------- El sonido de risas provenientes del piso de abajo me despierta. Por un momento, me quedo inmóvil, disfrutando del eco de las voces masculinas que se entremezclan con el aroma a café y pan tostado. Me sorprende lo rápido que se han adaptado a esta extraña convivencia. Me levanto y me aseo antes de cambiarme de ropa. Al bajar a la cocina, los encuentro a los tres reunidos alrededor de la barra, compartiendo un desayuno despreocupado. —Bendición, mami. ¿Cómo amaneció? —Ángel me saluda con la misma ternura de siempre. —Dios te bendiga, papito. Muy bien, gracias —respondo, inclinándome para besar su frente. Sé que, aunque crié a mi hijo fuera de Venezuela, hay costumbres que quiero que conserve. Pedir la bendición a los padres y mayores es una de ellas. Es un gesto de respeto, de a

