4. Vendida

867 Words
*Narra Summer* Cuando llegamos a Nueva York fuimos directos al hotel. ── ponla guapa -me empujó hacia dentro. La chica asintió.- estaré aquí fuera -dicho eso cerró la puerta. Miré a la chica.- ── ven aquí -me acerqué.- ── ayúdame a escapar, por favor. ── si lo hago, nos matarán a las dos. A parte, estamos a diez pisos de altura, la única forma de salir de aquí que no sea la puerta, es que te lances, y no creo que quedes viva. Además, ¿qué harás? acabas de llegar, no tienes papeles. ── no quiero acabar con un viejo asqueroso -mis ojos se llenaron de lágrimas.- ── lo sé y lo siento. Debo arreglarte, tienes que estar lista en media hora -suspiré.- Me puso un vestido blanco corto. La parte de debajo era como un tutú, y la parte de arriba, tenía la espalda al descubierto con un lazo en el cuello. En mi vida me había vestido con esos trapos tan feos. ── no entiendo porque hay que hacer todo esto. ── tienes que estar llamativa para que puedan dar más dinero. Cuando terminó de vestirme, me maquilló. Me miré al espejo con los ojos llenos de lágrimas. ── que ni se te ocurra llorar, estropearías mi maquillaje, y ya no hay tiempo para volver a hacerlo. ── ¿está lista? -miramos hacia la puerta.- ── sí -dijo la chica. Apreté mis ojos y me eché a correr hacia la puerta.- *Narra Adam* ── señor Adam, el señor Mateo desea pasar. ── que pase -cuando entró se acercó.- ── me voy, ¿deseas algo? ── no, está bien, márchate. ── ¿no me vas a preguntar a dónde voy? -rodé los ojos y sonreí.- ── a las subastas, y déjame decirte que todavía no entiendo a qué coño vas ahí. ── me llama la atención ver cómo los hombres pagan cantidades muy altas por mujeres. Es increíble en lo que nos estamos convirtiendo los humanos. ── no me lo digas. ── ven conmigo. ── como las anteriores veces, mi respuesta es no. ── anda, no seas así. Te pasas todos los días metido aquí, eres uno de los hombres más ricos de Nueva York, que te tomes una noche de descanso no te hará perder dinero -miré la pantalla, la cual me mostraba lo que estaba pasando en cada mesa de juego. Suspiré.- ── de acuerdo, soy el dueño de un casino, puedo permitirme una salida -sonrió.- ── eso. Antes de salir, informé de que si había algún incidente, me llamasen. Salimos los dos juntos. ── ¿a dónde los llevo, señor? ── a ningún lado, traiga mi coche. ── como usted diga, señor. Trajo mi coche n***o. Cuando entramos empecé a conducir. ── y tu madre, ¿sigue insistiendo en que le enseñes a tu novia? ── sí, no sé qué excusa más inventar. El trabajo me consume todo el tiempo, no puedo salir a conocer a nadie, a parte, es muy difícil que se fijen en mí por mi corazón, sabes que cuando se acercan a mí, lo hacen por el dinero -suspiré.- ── lo sé hermano, en algún momento llegará la chica adecuada. ── eso espero, no quiero seguir dándole excusas a mi madre -dije.- Al llegar, nos bajamos y le dí las llaves al cochero. Nos dieron unos papeles que tenían unos números, a pesar de que insistí en que no iba a comprar a nadie, me lo dieron. Nos sentamos en unos asientos y esperamos. ── muy bien señores, vamos allá -habló un señor mayor, estaba parado encima de una tarima y tenía un micrófono.- las chicas irán saliendo por separado, yo iré diciendo unas cifras y ustedes levantarán sus números. Salió la primera chica. Un señor mayor pagó medio millón de dólares por ella. Iban saliendo y siendo vendidas. ── ¡wao! esa es preciosa -miré a la tarima. Había una chica con un vestido blanco. Tenía una venda en los ojos y unas cuerdas en los brazos.- ── bien señores, esta hermosura se llama Summer Satterlee y tiene 20 años. ¿Quién da medio millón? -miré a la chica otra vez. Lo estaba pasando mal.- ── sí que es preciosa, pobre chica. ── a que no eres capaz de subir la apuesta -habló mi amigo. Lo miré y luego volví a mirar a la chica. Habían dos señores que la querían comprar, no dejaban de subir la apuesta, yo no hubiese sabido decir cuál de los dos era más mayor que el otro.- ── cinco millones -levanté mi número.- ── seis -dijo uno de los señores.- ── diez -dije yo. Todos me miraron.- ── ¿alguien da más? -nadie dijo nada.- ── ¡vendida por diez millones al número 8543! ── no puedo creer que lo hayas hecho. ── me he sentido mal al verla así. ── diez millones, Adam, ¿te lo repito? ── tu me trajiste, ¿quieres dejarme en paz?
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