Qunlung

1828 Words
Atlas abrió sus ojos poco a poco cegándose un poco gracias a la luz del sol que se hacía presente a través de las hojas de los árboles. Diana ya había despertado y cargaba los caballos para volver a su seguimiento rumbo a Qunlung, esta tenía en la vista a los soldados de Inférnum los cuales también estaban desmontando su campamento para continuar el camino que ahora coincidía con el de ellos. El chico se dirigió más adentro del bosque donde hallaría un pequeño lago de agua cristalina, se quitó sus vestiduras y se metió de un clavado en el agua, dio un par de brazadas hasta situarse en el medio de este gran lago rodeado de hermosos arboles de todos los tipos, pinos, abeto común y poco más, se imaginaba como sería el invierno en este sitio con todas las ramas cubiertas de nieve, los lobos merodeando la zona, en si la naturaleza era fascinante a los ojos de cualquiera en este planeta. Se sumergió nuevamente en el agua aguantando la respiración dentro de ella por un largo rato, al sacar su cabeza el cabello le tapó los ojos, este estaba ya bastante largo y debía atárselo con una liga para mantenerlo recogido, el tinte oscuro comenzaba a caerse poco a poco dejando pequeños destellos de ese hermoso color cobrizo natural que había heredado de su madre. Diana se acercó lentamente entre los arbustos observando al chico darse un baño en el lago, no pudo evitar mantenerle la mirada escaneándolo de arriba abajo, no podía tampoco negar que Atlas era un chico apuesto y bastante atlético, el cabello largo le hacía ver muy bien, al menos a Diana le parecía muy atractivo. Atlas se giró dándose cuenta de la presencia de la chica poniéndose nervioso y sus mejillas rojas de la vergüenza. -       ¡Vete! — exclamó Atlas comenzando a nadar de vuelta a la orilla -       ¡¿Qué dices?! — gritó Diana preguntándole ya que no pudo escuchar antes -       ¿Qué haces observándome? -       Solo… venía a… — Diana tartamudeó mientras Atlas salía lentamente del agua dándose cuenta que este estaba desnudo -       ¿Venias a? — Preguntó mirándole a los ojos de Diana mientras recogía su ropa y comenzaba a ponérsela -       Atlas… — susurró Diana centrando su mirada en el abdomen del chico desviándola un poco más abajo -       Diana… — respondió mirándose el cuerpo — ¿Tengo algo raro? -       No… solo que… — aclaró su garganta y se dio la vuelta — Debemos irnos, el grupo de guardias ya se marchó El chico sonrió pícaramente mientras terminaba de arreglarse, al terminar siguió a la chica hasta los caballos montándose en ellos y siguiéndoles el rastro a los guardias que habían comenzado a avanzar nuevamente en dirección de Qunlung. Cada vez quedaba poco recorrido, el día avanzaba muy lento en estas fechas o al menos esa era la sensación que ellos tenían. Atlas se sentía bien rodeado de alguien conocido, además se sentía en deuda con Diana por haberle salvado la vida, muchas veces la chica bromeó con él en Syna cuando Astraea lo entrenaba, “Tarde o temprano te salvaré la vida Atlas, eres muy osado” era la frase que siempre le repetía mientras lo observaba entrenar. Diana compartía la misma edad de Atlas, siendo esta la aprendiz de Astraea había creado un pequeño vínculo con el que iba algo más allá que una simple amistad pero debido a las distancias que mantenían en Syna no platicaban mucho, pero no podían ocultar que se agradaban el uno al otro y se sentían completamente seguros. -       ¿Por qué te enviaron a ti y no a un ángel más experimentado? -       ¿Me estás llamando poco capaz? -       No lo digo por eso Diana, por los Dioses sí que eres dramática -       ¿Por qué lo dices entonces? -       Eres joven, tienes mi edad. Es algo imprudente enviar a la nueva generación a un lugar tan peligroso -       Te enviaron a ti, ¿qué diferencia hay? Atlas devolvió su mirada al camino -       Myla lo tenía pensado junto a Nero y me preguntó si deseaba acompañarte, que no estaba obligada a hacerlo — confesó observando el camino — Acepté porque quería estar a tu lado nuevamente El chico giró su cabeza uniendo su mirada junto con la de Diana sonriéndole con cariño. -       No puedes vivir sin mí — bromeó Atlas -       Tu no estarías vivo de no ser por mí Atlas soltó una carcajada acercando su caballo al de Diana, tomándole la mano a la chica. -       Cuidaremos el uno del otro, ¿vale? Diana sonrió y apretó la mano de Atlas con fuerza asintiendo con la cabeza. Continuaron el camino por una colina hasta llegar a la cima donde se podría ver a lo lejos el pueblo del que Myla le habló a Diana, Qunlung. Allí los soldados se acercaban a paso lento, este lugar esta amurallado, se veía ya como una ciudad más que un simple pueblo de campesinos, algo que llamó la atención de Atlas. -       Esto no parece un pueblo ordinario -       No, según tengo entendido Myla les proporcionó suficiente ayuda para crear las murallas y así mantenerlos alejados de todo peligro -       Veo también que mantienen las puertas abiertas, es un lugar con tráfico de mercaderes -       Sí, ya podemos acercarnos pero lo haremos con cautela — dijo Diana comenzando a bajar la colina en dirección al pueblo — No hagas nada estúpido Atlas, cúbrete bien Ambos bajaron la colina dirigiéndose a las puertas del pueblo donde se reunían muchos comerciantes, los caballos con carretillas de madera llenas de heno salían y entraban constantemente, al igual que personas con bultos enormes de granos como arroz y frijoles se veían caminar por la zona, Qunlung era un pueblo de comerciantes y esto podría ser usado a favor de Atlas para ocultarse por un tiempo. Al llegar a las puertas ingresaron como visitantes sin que los guardias los interrumpieran, se dirigieron a los establos dejando sus caballos allí atados y entrando a una de las tabernas del sitio tomando asiento no sin antes pedir cerveza y algo para comer. -       Es bastante comercial este pueblo, se ve lleno de vida -       Sí, tiene mucha diferencia con respecto a Inférnum -       ¿Crees que esto esté bajo el cargo de Damian? -       Lo dudo mucho, la gente se ve muy contenta — dijo mientras agradecía con un gesto a la mesera — Y son serviciales, algo extraño -       No es extraño, es normal. Viviste suficiente tiempo en Inférnum como para perder la noción de que es normal — respondió Diana dandole un sorbo a su cerveza -       ¿Qué haremos ahora? -       Pasemos la noche acá, no he visto ningún movimiento de los soldados de Inférnum -       Ni yo, siento que se desaparecieron -       O posiblemente hayan ido a hablar con cualquiera que sea el gobernante de este sitio, estoy segura que no tiene nada que ver con Inférnum Kreuz y sus hombres dejaron sus caballos frente al pequeño palacio de mármol que se situaba en el fondo del pueblo en medio de toda la zona residencial, el comandante entró al recinto en búsqueda de aquella persona que estuviese a cargo. Qunlung había pasado a ser un pueblo independiente, sin vinculación con ninguna de las ciudades o pueblo aledaños. La junta de Qunlung era la que decidía quien sería el siguiente dirigente del lugar, eligiendo con sabiduría y escuchando a su pueblo y actualmente su Rey era Hakon, un hombre sabio y guerrero que peleó junto a Myla en las distintas batallas que se libraron a lo largo del conflicto. Hakon fue sin duda uno de los aliados más poderosos que tuvo Inférnum en su momento, Myla les dio la libertad de ser un pueblo independiente convirtiéndolo en el lugar más famoso para los comerciantes de todo Eros. Kreuz entró al salón seguido de los guardias que resguardaban el palacio parándose frente al Rey Hakon el cual estaba sentado en su trono conversando con su esposa Hild, otra guerrera conocida como la doncella de oro gracias a su gran habilidad en el campo de batalla y su cabello rubio brillante que no podía pasar desapercibido por nadie. -       Bienvenido Kreuz, mucho tiempo sin vernos — dijo mientras veía acercarse al guerrero -       Rey Hakon, Hild — saludó agachando la cabeza mostrando su respeto por la pareja -       ¿Qué haces en Qunlung? -       Vengo por orden del Rey Damian, estamos en búsqueda de un chico que se ha escapado de nuestro reino -       ¿Es un delincuente? -       No, se rumorea que es el hijo de Myla -       Pero Myla desapareció, ¿cómo es que tiene un hijo? -       Lo único que sé es que su hijo está en nuestras tierras y queremos capturarlo -       ¿Con que propósito? — preguntó Hild algo intrigada con las intenciones de Kreuz -       No lo sé mi señora, solo sigo las órdenes del Rey -       Se rumorea también que Damian asesinó a todos los seres celestiales para tomar el poder, ¿es eso cierto? Kreuz se mantuvo en silencio evadiendo la pregunta. -       ¿Tiene usted conocimiento de este chico? -       No, de tenerlo posiblemente no te lo diría tampoco -       Eso crearía un conflicto por negligencia con Inférnum -       Somos un pueblo independiente Kreuz, lo sabes. No tomaré ordenes de Damian sólo porque es el rey de Inférnum -       Gracias por su ayuda rey Hakon, partiremos en la mañana nuevamente -       Dile a tu rey que si su intención es asesinar a este supuesto hijo de Myla lo mejor es que desista si no quiere crear una ruptura en la paz de este continente El guardia asintió con su cabeza tomando la información y abandonó el salón reuniéndose nuevamente con sus hombres, entregándoles las noticias de que el chico no estaba en el pueblo, sin embargo no creía mucho en las palabras de Hakon. -       Pasaremos la noche en Qunlung, mañana partiremos de vuelta a Inférnum dando un último barrido -       Mi señor Kreuz, ¿un barrido en Qunlung de noche no estaría bien? -       Sí, lo haremos lo más sigiloso posible para no causar problemas Los soldados asintieron y regresaron a sus caballos para así dejarlos resguardados en los establos y dirigiéndose a la taberna que allí estaba. Al entrar pasaron directamente a las mesas ocupándolas casi todas, eran más de diez hombre incluyendo a Kreuz el cual se encontraba en la barra pidiendo comida y cerveza, Diana siendo la que tenía visión de la puerta se percató de antemano que se trataban de los guardias de Inférnum. -       Cúbrete de nuevo Atlas, están aquí — susurró llevándose el vaso a la boca para disimular -       Oh mierda, lo que faltaba -       Debemos irnos apenas comiencen a beber como locos -       ¿Y luego qué? -       Buscaremos a Hild, es la mujer de la que Myla me habló 
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