( La sucursal del Pecado )

1371 Words
----- Me senté en el comedor, terminando mi cena adelantada. Mi hermano aún no llegaba, y Ángel jugaba en su habitación. Sabía que no tardaría en salir, así que debía actuar rápido. Respiré hondo antes de marcar el número de Ken. —Ken, tengo que trabajar esta noche. Me contrataron en una discoteca. Alguien está enfermo y ocuparé su lugar. ¿Te quedas con Ángel? Del otro lado de la línea, hubo un breve silencio. —Claro… ¿Dónde es? —No recuerdo el nombre del lugar. Me llevarán, pero te avisaré cuando llegue. —Bueno… solo mantente alejada de los borrachos —dijo, aunque su tono denotaba desconfianza. —Tranquilo, estaré bien. —No apagues el teléfono. —No lo haré, aunque dudo que pueda usarlo. Solté al instante temerosa el me llamará en un mail momento. —No importa, solo teclea al llegar y al salir. respondió con calma. —Ok, capitán. Corté la llamada con una sonrisa fingida y suspiré. Acababa de mentirle a mi hermano por primera vez. Me vestí con unos jeans ajustados y un suéter de lana celeste de cuello alto. Me recogí el cabello en una cola de caballo y me puse una chaqueta encima. No quería llamar la atención… al menos no antes de llegar. En casa de las chicas, Bárbara me recibió con un beso en la mejilla. —Hola, bombón. —Hola, ¿qué tal están? dije aún nerviosa —Bien. Ven, Nata te buscó algo de ropa para trabajar hoy. Si empiezas, luego compras a tu gusto. Me guió hasta una habitación donde Natacha doblaba ropa dentro de un bolso. —Hola, Cenicienta. Esto es para ti. Hace mucho que no los uso, nadie notará que fueron míos. —Gracias… —Mordí mi labio inferior, sintiendo una punzada de nervios—. La verdad es que estoy llena de dudas. Nunca he hecho esto y… tuve que mentir en casa. Natacha dejó de doblar la ropa y me miró fijamente. —No te aflijas, Cenicienta. Todas hemos tenido que pasar por algo malo y oscuro para llegar aquí. Solo te diré algo: es mejor vivir de la debilidad del hombre que ser tú la débil. Sus palabras fueron un golpe de realidad. No estaban ahí por gusto, sino porque la vida las había empujado. —Solo les pido que me ayuden… No tengo a nadie más que a mi hermano y mi hijo. Nuestra situación es difícil, ¿me entienden? quise explicar pero no sabía cómo. —Por supuesto que entendemos. Somos migrantes, igual que tú, mi pequeño bombón —recalcó Bárbara con dulzura. Natacha sacó un par de zapatos y me miró de arriba abajo. —¿Qué calzas? —Siete. Dije al comprender la pregunta —Perfecto, mi talla. Escoge los que te gusten para estos vestidos. Sobre la cama, había una gama de colores: blanco, verde, rojo, n***o, dorado. Vestidos ajustados, con escotes atrevidos y detalles que resaltaban las curvas. Me probé algunos, sintiéndome extraña, pero también poderosa. Finalmente, escogí tres pares de zapatos básicos: n***o, plata y dorado. Tomamos un taxi y, después de un largo trayecto, llegamos al lugar. Alcé la vista y leí el letrero luminoso: "LA CASA DEL PECADO" Una imagen de una mujer mordiendo una manzana adornaba la entrada. —Estoy en la sucursal del infierno… —murmuré para mí misma. —No te asustes, no te mataremos aquí dentro —bromeó Bárbara con una sonrisa—. Somos tus amigas. Sonreí con nerviosismo como creerles si ya había pasado por la peor traición de supuestos amigos pero no me reuse las seguí y observé el interior. El salón estaba decorado con butacas rojas y mesas de cristal grueso. Tubos y jaulas destacaban en la pista central, y la barra exhibía una colección de licores que relucían bajo las luces. Los meseros terminaban de limpiar mientras el DJ ajustaba el sonido. Todo desprendía un aura de perdición… y dinero. Nos dirigimos a una oficina, donde un hombre de mediana edad, con una sonrisa amable, nos esperaba tras el escritorio. —Rube, aquí está la niña —anunció Natacha. El hombre me observó con interés. —Ya veo… Qué niña. —Entrecruzó los dedos y me hizo un gesto—. Suéltate el cabello, por favor. ¿Cuál es tu nombre? —Kenyerlin, señor. Solté la liga de mi cabello y sentí cómo caía en ondas sobre mis hombros. —Soy Ruberney, pero las niñas me dicen Rube. Escuché que no quieres clientes directos, solo bailar. —Sí, señor. Soy buena bailando, puedo hacer shows eróticos o coreografías. Estudié música y practico baile. contesté con seguridad pues era buena para el baile. —Tranquila, hermosa. Aquí no necesitas currículum. —Sonrió con malicia—. Yo pagaría por verte, así que estoy seguro de que muchos lo harán. Su mirada me incomodó, pero me mantuve firme. —Te llamarás Rubí. Te pagaré cuarenta dólares por show, tres por noche. Los privados los negocias tú, pero me das el cinco por ciento. Entras a las siete y sales al amanecer. Las propinas son tuyas. Lo tomas o lo dejas. —Lo tomo. ¿Cuándo empiezo? respondí enseguida ése dinero no lo ganaba lavando y limpiando en treinta días. —Ahora mismo. Ve al camerino con las chicas. Asentí y salí con Bárbara. Antes de guardar el teléfono, envié un mensaje a mi hermano: --------------- "Hermano, tuve suerte. Estoy contratada. Es un poco lejos, pero ganaré bien. Cuida de mi Ángel. Nos vemos en la mañana." La respuesta no tardó en llegar: "Ok, mi ratón. Cuídate. Te amamos." "Yo muchísimo más." ------------- Suspiré. No había vuelta atrás. ____ Y así empezó todo. En la Casa del Pecado. Aquella noche hora, con casi treinta años, soy una de las mujeres más deseadas de la Casa del Pecado. El tiempo pasó. Mi hermano no tardó en notar mis llegadas con olor a alcohol, el cambio en mi ropa y el dinero abundante. No aceptó la verdad cuando se la dije, pero con el tiempo dejó de cuestionar. Ahora, mi hijo está a punto de cumplir doce años. Nunca ha necesitado un padre. Mi hermano ha ocupado ese lugar con sabiduría, dándole amor y seguridad. —Mami, ¿puedo ir a una excursión con la escuela? Quiero ir solo con mis compañeros. Su petición me tomó por sorpresa. Siempre lo había acompañado a cada salida. —¿Solo? pregunté no muy convencida. —Mami, ya estoy grande. Quiero conocer chicas. Su comentario me hizo tensar. Mi pasado me perseguía, y mi niña rota quiso entenderlo de la peor manera. —Espero que tú y tus amigos no hagan estupideces con alguna niña… Solté recriminando pensando lo peor. La expresión de Ken se endureció. —No digas estupideces, discúlpate. Mi hijo me miró con frialdad. _ No tengo que disculparme. Iré contigo. respondió mi ego _ No quiero pasar vergüenza entonces no iré respondió mi pequeño con mirada fría _ De que estás hablando. Yo te doy vergüenza. exclamé arrugando el entrecejo — Si Mami, un compañero me dijo que su tío te vio bailando en un club… que eres una diosa sin ropa. Porque bailaste para su tío sin ropa es vergonzoso. Dijo en reproche y. El aire abandonó mis pulmones. _ El tío de tu compañero es feo y por eso va a ver bailar chicas lindas. Ken respondió y con eso reaccionó rápido, buscó un video en su teléfono y se lo mostró. —Mira, esto es lo que hace tu madre. Baila, los hombres le dan propina, pero nadie puede tocarla. Ángel lo miró en silencio y luego sonrió. —¿Hay muchas que hacen lo mismo? soltó curioso el vídeo mostrando un poco de lo que yo casi a diario hacia, mi corazón dolía pero no sabía que responder frente a mi hijo. —Muchas. respondió Kenerid —Increíble. ¡Tío, llévame! soltó ángel dando saltos en la cocina y me sonrojé involuntariamente. —¡Qué asco! —exclamó Ken con dramatismo—. No quiero ver el culo de tu madre meneándose. Mejor me veo el mío. Soltamos una carcajada. La tensión se desvaneció un poco. Por ahora, la mentira seguía en pie.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD