Diana se mantuvo junto con Atlas durante su recuperación, el chico había recibido bastantes golpes fracturándole un par de costillas en el proceso, debido a su corta edad, baja perfección de su cuerpo y poder divino no sabía aún como controlar su defensa para no recibir tanto daño por parte de los humanos, la única muestra de que podía curarse a sí mismo fue bajo el miedo de ser asesinado algo que no estaba bien ya que no todo el tiempo iba a sentirse así.
La chica estuvo atenta todo el tiempo, ayudándole en todas las cosas que el chico necesitara, al igual que gracias a sus conocimientos como curadora y hechicera realizó un par de brebajes que mejoraron el estado de Atlas en menos tiempo.
Atlas usó parte de su dinero para pagarle a las amables señoras que los hospedaron durante ese tiempo, también compró un caballo para que Diana viajara con él a este pueblo del que le habló en distintas ocasiones ya que era una recomendación de su madre para estar a salvo si algo sucedía.
- ¿Cómo está mi madre? — preguntó Atlas acariciándole el crin a su caballo
- Se encuentra bien, extrañándolos a ambos — respondió Diana acercándosele acomodando sus pertenencias en el caballo
- Es difícil alejarse de un ser querido posiblemente para siempre
- Sí, es cierto pero son cosas que debemos hacer por el bien de los demás
- ¿Estaba consciente del caos que está desatado en Inférnum? — Atlas decidió preguntar para aclararse más las dudas
- No, me envió por otra razón pero fue una sorpresa encontrarme con que ahora el reino está gobernado por un impartidor de odio
- Qué razón tuvo para enviarte entonces
- Para protegerte, dice que desde que el todopoderoso los visitó tiene un mal presentimiento de las cosas
- Yo también, pero trato de no pensar en ello — montó su pie en el posador para luego montarse por completo en el caballo — ¿Nos vamos?
Diana afirmó con su cabeza montándose también en su caballo y abandonando los establos de aquel pueblo que los acogió durante su huida. El camino hasta Qunlung sería bastante largo así que se prepararon con provisiones para pasar los días que estuviesen viajando. El plan era llegar al pueblo y buscar a los familiares de Myla así obtener hospedaje y ser atendidos de una buena manera, aunque en el fondo Atlas temía que estos también hubiesen sido asesinados como medida del rey Damian.
El rey se mantenía en el palacio, cuando recibió las noticias de que Atlas había huido de Inférnum la furia tomó el control de su ser, Damian tenía serios problemas de ira que descargaba asesinado a sus propios guardias, al escuchar que el chico había abandonado la ciudad desenvainó su espada y le cortó la cabeza a tres de los cuatro soldados que allí estaban para informarle, perdonándole la vida a uno solo, su más cercano guardia, Kreuz.
- Kreuz, esto no puede suceder nuevamente — dijo en voz baja mientras limpiaba la sangre de su espada con las vestiduras del guardia
- Lo sé mi señor — respondió agachando la cabeza demostrando devoción — Y quisiera informarle que el chico no escapó solo
- ¿Cómo que no escapó solo?
- Cuando estaban por capturarlo un ángel le salvó la vida, puso en algún tipo de sueño a los guardias
- Ahora tenemos dos criaturas celestiales en mi territorio — gruñó dándole un golpe al trono — Búsquenlos, tráiganmelos acá — ordenó a Kreuz y a los guardias restantes que estaban parados en las columnas del salón
- Entendido mi señor
- ¡Busquen en todo el perímetro de Inférnum, si es necesario crucen la frontera con el pueblo de Fujin!
Kreuz asintió y salió del palacio no sin antes ver los cuerpos de sus soldados masacrados en el suelo. Nuevamente el rey asesinaba a unos de sus mejores hombres por ira, esto le estaba cansando pero sabía que no podía discutir con él o tomaría su vida de igual manera.
Al dejar escapar a Atlas tenia presente que podría representar un problema, pero en su corazón sabía que el chico lograría tomar el trono en cualquier momento y se le perdonaría la vida siéndole fiel desde el principio.
El guardia reunió a sus hombres informándole las instrucciones a seguir y procedieron a salir de la ciudad a caballo para comenzar la búsqueda de Atlas alrededor del reino de Inférnum.
Mientras tanto, bastante lejos y a varios días de la ciudad se encontraban Diana y Atlas viajando a caballo, compartiendo su compañía y platicando acerca de cómo estaba el reino de Syna luego de su partida, al igual que preguntó por su hermana pero no recibió respuesta ya que la chica no tenía conocimiento del estado de Haru.
Pasaron varios días de este viaje, prontos a llegar al pueblo de Qunlung descansaron en lo alto de una de las montañas cubiertos por los árboles frondosos que habían en la zona, tuvieron la fortuna de que había una cascada enorme cerca si bajaban algo más por la montaña, donde decidieron pasar la noche. Allí colocaron sus tiendas de campaña, encendieron una fogata y se acostaron mientras el sol se ocultaba.
- Diana, me gustaría saber qué piensas de todo esto
- Necesito que seas más específico Atlas
- ¿Crees que pueda coronarme rey de Inférnum?
- Sí, es tu derecho por nacimiento y ser descendiente directo de Myla
- Con Damian en el trono ahora mismo creo que le importará poco que sea hijo de la anterior reina
- Tienes razón, pero valdría la pena platicar con él
- Me asesinaría
- No si yo llevamos un ejército y estoy a tu lado — dijo Diana ofreciéndole una opción
- ¿Dónde conseguiré un ejército?
- La voz de que el verdadero heredero del trono está en busca de recuperarlo levantaría a los pueblos cercanos
- Podría hacerlo pero no deseo sangre de inocentes derramada por reclamar mi derecho
- La gente muere por conflictos menores que ese — opinó Diana dándole una caricia en el cabello al chico — Considéralo
- ¿Dónde podría conseguir ese ejército? — Atlas la miró fijamente
- En Qunlung, es esa una de las razones por las cuales iremos
Atlas devolvió su mirada al cielo, el sonido del agua chocando contra las rocas les causaba tranquilidad, los grillos, la brisa que chocaba con las hojas de los arboles creaba un ambiente de paz y serenidad. Pasados unos minutos ambos quedaron dormidos profundamente hasta que el sonido de los pasos de caballos les perturbó el sueño, estos pasaban por encima del lugar donde estaban acostados, Diana trató de levantarse pero Atlas la detuvo levantándose de él. Con sus pies descalzos comenzó a caminar con sigilo averiguando de quienes se trataba y a donde se dirigían.
- ¿Quiénes son Atlas? — preguntó Diana en voz baja
Al tener una mejor visión de los jinetes restantes pudo observar que se trataban de los hombres de Damian.
- ¿En qué dirección queda Qunlung? — susurró mientras observaba como se alejaban los guardias
- Hacia el oeste, ¿crees que se dirigen allá?
- Posiblemente, debemos seguirlos. No podemos provocar que asesinen todo un pueblo por mi culpa
Diana comenzó a recoger la pequeña tienda de campaña, apagó el pequeño fuego que aún quedaba echándole agua por encima. Luego de guardar todo lo que necesitaban, subieron la montaña y dirigiéndose a donde tenían atados los caballos, milagrosamente no habían sido vistos por los soldados que por allí merodeaban, así que Atlas y Diana cargaron sus corceles y se montaron en ellos comenzando su seguimiento a los guardias de Damian.
Mientras amanecía Diana y Atlas se mantenían a una distancia prudente de los demás jinetes, el chico divisó a Kreuz, el guardia que lo dejó vivir confesando su lealtad a la anterior reina comandaba aquel grupo de soldados de los cuales desconocía sus intenciones.
- Debemos esperar, no podemos atacar sin motivo aparente
- Tendremos que acercarnos más, mientras tanto sigamos el rastro
Así se mantuvieron, a una distancia necesaria para no ser descubiertos hasta que la noche comenzó a caer por los campos verdes de Inférnum, los hombres de Kreuz se detuvieron para acampar haciendo un pequeño lugar en medio de la nada, Atlas y Diana se metieron al bosque más cercano sin perderlos de vista, acampando de igual forma.
Luego de un rato uno de los guardias se acercó hasta el bosque donde estaban escondidos los chicos a realizar sus necesidades, se bajó el pantalón y comenzó a orinar cuando Diana lo tomó por sorpresa desde su espalda colocándole la punta filosa de su espada en la zona central de su espina dorsal, mientras Atlas se acercaba por adelante mirándolo de arriba abajo con una sonrisa dibujándose en su rostro a medida que se aproximaba.
- Puedes subirte los pantalones amigo, no te vamos a herir
- Qui… quienes son… son ustedes — susurró el soldado con la voz temblorosa
- No es tu incumbencia por ahora — dijo Atlas sonriéndole mientras le acariciaba la cara
- ¿A dónde se dirigen?
- Va… vamos a… — tartamudeó
- ¡Habla o juro que te atravesaré con mi espada sin pensármelo dos veces!
- Eso no es muy santo de tu parte — le dijo Atlas a su compañera
Diana sonrió y encogió sus hombros mientras mantenía la presión con su arma sobre el guardia.
- A… Qunlung, fuimos enviados por el Rey Damian en búsqueda de un chico
- ¿Y cómo luce ese chico? — Atlas preguntó acercándosele más al nervioso guardia
- La descripción que… que recibimos es… — realizó varias pausas hasta mirar a Atlas a los ojos dándose cuenta que era el chico el cual estaban buscando — Tu…
- Así es, mi nombre es Atlas y soy el heredero al trono al que renunció mi madre para salvarlos a todos ustedes — confesó finalmente mientras sacaba su daga de la funda colocándosela en el cuello al guardia — ¿No crees que es algo mal agradecido de su parte con ella?
- La Diosa Myla fue la mejor reina que pudo tener Inférnum aun así murió dejándonos a la deriva
- Tonterías, mi madre sacrificó parte de su vida por su pueblo acabando el conflicto. ¿Así es como le pagan? — Atlas le propinó un rodillazo en el estómago al soldado — Volverás a Inférnum y le dirás directamente al rey Damian…
Atlas le hizo una seña con sus ojos a Diana que liberaría al hombre de su amenaza para luego el también separarse dejándolo libre.
- … Atlas vendrá, tomará lo que le pertenece en cualquier momento — terminó de sentenciar el chico levantando ambas manos dejando el guardia libre en su totalidad
Este guardia salió corriendo despavorido por el bosque dirigiéndose nuevamente a Inférnum entre las hojas y piedras.
- ¿Crees que funcione? — preguntó Diana observando como corría el soldado
- Así lo mantendremos alerta, la voz se irá corriendo
- ¿Qué haremos con los demás?
- Dejemos que entren a Qunlung, nos encargaremos de ellos allí
- Espero no se derrame sangre Atlas
- Ni yo espero que se derrame sangre, pero sea como sea pasará
Ambos volvieron a adentrarse un poco más en el bosque donde estaban sus mantas, acostándose a la espera del amanecer para continuar con su espionaje de la guardia real de Inférnum.