3. ¿Me has vendido?

660 Words
*Narra Summer* En esa semana, Sebastián no había querido contarme nada del problema que tenía montado. Intenté pedir un crédito, pero para esa cantidad era imposible. Un día llegué a casa después del trabajo. Antes de entrar me fijé en unos coches negros que habían parados en la acera, en frente de la casa. Arrugué la frente y me acerqué a la puerta. ── esto no me gusta nada -susurré.- Abrí la puerta y entré. Nada más llegar al salón, me fijé en que habían unos hombres vestidos de n***o a cada lado de Sebastián. Intenté volver a salir, pero cuando me giré había otro hombre vestido de n***o delante de mí. ── ¿a dónde vas preciosa? -me giré otra vez. Miré a Sebastián, necesitaba que me explicara qué era todo eso.- ── lo siento -fué lo único que salió de su boca.- ── ¿qué sientes? -pregunté.- ── te prometo que yo no quería hacerlo, si no lo hacía, nos mataban a los tres. ── ¿de qué mierda me hablas? ── debemos irnos preciosa -el que estaba detrás de mí me agarró del brazo. Intenté soltarme pero me apretó más.- ── ¿qué está pasando? -pregunté. Uno de los que estaban sentados a su lado, se paró con una sonrisa.- ── verás, tu querido hermano no ha podido pagar las deudas, así que para saldarlo todo y no mataros a los tres, te ha entregado a nosotros -mis ojos se llenaron de lágrimas y miré a Sebastián.- ── Sebastián, ¿me has vendido? -tenía la cabeza agachada.- ── así es -dijo el señor que habló anteriormente.- ── lo siento -susurró Sebastián, pero lo escuché.- ── debemos irnos, nos espera un largo viaje. ── ¿qué? ¿a dónde vamos? ── a Nueva York, preciosa -el que me tenía sujetada del brazo, tiró de mí hacia fuera.- ── ¡te odio Sebastián! -grité mientras me arrastraban hacia la salida.- Intenté muchas cosas para que me soltaran, pero nada, fué imposible. El que habló antes, me dió una bofetada, logrando que dejase de moverme.- ── escúchame bien, si sigues portándote así, no dudaré en dar la orden de que los maten, ¿te queda claro? -no dije nada.- entra al puto coche -le hice caso. Dos hombres se sentaron a cada lado, dejándome en medio. Miré hacia la casa con los ojos llenos de lágrimas. Echaré de menos Miami, pero sobre todo a mamá. Apreté los puños al pensar en Sebastián, aún no me creía que hubiera hecho eso. ¿Cómo sobreviviría mamá sin mí? Cerré los ojos haciendo que las últimas lágrimas bajaran por mis mejillas. Uno de los hombres estaba conduciendo, a su lado, estaba el que me había amenazado, parecía que era el que mandaba. Después de mucho rato conduciendo, se paró en un edificio muy grande. Me hicieron salir del coche. Después de subir en un ascensor, nos paramos en recepción. ── dile al jefe que ya hemos llegado -el chico le hizo caso. Marcó un número en el teléfono.- ── ya están aquí -dijo.- está bien -colgó.- pasen. Entramos. Un señor de más o menos 40 años, estaba sentado delante de un gigantesco escritorio. Mientras hablaba por teléfono me estaba mirando. Miré detrás suyo, los grandes ventanales permitían ver con perfección casi toda la ciudad de Miami. ── es preciosa -cuando habló lo miré. Ya había colgado. Se paró y se acercó quedando delante de mí.- darán mucho por ella, en la subasta habrán de los hombres más ricos de Nueva York. ── ¿qué? -pregunté asustada.- ── de alguna forma tendré que recuperar todo el dinero que tu hermano me hizo perder. Váyanse en seguida al aeropuerto. El avión privado los estará esperando. Reservé una habitación de hotel allá, habrá una chica esperándola para poder arreglarla. ── está bien jefe.
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