Capítulo 10

2550 Words
    Consciente del prominente bulto de los vaqueros, Reece se retiró tras el arco más cercano mientras Shannon se disponía a abrir la puerta. Una vez en el salón, dejó de vagar la mirada sobre el montón de tela que había junto a la máquina de coser, pegada a una de las ventanas.     ¿Qué había pasado? La había besado,¿no? Eso era todo. Ya había besado antes a otras mujeres.No tanto en el último año y pico, pero no por eso iba a hacerse olvidado del protocolo ante un primer beso. Dos bocas, cuatro labios, un poco de  lengua quizá, algo  de calor corporal, un par  de caricias delicadas, una especie de sondeo tácito para saber si las dos  partes querían ir más allá. Pero ese beso había roto todas las reglas.     >,había dicho Shannon. No hacía falta que lo jurara. Apenas se había hecho a la idea de la posibilidad de tener una aventura con ella y un segundo después ya la estaba acorralando contra la puerta. Demasiado deprisa y demasiado en general. una cosa era fantasear con las piernas interminables y los labios carnosos de su atractiva vecina y otra...desearla de esa forma, con esa voracidad. Si no lo hubiese detenido, habría acabado llevándosela a la cama. O, quién sabía, poseyéndola directamente contra la puerta...          Cuando sonó el timbre, Shannon dio por supuesto que se trataría de uno de los invitados, que se habría olvidado algo. Lo último que imaginaba era encontrarse con Keefe Walker, casi un total desconocido, sino su hermano. Seguía pareciéndole tan irreal como  hacía unos meses cuando, de pronto, había heredado una familia entera de cuya existencia ni siquiera había tenido noticia hasta entonces.Cuatro hermanos, una madre a la que hacía tiempo que daba por muerta y un puñado de cuñadas y diversos chicos cuyo parentesco con ella no había logrado descifrar todavía. Resultaba un poco excesivo pasar de ser huérfana a tener una familia tan numerosa.Todavía no lo había asimilado.     -Keefe-lo saludó en un tono más sorprendido que acogedor.     -Shannon- se limitó a contestar él.     -Espero que no te moleste que aparezcamos de repente- se apresuró a añadir Tessa, la esposa de Keefe, para llenar el silencio.     -En absoluto-Shannon esbozó una sonrisa cálida tras desviar la mirada de su hermano y fijarse en David, el bebé que Tessa llevaba en brazos.     Shannon se obligó a reunir las neuronas desperdigadas y retrocedió un paso para abrir la puerta y dejarlos entrar.     -Por favor, adelante. Disculpad si me notáis un poco distraída. El último de los invitados acaba de irse y estaba.El último de los invitados acaba de irse y estaba...-dejó la frase en el aire al recordar lo que había estado haciendo justo antes de que sonara el timbre. Miró hacia el salón y se preguntó si Reece seguiría allí. Era lo más probable, salvo que se hubiera escabullido por una ventana.     Cerró la puerta tras hacer pasar a la inesperada. Claro que no tenía por qué interpretarse como un indicio de que había estado..., en fin, de que hubiera estado haciendo nada en concreto antes de que llegaran. Tampoco era tan raro estar descalza en su casa, y podía estar despeinada por muchas razones. Así que ni se molestó en arreglarse el pelo. Al fin y al cabo, ¿acaso era asunto de Keefe lo que hubiese estado haciendo? Que fuese su hermano no significaba que fuese ... su hermano.     Shannon suspiró mientras trataba desenmarañar sus pensamientos. Luego los condujo hacia el salón. Ojalá Reece tuviera nervios de acero. Siempre se había considerado un hombre más paciente de lo normal. Podía decirse que no le había quedado otra opción, pues la gente nerviosa no duraba mucho tiempo en un trabajo como el suyo. Pero debía reconocer que había una lista larguísima de cosas que habría preferido hacer antes que intentar conversar con el hermano mayor de Shannon. Tuvo que contener las ganas de alisarle  a Shannon el pelo que le había estado enredando y esperó que los demás no notaran que la boca de esta se encontraba hinchada por el beso. Miró a Keefe Walker y tuvo la inquietante sensación de que aquellos ojos negros no dejaban escapar detalle.     En efecto, Keefe miró el pelo de Reece, la boca de Shannon y de nuevo posó los ojos en Reece. Este mantuvo la compostura, pero no pudo evitar que las mejillas se le encendieran.     Se estaba ruborizando como un adolescente, pensó entre enojado y divertido. Claro que la  última vez que se había visto con un hermano mayor hostil había sido a los dieciséis, cuando el hermano mayor de Lisa Anna Palmerston, que había regresado a casa inesperadamente, los había sorprendido con las manos en la masa en el asiento trasero del coche de Reece. Ritchie Palmerston lo había amenazado con perjudicarle unas cuantas partes de su anatomía. Y algo le decía que Keefe Walker no era un hombre dado a amenazas y pasaría directamente a la fase de desmembración.     -Venimos de los Olivos- estaba diciendo Tessa-. Hemos ido todos a casa de Rachel...O sea, casi todos: no estabas tú... ni Gage, que está en Sudamérica o algo así- añadió ruborizada tras mirar a Shannon.    - En África- la corrigió Keefe.     -África, Sudamérica - Tessa hizo un gesto de indiferencia. David balbuceó una risilla y dio una palmada de satisfacción. Reece sonrió al recordar a Kyle cuando tenía esa edad. ¿Cuántos años habían pasado? Tessa miró a Shannon y esbozó una tímida sonrisa-. El caso es que no ha podido venir. Pero estará en navidades. Y, bueno, estábamos volviendo a casa y se nos ha ocurrido pasarnos, aprovechando que nos pilla de camino. Más o menos.     Shannon parecía incómoda y Reece se preguntó cuánto se habrían desviado de su camino habitual para hacer aquella visita. Sin duda, resultaba curioso que Shannon hubiese preferido pasar aquel día con un grupo de cachorritos extraviados antes que con su familia. No debían de estar enfadados,pues, de lo contrario, Tessa y Keefe no se habrían presentado sin avisar. Aunque, por otra parte, la tensión en el ambiente era indicio de que existía algún tipo de problema.     -Me alegra que os hayáis acercado- dijo Shannon, y Reece se preguntó si estaría siendo sincera o nada más que diplomática.     ¿Debería rescatarla? Pero, a no ser  que prendiera fuego al sofá o fingiera un infarto, no se le ocurría cómo poner fin a la visita. Además, si sacudía en su auxilió daría la impresión de que tenían algún tipo de relación, lo cual no era cierto. Por más como para  que diez minutos antes hubiesen estado tan pegados como para que los botones de su camisa se hubieran quedado marcados en los pechos de Shannon. Claro que no era el momento idóneo para pensar en sus pechos. No cuando su hermano lo estaba mirando con esos ojos tan penetrantes.     -Creo que Shannon me ha dicho que sois vecinos-- comentó Keefe.     -Más o menos- Reece se recostó contra el sofá. Más valía que intentara parecer relajado, aunque no lo estuviera-. Mi abuelo vivía en la casa de al lado. Murió hace unos meses y yo he venido a ponerla a punto para venderla.     -Entonces no tienes pensado quedarte- preguntó Keefe con un interés que no iba más allá de la cortesía, aunque Reece intuyó cierto tono de esperanza en su voz. No pudo evitar provocarlo.     -Nunca se sabe - murmuró-. Este sitio...tiene su encanto-añadió con cara inocente.     -¿Os apetece un café?-propuso Shannon tras lanzarle a Reece una mirada enigmática.     -Buena idea-contestó Keefe-. Yo te ayudo.     Reece tuvo la sensación de que a Shannon  no le apetecía quedarse a solas con su hermano, pero, aunque estuvo a punto de ofrecerse  a acompañarlos a la cocina, resolvió que no valdría la pena. A juzgar por la expresión sino un breve aplazamiento. Fuera lo que fuera  lo que sería decirle a su hermana, acabaría diciéndoselo. Si no mientras preparaban el café, esperaría hasta encontrar otro momento. De modo que mejor  dejar que se saliera  con la suya cuanto antes o, de lo contrario, lo veía capaz  de quedarse allí el tiempo que hiciese falta.     Los miró alejarse y luego se giró hacia Tessa. El bebé dio un saltito en el regazo de su madre. Reece sonrió.         -¿Cuántos meses tiene?     Shannon sacó el molinillo y los granos de café con Keefe a su espalda. De los cuatro hermanos recién adquiridos, era el más silencioso, el menos accesible  de todos. Aunque tampoco era que supiese mucho de ninguno. Ya se había encargado ella de mantener la distancia, pensó con cierta sensación de culpabilidad.     -¿Mueles el café tú misma?- preguntó él. Era lo primero que decían desde que habían salido del salón. Aunque apenas habían pasado un par de minutos, Shannon tuvo la sensación de que la voz le salía ronca, como si hiciese semanas que no hablaba.     -Se supone que así sabe mejor- respondió encogiéndose de hombros -. Aunque yo no noto mucho la diferencia, la verdad.     El ruido del molinillo atajó cualquier posible contestación. Shannon lamentó que el proceso de moler los granos tan solo durara unos pocos segundos. Cuando terminó, el silencio le resultó atronador.¿Por qué estaba tan callado? Puso el café en el filtro y aspiró su aroma. Al fin y al cabo, no había sido ella la que se había presentado por sorpresa en su casa. Podía ser que a él no lo molestase el silencio, pero a ella la ponía muy nerviosa.     En vez de dar la luz del techo, había encendido una lamparita que había en la mesa y dos tubos fluorescentes instalados bajo los muebles de la cocina situados sobre le encimera.Por lo general, la luz indirecta la relajaba, pero esa noche iba a necesitar algo más que una iluminación acogedora para tranquilizarse.     Keefe se apoyó contra la encimera. Su lenguaje corporal expresaba serenidad, aunque sus ojos la miraban con atención. Shannon puso en una bandeja las tazas que acababa de sacar de su armario.     -Bueno,¿ qué tal has pasado el día? -preguntó ella, incapaz de prolongar el silencio un segundo más.     -Bien. Demasiada comida, demasiada gente para el espacio que había. Mucho ruido. Cuanto más crecen los niños, más follón se arma.     -Es normal- Shannon trató  de recordar cuántos sobrinos tenía ¿Tres?, ¿cuatro quizá? . Le dio un poco de vergüenza no saber eso siquiera.     -Nos habría hecho ilusión que hubieses podido venir - comentó Keefe esbozando una media sonrisa-. Hace mucho que no nos reunimos todos.     -Ya tenía otros planes- respondió Shannon a la defensiva. Le habría gustado decirlo con más aplomo, como insinuado que lo que hiciese no era asunto más que de ella, pero había sonado a excusa.¿Existiría algún componente genético por el que los hermanos mayores la hacían sentirse culpable aun cuando no había ninguna razón para ello?-. Eso que... vengo celebrándolo con los amigos desde hace un par de años...y no quería fallarles - añadió al tiempo que se decía  que no tenía por qué darle explicaciones.     -Comprendo - respondió Keefe -. A mamá le gustaría que pasaras las navidades con nosotros.     > . Shannon no se había hecho a la idea. La mujer bajita de pelo n***o y ojos marrones sería su madre, pero, por más que quería, no lograba a ver Rachel  Walker como tal. Su madre era el recuerdo desdibujado de una mujer de su infancia. Shannon había crecido repitiéndose lo distintas que habrían sido las cosas si su madre hubiese estado viva. No habría tendido que cambiar tanto de casa. Habría cuidado de ella. Le resultó irónico descubrir que no había sido la muerte de su madre lo que había determinado su vida, sino el hecho de que estuviese viva.     -No...no sé qué planes tengo para navidades- contestó por fin, incapaz de aceptar la oferta pero sin fuerzas para negarse.     Keefe la escudriñó con la mirada, de modo que Shannon se giró hacia la cafetera. Aun así, podía ver a su hermano por el rabillo del ojo. Seguía apoyado contra la encimera, cuyo borde estaba agarrando con tal fuerza que la piel de los nudillos se le había puesto blanca. Ella tragó saliva y siguió atenta a la cafetera, que goteaba con una lentitud insoportable.     -Para haber movido cielo y tierra con el propósito de encontrar a tu familia, no parece que ahora tengas mucho interés en conocernos- dijo él sin elevar la voz. No le hizo falta. Con afilar el tono de voz le bastaba.     -Claro que quiero...-Shannon se puso colorada. No, no podía esperar que Keefe creyera algo así cuando había rechazado casi todas las invitaciones familiares y ella nunca había propuesto que se reunieran. Pero ¿por qué tenía que estar justificándose? ¿Con qué derecho se presentaba en su casa para reprenderla? -. Estoy muy ocupada con la tienda de Colchones Celestiales. No me deja tiempo para hacer vida social y ahora con un proyecto de abrir otras inversiones con mi socio Brandon Duke; dónde en los próximos meses se inaugura para mantener un estatus de vida más estable en el futuro.     -¿Vida Social?-repitió Keefe con sarcasmo-. Curioso:nunca se me había ocurrido incluir a la familia en el apartado de vida social.     -Ya me entiendes- contestó ella antes de desviar la mirada.     -No, no te entiendo en absoluto- Keefe se apartó de la encimera. No hubo nada amenazante en el movimiento, pero Shannon se sintió intimidada. Tuvo que resistir el impulso de alejarse un paso para poner distancia entre los dos-. Yo lo que sé es que fuiste tú la que vino a buscarnos. Apareciste en nuestras vidas, en la vida de mamá, saludaste y volviste a desaparecer. Yo lo que sé  es que se ha llevado una desilusión al ver que no venías a celebrar Acción de Gracias con nosotros. Y sé que no quiero volver a ver esa mirada en sus ojos. Puede que tengas tus razones para guardar las distancias, pero, por si no se te ha ocurrido, permíteme que te diga que no eres la única afectada en todo esto.     Shannon quiso dejarse llevar por un arrebato de cólera, indignarse, pero no fue capaz, porque detrás de la mirada acusadora de Keefe intuía a Rachel Walker no era la única que se sentía dolida. abrió la boca para decirle que... Para decirle...No estaba segura de qué quería decirle...Qué se equivocaba, que sí sabía que no era la única afectada, que lo último que deseaba era hacer daño a nadie, que no quería que la hirieran.     Antes de que tuviera tiempo para organizar sus pensamientos y expresarlos con alguna frase medianamente coherente, la cafetera sonó.     -El café está listo- dijo Shannon, sintiéndose idiota.     Keefe suspiró, se pasó una mano por el pelo.     -No sé, quizá sea mejor que nos vayamos a casa- dijo con voz cansina y apagada de repente-. Se está haciendo tarde y todavía tenemos bastantes kilómetros por delante. Perdona por el café.     -No importa- murmuró Shannon. Lo vio dirigirse hacia la salida de la cocina  y, como si tuviese vida propia, el brazo derecho de Shannon  se estiró para detenerte a Keefe-Yo... intentaré estar en navidades- dijo tras unos segundos de indecisión.     -Perfecto- Keefe esbozó una sonrisa entrañable-. ¿Sabes? Si nos da una oportunidad, puede que hasta acabemos cayéndote bien.               
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