____ El sonido estridente del despertador me sobresalta. Intento incorporarme, pero unos brazos firmes y cálidos me rodean la cintura, reteniéndome en la cama. —¿A dónde vas? —su voz ronca y somnolienta acaricia mi oído—. No tienes que huir, estamos en tu casa. Siento sus dedos recorrer mi piel, aún fríos bajo las sábanas. Un escalofrío me recorre. Su boca se posa en mi hombro, depositando un beso suave. —No estoy huyendo —respondo en un murmullo, aunque la verdad es que sí lo estoy haciendo. Me gusta estar con él. Es diferente a los demás. Pero no sé cómo manejarlo, no sé cómo lidiar con lo que me hace sentir. Y él, como si leyera mi mente, responde con rapidez: —Lo digo porque cada vez que amanece, te vas. Por eso decidí dormir aquí, en tu espacio, para que esta vez no tuvieras que

