No pareció que esperara una respuesta, lo cual fue una suerte, porque Shannon apenas habría podido explicarle de qué tenía miedo; de tomarles cariño, demasiado cariño quizá. Lo siguió al pasillo y oyó las voces de Reece y Tessa. Cuando entró en el salón, se encontró al primero de pie junto a la chimenea con el bebé en brazos. Tessa los observaba sonriente sentada en el sofá. La sonrisa se desvaneció de su rostro cuando miró a su marido con inquietud. Fuera lo que fuera lo que leyó en el rostro de Keefe, debió de satisfacerla, porque volvió a sonreír y el rostro se le iluminó de tal forma que Shannon tuvo que desviar la mirada.
Claro que fijarse en Reece tampoco era mucho mejor. Sujetaba a David con gran naturalidad, propia de una persona que tenía experiencia con bebés. Una faceta insospechada de su alto y moreno vecino que la hizo reparar en lo poco que en realidad lo conocía. Su cuerpo seguía ávido de las caricias de Reece,pero ignoraba si tenía hijos. Si estaba casado.
David chupeteó los dedos de Reece y luego se quedo mirándole la palma de la mano con enorme concentración.
-¿Me vas a leer el futuro?- preguntó sonriente.
-Lo más probable es que esté decidiendo qué chupar a continuación - comentó Keefe -. Es peor que tener un cachorro en casa.
David giró la cabeza al oír la voz de su padre. Sonrió, emitió un ruidito de entusiasmo y se lanzó hacia Keefe sin tener en consideración el metro y medio de distancia que los separaba. Reece se lo acercó sonriente a Keefe.
-Parece que va a ser acróbata de mayor.
-Yo creo que su principal objetivo es tener todo el pelo entero gris antes de aprender a nadar-contestó Keefe. Luego se giró hacia su esposa-. Estaba pensando que deberíamos saltarnos el café y marcharnos ya si te parece. - Sí, se está haciendo tarde- Tessa se levantó y pidió disculpas a Shannon con la mirada-. Espero que no te importe.
¿Importarle?,¿cuando la alternativa era quedarse los cuatro sentados intentando improvisar alguna conversación? Shannon deseó que no se notase lo aliviada que se sentía, porque Tessa le caía realmente bien.
La despedida fue breve,por suerte, y no le costó fingir que no había captado la mirada que cruzaron Keefe y Reece, uno de esos intercambios irritantes entre machitos para marcar el territorio.
Cerró la puerta y, por segunda vez en menos de una hora, suspiró aliviada. Sin duda alguna, aquel estaba siendo el Día de Acción de Gracias más raro de toda su vida. Primero había tenido que impedir que Mavis se pegará con todo aquel que tuviera un trozo de pavo no en el plato,luego había besado a Reece y después la visita de Keefe, que le hecho ver algunas cosas de sí misma que no le gustaban demasiado.
-¿Puedes con toda la cafetera o te ayudo con una taza?- preguntó Reece, de pie contra el arco que daba al salón.
-Si me ayudas, te lo agradezco- contestó Shannon. Por lo general no necesitaba compañía para sentirse a gusto,pero esa noche no estaba impaciente por quedarse sola. Entró en la cocina, consciente de que Reece la seguía, y agradeció no tener que enfrentarse a sus pensamientos en ese momento.
La bandeja con el café seguía en la encimera,con sus cuatro tazas y una azucarero azul que no combinaba con los platitos rojos. Había comprado casi toda su vajilla en saldos y rebajas, de modo que si había dos piezas a juego era de casualidad. Mientras retiraba dos de las tazas, Reece sirvió las dos restantes.
-A ver si con el café se me pasa el sabor del pudding- comentó al tiempo que levantaba una taza blanca, decorada con un dragón rojo en un lado y un sol amarillo en el otro.
-Pobre Vangie- Shannon sonrió mientras echaba dos cucharaditas de azúcar en su taza.
-¿Pobre Vangie?-Reece enarcó una ceja-. Deberías solidarizarte con las víctimas.
Shannon río, levantó su taza y apuntó con la barbilla hacia la salida.
-Llevo de pie todo el día. Me parece que el sofá me está llamando.
Aunque no la estuviera llamando, sí que pareció darle la bienvenida. Shannon suspiró al hundirse entre los mulillos cojines. Reece se acomodó en una silla azul, con un tobillo sobre la rodilla contrataría.Parecía relajado, como en casa, a gusto a pesar del silencio. Dio un sorbo de café y rodeó la taza entera con la misma mano, lo que recordó a Shannon la soltura con que había sostenido al hijo de Keefe.
-¿Estás casado?- le preguntó.
-Lo estaba - respondió sorprendido-.¿Por?
-Creía que los solteros echaban a correr en cuanto veían un bebé cerca, pero tú parecías bastante cómodo con David.
-Tengo un hijo- explicó Reece con naturalidad-. Hace tiempo que dejó de ser un bebé, pero supongo que hay cosas que no e olvidan.
-Supongo- Shannon se preguntó cuánto tiempo llevaría divorciado -.Fue una superación de amistosa, dentro de lo amistoso que puede ser un divorcio. Caroline volvió a casarse a los dos años y ha tenido dos hijos con su segundo marido. Viven en Virginia. Su marido es abogado de un bufete de prestigio y Caroline vende antigüedades a precios desorbitados a personas con más dinero que sentido común. Charles, su marido, es un buen hombre.
-Es una suerte que hayáis conseguido mantener una relación cordial.
-Al principio nos costó un poco- Reece dio un sorbo al café-. Ninguno de los dos queríamos que Kyle sufriera más de lo imprescindible con el divorcio. Ahora tiene diecinueve años y sigue hablando de los dos, así que supongo que no lo hicimos mal del todo.
-Es una lástima que tantas parejas terminen mal cuando se separan - murmulló ella-. Sobre todo cuando hay niños por medio.
Reece asintió con la cabeza y se preguntó a qué se debería la expresión ensimismada que apreció en los ojos de Shannon. Ovillada en el sofá, con aquellas piernas seductoras ocultas bajo la falda, el pelo rozándole los hombros y esa expresión casi melancólica, parecía tan tentadora como intocable. Cuando no hacía ni una hora que la estaba abrazando. que había acariciado su pelo y había sentido el calor de esa boca contra sus propios labios.
-¿Te apetece hablar del tema? -le preguntó él.
-¿De qué tema?
Reece se planteó si seguir presionándola. Era evidente que algo la preocupaba, pero no era asunto suyo.Él solo estaba de paso, no iba a quedarse en aquella ciudad, no tenía pensado iniciar ninguna relación. Aunque ya la había empezado. Podía ser que la hubiera empezado. Podía ser que la hubiera comenzado en el mismo momento en que le había abierto la puerta a cierta pelirroja de dudosa salud mental. O quizá había sido la invitación de los gofres con gelatina de uva lo que le había llegado al alma. O tal vez aquellos ojos que parecían...tan perdidos.
-¿Quieres hablar de por qué estaba tan tenso tu hermano?- le preguntó finalmente-. No dudes en mandarme a paseo si no quieres contestar.
Shannon abrió la boca con intención de pedirle eso mismo, pero la cerró sin haber articulado palabra, asombrada al darse cuenta de que sí que le apetecía hablar.Más o menos. Habría preferido olvidarse de todo por completo, pero dado que no dominaba bien la amnesia selectiva, quizá no fuese tan mala idea charlar un poco para intentar aclararse.
-Es una historia muy larga- arrancó, quizá con la esperanza de que Reece lo tomara como una excusa para poner fin a la conversación,
Al ver que él se limitaba a enarcar una ceja. pidiéndole que continuara. Shannon suspiró con una mezcla de alivio e irritación. Luego dio un sorbo al café, puso una mueca de desagrado al notar que se había quedado frío y dejó la taza sobre la mesa. Aprovechó la pausa para ganar tiempo y organizar las ideas. Cuando volvió hablar, su voz sonó distante, como si estuviera contando la vida del protagonista de una película.
-Es como un culebrón. Mis padres se separaron cuando yo había nacido. Era el segundo matrimonio de mi madre, que ya tenía otros cuatros hijos. Su primer marido era agente de policías en los Ángeles, creo que eran felices, pero murió en un acto de servicio. tal vez no había dejado de echarlo de menos cuando se casó con mi padre. También era policía y quizá le recordaba a su primer marido...No sé, tal vez lo quería de verdad. da igual. La cosa es que no salió bien y se separaron antes de que naciese. Ella se quedó con la custodia, pero él hizo valer su derecho de visita. Supongo que las cosas funcionaron durante un tiempo, un par de años al menos. Hasta que un día fue a buscarme y... bueno, nunca me devolvió.
-Secuestro paternal-murmuró Reece.
-Así lo llaman, sí-. Shannon se alisó un pliegue de la falda. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos-. Apenas me acuerdo de nada, de cómo era mi vida antes de que me sacara de casa. No sé si porque era muy pequeña o por el trauma de la separación. El caso es que tenía algún recuerdo... de mi familia, pero todo muy vago. Crecí con la idea de que mi madre había muerto. Mi padre cambiaba de ciudad constantemente. Supongo que por miedo a que lo localizaran.
-Tenía que quererte mucho.
-Supongo- Shannon se encogió de los hombros.
Quería creer que así era, pero no podía dejar de pensar en todos los años solitarios de su infancia,en el hombre silencioso que se había ocupado de que comiera y tuviera ropa y educación, pero que se había mostrado incapaz de ofrecerle la menor muestra de afecto. Una parte de ella pensaba que le había secuestrado por despecho y que luego no había sabido qué hacer con ella ni se había atrevido a entregársela a su madre por miedo a las consecuencias.
Pero no tenía sentido ahondar en preguntas tan viejas, preguntas que nunca tendrían respuestas.
-Mi foto apareció durante años, junto a los otros niños desaparecidos, en los cartones de leche.Se rogaba a la gente que, si nos veía en alguna parte, llamara inmediatamente a la policía.
Así que ya ves, medio país desayunaba cereales mirando mi carita sonriente.
-¡Vaya! Eso explica tu obsesión por los Corn Flakes-dijo Reece, y Shannon pestañeó sorprendida y soltó una risilla. Las pocas personas a las que le había hablado de su pasado habían reaccionado con una actitud compasiva que nunca le había agradado. A nadie se le había ocurrido gastar una broma-. Nunca he conocido a ningún famoso.¿Me firmas un autógrafo?- añadió sonriente.
-Pídeselo a mi representante- contestó Shannon. Siempre le había costado mucho hablar de aquello. De todo lo que había sufrido. Por más que fuese verdad, le resultaba demasiado melodramático. Así que procuraba no pensar al respecto. Reírse, en cambio...Era estupendo poder reírse de aquellos años-. Gracias, necesitaba reírme- agregó. De pronto sintió una modorra agradabilísima. Había sido un día muy largo. Tenía la sensación de que había pasado un siglo desde que se había despertado esa mañana.
-El humor es la mejor medicina- afirmó Reece con tono burlón.
-Algo de eso he oído-dijo ella antes de que suspirar de nuevo-. En fin, sigo con el culebrón ya que he empezado. El caso es que mi padre murió cuando yo tenía dieciocho años.
No habíamos mudado tanto que solo viajábamos con lo imprescindible, pero había dejado unas cuantas cajas en un almacén en Des Moines. No me molesté en recogerlas hasta hace dos años. De pronto aparecieron unas fotos mías con unas personas que me resultaban familiares y unos papeles que dejaban claro que mi madre no había fallecido al nacer yo, tal como siempre había creído. Fue toda una conmoción.
Lo dijo con desenfado, pero no hacía falta mucha imaginación para saber lo que debía de haber sentido al descubrir que su padre le había mentido, que toda su vida se había basado en una mentira. Reece también había visto cómo toda su vida se ponía patas arriba en un abrir y cerrar de ojos. Y no era una experiencia agradable. No se le ocurría nada reconfortante que decir, de modo que permaneció callado.
-¿Te suena lo de >?- continuó Shannon al cabo de un minuto en silencio- . Yo me pasé toda la vida deseando tener una gran familia, con hermanos, hermanas,un hogar donde echar raíces...Lo típico. Y un día me encuentro con que tengo cuatro hermanos y una madre que están más que dispuestos a acogerme de nuevo.
-Pero te enteraste de que la familia tenía un negocio de trata de blancas-, bromeó Reece, y ella sonrió.
-No, la verdad es que son todos muy agradables- contestó Shannon-. Mis hermanos se han casado con mujeres muy agradables y sus niños también son agradables. Son todos tan...
-¿Agradables? - finalizó Reece, y ella soltó otra risotada.
Exacto.Son todos majísimos. No es que quisiera que fuesen desagradables, conste-.
Shannon frunció el ceño y trató de explicar algo que ni siquiera ella terminaba de comprender -. O sea, me encantó que fueran tan cordiales y simpáticos.
-Pero tiene que ser duro de todos modos. No puede ser fácil despertarse una mañana y encontrarse con una familia formada. Sobre todo cuando tú no los recuerdas pero ellos a ti sí.
-¡Exacto!-exclamó Shannon. Fue como si acabara de aflojarse un nudo en su interior-.¡Eso es!
Eso era lo que no había sido capaz de encajar en los últimos meses: los Walker le habían abierto los brazos y los corazones, pero ella no había sido capaz de hacer lo mismo, así que había empezado a sentirse culpable, confundida, perdida. Se había reencontrado con la familia cariñosa de sus fantasías infantiles, pero en realidad no los conocía. Aunque era absurdo haber esperado otra cosa, de alguna manera había tenido la esperanza de que una rara conexión mística emocional los uniera nada más verse. La llamada de la sangre o algo así, pensó con cierta tristeza por su ingenuidad.
-Las familias nunca son tan sencillas como las pintan en las telecomedias-. Reece tomó una taza de café y se levantó-. Es un caso evidente de publicidad engañosa.
-Deberían introducirlas con anuncios de advertencia - dijo Shannon mientras se ponía de pie también-. Actores profesionales haciéndose pasar por una familia:>.
Fueron a la cocina. Reece dejó la taza junto a la pila antes de girarse para mirar a Shannon. Levantó una mano y le hizo una leve caricia en el labio inferior.
-Hacía mucho que un hermano mayor no me interrumpía en medio de una sesión de besuqueo.
-¿Sesión de besuqueo?- Shannon enarcó una ceja-. ¿Eso es lo que ha sido para ti?
-Si lo preguntas, es que voy a tener que mejorar mucho mi técnica- contestó él con una sonrisa malévola.
-No creo que merezca la pena que te preocupes por eso- dijo Shannon. Estaba convencida de que si la técnica de Reece hubiese sido mejor, se habría deshecho en la misma entrada. Pero no iba a decírselo
- Me lo tomaré como un halago- Reece paseó el pulgar por su boca. Shannon tuvo la certeza de que estaba pensando en besarla de nuevo. Esperó, sin saber del todo cuál sería su reacción si acababa intentándolo. Devolverle el beso, pensó. No tenía tanto misterio. Teniendo en cuenta la anterior experiencia, no le parecía posible reaccionar a un beso de Reece de otra manera.
El dejo caer la mano. El momento de incertidumbre pasó. Shannon se dijo que se sentía aliviada. O casi.
-Ha sido un día muy largo. Será mejor que me marche para que puedas desconectar- Reece agarró la fuente en la que había llevado la ensalada de espinacas y se dirigió hacia la salida.
Shannon lo siguió, consciente de pronto de lo cansada que estaba. Sí, desde luego que había sido un día largo. Se apoyó contra el quicio de la puerta mientras Reece salía al porche. era totalmente de noche y soplaba un aire fresco y seco.
-Gracias por la cena-dijo Reece después de despedirse.
-¿Incluido el pudding?- Shannon sonrió.
-No te pases- contestó él, y ella río.
Luego lo observó alejarse calle abajo, admirando lo bien que se ajustaban los vaqueros a sus caderas. No cabía duda de que la vida era más interesante desde que Reece Morgan había llegado a Serenity Falls.