Se encontraba mirando el lago que se encontraba frente a él, justo unos metros hacia abajo de donde se encontraba. Los muchachos que quisieran un puesto entre los Black Night tenían que saltar a este y cruzarlo hasta el dispositivo que marcaba el final de la prueba...era pan comido, sin contar con la sorpresita que habitaba en este lago. Pensar en eso hizo que se le escapara una risita maliciosa; iba a ser muy divertido ver las reacciones de esos novatos en el lago, eso si lograban llegar hasta el, claro está, cosa que dudaba mucho. En eso pensaba, cuando llegaron dos de sus guardianes algo alterados a hablar con él.
- Alfa – logro decir uno de ellos para después tomar aire y respirar como si hubiera realizado una carrera infinita. Verlos tan cansados lo preocupo, pues sus muchachos no se cansaban de esa forma por cualquier cosa.
- ¿Qué pasa? – comenzó a decir detallándolos un poco más, notando que estaban heridos; uno en un brazo y el otro en una pierna, ambos con vendajes improvisados que se habían realizado con lo que habían tenido a mano. Habían logrado detener la hemorragia haciendo que el cuerpo comenzara la autosanación característica de los licántropos, pero les seguía doliendo, lo notaba. – ¿Qué fue lo que les paso?
- Las pruebas… comenzaron con éxito señor… pero – las palabras lograban salir con mucho esfuerzo, acompañadas de bocanadas inmensas de aire – tenemos una novedad.
- Dilo ya – ordenó con voz fuerte; estaba inquieto por tanto suspenso.
Mientras esta conversación se llevaba a cabo, varios guardianes, entre ellos los betas y el consejero del clan, se habían acercado a escuchar lo que había pasado, pues el mal estado en el que se encontraban los guardianes que se supone debían estar en la segunda fase de la prueba, no pasaba desapercibido para nadie.
- El primer participante ya llego a la segunda fase señor.
- Pero es demasiado pronto. La prueba comenzó hace solo unos minutos – comento Aaron.
- Exacto – dijo el otro guardián herido – y no solo eso señor, en la segunda fase no se ha dejado alcanzar por ningún arma, es demasiado buena…
- ¿Buena? Es una… - Horacio no pudo terminar la frase, pues le parecía absurdo si quiera pensarlo. Todos se impresionaron más cuando los dos guardianes exhaustos, asintieron.
- Si señor, es una chica. Y hay otro detalle más.
- ¿Cuál? Hijo, date prisa – lo apresuro a hablar el consejero, pues la espera y el suspenso los estaba inquietando demasiado.
- Es una Luna Llena.
Todo quedo en completo silencio. Un licántropo había superado las dos fases de la prueba en tiempo récord. Había esquivado todos los ataques de guardianes entrenados… Y era una chica del clan Luna Llena. Esto era suficiente para que cualquiera de los presentes quedara impactado. El Alfa no tenia expresión en su rostro, pero sus ojos habían oscurecido más de lo normal, haciendo que a los demás les recorriera un escalofrió por todo el cuerpo. El Alfa estaba molesto.
- ¿Dónde se encuentra ahora? – Pregunto el Alfa con un tono profundo.
- Iniciando la fase III mi señor.
- ¿En qué posición se encuentra?
- En la suya mi señor, la numero cuatro.
Al escuchar eso, los labios del alfa se curvaron en una sonrisa, una que podría hacer temblar de terror a cualquiera. Cruzo los brazos y dándole la espalda a los demás, volvió a contemplar el lago, mostrándose confiado. Miro al cielo y hablo una vez más.
- Lo hicieron bien, retírense de las pruebas y vayan a atender sus heridas. Los otros que estén heridos y consideren que no pueden seguir que hagan lo mismo. Los demás, a sus puestos y alertas… Yo me encargo de ella.
---
No se encontró con nada nuevo; armas de largo alcance, peleas cuerpo a cuerpo, etc. Nada que amenazara su victoria. Aun así, se mantuvo alerta, su instinto no la dejaba guardar la calma, algo terrible se aproximaba.
Siguió corriendo, analizaba que se encontraba en la mitad de aquella fase, o incluso se podría decir que más adelante, cuando de la nada los ataques cesaron. Por supuesto que había guardianes, podía olerlos en los arboles y a su alrededor, pero lo que no entendía era porque no se movían o la atacaban, solo la miraban. No. Podría ser una trampa, una especie de maniobra para que ella bajara la guardia y se relajara, pero no les iba a dar ese gusto.
Continuo con el mismo ritmo, logrando ver como el bosque empezaba a despejarse y mostraba un campo abierto donde llegaba por completo la luz formando un claro en medio de la vegetación, también pudo ver que el camino terminaba en una especie de acantilado, parecido al de la primera fase.
De repente un olor la desconcentro. Por un momento, Alice sintió como todo a su alrededor se detenía, ella seguía corriendo, pero parecía como si no avanzara, como si el mundo y todo lo demás estuviera en pausa, menos sus ojos, que buscaban con desesperación de dónde venía aquel olor. Detallo todo minuciosamente buscando respuestas.
Lo que más le llamo la atención fue la presencia de un hombre que se encontraba dándole la espalda, mirando hacia el acantilado que estaba al final de la fase; él era el dueño de aquel olor. Era alto, de unos dos metros al menos, sus hombros eran grandes, haciendo que su espalda se viera ancha, grande y, a pesar de tener una camiseta de color n***o, esta no impedía apreciar los fuertes y tonificados músculos que la adornaban. También observo que tenia el cabello de color azabache, un color tan oscuro como la noche.
Como si hubiera podido escuchar los pensamientos de Alice, el hombre giro, quedando frente a frente con ella. Cual no fue la sorpresa de la chica al ver semejante rostro. Su color de piel era claro, pálido si se podía describir de ese modo. Sus cejas y sus facciones reflejaban masculinidad y autoridad, siendo complementadas por su expresión seria. Sus brazos, que seguían cruzados sobre su pecho, mostraban una cadena de músculos y venas que no cualquier licántropo tenía, “con esos brazos me destrozaría” se dijo a si misma.
El análisis que estaba haciendo la chica de aquel ser que tenia enfrente, a unos setecientos metros y algo más, termino con sus ojos. Eran preciosos. No muy grandes ni muy pequeños, hacían una combinación perfecta con el resto de su rostro y su cuerpo, pero su mejor característica era su color. Un color que ella nunca había visto en su vida y que ahora era uno de sus favoritos, o tal vez el único. Un color gris ceniza con un brillo impresionante, con uno que otro rastro de color plateado. Una mezcla de colores completamente hechizante. Eran ojos color plata.