Atlas tomó un camino cerrado que dirigía a la salida de la ciudad, con algo de cautela y haciendo que su caballo no hiciese tanto ruido continuó avanzando con lentitud hasta llegar a su destino. Su mirada comenzó a rondar los lugares donde posiblemente estuviesen estos soldados esperándole tal como dijo Kreuz, sin olvidar que posiblemente fuese una trampa a la cual fue directa y conscientemente. Al percatarse que no había nadie siguió avanzando con su caballo hasta que sintió el aire de una flecha rozarle la espalda y luego clavarse en el suelo, allí se bajó rápidamente dando un salto ágil hasta ocultarse en los arbustos.
Teniendo en cuenta que ya había sido divisado decidió esperar hasta que fuese atacado nuevamente, aunque esperar a un ataque era esperar a su muerte prematura era un riesgo que debía tomar así que se dejó caer en el suelo boca abajo observando si algunos pies asomaban poniendo atención en las vibración del piso posicionando sus manos en el para probar sus habilidades sensoriales.
Pasados unos minutos escuchó como se acercaban varios guardias, lo supo por el sonido del metal de sus armaduras de malla chocando con sus espadas. Estos venían a paso calmado ya que pensaron que habían asesinado fácilmente al chico gracias a que se bajó tan rápido del caballo haciéndoles pensar que estaba herido.
- Busquen el cuerpo y llévenselo al rey Damian — ordenó uno de los soldados mientras inspeccionaba el caballo
Atlas en su apuro olvidó que dejó colgado en la silla de su caballo las pertenencias que mantenía en una bolsa, el guardia comenzó a husmear que traía allí sacando pequeñas bolsas de monedas de oro y plata que Atlas había reunido a lo largo de su estadía en la panadería para comprar una que otra cosa en el camino de ser necesario.
No podía permitir que le robaran el fruto de su trabajo, una ira extraña le fue invadiendo el cuerpo, sus ojos pasaron de ser purpura a un rojo carmesí que brillaban en la oscuridad, esto captó la atención de uno de los soldados que hacia un barrido del área buscando el cuerpo.
- Hey, encontré un demonio — dijo el guardia haciendo referencia a los ojos rojos
- Ten cuidado, los demonios no son criaturas de fiar — respondió uno de ellos desde la lejanía
El soldado se acercó hasta donde estaba Atlas, el cual sacó su daga con rapidez clavándosela en el pecho atravesándole el corazón, con un breve movimiento se sacó el cuerpo de encima y salió de los arbustos con el arma en la mano lanzándosele al guardia que estaba robándole su dinero dándole un par de golpes para luego darle un tajo en el cuello que lo haría desangrarse. Atlas se agachó y tomó las monedas que este guardia le había robado devolviéndolas a su bolsa.
Los demás guardias corrieron hasta la escena rodeando a Atlas, eran más de los que se esperaba. Sus ojos eran intimidantes para los soldados, jamás habían visto a alguien de estas características en su vida, así que en vista de que no era un ser ordinario desenvainaron sus dagas de diamante.
- ¡Atrapen al demonio! — exclamó uno de los hombres lanzándosele a Atlas
Atlas ligeramente se movió a un lado dejándolo pasar no sin antes ponerle el pie para que se cayera y allí por la espalda clavarle la daga asesinándolo de igual forma. Los demás soldados continuaron atacando hasta que lograron minimizar a Atlas, dejándolo bastante golpeado en el suelo mientras este recobraba su aliento. Uno de los guardias se alejó para buscar una soga y amarrarle pero Atlas aprovechó ese momento para intentar huir, algo en lo que fallaría totalmente cuando uno de los arqueros le atravesó una flecha en la pierna.
El chico adolorido y derrotado se temía que este era su final, algo prematuro para su opinión. Un error total el abandonar Syna para gobernar un pueblo del cual el todopoderoso no les entregó información poniendo en riesgo su vida, un pequeño odio dentro de Atlas comenzaba a crecer a raíz de las decisiones de personas que no deberían estar por encima de él.
El guardia se acercó dándole un puñetazo a Atlas en la cara para dejarlo aún más golpeado y no opusiese resistencia. Pero de la nada un polvo dorado comenzó a rodearlos, iluminando el lugar a medida que se hacía más denso, lentamente los soldados fueron cayendo uno por uno en un profundo sueño y esto a la vista de aquel guardia que estaba por amarrar a Atlas.
- ¿Qué está pasando?
Atlas abrió sus ojos fijándose en aquel polvo que los rodeaba, observando que todos los guardias caían uno por uno en un profundo sueño golpeándose con el suelo al caer. El chico pensaba que posiblemente estuviese muerto y estaba en otra vida observando otro resultado de su derrota pero no fue así cuando un chorro de sangre le salpicó en la cara luego de que le cortaran el cuello con una espada a su aprehensor.
La luz era ya cegadora, solo dejando ver la sombra de esta persona que acababa de asesinar al guardia, esta extendió su mano en busca de la de Atlas el cual correspondió y aceptó la ayuda poniéndose de pie. El chico escupió y pudo notar que aun tenia sangre en la boca, su cuerpo le dolía como si un tractor le hubiese pasado por encima, pero más que todo estaba confundido porque no lograba ver a la persona que lo estaba ayudando.
Fue ayudado a subir en el caballo, donde después se montaría esta persona dándole una pequeña patada al corcel haciéndolo galopar alejándose de la pequeña escena de asesinato que allí dejaron. Atlas se durmió con la cabeza reposada en la espalda de este sujeto aunque no sabía si lo acababan de salvar o estaba siendo raptado para igual asesinarlo, estaba tan adolorido que no podía conectar sus pensamientos intentando lograr algo racional para saber que estaba sucediendo.
Al día siguiente cuando Atlas despertó, estaba durmiendo dentro de una cabaña, la luz del sol atravesaba las ventanas llegando hasta su cama, abrió los ojos con dificultad debido al deslumbre, intentó sentarse pero su cuerpo no se lo permitió, estaba aún golpeado. Se quitó la manta de encima para observar su cuerpo y notó que tenía moretones por casi todo su torso, sentía la cara hinchada de igual forma. Terminó de retirar la manta para observar su pierna pero esta ya se encontraba vendada y curada.
Atlas intentó levantarse nuevamente lográndolo pero un mareo lo atacó haciendo que todo se le moviera, no podía mantenerse ni sentado debido al maltrato que había recibido. Respiró hondo esperando que este pasara y una vez pasó, miró a su alrededor en búsqueda de sus cosas pero no tuvo una visión directa de ellas, pensó que ponerse de pie sería una tarea imposible pero debía intentarlo así que se corrió lentamente hasta el final de la cama donde usaría el borde de madera para apoyarse y poco a poco levantarse apoyándose en la pierna que no estaba herida pero una vez más se mareó, su cuerpo comenzó a temblar avisándole que colapsaría pero antes de que esto sucediera fue atrapado y devuelto a la cama.
- Estás a salvo Atlas, descansa — una voz femenina le habló al chico
- Di… ¿Diana?
- Sí, soy yo querido Atlas — respondió el ángel soltándole los brazos
- Gracias a los Dioses eres tú, agh — dijo mientras se quejaba del dolor
- Tranquilo Atlas, debes descansar y recuperarte
- ¿Qué sucedió?
- Llegué algo tarde a tu rescate, ya te habían dado una paliza
- Lo que importa es que me salvaste la vida Diana, gracias
- Ahora por favor, descanse. Hay muchas cosas de las que hablar
Diana salió de la cabaña dejando a Atlas descansando ya que aún estaba muy débil para seguir avanzando. La chica enviada por Nero y Myla estaba allí para cuidarlo debido a las pequeñas sospechas de la Diosa de que algo no estaba bien con respecto a la decisión del todopoderoso en enviar a sus hijos tan apresuradamente a sus respectivos reinos, de igual forma fue enviada como la protectora de Atlas por si algo pasaba.
La chica también estuvo encubierto en el palacio de Damian, reconociendo todas las fallas del recinto, escuchando comentarios que podrían ser usados en ventaja de Atlas más adelante cuando este opte por finalmente subirse al trono de Inférnum, lo cual no sería tarea fácil para el chico que tenía todo en su contra, así que por ahora se quedarían allí en ese pequeño pueblo a las afueras de Inférnum descansando mientras se recuperaba. Diana también había sido aconsejada por Myla de visitar una ciudad llamada Qunlung donde podrían hospedarse en el nombre de la anterior reina y ser protegidos debido a que este era su lugar de nacimiento, por ende las personas eran fieles a la anterior corona y no a la actual debido a su vínculo y sus creencias de que Inférnum debía ser gobernada por alguien que quisiera lo mejor para el pueblo y no para ellos.
Una nueva aventura se le aproximaba al pequeño Atlas de la mano de aquel ser celestial que le salvó la vida, una aventura que esperaba terminara con él sentado en el trono de su madre.