Bosque Encantado

2323 Words
Iniciaba un nuevo día para Haru en Caelus, esta bajó las escaleras de su habitación hasta el gran salón donde estaba su tía Alyssa sentada en la punta de la mesa junto con un par de personas más desayunando. -       Buenos días Haru, toma asiento — dijo Alyssa saludando a su sobrina — Les presento a mi sobrina Haru, hija de Nero y Myla — la presentó frente a los presentes que allí degustaban de la comida. La chica agachó la cabeza en forma de saludo y tomó asiento con delicadeza buscando en la mesa que comer. Una vez encontró el pan lo tomó y se lo llevó a la boca dándole un pequeño mordisco. Haru tenía un apetito insaciable en las mañanas, aprovechándose de eso usaba cualquier comida como combustible para el resto del día ya que dedicaba su tiempo a entrenar pero a partir de hoy su entrenamiento dejaría de ser solitario y estaría acompañada y guiada por Vulcano, que aún no se hacía presente en la sala. Al culminar todos de desayunar, se fueron levantando uno a uno despidiéndose de Alyssa con una reverencia y acomodando las sillas nuevamente en el lugar. Esta le hizo una seña a Haru para que se acercara y comiera más cerca de ella. -       Eres increíble todo lo que puedes llegar a comer sin llenarte tan rápido — dijo Alyssa observando a su sobrina y riéndose un poco -       Creo que es un talento heredado de mi padre — contestó dandole un mordisco al pedazo de pan restante -       ¡Y que lo digas! Nero es muy comelón, no sé cómo nunca llegó a engordar -       Dichosos aquellos que comen lo que sea y no engordan — Haru dijo guiñándole el ojo a su tía -       Salud por nosotros… digo, por ellos — levantó su pequeña taza llena de te Haru sonrió y continuó comiendo hasta que sintió que no podía más. Su estómago estaba lleno y ya se sentía algo más despierta, con energías de continuar el día como usualmente lo hacía. En un momento las puertas del gran salón se abrieron de par en par, interrumpiendo aquella plática que estaban teniendo Alyssa y Haru. La reina se levantó de su silla y observó quien era capaz de tal atrevimiento, algo enojada cuando estuvo a punto de hablar se dio cuenta que se trataba de Hrym, su discípulo que regresaba de un viaje al cual había sido enviado para recolectar información. -       ¡Hrym! — exclamó Alyssa haciéndose a un lado y caminando hasta el chico — ¡Cuánto tiempo! — dijo abrazándolo tan fuerte como pudo -       Su alteza, es un placer volver a verla — contestó abrazándola también con mucho furor -       ¡Oh, nada de formalidades! -       Lo siento, no puedo evitar mantenerlas luego de viajar por tantos reinos y conocer tantos gobernantes, se torna exhaustivo — explicó el chico que lentamente se separaba de Alyssa -       Lo imagino, ¡Ven, siéntate! Debes estar hambriento — invitó Alyssa al chico a sentarse en la mesa -       Un poco… — dijo en voz baja al percatarse de la presencia de Haru en la mesa — Buenos días y buen provecho — saludó cordialmente a la chica que allí se encontraba sentada aun -       Buenos días… Hrym, ¿no? — saludó Haru con algo de pena -       Así es, mucho gusto -       Mucho gusto, mi nombre es Haru -       Es mi sobrina Hrym, arribó a Caelus hace un par de días -       ¡Oh, qué bien! ¿Te quedarás un tiempo? -       Si por un tiempo entiendes toda la vida, entonces sí -       Haru fue enviada por mi hermano Nero para en un futuro gobernar Caelus, así que estoy entrenándola en lo que pueda y formando a la nueva reina por así decirlo -       Entiendo, entonces un placer su alteza — manifestó acercándose hasta Haru y tomándole su mano dándole un pequeño beso delicado en ella Haru sonrió y aceptó el gesto con amabilidad. Su cuerpo se estremeció y sintió como un golpazo de electricidad le recorrió la espalda en ese instante. Este chico le había despertado una curiosidad e interés que jamás había experimentado. Unos segundos después las puertas se volvieron a abrir y esta vez más fuerte que la anterior. Alyssa levantó su cabeza y esta vez dirigió una mirada de enojo en esa dirección, a punto de desatar su furia se percató que en esta ocasión era Vulcano, el cual venía a por Haru para llevársela a entrenar como lo había acordado días atrás. -       ¡Pero por todos los Dioses! ¿Aún no estás lista Haru? -       ¡Hey espera, apenas terminé de comer! -       Te pareces a tu tía, siempre comiendo y llegando tarde a sus reuniones -       Vulcano, más respeto Vulcano soltó una carcajada que retumbó en todo el salón -       ¡Oh, mira a quien tenemos acá! El mejor discípulo de la reina Alyssa — dijo al percatarse de la presencia de Hrym en la mesa -       Vulcano del viento, te ves más viejo -       Calla ya mocoso, ven acá — manifestó dándole un abrazo a Hrym y un par de palmadas en la espalda — Has crecido eh, el viaje te ha hecho un hombre -       Por así decirlo, sí -       Ya tendremos tiempo para que me cuentes tus historias, por ahora… — realizó una pausa y se dirigió hasta donde Haru desordenándole el cabello — … tengo asuntos pendientes con esta pequeña -       ¡Vulcano, basta! — exclamó pegándole pequeñas palmadas en las manos a Vulcano y riéndose mientras lo hacia Haru se levantó de la mesa y despidiéndose de Alyssa y mirando atentamente a Hrym antes de despedirse de él también, se dirigió hasta la salida del salón junto a Vulcano con el cual iba bromeando hasta desaparecerse tras la puerta. Hrym comenzó a comer y Alyssa simplemente observaba con atención la actitud de este. -       Te gustó Haru, ¿no? -       ¿De qué hablas Alyssa? Apenas la conozco — continuó comiendo intentando ignorar a Alyssa -       Puedes engañar a los demás, menos a mí Hrym -       Vale… Sí me llama la atención, nada más -       Espero seas respetuoso con ella, es mi sobrina y no quiero ningún tipo de drama -       ¿Qué te hace pensar que intentaré algo? -       Porque me di cuenta cómo se miraron, hubo chispas por todo el salón querido Hrym El chico siguió comiendo pero con una sonrisa dibujada en su cara. -       Cuando termines visítame en la sala del consejo, necesito que me cuentes toda la información que traes de tu viaje -       Entendido, su alteza — respondió agachando su cabeza en modo de reverencia Alyssa se levantó de la mesa y le dedicó una mirada intensa a su discípulo antes de marcharse. Este continuó comiendo sin más dilación, aunque en su mente si rondaba aquel hermoso rostro de Haru. En las afueras del templo esperaba Vulcano algo ansioso, caminaba de lado a lado como si en algun momento pudiese empezar a hundir el suelo gracias a sus repetidos pasos sobre el adoquín. Minutos después Haru apareció tras la sombra del arco del edificio, portando toda su indumentaria de entrenamiento. -       Ya estoy lista Vulcano, ¿a dónde iremos? — consultó parándose enfrente del hombre que allí esperaba -       Iremos al bosque encantado de Caelus -       Nunca escuché hablar de él, ¿está cerca? -       No, así que espero te pongas a correr de una vez — le dijo Vulcano en voz alta dándole un empujón — ¡A correr! Haru soltó una carcajada y comenzó a correr en dirección oeste, dirigiéndose a la salida que los llevaba hasta los campos de pasto donde normalmente la chica entrenaba en solitario y Alyssa realizaba sus meditaciones. Vulcano la seguía de cerca corriendo junto a ella, presionándola a que acelerara el paso. Luego de un largo rato, la chica ya cansaba y a punto de detenerse ya que solo veía un largo campo de pasto que pareciera que no tuviese fin, comenzó a quejarse con Vulcano respecto a la ruta que habían tomado, ya que no llegaban a ningún sitio. El hombre la miró y con sus ojos pudo hacerle notar que no debía hablar, que siguiera corriendo. Para Vulcano el entrenar era una actividad de seriedad, a pesar de tener un sentido del humor bastante pesado, cuando se trataba de blandir una espada o entrenar a aquellos que tomaba como discípulos la cosa cambiaba, tomando una actitud seria y respetable. Al devolver la mirada al campo, Haru pudo divisar finalmente la entrada al bosque del que Vulcano le habló, sonrió al darse cuenta de que no había sido engañada y aumento su paso hasta acercarse lo suficiente posándose en su entrada. -       ¿Este es el bosque que dices, Vulcano? — preguntó con voz jadeante — Se ve como un bosque común -       Niña, las cosas no siempre son como parecen — respondió Vulcano mientras se arrodillaba frente a la enorme entrada adornada de arboles El hombre cerró sus ojos y comenzó a respirar hondo, concentrándose y manejando su respiración de una manera lenta apaciguando todos sus pensamientos, acto seguido puso sus manos en el suelo para después decir un par de palabras en un idioma que era desconocido para Haru, pero que debido a su fluidez supuso que era su lengua materna. Pasados unos segundos este bosque comenzó a iluminarse por completo, del suelo brotaban hongos de colores, azul, rosa, amarillo, creando un camino completamente lleno de plantas que brillaban. Haru se sintió por un momento como en casa, recordó aquellos paseos nocturnos en el fondo del océano donde gracias a sus habilidades podía hacer que todas las algas activasen la bioluminiscencia haciendo brillar a su paso el agua. Vulcano abrió sus ojos, poniéndose de pie lentamente haciéndole una señal con su cabeza a la chica para que lo siguiera, esta rápidamente accedió y comenzó a caminar al lado del hombre. -       Espero no olvides que no siempre las cosas son como parecen, siempre hay algo que va más allá — le recordó Vulcano mientras seguía caminando -       ¿Cómo hiciste esto? — preguntó algo curiosa -       Cuando me volví un exiliado pasé por muchas aldeas en búsqueda de algo que me llenase como persona sin embargo en cada sitio que pisaba no me sentía bien, caminé por muchos lugares asombrosos pero nuevamente, algo faltaba. Hasta que por coincidencia me topé con este lugar y recordé que habían leyendas acerca de él — Vulcano contaba su experiencia con seriedad mientras se habría camino entre las ramas y las piedras — Me adentré en el bosque desde otro lugar, donde conocí a un viejo sabio que aquí habitaba, el cual me enseñó a mejorar mi respiración, calmar mi mente. -       ¿Acaso eras muy inquieto? -       A raíz de la guerra sí, sentía ese miedo de que se volviese a desatar alguna masacre. Duraba días sin poder dormir y cuando lo lograba, soñaba con la muerte de mis compañeros -       Es horrible todo lo que tenga que ver con guerras y combates -       Sí, y nunca estaremos exentos de eso. Aún viven muchos saqueadores, asesinos e inclusos grupos rebeldes que quieren tomar los pueblos pequeños Haru agachó la cabeza y la meneó, su disgusto era visible. Esperaba que nunca tuviese que blandir su espada contra alguien y mucho menos asesinarlo, pero en vista de la situación sabía que tarde o temprano llegaría ese momento. -       ¿Qué sucedió con el anciano? — Haru indagó -       Mi maestro murió, pero murió satisfecho con lo que pudo lograr en este mundo. Estoy orgulloso de haber sido su último alumno. -       Lo tienes en un alta estima — le hizo una observación a Vulcano ya que percibió el cariño en sus palabras -       Sí, de no ser por el posiblemente estaría muerto ahora mismo -       Entonces, ¿él te enseñó a hacer todo esto? -       Sí, el me enseñó la técnica para encender el bosque encantado, aunque para esto tuve que entrenar demasiado ya que el bosque sólo acepta el llamado de alguien digno y con calma en su corazón. Haru escuchaba atentamente a Vulcano, le seguía los pasos en una dirección desconocida para ella. -       ¿Seré tu aprendiz? — preguntó en voz baja -       Por órdenes de Alyssa, sí -       ¿Y por ti? -       Aun no lo sé, debes demostrarme que quieres serlo -       ¡Si quiero serlo! — exclamó la chica mientras levantaba su cabeza para ver a Vulcano -       Perfecto, tienes la voluntad pero ahora necesito acciones — continuó hablando mientras seguía subiendo por un camino de piedras -       ¡Agh! ¿A dónde vamos? -       A la antigua casa de mi maestro, allí pasaremos la noche La chica ya estaba cansada, sus piernas ardían de tanto caminar y ejercer presión al subir por aquellas piedras que poco a poco comenzaban a maltratarle la planta de los pies. Después de un largo camino, sedienta y con mucha hambre, al terminar de subir aquella cumbre pudo una casa de madera rodeaba con muchas flores, la iluminación que las plantas le daban la hacían lucir espectacular, ahora se entendía por qué se llamaba bosque encantado. -       Hemos llegado, descarga tus cosas en aquellas piedras y descansa. Te lo mereces — dijo Vulcano dejando caer su mochila y abriendo la puerta de la cabaña. Haru soltó sus pertenencias y se quitó sus botas de entrenamiento, relajando sus pies. Para su sorpresa, al mirarse la planta de ellos se percató que estaban comenzando a sangrar y el dolor empezaba a hacerse presente, pero no quería que Vulcano se diese cuenta de esto, su meta era llegar a ser su aprendiz y para ello quería demostrarle que nada podía detenerla. Así que se puso de pie, caminó un poco sobre el pasto frío relajándose aún más, aunque no podía ocultar aquel leve dolor que le infligía el caminar. 
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