Al terminar de desayunar y de arreglarme, tomé el camino contrario al que suelo ir cada mañana, no podía evitar mirar de vez en cuando a mi alrededor pensando que me estaban vigilando, me invadió un poco el miedo así que me detuve, intenté tomar aire mirando cualquier persona sospechosa, decidí terminar. Busqué un taxi y me fui a mi departamento. Me di un baño y luego me puse la pijama para meterme a la cama, había cerrado las cortinas para estar solamente a oscuras, finalmente me dormí.
Unos golpes a lo lejos me hizo exaltarme sobre mi cama, torpemente encendí la luz de la mesa de noche, no pude mirar bien la hora ya que el toque contra mi puerta estaba aumentando su fuerza, luego escuché mi nombre a lo lejos y más aporreo contra la puerta, la abrí de mala gana y mis ojos se abrieron de par en par con mucha sorpresa al ver a William frente a mí.
— ¿Qué es lo que haces en mi departamento?—yo en pijama, con un moño desbaratado sobre mi cabeza y sin maquillaje, a todo lo contrario a como todos estos años me ha visto, por primera vez se ha topado a mi yo “no arreglada”. Y parece divertirse.
— ¿No me invitas a pasar? —preguntó ocultando su sonrisa.
—Oh, lo siento, voy despertando y no es una buena hora...—confesé ocultando mi cuerpo detrás de la puerta.
—Es la una de la tarde...—murmuró pero escuché perfectamente.
—Son mis vacaciones, Wallace.
—Claro, claro, que inoportuno de mi parte, pillarte en tu pijama de margaritas, —se aclaró la garganta—Pero he venido por un tema relacionado con mi padre y te interesará.
—En primera, amo las margaritas, y segunda, —me pasé una mano rápida por mi rostro y luego mirarlo. — ¿Tu padre qué? —seguía algo dormida. — ¿Qué me interesará?
— ¿Puedo pasar? —insistió, dudé un momento pero sería grosero de mi parte dejarlo afuera, le hice un gesto con la mano de que podría pasar, él sonrió triunfante. —Vaya, que bonito departamento, con que la señorita Taylor es ordenada. —cerré la puerta, puse mis ojos en blanco sin que él me viera y luego me volví a él y le puse una media sonrisa.
—Lo soy. —le ofrecí uno de los sillones y se sentó. — ¿Algo de beber? Tengo agua embotellada, refresco, jugo…
— ¿Cerveza? —negué.
—Dijera vino pero creo que no queda nada de ese costoso vino que me has regalado. —me senté del otro lado en uno de las tres piezas de la sala, quedé frente a él y lo único que estaba separándonos era la mesa de madera rustica. Sí alguien me hubiera dicho que William Wallace estaría sentado en mi sala, hubiera dicho “Imposible”, pero aquí estaba.
—Estoy bien, entonces. —Se desabrochó un botón de su abrigo y siguió mirando alrededor hasta que vio la caja que me había llegado ayer, —A mi padre le encantó la cena, el nuevo salmón y está dispuesto a cambiar de proveedor, le he informado que fue tu movimiento de última hora.
—Que bien, —me emocionó saber que a mi jefe le había gustado. — ¿Y qué es lo que dices que me interesará?
—Oh, eso. —se aclaró la garganta y sonrió. —Quiere que manejes un nuevo restaurante. —mis ojos se abrieron de nuevo con mucha sorpresa. —Y te quiere poner al frente, eso quiere decir que ganarás tres veces más de lo que ganas actualmente y tendrás más beneficios, él me ha pedido que te lo comente y si estás interesada, regresando de tus vacaciones solo dale la respuesta a mi padre. ¿Qué opinas?
— ¿Qué opino? Es un proyecto grande y… ¡Es emocionante! —él sonrió al ver mi entusiasmo. — ¿Y dónde será el nuevo restaurante? —pregunté rápidamente para saber más detalles.
—Al otro lado del país, en Seattle. —alcé mis cejas.
—Dicen que es muy lluvioso el clima.
—Lo es, apenas es que iré a ver el lugar que van a reconstruir para poner el restaurante ahí, —se aclaró la garganta, — ¿Quieres acompañarme a verlo? El viernes vuelo y regreso el domingo en la noche.
— ¿En serio me estás invitando? —pregunté sorprendida.
—Sí, eres parte de ello, ¿Por qué no te invitaría? —sonrió incrédulo, luego miró la caja, iba a detenerlo pero no me moví, leyó la nota “R” luego la dejó a un lado. — ¿Fue tu cumpleaños o algo así? —preguntó curioso, cuando me miró para buscar una respuesta, estaba tensa. — ¿Qué?
—Fue un paquete que llegó y me puso incomoda. Solo firmaron con una “R”, sospecho que alguien le gusta hacer bromas. —él arrugó su ceño.
— ¿Por qué? —preguntó. — ¿Qué es lo que te enviaron? —miró la caja y luego hacia a mí en busca de un permiso para revisarlo, con un movimiento de barbilla asentí lentamente, sus dedos buscaron en el interior y sacó el conjunto provocativo, noté su reacción de desagrado. — ¿Quién lo envió? ¿Una amiga? —miró en mi dirección mientras lo guardó. —Eso es bastante....bueno, no soy experto pero ver a una mujer con eso haciendo ejercicio sería algo…
— ¿s****l? —William hizo un movimiento de hombros en señal de que había encontrado esa palabra que no llegó a él.
— ¿Te ha estado molestando alguien? —preguntó, noté en su voz un tono de preocupación.
—Bueno, —dudé en contarle—todas las mañanas suelo ir a trotar, llego a una zona donde me detengo para descansar un par de minutos, voy por mi café y me regreso al departamento, ya son dos ocasiones que me he encontrado con un tipo que dice llamarse “Rick” —él alzó una ceja, tomó la nota y la alzó en el aire señalando la letra “R”.
— ¿Crees que podría haberte seguido?
—Pienso que sí, sin querer la última vez que hablamos me pidió mi número y…—William se levantó de un movimiento.
—Dime que no se lo has dado. —ahora lució molesto.
—No pude evitarlo, quería inventar un número pero en ese momento no entiendo que me paso…solo se lo di. —él se pasó una mano por su cabello moviéndolo de su lugar, ahora parecía que se acababa de levantar.
—Tienes que tener cuidado, ¿Tienes algún tipo de alarma en este departamento? ¿Cámaras? ¿Algún hombre de seguridad en la entrada que no sea un señor de sesenta años que apenas se puede mover?
—William, tranquilo, el lugar es seguro—bueno realmente nunca había pasado algo así que asumí que lo era.
— ¿Seguro? —soltó un chasquido con su lengua—Ahora que vas a ganar el triple, deberías de buscar otro lugar en otra zona y si tiene un gimnasio integrado en el mismo edificio, sería más seguro.