DE HABERLO pensado, Shannon habría dicho que lo ideal no era empezar una aventura una noche teniendo que ir a trabajar al día siguiente. No había tiempo para disfrutar la mañana, para sentarse y recordar la noche recién pasada y saborearla o arrepentirse de haber cometido un error terrible. Sin duda, habría sido mejor dejarlo para el sábado por la noche, o por la noche del domingo, dado que la tienda cerraba los lunes. Pero, aunque no lo a planeado bien había elegido un viernes para seducir a Reece, estaba tan contenta.
Se despertó sola al olor del café recién hecho. Había una rosa en la almohada junto a ella. Shannon sonrió, se la llevó a la nariz y aspiró su delicado aroma. Sabía que la flor pertenecía al rosal del jardín, pero el gesto era lo que contaba, más cuando se fijó en que se había ocupado de quitarle las espinas. Imaginarse a Reece hurtándole una rosa en el jardín la hizo sonreír de nuevo.
Había una nota junto a la cafetera. Si se hubiera quedado, la habría hecho llegar muy, muy tarde a la tienda, decía. Esperaba que no le importase que se hubiera preparado un café en su cocina y la empezaba para verla es noche y cenar juntos si le apetecía.
No era una nota de amor, pero Shannon la dobló y se la guardó en el bolsillo del albornoz. No quería notas de amor, se recordó mientras se servía una taza de café. Aquello era una aventura entre dos adultos que consentían, no el romance del siglo. Además, el hecho de que le hubiera dejado café preparado ya era un detalle bonito. Shannon se llevó la rosa a la cara y esbozó una sonrisa soñadora.
Cumplió con la rutina de ducharse, vestirse, ir al trabajo y abrir la tienda con el piloto automático. Mientras oía los mensajes que le había dejado Kelly en el contestador el día anterior, agradeció que su amiga no fuera a ir a la tienda ese día, y que estaban ya listo los preparativos para la nueva apertura de >. Esperaba que para entonces se le hubiese quitado de la cara la sonrisa de boba que tenía.De lo contrario, Kelly ( a pesar de sus molestias con Shannon, no podía soportar tanto silencio con su secreto, que tanto le perturbaba, no tendría más que mirarla para saber que ella también vivía una aventura con Brandon Duke, su socio, tan sólo imaginar que me moriría de vergüenza) pero en este momento interesaba cómo había pasado la noche, y hasta el número exacto de veces que había hecho el amor.
Afuera había una mujer con una colcha en la mano. Shannon miró el reloj y decidió que abrir diez minutos antes no sentaría un precedente peligroso. La miraba de gratitud de la mujer mientras ella quitaba el cerrojo de la puerta compensó los veinte rollos de tela que sacó después hasta encontrar el color justo que buscaba. O, quizá, haber pasado una noche de sexo salvaje le hacía verlo todo de otro color, pensó Shannon mientras devolvía a sus estantes los rollos de tela rechazados.
Los sábados solían ser días ajetreados, pero diciembre era un mes poco de movimiento en las tiendas de colchas. La mayoría de las personas estaba ocupada empezando nuevos proyectos y el tiempo que habrían dedicado a hacer colchas lo empleaban en hacer compras navideñas.Los clientes entraron con cuentagotas, en general para refugiarse de la lluvia más que nada. Shannon charló con quienes se mostraron dispuestos a ello y dejó tranquilos a los que preferían tomarse un respiró a solas.
Era uno de esos días en los que todo iba bien, salvo lo que no fue tan bien, a lo cual decidió no prestarle atención. Shannon sonrió a los niños que acompañaban a sus madres, sonrió cuando un cliente tiró por accidente varios rollos de una estantería...Ni siquiera Edith Hacklemeyer logró ponerla de mal humor.Le dio la razón en que las navidades cada vez tenían menos de religiosas y más de consumistas, asintió cuando protesto por el exceso de luces con que había decorado su casa una vecina que vivía cerca de ambas y le alabó el último diseño que había hecho, a pesar de que era otra caseta de madera igual de aburrida que las anteriores. Al marcharse, estaba tan abrumada por la cordialidad de Shannon que la mujer estuvo a punto de sonreír.Pero se resistió, quizá recordando que no aprobaba el trato amistoso que Shannon respondió con otra sonrisa, obligándola a meterse el cambio en el bolsillo y a salir de la tienda sin decir una palabra más.
A la hora en punto, colgó el cartel de Cerrado. Al día siguiente era domingo y no habría hasta mediodía, de modo que podría quedarse en la cama hasta tarde. Si tenía motivos para quedarse en la cama.
Y quizá tuviera a alguien con quien compartirla.
El camión de Reece no estaba en la acera y en su casa no había luz. A Shannon le sorprendió descubrir la desilusión que se llevó. Aunque tampoco tuviera pensado salir corriendo a buscarlo.¿O sí? Sintió una pequeña punzada de inquietud mientras aparcaba y salía del coche. No quería perder de vista la realidad: Reece no tardaría en irse de la ciudad. El hecho de que no hablara al respecto no significaba que hubiese cambiado de idea. Había ido a Serenity Falls a limpiar la casa de su abuelo para poder venderla y a decidir qué iba a hacer de entonces en adelante. Antes o después abandonaría a Serenity Falls. Lo cual era perfecto,¿no?. De hecho, era una de las razones que la habían animado a dar aquel paso: saber que se trataba de una aventura con un final claro desde el principio. Para no crearse expectativas ni salir con heridas.
Era justo lo que quería, se dijo mientras abría la puerta de su casa. Y si no sonaba muy convencida era porque seguía enredada en el viejo mito de que amor y sexo tenían que ir siempre de la mano. Pero no había nada de malo en tener una relación meramente s****l.
Una relación s****l fantástica, que le erizaba el vello sólo de recordarla. Una relación que esperaba que se repitiera lo más a menudo posible mientras Reece siguiera en la ciudad.
Shannon se puso unos vaqueros para estar más cómoda y un jersey gris que se le ceñía al cuerpo en los sitios adecuados. Si los planes de cenar de Reece incluían un local más elegante que una cafetería, siempre podía cambiarse, decidió.
Echó un vistazo por la ventana de la cocina y vio que la casa de enfrente seguía a oscuras. No estaba esperándolo, se dijo. Solo que no tenía claro qué hacer con respecto a la cena. Shannon puso una mueca disconforme mientras llenaba la tetera de agua. Ya podía aprender a engañarse, al menos de vez en cuando, pensó.
Acababa de poner la bolsita de té en la taza cuando sonó el teléfono. A esas horas de la noche, lo más probable era que fuese algún vendedor dispuesto a ofrecerle la oportunidad de su vida, ya fuera un viaje por todo el mundo, un apartamento o una enciclopedia completísima que no quería.Pensó en dejar saltar el contestador, pero nunca había sido capaz de filtrar llamadas:
-¿Diga?
-¿Shannon?-preguntó una voz de mujer, agradable pero desconocida.
-Sí.
-Soy tu...Soy Rachel. Rachel Walker.
Shannon notó que se le formaba un nudo en la garganta. Sabía lo que su interlocutora había estado a punto de decir en un principio: que era su madre. Totalmente cierto, por otra parte.
¿Por qué no habría sido un vendedor?Al menos habría sabido qué decirle a alguien que intentara hacer una venta.
-¿Cómo estás?-preguntó Shannon al ver que no se le ocurría ninguna otra cosa que decir.
-Bien.¿Y tú?-contestó la mujer con cierta tensión. Shannon se sentía culpable por ser la causante de esa tensión, por no ser capaz de abrir su corazón a la familia que la había recibido con los brazos abiertos.
Gracias a Dios, pudo ampararse en las típicas conversaciones de protocolo. Shannon preguntó por la familia de Rachel, o sea, por su propia familia, y esta le preguntó qué tal le iba la tienda.