CAPITULO 9
Cuando el hombre centro su mirada en ella, Alice pudo ver como las pupilas de este se dilataban y adquirían un brillo diferente, uno que la chica nunca antes había visto. El bajo los brazos de su pecho y comenzó a caminar lentamente hacia ella; al ver esto, Alice sintió como sus piernas temblaban, como si fueran de gelatina, su estómago empezó a revolverse y su corazón comenzó a latir desenfrenadamente. Su respiración se volvió tan agitada como si hubiera luchado contra todo el mundo oscuro el día entero.
Sin darse cuenta, comenzó a jadear, comenzando a sentirse muy ansiosa, su boca empezó a salivar más de lo normal y sus labios se sentían secos. En su garganta se armó un nudo que hacía que respirar se convirtiera en una de las tareas más difíciles de hacer.
Pese a todo el cambio descontrolado que estaba sufriendo su cuerpo en ese instante, lo único que permanecía igual eran sus ojos, pues en ningún momento se despegaron de los del licántropo que ahora se encontraba corriendo hacia ella. Justo por eso pudo apreciar como aquel hombre, en medio de su carrera hacia ella dio un salto y, de la manera más espectacular que Alice había visto, se transformó en el aire y al caer continúo corriendo hacia ella.
Su respiración, que ya estaba demasiado agitada, se cortó por un momento al ver el enorme lobo que estaba a punto de abalanzarse sobre ella. Era gigante. Con cada paso que daba, hacia que todo a su alrededor temblara por el impacto. Su pelaje n***o y sus ojos plateados hacían que Alice sintiera presión en su pecho. ¿Por qué estaba sintiendo todo eso? ¿Qué le estaba pasando? Tenía que reaccionar. Ya había superado gran parte de la prueba más importante de su vida, no se iba a dejar intimidar por esto. Pero a quien quería engañar, nunca se había enfrentado a un lobo, mucho menos a uno de ese tamaño. Aun así, iba a darlo todo para enfrentarlo y pasar esa prueba infernal de una vez por todas.
Cuando volvió a la realidad, tuvo el tiempo suficiente para deslizarse por el piso, observando como el lobo pasaba encima de ella. Había esquivado el ataque justo a tiempo, pues el animal se había lanzado hacia ella con sus fauces abiertas mostrando sus filosos dientes. Este, al ver que Alice había evitado su ataque, se enfureció más gruñendo estruendosamente.
Ahora estaban ahí, frente a frente, mirándose fijamente. Habían comenzado a caminar hacia una misma dirección, realizando una circunferencia entre ellos, sin perderse de vista, tratando de adivinar cual sería el siguiente movimiento de su contrincante. Ella, jadeando intensamente. Él, gruñendo y mostrando sus colmillos.
La mente de la chica estaba trabajando rápidamente para encontrar una maniobra o táctica de ataque que pudiera funcionar con aquel ejemplar con el que le había tocado luchar. Ahi fue donde entendió por qué decían que la posición número cuatro era la más difícil. Estaba pensando en ello, cuando sus oídos detectaron movimiento detrás de ella, y justo un segundo después, pudo escuchar como una lanza se aproximaba a toda velocidad, cortando el viento y realizando un silbido que, para su fortuna, le indicaba desde donde venia el ataque. Al saberlo, supo el momento exacto en el que llegaría a ella, dando un salto y tomando la lanza por el aire con su mano derecha. Una vez en el suelo, ella coloco su brazo derecho enfrente mostrándole la lanza que tenía al lobo y a su vez colocándose en posición defensiva.
El lobo al ver esto, echo un vistazo hacia el árbol desde donde vino la lanza. Quien fuera que hubiera realizado el ataque ya no estaba. El animal entrecerró los ojos furioso tratando de encontrar al culpable sin ningún éxito. Soltó un gruñido largo y fuerte, volviendo su mirada hacia la chica que tenía enfrente; luego se encargaría de aquel bueno para nada que le facilito el arma a aquella novata, que de seguro no sabía ni utilizarla. Ella como si hubiera podido adivinar sus pensamientos, le dio un giro a la lanza con su mano mostrando la facilidad con la que manejaba dicho elemento. Ahora si tenía un plan para enfrentarlo.
Esquivaría cada uno de sus ataques lo mejor que pudiera, y cuando el menos se lo espere lo atacaría. Pero ¿cómo? ¿Lo iba a lastimar? No. Ni siquiera podía pensarlo. El solo imaginarlo le causaba un pinchazo en el pecho ¿Qué le estaba pasando? Si quería llegar al final de la prueba tenía que lastimarlo en algún lado para que le diera tiempo de correr hacia el acantilado, pero no quería hacerle daño.
Sin dudarlo, el lobo realizo el primer ataque sin lograr alcanzarla. Hizo un segundo intento con el mismo resultado que el anterior. Una tercera vez; nada. “Damn It” pensó el alfa. Era demasiado ágil. Esquivaba fácilmente sus ataques, como si supiera la maniobra exacta que iba a utilizar en cada ocasión. Él no quería lastimarla demasiado, solo quería dejarla fuera de combate para retirarla de la prueba, pero su paciencia tenía un límite y en ese preciso momento quería destrozarla. Se abalanzo sobre ella una última vez, seguro de que esta vez no podría escapar… pero ella tenía otros planes.
Al ver que él iba a atacar nuevamente, comenzó con su plan; clavo la lanza en el suelo, de manera que quedara completamente recta y firme, para después posicionarse justo enfrente de esta. Cuando él se lanzó sobre ella, la chica realizo una maniobra para quitarse de su camino y doblar la punta de la lanza que había quedado en el aire lo más que pudo, haciendo que el lobo se encontrara con el arma y esta le diera un fuerte golpe cuando la punta fue soltada por Alice. El animal soltó un fuerte chillido del dolor, retorciéndose en el suelo y refregando la zona afectada con sus patas delanteras.
Al recuperarse, se levantó furioso dispuesto a acabarla sin piedad, pero al girar, se encontró con que ella ya no estaba allí, sino que se encontraba corriendo hacia el acantilado. No. No iba a permitir que terminara la prueba con éxito. Aquel lobo gigantesco comenzó a correr detrás de la chica, haciendo que la distancia entre ella y él se fuera acortando cada vez más y más rápido.
La Luna Llena podía sentir el aliento del lobo en su nuca, incluso se podía decir que sentía la furia que emanaba de su interior; podía olerla. El sentir su cercanía la ponía nerviosa, y más por los sonidos guturales que brotaban de su garganta cada vez que daba una zancada. Zancada que era el doble, casi el triple de una de ella, por lo que no tardaría en alcanzarla por completo y hacerla añicos. Toda aquella adrenalina que sentía hizo que su velocidad aumentara, haciendo que el lobo se sorprendiera por la velocidad de aquella novata, pues simplemente no podía alcanzarla.
Cuando ya estaba a solo unos pasos del acantilado, tomo impulso al mismo tiempo que el lobo abría sus enormes fauces para poder agarrarla de la pierna… pero no conto con suerte. El mordisco del animal se cerró bruscamente en el aire, haciendo sonar sus dientes en el intento por detener a aquella chica. Al darse cuenta de que su boca estaba vacía abrió sus ojos llenos de sorpresa y volteo a ver rápidamente hacia el lago pudiendo ver como Alice realizaba una maniobra en el aire para caer en el agua de tal forma que solo levanto unas cuantas gotas haciendo que la salpicadura no generara sonido alguno.
Se le había escapado, había podido pasar de él y eso lo tenía frustrado, enojado y … ¿Excitado? Meneo la cabeza para quitarse ese pensamiento de su mente; era absurdo. Ya había acabado su trabajo allí pero no se retiró del borde del acantilado. Puede que para ella hubiera sido sencillo enfrentarlo y pasar de él, pero lo que le esperaba en el lago no se la dejaría tan fácil y quería estar en primera fila para observar como aquella novata iba a resolver aquel problema.