios meses sin quedarse en su casa. Sebastián llegó a su enorme residencia. La cual ahora tenía un aire distinto. Un aire de paz dónde podía respirar tranquilamente sin necesidad de estar escuchando las incesantes quejas de la que había sido su esposa.
Creyó que iba a ser una buena noche para tomar un debido descanso. Pero todo se fue al carajo en cuanto entro a la sala. Pues ahí lo esperaban sus padres, quienes, al verlo entrar, le dedicaron una mirada intensa la cual por cierto daba a entender que no estaban de muy buen humor.
Él obviamente ya sabía que hacían ahí. Sin embargo solo saludo cordialmente y se dirigió a la cocina por algo de beber y de comer.
Le pido a Lucy su sirvienta que si podía prepararle algo a lo que está respondiendo que si. Comenzó a hacer la cena para su jefe. Era raro verlo tan de buen humor y sobre todo hambriento. Había olvidado cuando fue que este le había pedido algo de comida y más aun que quisiera comer ahí en casa. Aun así y con gran emoción y felicidad se puso manos a la obra preparándole su platillo favorito.
Sebastián se sentó en la pequeña mesa cuadrada de la cocina. Sosteniendo su celular entre sus manos. Dónde una foto de Emma aparecía en él. Y que justo le había tomado por la mañana sin que esta se diera cuenta. Lucia realmente adorable y hermosa ante sus ojos.
Sencillamente no podía dejar de pensar en ella. Y deseaba realmente que ella estuviese ahí con el. Sonrió sin querer. Algo que atrajo la atención de sus padres. Ya que enojados pensaron que su hijo era tan maleducado para dirigirles la palabra.
-Supongo que ya estarás feliz- afirmo su madre Sonia, quién con arrogancia se sentaba en la silla frente a el. Mirándolo de forma reprobatoria. El padre de Sebastián, Marcus permanecía en silencio viendo con desaprobación a su hijo mayor.
- ¿Y que si así lo fuera? - contratacó Sebastián. No estaba enojado, solo quería que sus padres dejaran el asunto de su fallido matrimonio por la paz. ¿Es que acaso no podían venir a su casa sin otra intención que no fuera regañarlo? Y justo hoy que se encontraba de tan buen humor.
¡Por Dios! Ya no era un niño.
-No debes contestarle a tu madre así. Ella tiene razón, lo que hiciste no estuvo nada bien. -contesto su papá, apoyando totalmente a su mujer. Pues sabía perfectamente que la unión con la familia de Laura los favorecía aún más y ahora este tonto hijo suyo había arruinado todo.
-Si lo que te preocupa es el estatus y el dinero. Yo soy lo suficientemente capaz para lograrlo y te consta, padre. - está vez su papá se quedó callado. Pues ante esto no tenía nada que refutar. Pues si bien su hijo era un desastre en su vida amorosa. En el tema de negocios era un experto y todo un As. Que incluso muchos de sus conocidos, le temían por lo fiero que era al momento de tomar alguna decisión sobre su empresa, generándoles demasiado ganancias al día. Sabía que era lo suficientemente capaz y decidido para lograr lo que quería.
-Pudiste haberlo hecho menos publico- le recalcó su madre enfadada- nuestra familia es la comidilla de toda nuestra sociedad. Y amigos cercanos. Sin hablar de la familia de Laura. Prácticamente la marginaste y la volviste en una dejada.
-Madre, te recuerdo que todo esto paso por tu culpa.
-¿Mi culpa dices?- a este punto la señora Shao ya estaba perdiendo la paciencia así que comenzó a elevar la voz. Siendo escuchada por todos los sirvientes de la mansión.
-Así es, bien te dije que no me casaría con ella y aún así me obligaste a hacerlo. Me amanezaste con desheredarme y no se que otras cosas. Pues bien puedes hacerlo. Yo creceré y seré mejor que ustedes en cualquier aspecto. Puedo fundar mi propia empresa si así lo deseo. Mi propio negocio y estoy seguro de que dejara a Grupo S en el olvido dentro de todo el mundo empresarial.
Su madre y padre enmudecieron ante esto. No podían creer que Sebastián haya llegado hasta estos extremos. Incluso al querer ser desheredado y no importarle en lo absoluto. Obviamente la mamá no hablaba en serio. Pero no esperaba que su hijo se lo tomara tan a pecho.
-Jamás te haríamos eso- continuo su padre preocupado. Viendo lo decidió que se veía su hijo. El no quería que su primogénito dejara su legado a la deriva por un capricho solamente. Quizá si hicieron mal al haberlo presionado tanto. -Yo...yo siento mucho en el problema que te metimos. Tienes razón es nuestra culpa. - respondió el papá seriamente, cosa que no le agrado a su mujer.
-¿Pero....pero como? ¿Ahora resulta que le estás dando la razón?
Su esposo no le dijo nada. Solo basto con una mirada retadora por parte de el para que la mujer se callara. Había hecho mal en que su esposa tomara el control de esa decisión.
Ella lo entendió. Por lo que decidió preguntar otra cosa -¿Hay otra mujer, cierto? - interrogó su mamá, sintiendo que esa era la principal razón por la cual este había roto finalmente su matrimonio.
Sebastián al ver qué madre había acertado solo sonrió ampliamente y lleno de una extraña felicidad que hace mucho no sentía.
Al ver que había dado en clavo, Sonia tuvo que agarrarse a la silla con desesperación pues parecía que pronto se desmayaría.
-Disculpen la intromisión, aquí está su cena joven amo. - Le hablo Lucy cariñosamente. Entregándole un plato de pasta carbonara y su vino favorito. Sin esperar más respuesta de sus padres, comió en silencio mientras ellos aún lo veían fijamente.
Cuando al fin termino. Jugo un poco con la copa entre sus manos y miro a sus padres. Esperando la pregunta más importante que el deseaba escuchar
- ¿A qué familia pertenece? - pregunto sin piedad alguna su mamá, pues ahora quería saber con qué familia se relacionarían y que tanto beneficiarían a la suya.
Sebastián esperaba eso- A ninguna- contesto con simpleza dando un pequeño sorbo a su bebida- De hecho, ustedes la conocen, ella es mi secretaria personal, Emma - Reveló la noticia y a sus padres esto les había caído como un balde de agua fría sobre sus cabezas.
-¿Tu...tu sec...secretaria?- tartamudeo su mamá de puro coraje. No tenia nada en contra de ella. La habían conocido pocas veces, era una chica maravillosa y de buenos modales. Sobretodo muy trabajadora. Pero aún así no dejaba de ser una doña nadie. Una persona sin dinero. Sin prestigio alguno y mucho menos estatus social
-Así es Madre, Me gusta Emma y quiero formalizar una relación con ella. - eso es justo lo que Sebastián quería. Poco le importaba lo que sus padres le dijeran.
-Pero...pero ella no….
-Si, lo sé, no es de nuestro "nivel"- termino la frase Sebastián haciendo comillas con sus grandes dedos en esa palabra que tanto le encantaba decir a su mamá.
- ¡No podemos permitirlo! ¡Marcus dile algo a tu hijo! - pidió apoyo a su esposo. Pero este solo se encontraba observando a su hijo con atención. Al parecer si él estaba muy conforme con esa decisión.
-Por mi no hay problema- Dijo su padre después de unos segundos en silencio, se levantó de la silla, queriendo dar por terminada esa plática. Pero su esposa se rehusaba
-Cariño, no podemos dejar esto así. Piensa lo que esto significaría para nuestra familia, seguiremos siendo la burla de todos nuestros conocidos.
-Eso es lo que menos debe importarte- hablo con dureza su marido. Soltando la mano que su esposa había puesto sobre su brazo en busca de apoyo. - A partir de ahora Sebastián es libre de elegir con quién quiere estar. Ya lo hiciste que se casará con Laura y fue por tu terquedad y por la mía también y seguirte la corriente. Pero ya no más, Sonia. - Dijo el hombre imponente haciendo temblar a su esposa. - Lo que deberías cuidar es tu imagen al hacer este tipo de espectáculos. - finalizó, haciendo que Sonia se diera cuenta de que todos los sirvientes la miraban atentamente.
Enojada se levantó de su silla y sin despedirse tomo su bolso con brusquedad y salió de la casa.
-Espero que está decisión que tomaste, te haga bien hijo- le hablo su padre, con cierta ternura y calidez que Sebastián nunca había sentido de el. Puesto que siempre la de la última palabra era su madre. Pero ahora al ver a su papá apoyándolo. Realmente significaba mucho para el.
-Gracias, padre.
-No me agradezcas. En verdad espero que continúes haciéndote cargo de nuestra empresa. Es lo único que te pido.
-Lo haré, de es no tengas dudas.
El señor Marcus solo sonrió un poco. Se despidió de su hijo y abandonó la casa. Su esposa seguramente estaría hecha una furia esperándolo dentro del auto. A lo que solo suspiro pesadamente por lo que tendría que aguantar durante todo el camino hacia a su villa.
Sebastián sonrió triunfante una vez que se encontró completamente solo. Todo había salido según lo había planeado. Ahora nada se interpondrá en su vida ni nadie más que no sea el mismo tendrá control de ella.
(...................)
A la mañana siguiente, Emma se levantó con pesadez en su cuerpo. No quería levantarse. Pero aún así lo hizo. Así que tomó su ropa y fue a darse un baño caliente. Pues realmente lo necesitaba.
Cuando salió, se cambió y maquillo como de costumbre. Dejando su pelo suelto, dirigiéndose a la cocina para preparase algo de comer.
Estaba por abrir el refrigerador cuando el sonido del timbre de su puerta sonó.
-¿Quien será tan temprano - murmuró. Se acercó a la puerta y por la mirilla logro visualizar a un hombre joven y muy apuesto, uno que jamás había visto anteriormente.
Dudosa abrió la puerta y este al verla, sonrió alegremente.
-Señorita Ming , buenos días. Soy Dylan Park. – Se presento ante ella ese atento sujeto. - Seré el segundo a cargo del señor Sebastián. Después de usted claro.
-Emmm mucho gusto…supongo- contesto Emma no muy convencida de esto. No sabía que el Señor Sebastián tenía otro ayudante a parte de ella.
-El Señor Shao me pidió que le trajera su desayuno. - le contesto, entregándole después una enorme bolsa - también me pidió que después la llevará al trabajo. Y que cuando llegara fuera directamente a su oficina. Pues el señor tiene algo importante que hablar con usted.
Emma desconfío ante esto. Ya que no sabía que esperar de aquel hombre. Le dio las gracias y tomo el desayuno que su jefe le había mandado y comenzó a sacar cada platillo.
-La esperaré en la planta baja, señorita. - hizo una breve reverencia y se marchó cerrando la puerta detrás de el.
Emma desayunó unas tostadas francesas con queso crema, algo de fruta y un delicioso café. Que se dio el lujo de disfrutar. La verdad estaba demasiado rico. Y logro ponerla de buen humor.
Una vez terminando. Se cepillo los dientes. Tomo su bolso, y sus pertenencias y salió del departamento.
Saliendo a la misma hora de siempre. Pues para ella no había nada anormal en qué siguiera su rutina. Nada había cambiado, después de todo. Y quizá eso de que su jefe le haya enviado el desayuno no era más que una muestra de arrepentimiento por parte de él, así que no se lo tomaría enserio.
Cuando bajo Dylan se encontraba de pie. Platicando amenamente con la chica de la recepción. Y en cuanto vio a Emma salir del elevador tomo una pose más sería. Se despidió de la chica. Y junto con Emma caminaron hacia la puerta.
Ahí la esperaba un hermoso Maserati de color oscuro. El cual por obvias razones atraía la mirada de sus vecinos curiosos y de la gente que pasaba. Aunque ella vivía en una zona decente y que podía costearse fácilmente. No era muy común ver ese tipo de autos por esa zona.
Por lo que un poco incomoda, subió al auto sin decir más, ya no quería llamar tanto la atención. Poco después Dylan subió junto con ella.
El camino a la oficina no era largo así que no tardaron en llegar.
Registro su turno como de costumbre. Y subió al último piso.
- ¿Recién comenzó a trabajar para el Señor Sebastián? No lo había visto antes- decidió romper el silencio Emma. Además, esa duda no podía quitársela de la cabeza.
-No, de hecho, ya llevo unos 10 años trabajando con el.
-Oh ya veo y ¿Porque no lo había visto por aquí? - pregunto más interesada Emma en ese asunto.
-Bueno digamos que trabajo aquí y en donde el señor Sebastián me requiera.- Finalizó con una enorme sonrisa para Emma. Quién no sabía cómo interpretarla. Se imagino que quizá Sebastián tenía una doble vida o algo así.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando llegaron a la oficina.
Sin embargo en cuanto bajaron del elevador. Había un montón de secretarias murmurando por lo bajo. Mirando hacia la dirección donde se encontraba la oficina principal de su jefe.
-¿Señoritas me pueden decir que pasa aquí?- pregunto Dylan no tan amable. Pues odiaba que la gente hiciera ese tipo de cosas y más en el trabajo. Las secretarias y el resto de los que se encontraban ahí trabajando. Miraron a Dylan de la cabeza a los pies. Cuestionándose quién rayos era el para darles órdenes.
Emma decidió intervenir pues no era buena imagen que las secretarias se portarán de esa manera. Aunque ella significaba poca cosa para ellas aún así la respetaban por el puesto que tenia.
-El es el señor Dylan Park, es el segundo asistente personal del señor Sebastián. Así que trátenlo con respeto, por favor. - Pidió Emma de manera profesional a lo que las secretarias no pudieron evitar disculparse. Hacer una reverencia y darle la bienvenida a su nuevo jefe.
Avergonzadas regresaron a sus lugares. Así como también cada persona que rondaba por ahí.
Emma fue hacia su lugar y Dylan la siguió.
-Gracias por la presentación, Señorita Ming- agradeció genuinamente él. Regalándole una de esas tantas sonrisas que no se cansaba de mostrar.
-No hay de que, Señor Park… disculpe ¿el señor Sebastián ya le asignó su lugar?
-Si, de hecho es aquel escritorio que está justo en frente del suyo. - Hasta ese entonces Emma había notado la nueva área que había sido puesta especialmente para él. -No olvide ir con el Señor, Sebastián que ya la está esperando - le recordó con una sonrisa, y después se dirigió a su lugar.
Tomo su tableta electrónica y se encamino hacia la oficina de su jefe. Estaba a punto de entrar, cuando escucho que alguien hablaba alzando la voz del otro lado de la puerta. Se trataba de una mujer y por su tono se escuchaba muy molesta. Emma se detuvo antes de abrir la puerta. Y entonces comprendió por qué las secretarias se comportaban escuchando con atención todo lo que sucedía detrás de esa puerta. El señor Sebastián estaba acompañado y no por cualquier mujer, sí no de su exesposa.
(...........)
Sebastián ya estaba algo harto de tener que lidiar con la mujer que tenía frente de él. Por lo cual estaba ya exasperado tomándose la cabeza con ambas manos tratando de aminorar el creciente dolor que comenzaba a sentir, debido a los intensos gritos y reclamos que Laura le dedicaba.
Ese día había llegado animado a su trabajo. Adelantando algunos proyectos y cerrando algunos tratos que tenía pendiente.
Sus padres finalmente lo dejarían libre, sin condiciones ni nada. Además, planeaba hoy mismo hablar con Emma sobre un asunto que cambiaría sus vidas por completo.
Todo iba perfecto, hasta que su ex esposa decidió plantarse en su oficina y no querer irse de ahí a pesar de habérselo pedido con amabilidad antes.
Ahora solo trataba inútilmente de hacer su trabajo. Pero la voz chillona y llorosa de su ex mujer no ayudaba mucho.
Solo lo hacía ponerse de mal humor.
- ¡No puedo creer que después de haber pasado por tanto hayas decidió terminar con nuestro matrimonio de esta manera! - Le grito con furia Laura. Quien realmente no podía creer que Sebastián fuera tan insensible con ella y no haya tomado en cuenta su opinión o sentimientos antes de divorciarse de ella. Ni siquiera se había tomado la molestia de comentárselo antes. Tal vez si lo hubiera hecho ella lo hubiera comprendido, pero no, así no podía. Y menos ahora que todas las demás damas de la alta sociedad que ella concia se burlaban de ella en su propia cara. Cuando antes solían admirarla e incluso envidiarla por ser la esposa del Gran magnate, y heredero total de Grupo S.
Sebastián no respondió - ¿Porque no respondes? ¿Acaso hice algo mal?- sollozo, y limpio sus lágrimas con un pañuelo rosa de seda. ¿Tan poca cosa soy para ti? Me humillaste, Sebastián Shao. Y no solo a mi. A toda mi familia. - Laura al no obtener la atención deseada, se levantó furiosa de su lugar, camino hasta el gran escritorio y con un fuerza brutal cerro la laptop de Sebastián.
El al ver esto reaccionó de mala manera. Se levantó inmediatamente de su silla y miro de manera asesina a Laura. Está retrocedió ante esa mirada, sabía que había arruinado aun más la situación con eso. Pero sin embargo poco le importaba ya. Su reputación y todo lo que ella era, estaba completamente arruinado.
-Creí que había sido bastante claro contigo. Nuestro matrimonio estaba destinado al fracaso.
-¿Y como sabías eso? Si ni siquiera me diste la oportunidad de demostrarlo.
-Lo único que me demostraste en estos últimos meses es la ambición que tienen tu y tu familia. Quería hacerse de más renombre dentro de los negocios gracias a mi familia. Yo nunca estuve de acuerdo con este matrimonio. Si me casé contigo fue porque me vi obligado a hacerlo. Pero ya no más - sentenció Sebastián, con una mirada que helaba hasta los huesos.
Laura, ante estás palabras quedó muda. Ella si lo amaba. Y mucho. No iba a dejarlo ir tan fácilmente.
Estaba por refutar algo más, pero alguien tocó la puerta del despacho.
-Adelante- hablo Sebastián, sin siquiera inmutarse o detenerse a preguntar de quién se trataba. Pues sabía que quien estaba tras esa puerta era Emma. Eso lo hizo sentir mucho mejor. Así que dejando de lado su enojo, volvió a sentarse en la silla, esperando a que ella entrara.
-Disculpe la molestia Señor, Dylan me comentó que me reportará con usted en cuanto llegara- Emma hizo una pequeña reverencia ante el y luego ante Laura, saludándola de manera cordial. Esta última solo la vio como si de una peste se tratara y sin alejarse del escritorio de Sebastián. Observo como Emma ingresaba a la oficina y se acercaba a el, diciéndole los pendientes del día.
- ¡Oye tú! - gritó Laura, llamando la atención de Emma. Quién volteo hacia ella, - ¡¿Cómo te atreves a interrumpir?! Y tú Sebastián ¿Porque permites esto? Saca a tu maldita asistente y da la cara como hombre. - Emma quedó atónita ante esto. Sabiendo que quizá se había equivocado al creer que Laura sería una dama refinada y de buenos valores. Y sin embargo ahí estaba faltándole al respeto. Sin haber hecho nada para molestarla en ese momento, solo estaba cumpliendo con su trabajo y siguiendo las ordenes de su jefe.
Sebastián ni se inmutó y le pidió a Emma que continuará mientras con una de sus manos la tomaba de la cintura acercándola lo suficiente ante el.
Tanto Emma como Laura se sorprendieron ante ese gesto tan atrevido de Sebastián. La primera con verdadero temor y vergüenza y la otra de manera furiosa.
- ¡Tu! …- no hacía falta adivinar que aquí había algo raro. Y al ver la forma tan íntima en qué Sebastián había tomado a Emma. Ella podía deducir que está era la responsable de que el se divorciara de ella. Sin pensárselo más se lanzó contra Emma. Tomándola bruscamente de la muñeca, haciéndola girar y con eso darle tremenda bofetada en una de sus pálidas mejillas.
El cuello de Emma giro tan bruscamente que se lastimó un poco. Por poco perdía el equilibrio. Pero Sebastián fue rápido y logro detenerla sosteniéndola entre sus brazos.
Emma se sostenía la mejilla, aguantándose el coraje de devolvérselo jamás nadie se había atrevido a pegarle de esa manera. Siempre había sido de las que se defendían ante los ataques verbales, pero llegar a la violencia física ya era otro nivel que nunca se había permitido, pero ahora si que le daban ganas de devolverle el favor a la tan distinguida exmujer de su jefe. Sin embargo, Laura siguió atacándola sin piedad.
- ¡¿Así que está puta es la razón por la cual te divorciaste de mí?!- escupió Laura con todo el odio y rencor que tenía en su corazón. Mirando a Emma queriendo matarla en ese mismo instante.
Quiso volverse a lanzarse sobre de ella. Pero Sebastián se lo impidió. Protegiendo a Emma, colocándola rápidamente detrás de él, recibiendo él la otra bofetada.
Emma estaba tan asustada ante la situación que no sabía que hacer.
Ante tal alboroto Dylan entro a la oficina y vio a su jefe con la mejilla roja.
Sebastián pensó que ya era suficiente. No importaba si le pegará a el. Pero se había atrevido a tocar a Emma y eso sí que no se lo permitiría.
- ¡No vuelvas a ponerle un dedo encima! - vocifero Sebastián. Dándole con esto la razón a Laura.
- ¿Así que es verdad? Ella es tu amante.
-No, no lo es. Tal vez estaba casado contigo. Pero jamás fuiste una verdadera mujer para mí. Ahora creo que soporte suficiente de tu actitud. Será mejor que a partir de ahora respetes a Emma porque ella ahora será mi nueva esposa.
Ante aquellas palabras todos los presentes se quedaron boquiabiertos, en especial Emma quién no podía creer aquello. Y mucho menos que su jefe lo haya gritado a los cuatro vientos.
-¿Pero...que? - pregunto aturdida Laura, mirando con confusión a Sebastián y a Emma alternadamente. No podía creerlo. Todo esto parecía una broma cruel. Pero al ver la cara de determinación de Sebastián. Vio que era verdad.
- ¡Eres una maldita perra! - grito de nueva cuenta con todas sus fuerzas abalanzándose contra Emma. Pero antes de que pudiera hacerlo Dylan la detuvo. Aplicando la fuerza suficiente para poder contenerla.
- ¡Dylan llévatela de aquí! y diles a todos los empleados que a partir de ahora está señorita tiene prohibido entrar en mi empresa.
-Si, Señor- obedeció Dylan en seguida, sacando a arrastras a Laura de la oficina. Quién comenzó a gritar y patalear y decir que esto no iba a quedarse así y que se iba a vengar de ambos.
Pronto el alboroto dejo de escucharse. Sebastián soltó a Emma y la sentó con cuidado sobre su silla. Mientras el iba a cerrar la puerta de su oficina. Al hacerlo se dio cuenta de que todos sus demás empleados habían estado al pendiente de todo ese escándalo. Por lo que solo basto de una mirada amenazadora de su parte para que todos volvieran a su trabajo.
Una vez cerrada la puerta, Sebastián se acercó con cuidado a dónde estaba Emma quién al parecer se encontraba en shock y aún cubriendo su mejilla con su mano izquierda.
-De verdad siento mucho que hayas tenido que pasar por eso- se disculpo sinceramente su jefe, mientras retiraba cuidadosamente la mano de ella y ponía la suya en su lugar. Acariciando suavemente la zona dolorida. Quien tenía un intenso color carmesí.
Eso lo enfureció. Sin duda alguna haría pagar a Laura y a su familia por esto.
Emma no dijo nada. Estaba tratando de procesar todo la información, y lo sucedido anteriormente.
Su mejilla palpitaba, y lo que más le preocupaba era lo que sus compañeros estuvieran diciendo de ella. Acusándola de ser una rompe hogares.
Sin poder evitarlo unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos. Se sentía frustrada, triste y enojada a la vez.
No sabía que hacer y no podía creer que las cosas se complicarán tanto.
- ¿Emma? - le llamo suavemente Sebastián. Logrando atraer finalmente su atención.
-¿P-porque hizo las cosa así? - cuestiono ella alejándose un poco de el.
-Lo siento, pero ella no me dejó opción. Además se atrevió a golpearte. Y no iba a dejar eso así. Serás mi esposa y todo mundo deberá respetarte.
- ¿Su...su esposa? - pregunto Emma, casi al borde del colapso nervioso. ¿En qué momento ella había decidió casarse con el?
-Así es, de hecho, yo ya tengo todo planeado.
Ella con frustración llevo una de sus manos a su cara y suspiro antes de decirle: -Señor, sé que ya parezco disco rayado, pero le he dicho muchas veces que nosotros no tenemos nada que ver. -insistió Emma. Era muy lindo si, era guapo y millonario también. Pero ¿Que le aseguraba a ella que esto fuera cierto? Y luego después decidiera deshacerse de ella de la misma manera en cómo lo hizo con la señora Laura.
Emma creía que llegando un punto la emoción de aquel momento se le pasaría a Sebastián y tarde o temprano todo volvería a ser como antes o incluso peor. Ella no quería terminar así.
-Yo en ningún momento acepte casarme con usted- A este punto de la conversación Emma se puso de pie y estaba a punto de salir de la oficina, pero Sebastián se lo impidió.
-Usted, señorita Ming fue la primera mujer con la que estuve. Es deber como el caballero que soy responder a tal responsabilidad de haber tomado también su primera vez.
Ok, Emma incluso creyó que eso sonaba también un poco mal.
-No lo haga solo por compromiso - aclaro ella- además yo en ningún momento se lo pedí - murmuró con el rostro enrojecido tratando de librarse del agarre de su jefe.
-No es solo eso. Quiero que sea mi esposa. Usted es una mujer muy capaz. Y no solo quiero tener una mujer bonita a mi lado. Quiero que ambos podamos salir beneficiados de esta relación.
-¿Se da cuenta que suena mucho peor cuando lo dice de esta manera?- espetó de forma enojada Emma, logrando soltarse de el. - Yo no espero nada de usted. Espero y entienda eso. No vuelva a insistir con lo mismo. - Dijo finalmente para salir del despacho, pero antes de hacerlo. Sebastián volvió a hablar nuevamente.
-Según con lo que leí de la información de usted, al parecer su familia se encuentra en una situación un tanto difícil, económicamente hablando. Si bien me enteré, su padre acaba de perder el trabajo y su madre siendo ama de casa no tiene mucho que aportar. Además tengo entendido que tiene un hermano menor que usted, el cual tuvo que abandonar la escuela. Para poder ayudar a sus padres. Y no solo el, usted también está ayudando con lo que gana trabajando para mí, ¿no es así?
Emma quién se quedó con la mano en el picaporte de la puerta escuchaba con atención cada palabra que Sebastián decía.