Mucho más tarde, después de la segunda, o tercera, vez que hacían el amor, Brandon rodeó a Kelly con los brazos.
-Mmm- musitó ella-. Es agradable.
-Sí que lo es-corroboró él.Pero una parte de él cuestionaba lo que estaba haciendo. Se sentía demasiado bien y eso podría ser un problema. Tal vez debería irse y volver a su dormitorio.Tenía que ser más de medianoche, pero aún podría descansar bastantes horas.
A Brandon le dio vueltas la cabeza. No podía estar pensando en dejarla en ese momento.Pero si se quedaba allí, tenían que hablar.
-Oye, no te estás enamorando de mí, ¿verdad?-preguntó, rodeando su cintura con un bazo.
-¿Qué?- ella giró hasta ponerse de cara a él.Esbozó una sonrisa traviesa-. Yo tendría que hacerte la misma pregunta.
-Eh, conozco las normas-él soltó una risita.
-Mejor-dijo ella con seriedad simulada-. Por que soy una mujer casada, muy ocupada, y no quiero tener que aguantar que me sigas por la oficina.
Intentar´´e contenerme-bromeó él.
-Eso espero- su sonrisa se desvaneció-. Ya que estamos, habría que acordar algunas cosas.
-¿Cómo qué?
-Como que no quiero que el personal comente nuestros asuntos privados, y lo otro que se enteré su esposo Frank.
-Yo tampoco. Seremos discretos.
-Muy bien-hizo una mueca-.¿Y tu familia? Llegarán dentro de unos días y no me gustaría que descubrieran que me acuesto con mi jefe.
-Lo entiendo-Brandon le acarició la mejilla. Sentía un respeto total por ella, pero otros podrían considerar su relación íntima inapropiada.
-Por eso, cuando llegue tu familia deberíamos dejar de vernos.
-Aunque odio admitirlo, probablemente sea buena idea- rezongó él, acariciando su muslo-. Pero hasta entonces...
-Mmm, sí. Hasta entonces podrías volver a demostrarme la razón de tanto revuelo.
-¿Adónde fuiste anoche?-preguntó Cameron Duke cuando Brandon contestó al teléfono la mañana siguiente-. Te llamé varias veces.
-Puede que hubiera salido a correr- improvisó Brandon-. ¿A qué hora llamaste?
-La primera vez a las siete, lo intenté un par de veces más antes de las ocho.
-Lo siento, hermano.Puse el teléfono a cargar y me olvidé de encenderlo.¿Qué querías?
-Mamá insistió en que te llamara para confirmar las reservas. Al final decidí llamar a Kelly, pero ella tampoco contestaba el teléfono.
-Tal vez salió a cenar.
-¿Sin su teléfono?No nuestra Kelly.
-Es raro, sin duda-Brandon odiaba mentir a sus hermanos,pero no podía decirles que había pasado toda la noche con su ayudante. Al pensar en ello, deseó estar aún en la cama con ella, abrazándola. Dentro de ella. Junto a su piel suave.
-Entonces,¿podremos utilizar los dos carritos de golf para la visita a los viñedos?
-¿Qué?-Brandon sacudió la cabeza para borrar las imágenes eróticas que había conjurado-. Sí.
-¿Estás bien, hermano? Suenas como si estuvieras pensando en otra cosa.
-Ya sabes cómo es esto. Tengo toda una lista de cosas- se rascó la mandíbula, preguntándose qué diablos le ocurría a su cerebro. Nunca se había distraído pensando en una mujer en horas de trabajo. Tenía que concentrarse en los negocios.
-Claro que lo sé-dijo Cameron-. Sólo espero que estés preparado para lo que está por llegar.
Brandon se mesó el pelo y se obligó a liberar su mente de la gloriosa imagen de Kelly desnuda.
Al igual que sus hermanos,Shannon, y Brandon nunca dejaba nada relativo a los negocios al azar. Había mantenido incontables reuniones con los encargados del hotel y los restaurante, y toda la plantilla llevaba semanas trabajando a tiempo completo. Cada día, los directores asignaban el papel de huésped a distintos empleados, y los demás practicaban sus funciones con ellos. El equipo directivo revisaba y resolvía cualquier problema o dificultad que surgiera, y repetían e proceso al día siguiente. Era la mejor manera de solucionar cualquier antes de la inauguración oficial.
El chef y el equipo de cocina habían diseñado un nuevo menú y Brandon sabía que las críticas serían fantásticas. El Mansión Silverado Trail pronto se convertiría en un hito en la ruta del vino y el éxito de Shannon en sus grandes inversiones generadas para cumplir otro compromiso adquirido con la Familia Duke.
Sus hermanos llegarían con sus esposas el jueves, para una última reunión pre inauguración. Su madre llegaría con sus amigas el viernes.
-Estoy todo lo preparado que puedo estar- dijo Brandon. Soltó una risita al imaginarse a su madre con sus amigas pasándola bien en la Mansión.
-Me alegra oírlo-dijo Cameron.
Cuando colgó el teléfono, Brandon pensó cuánto había cambiado su familia en el último año. Nadie habría pensado que los hijos de Sally Duke pasarían de ser solterones empedernidos a hombres de familia en tan poco tiempo. Bueno, dos de tres. Cameron y Adam habían sucumbido a los encantos de dos bellas mujeres, pero Brandon no iba a llegar a seguir sus pasos. De ninguna manera.
Sonrió y volvió a jurarse que no sería víctima de las mañas de casamentera de su madre. Sally negaba ser culpable de que Cameron y Adam se hubieran enamorado de sus respectivas esposas, pero no la creían. Brandon y sus hermanos no sabían cómo lo había conseguido, pero estaban seguros de que había tenido algo que ver.
No se trataba de que no quisiera a Sally Duke. La adoraba y le debía la vida. Desde el día que lo había salvado de ser enviado a un correccional, estaba en deuda con ella. Brandon había supuesto un gran riesgo que Sally había aceptado.
Sally era una viuda joven, generosa y rica, cuyo adorado esposo, William, había sido un niño de acogida. Ella, para colaborar con el sistema que había salvado a un hombre tan maravilloso como William, había adoptado a tres chicos de la misma edad: Brandon, Adam y Cameron.
Cuando los tres niños de ocho años aprendieron a confiar los unos con los otros, hicieron un juramento de lealtad. Eran hermanos de sangre y nada los separaría. Como parte de su pacto, prometieron no casarse ni traer niños al mundo, porque sabían que la gente casada se hacía daño, y que los padres, excepto Sally, herían a sus hijos.
Sally los había educado bien, y se habían convertido en hombres buenos, fuertes y, la mayor parte del tiempo,listos. Brandon había advertido a sus hermanos que Sally pretendía casarlos a todos, pero no le habían escuchado. Adam conoció a Trish y se enamoró. Meses después, Cameron se reencontró con Julia, un antiguo amor, descubrió que tenían un hijo, el pequeño Jake. Ambos se habían casado recientemente y eran muy felices. Adam y Trish estaban a punto de ser padres.
Así que tanto Adam y Cameron habían roto el pacto. Brandon les había dicho que entendía que eran débiles y había renovado el juramento solo. Se habían reído y burlado de él. Pero lo cierto era que, antes de conocer a sus hermanos. Brandon ya había decidido no casarse ni tener hijos. Les bastaba con recordar las brutales palizas que había recibido de su padre, cuando su madre drogadicta les abandonó, para no querer transmitir esos gentes a otro ser.
Por esa razón, sus relaciones con mujeres eran siempre superficiales. Sus aventuras sólo duraban unas semanas, dos meses como máximo. Además Brandon no solía permitirse pasar la noche entera con una mujer. No le gustaba que se hicieran esperanzas y pensaran que podrían mantener con él algo más que una aventura pasajera.
Esa práctica se había ido al traste la noche anterior, con Kelly. Había planeado marcharse a dormir su propia cama, pero había sido incapaz de alejarse de su dulzura. Por la mañana se habían duchado juntos y hecho al amor de nuevo.
La imagen de Kelly con el cuerpo brillante de agua jabonosa y perfumada casi lo hizo gemir. Se había comportado de forma desinhibida y dulce, no se parecía a ninguna otra mujer de su pasado.
Lo último que quería en el mundo era hacer daño a Kelly, así que se alegraba de que hubieran hablado y reafirmado las normas básicas. Había insistido en que sólo lo estaban pasando bien mientras ampliaba sus conocimientos sobre el arte de la seducción. Le había asegurado que no era tan boba como para enamorarse.
No notó la presencia de Kelly hasta que puso una taza de café caliente sobre el escritorio.
-Hola-murmuró, alzando la vista.Iba a sentarla sobre su regazo cuando ella le lanzó la mirada de advertencia.
-Buenos días. Brandon-le saludó con voz alta e hizo un gesto con la cabeza. Un segundo después entraba el encargado de los conserjes-.Serge tiene un tema urgente que comentarte.
-¿Tienes un minuto. Brandon?- Serge se acercó al escritorio-. Ha surgido un problema con la nueva tour operadora.
-Claro-¿En qué puedo ayudarte?
Kelly echó agua en la cafetera y contuvo un bostezo. No era extraño que estuviera cansada. Además de ocuparse de la organización general y las emergencias de último minuto, había pasado toda la noche haciendo el amor con Brandon. apenas había dormido y tenía dolores en puntos del cuerpo nada habituales, Pero no se quejaba, en absoluto.
Seguía costándole creer que Brandon hubiera aparecido en su habitación. Y más aún que después hubieran compartido varias horas de sexo espectacular.
Pero esa mañana, mientras se vestía, había empezado a preocuparse por cómo reaccionaría Brandon al verla en la oficina. A pesar de haber pactado en contra de remordimientos y vergúenza, tal vez había sido un terrible error acostarse con él.
O tal vez no. Al fin y al cabo, sólo era sexo. No había emociones de por medio. Estaba teniendo una aventura con un hombre por el que millones de mujeres matarían. Sin presión.
De tanto dar vueltas al asunto y preguntarse en qué había estado pensando para acostarse con él, llegó a la oficina con un ataque de ansiedad.
Sin embargo, Brandon le había sonreído al verla, y extendido el brazo hacía ella. Eso la convenció de que había merecido la pena.
Tendría que haber sabido que Brandon no lo haría bien. Además de ser alto, guapo, cautivador y sexy, su vida había sido maravillosa desde que fue adoptado por Sally Duke cuando tenía ocho años.
Una vez Sally le había hecho a Kelly un resumen de la vida de Brandon,empezando con su época de estudiante de matrícula de honor en el instituto y jugador de fútbol en la universidad. Después, tras jugar profesionalmente varios años, se había convertido en comentarista deportivo de la cadena televisiva más importante del país. Pero se había cansado de la fama y se había unido al equipo de desarrollo hotelero e inmobiliario de sus hermanos hacía unos años.
Sally también le había confiado que atraía alas mujeres como moscas. Kelly ya lo sabía, pues llevaba cuatro años siendo las guardiana de las llaves del recinto. En otras palabras, se encargaba de filtrar las llamadas y visitas de todas las mujeres que querían hablar con Brandon.
Ni en sueños había pensado que acabarías siendo una de ellas. La idea no le gustaba nada.
-No soy una de esas mujeres- se dijo, recordando las conversación de la noche anterior-. Tenemos un acuerdo. Es algo temporal.
Por fin entendía por qué todas esas mujeres parecían tener estrellitas en los ojos. Brandon también había conseguido que los suyos chispearan. Sonriente, recogió el correo y empezó a abrir sobres y clasificar cartas. Al darse cuenta de que estaba tarareando y desafinada, soltó una risita. Luego se quedó paralizada.
-¿A qué ha venido eso?¿Qué me pasa?-Kelly no era mujer de risitas.
Se preguntó si tendría algún virus. Se tocó la frente para ver si tenía fiebre, pero estaba fresca y seca. Sólo tenía una respuesta: se sentía...¿feliz?
Feliz era una palabra adecuada para describir cómo se sentía. Le costaba creer su buena fortuna y, aunque Brandon no quería que lo dijera, se sentía agradecida por su ...¿asistencia',¿amistad especial? Kelly no sabía cómo expresarlo.
-Por su destreza- dijo en voz alta, asistiendo- Estoy en formación- volvió a sonreír. Eso sonaba mejor que las otras opciones. Al fin y al cabo, solía asistir a cursillos de formación en nuevos sistemas y programas informáticos,¿por qué no de destreza s****l? Tenía sentido y, además, era la verdad. Ella era la alumna y Brandon el maestro.
Al imaginarse el currículo, soltó otra risita.
-Kelly,¿tienes el archivo Redmond?
-Está aquí, Brandon- contuvo otra risita.
-¿A qué viene la sonrisa'-preguntó Brandon,
-Estoy de buen humor- le contestó-. El café estará listo enseguida.
-Gracias-volvió al despacho y cerró la puerta.
Kelly sabía que Brandon tenía una conferencia telefónica que duraría una hora o más. Su plan era aprovechar ese tiempo para revisar la agenda de la conferencia a la que asistiría Shannon,Frank. Él y los empleados de su pequeña inversión pero poderosa empresa en sociedad llegarían el lunes. Kelly recordaba haber visto que tenían la noche del jueves libre para cenar donde quisieran o asistir a una caja de vinos en alguna bodega de la zona.