Sin más que esperar, Alice coloco su mano izquierda sobre la boca de su primera víctima, mientras que con la otra mano procedió a darle un fuerte golpe en la nuca, provocando que este quedara inconsciente al instante, sosteniéndolo para evitar que cayera al suelo. Alice soltó un suave suspiro, como si durante todo su ataque hubiera estado conteniendo la respiración.
Con ayuda del niño, tomaron el arco junto con las flechas y colocaron al guardián inconsciente acostado en una rama; no despertaría al menos en un par de horas. Siguieron caminando hacia su próximo objetivo, un hombre mucho más alto y fornido que el anterior. No dudo en entregarle el arco al niño, pues para enfrentarse a ese guerrero, necesitaba las manos libres… y mucha concentración. Cerro los ojos una vez más, formando la imagen del ataque en su cabeza; si, claro que funcionaria, tenia que.
Cual no fue la sorpresa de aquel licántropo cuando Alice salto directamente sobre él, colgándose en su espalda y rodeando su cintura con sus piernas. Sus manos se movieron tan rápido, que el guardián no supo en que momento aquella mujer halo su cabeza hacia atrás dejando expuesta su garganta, la cual recibió un golpe contundente dejando su mente sumida en su profundo sueño.
La Luna Llena tuvo que sostenerlo con fuerza para no dejarlo caer del árbol y lo dejo donde anteriormente había estado vigilando tranquilo. Su corazón latía con fuerza y estaba un poco fatigada. Nunca antes había colocado su entrenamiento en práctica de esa manera y, a decir verdad, estas pruebas le ponían los pelos de punta. Hizo señas a su pequeño compañero, quien con agilidad avanzo quedando cerca del próximo guardián.
De la misma manera fueron cayendo cada uno de los guardianes, logrando llegar casi al final de la fase dos.
Estaba acostumbrada a luchar, pero el hacerlo en silencio la impacientaba. Se detuvo en un árbol soltando un suspiro, analizando que ataque utilizar con el próximo guardián que tenia en la mira. Una vez convencida de lo que iba a hacer, se volteo para darle indicaciones al niño, sin embargo, al darse la vuelta se quedó inmóvil. Detrás de su cómplice, había un guerrero viéndola fijamente a los ojos. Era grande y alto, casi el doble de Alice, por lo que el plan de no hacer ruido y avanzar sin llamar la atención que estaban llevando a cabo se había estropeado por completo.
El niño que había estado atento a cada movimiento de aquella chica noto la alarma en sus ojos, dándose cuenta al instante de que algo no andaba bien. Pudo escuchar a la perfección la respiración de alguien a sus espaldas. “Merde” pensó, pues era su deber vigilar que nadie se acercara por atrás; había fallado.
En un parpadeo el niño se agacho, haciendo que el golpe de Alice diera justo en el blanco. Le dio una patada con el pie derecho al guardián, acertando el ataque en el pecho de este, para después dar una vuelta sobre su propio eje y golpeándole la mejilla izquierda con el calcáneo de su pie izquierdo. El licántropo emitió un sonido de dolor que se pudo escuchar a lo largo y ancho del bosque, cayendo del árbol y quedando inconsciente. Da la nada, se empezó a escuchar el crujir de hojas y ramas secas; no tenían que ser adivinos para saber que todos los guardianes de la fase dos se dirigían a donde ellos se encontraban. Estaban perdidos.
El corazón de Alice empezó a latir a gran velocidad, pues sabía que era cuestión de tiempo para que los encontraran y los eliminaran, les daba como mucho unos treinta segundos. Su mente se bloqueo y sus manos comenzaron a temblar, ¿Qué posibilidad había? ... ninguna, eran demasiados. Estaba a punto de rendirse cuando su mirada se dirigió hacia su compañero; la angustia se había apoderado de él haciendo que sus ojos se inundaran de lágrimas y temor. Sintió como se le armaba un nudo en la garganta al verlo así. No. Era una Luna Llena, no iba a permitir que el niño fuera eliminado, no mientras ella estuviera a su lado. Cerro los ojos y los puños con fuerza, obligando a su mente a realizar un plan para sacar al niño de ahí, haciendo que a su mente llegara algo que no había notado antes. Bingo. Se arrodillo rápidamente frente al niño y le hablo por medio de susurros:
- Niño, necesito que me escuches con cuidado, voy a…- no pudo continuar hablando, pues el niño estaba sumido en un trance, su mirada estaba perdida y no le estaba prestando atención. Lo tomo por los hombros y sacudiéndolo suavemente intento de nuevo. – Niño, por favor escúchame.
El niño parpadeo varias veces volviendo a la realidad, dándose cuenta de que Alice le hablaba. Cuando ella lo noto, continúo hablando.
- Tengo un plan para salir de esto, pero necesito que prestes mucha atención ¿está bien?
- ¿Pero cómo? Ellos saben que estamos aquí, no podremos escabullirnos durante mucho mas tiempo.
- Ellos no saben que tu estas aquí – El niño, al entender a que se refería su compañera, abrió los ojos, sorprendido. Pero luego frunció el ceño.
-
No voy a dejarte sola. Yo no puedo…
- Escúchame bien, ellos saben que hay alguien aquí, pero no saben que somos dos. Vas a subir a la copa de los arboles y vas a esperar a que todos los guardianes lleguen aquí. Cuando eso pase vas a seguir avanzando con mucho cuidado hasta el final. Yo los distraeré hasta que estes a salvo y pases la prueba.
- Pero como vas a combatirlos, son demasiados.
- Para algo han de servir estas flechas ¿Verdad? – el niño no respondió, solo agacho la mirada mostrando la inseguridad que le causaba el plan de Alice. Ella puso su mano en la mejilla del chico, haciendo que este levantara su mirada hacia ella nuevamente – Se que lo lograras… te prometo que estaré junto a ti al final de la prueba – Termino de decir Alice con una mirada dulce.
Eso era todo lo que el niño necesitaba para tomar valor. Tomo una bocanada de aire y asintió de manera firme para después comenzar a subir a la copa de los arboles tal como le había dicho Alice, desapareciendo a los pocos segundos.
Con el niño en posición, la chica centro toda su atención en los guerreros que venían en camino. Se acercaban en todas direcciones, así que tomo tres flechas entre sus dedos y las coloco en el arco ejerciendo tensión. Silencio. Solo había silencio a su alrededor, pero Alice era astuta, apunto sus flechas hacia su derecha, justo antes de que tres guerreros le saltarán encima y disparo dando en el blanco. Los tres cayeron al piso quejándose de dolor. Eso fue suficiente para que el resto de los licántropos se le tiraran encima. La Luna Llena utilizo cada una de las flechas que tenia en su poder acertando todas y cada una en sus objetivos. Piernas, brazos, incluso hombros, a eso le apuntaba, pues eran partes donde las heridas dolían, pero no eran mortales, sin contar que eran de rápida regeneración, pues estas flechas habían sido diseñadas para causar dolor, más no para matar.
Cuando se le acabaron las flechas, la chica recurrió a bajar de los arboles, esquivar los ataques y a pelear cuerpo a cuerpo con aquellos con los que podía. Todo paso tan rápido, que cuando se dio cuenta estaba llegando al final de la fase II, solo tenia que saltar un precipicio que daba hacia el inicio de la fase III. No era una distancia grande, así que seria pan comido saltar, pero Alice sabia que dicha fase iba a ser mucho más difícil que las dos anteriores juntas. Comenzó a correr lista para saltar, sin embargo, dos guerreros corrían junto a ella… iban a impedirle saltar, tenia que deshacerse de ellos. Tomo impulso para saltar haciendo que sus perseguidores también lo hicieran, y justo cuando iba a saltar se detuvo sin previo aviso, haciendo que los licántropos junto a ella saltaran y se estrellaran entre sí, golpeándose y generando un estruendo tan fuerte como el de un trueno.
Observo por unos segundos a aquellos que quedaron en el piso quejándose del dolor, giro su cabeza hacia atrás notando todos los licántropos que se disponían a alcanzarla para evitar que saltara. No tenia mas tiempo, así que salto. Aterrizo de manera perfecta, justo como al inicio de la fase dos, solo que en esta ocasión ella no se detuvo a analizar su alrededor, por el contrario, siguió corriendo como si aun la persiguieran, pues su instinto le advertía que nada bueno se aproximaba y no debía esperar. Fue así como comenzó la fase III de aquella tortura.