Escape

1735 Words
Kreuz se dirigió directamente hasta la susodicha panadería donde el espía había sido enviado, una vez allí tocó la puerta en varias ocasiones obteniendo ninguna respuesta. Pasados unos minutos escuchó movimiento dentro del establecimiento así que procedió nuevamente a tocar y esta vez la puerta se abrió, del otro lado estaba Julius, el panadero dueño del local. -       Bienvenido mi señor, ¿Qué desea? -       Gracias, quería realizarle un par de preguntas -       Claro que sí, pase adelante Julius abrió por completo la puerta dandole paso a Kreuz y a los demás guardias que al pasar los contó, eran cinco contando al comandante que los lideraba. Estos se sentaron en una de las mesas, Julius pasó detrás del mostrador y sacó una bandeja llena de pan para así dejarla encima de la mesa donde estos soldados estaban sentados. -       Iré por la cerveza mi señor, perdóneme un segundo -       Gracias, ¿cómo es su nombre? -       Julius mi señor Kreuz asintió con la cabeza y mientras Julius se alejaba. Se levantó de la mesa y comenzó a caminar alrededor del recinto en búsqueda de alguna pista, se fijó en las paredes y el suelo pero no había nada que pudiese usar para indagar más en el hecho más que sus simples preguntas, al continuar caminando se encontró con una escalera al final del pasillo que llevaba a la habitación donde Atlas se estaba hospedando, se encontraba cerrada y con llave así que Kreuz no husmeó mucho más y regresó a su asiento al mismo tiempo que Julius entró con los vasos de cerveza. Los soldados comenzaron a comer y beber, al igual que Kreuz. Julius se quedó de pie observándolos mientras el comandante empezó a interrogarlo. -       Julius, ¿ha venido por acá algún tipo de extranjero? — comenzó a interrogarlo mientras daba una mordida al pan -       No mi señor, las únicas personas que han entrado a la panadería son gente de la comunidad -       Entiendo, ¿vive usted solo? -       Vivo con mi hijo, se hospeda en la habitación de arriba -       Estaba por preguntarle si alguien habitaba ese cuarto -       Sí, mi hijo pero ahora mismo no está -       ¿Dónde está él? -       Se encuentra buscando madera mi señor -       ¿Alguien más lo ha visitado Julius? — siguió indagando mientras comía -       No mi señor, solo gente de la comunidad -       Entiendo — culminó de interrogarlo y bebió el ultimo sorbo de su cerveza — Espero no haberle interrumpido sus actividades Julius -       Para nada mi señor, estoy aquí para servirle a usted y al rey Damian Kreuz sonrió forzadamente y se levantó de la mesa junto con sus hombres dirigiéndose a la salida donde se toparía con chico cubierto con una túnica negra el cual agacharía la cabeza de inmediato. -       Lo siento mi señor — dijo en voz baja excusándose -       Ten más cuidado al caminar chico -       Lo tendré, una disculpa El chico entró a la panadería y se sentó en una de las bancas colocando sus brazos en la mesa aun con la cabeza baja mientras todos los soldados abandonaban el local, una vez estos lo hicieron se quitó la capucha y tomó una bocanada de aire. Atlas se había chocado directamente con la guardia real del rey Damian, se podría decir que literalmente tocó la muerte por un breve momento, salvándose por el poco interés de Kreuz en preguntarle quien era. Julius mientras cerraba la puerta miraba con algo de preocupación a Atlas pero justo antes de cerrar la mano de Kreuz se interpuso en su camino. -       Disculpeme Julius, dejé mi espada en la banca — dijo mientras se abría paso entrando a la panadería Atlas se dio cuenta de esto muy tarde ya que tenía las manos en su cara y al destapársela se cruzó directamente con la mirada fría de Kreuz, se dio cuenta que lo habían descubierto pero el guerrero hizo caso omiso al chico recogiendo su espada lentamente y saliendo del establecimiento agradeciéndole nuevamente a Julius por su buen trato. Al cerrar la puerta Julius colocó todos los seguros con cuidado sin crear ningún ruido abrupto que pudiese ser percibido afuera ya que eso levantaría más sospechas. Se acercó hasta donde estaba Atlas y se sentó junto a él. -       ¿Lo vio mi señor? -       Sí, directamente a los ojos -       Pero no dijo nada, simplemente continuó buscando su espada -       Pero yo sé que me vio, cruzamos las miradas muy directamente como para pensar que no -       ¿Qué piensa hacer ahora que ha sido visto mi señor? -       Debo marcharme de aquí Julius, no podemos arriesgar tu vida -       Mi señor, hay una pequeña cabaña en las afueras de Inférnum que le pertenece a mi hermana, puede ir allá y hospedarse -       ¿Podré pasar desapercibido? -       Con seguridad, yo me mantendré aquí -       Gracias Julius, has sido como un padre para mí en este tiempo — le confesó tomándole por la cara con afecto — Espero no haberte incomodado nunca -       No lo hizo mi señor, estoy contento de haber servido al próximo rey de Inférnum -       Esperemos vivir lo suficiente para lograrlo Ambos sonrieron y cada uno volvió a sus actividades cotidianas, Atlas planeaba marcharse al anochecer así nadie lo molestaría. Sabia más o menos en que momento de la noche pasaba la guardia marchando por las calles así que intentaría evadirlas para no tener ningún problema, no pensaba seguir asesinando aunque si su vida se veía en peligro no tendría otra opción más que hacerlo, si la guardia real estaba presente directamente en la panadería es porque descubrieron el cuerpo del espía y no tomaron en cuenta una pelea por prostitutas en el bar. Atlas durante su estadía en la panadería aprendió a evadir todo tipo de peligro haciéndose pasar por otra persona común y corriente, al igual que se volvió un maestro del escondite. El sigilo iba de su mano, no podía permitirse caer en las manos del gobierno corrupto, mórbido y oscuro de Damian ya que sabía que en el primer momento que este tuviese la oportunidad le cortaría la cabeza y la exhibiría como trofeo por todo Inférnum. Ya estaba siendo hora de empezar a mejorar sus técnicas y encontrar un ejército para derrocar a Damian, no podía arriesgarse más tiempo en la oscuridad. Subió a su habitación y se agachó frente a la cama sacando todas sus pertenencias que se encontraban debajo de esta. Abrió la pequeña bolsa sacando su brazalete de Nox el cual se pondría en su mano izquierda, al igual que se colgaría el collar con la piedra mágica que le había regalado su tía Astraea, se puso de pie abrochándose el cinturón donde dejaría guardada su daga de acero oscuro con aquel mango granate precioso que a la luz brillaba un montón. Se sentaría en el borde de la cama teniendo ya todo listo para marcharse. Pensaba en sus padres, no podía ocultar que los extrañaba pero que esta experiencia lo estaba haciendo crecer como persona, su madurez era evidente, entendía claramente las intenciones de las personas y cuales podían ayudar como cuales solo querían hacerle daño solo por defender un ideal erróneo de un asesino como Damian. Esa tarde cenaría por última vez con Julius, el cual le preparó un pie de manzana el cual era el favorito de Atlas. Platicaron durante un largo rato hasta que cayó la noche, algo ebrio Julius entró a su habitación a dormir, Atlas subió a la suya para recoger sus cosas y dejar la habitación intacta, con nostalgia bajó las escaleras cerrando la puerta antes. Se dirigió a la habitación de Julius el cual estaba profundamente dormido. Allí le dejaría un collar que este portaba desde pequeño en forma de agradecimiento. Salió lentamente de la panadería mirando a ambos lados para cerciorarse de que nadie venía, se subió la capucha y cerró la puerta. Caminó hasta la parte trasera hasta entrar al establo donde desataría un nudo a la cuerda que mantenía amarrado su caballo pero justo antes de montarse sintió el frío de una hoja de acero posársele en el cuello. -       Si te mueves juro por los Dioses que te cortaré la garganta Lentamente este sujeto llevó a Atlas a una zona más oscura alejada del establo estrellándolo contra la pared, recibiendo un golpe seco en el cuerpo y parte del rostro. Rápidamente lo volteó mirándole la cara. -       Sabia que eras tú, el extranjero misterioso — dijo Kreuz mirándolo a la cara -       ¿Qué es lo que quieres de mí? — preguntó Atlas algo forzado por la amenaza de Kreuz -       Saber si es cierto lo que se rumora de ti — respondió pasándole la afilada hoja del cuchillo por el pómulo Un corte limpió se le marcó en el pómulo a Atlas derramando una pequeña gota de sangre oscura confirmando las sospechas de Kreuz que luego se sorprendió al ver como la herida se cerraba mientras salía un poco de humo de esta, como si se quemase. Recordó que en sus años pasados vio a la reina Myla curarse frente a todos luego de que fuese herida de la misma forma. -       Entonces mis sospechas son más que ciertas, eres el hijo de Myla Atlas se mantenía inmóvil, trataba de no realizar ningún movimiento que comprometiera su vida. -       ¿Cómo te llamas chico?, habla antes de que te atraviese una daga de diamante en el corazón como a tus colegas celestiales -       Atlas, mi nombre es Atlas -       Atlas eh — dijo sonriendo — Vete de acá Atlas hijo de Myla — le pidió alejándose dejándolo libre -       ¡¿Qué?! — exclamó Atlas confundido -       Habrá un grupo de soldados esperando en la salida de la ciudad, espero puedas deshacerte de ellos -       ¿Por qué me dejas escapar? -       Fui fiel sirviente de Myla, entrenado por ella y cuidado bajo su mandato — confesó dándole un empujón que le haría perder el equilibrio a Atlas — Vete de aquí, diré que te escapaste Atlas correría hasta el establo donde se montaría en su caballo, y le pegaría unas pequeñas patadas haciéndolo galopar a gran velocidad alejándose de la escena. Acababa de darse cuenta que no estaba solo en esta batalla, aunque no confiaba plenamente en Kreuz creía que podría encontrar en él un camino para tomar el trono de Inférnum.
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