Capitulo 2

2142 Words
Sentarse a la orilla del rio era la única solución que conocía para calmar la adrenalina desembocada que tenía dentro. El sonido del agua corriendo y chocando con las piedras, mientras que el viento le rozaba la piel y las aves cantaban suavemente... eso era todo lo que quería oír. No sabía hace cuanto estaba allí sentada, pero tampoco tenía intención alguna de dejar aquel maravilloso lugar. Había estado entrenando al menos unas 9 horas seguidas, por lo que cuando se dio cuenta que la luna brillaba en lo alto de cielo y la oscuridad se había apoderado del bosque, decidió volver. Todo estaba completamente oscuro cuando llego al clan, por lo que caminó con mucho sigilo hacia su habitación para poder darse un baño y descansar; lo necesitaba con urgencia. Sin embargo, algo en el camino llamo su atención; la chimenea del cuarto donde se reunían los ancianos estaba encendida. Algo en su interior le aseguraba que el tema del que estarían tratando le incumbía a ella. En tan solo un parpadeo, ya estaba al lado de la puerta, camuflándose con la noche, sin que nadie la viera ni la escuchara. Con un vistazo, confirmo la presencia de los tres ancianos del clan discutiendo con alguien que no pudo ver a primera vista. - Es una decisión tomada Patrick, te llamamos para informarte, más no para pedir tu opinión. - Lo sé perfectamente mi señora, pero les pido que lo reconsideren – era la voz del Alfa del clan – Alice es una de las mejores guerreras que he entrenado y sé que nos haría mucha falta para defender nuestro clan. - Y no se lo negamos, hemos visto sus habilidades y sin duda alguna es impresionante – dijo el otro anciano para darle la palabra al tercer sabio. - Sin embargo, sabes perfectamente la razón por la cual tomamos esta decisión. He visto como nuestro querido Tomás mira a Alice; no podemos permitir que él elija como su pareja a una joven con su condición. - ¿Su condición? – Se pudo notar como la furia brotaba de las palabras de Patrick. Si había algo que lo molestara, era que se refirieran a Alice con tanta discriminación. - Sabes a lo que me refiero, y también sabes que no lo digo con malas intenciones. No es alguien apto para ser la luna de un Alfa y mucho menos para dirigir una manada. - Es tan capaz como cualquier otra mujer de nuestro clan para ser pareja de Tomas, y si el así me lo pide, le daré mi aprobación y apoyo. - ¡No puedes hacer tal cosa! – Se altero la anciana levantándose bruscamente de su asiento, golpeando el piso con su cayado, generando un eco que inundo la habitación – No tengo nada contra esa joven, pero entre más pronto realice la prueba de admisión de los Black Night va a ser mucho mejor. - La están condenando al exilio – Dijo el Alfa con los ojos puestos en el piso y la mandíbula tensa, mientras apretaba fuertemente los puños – Ustedes saben que, si ella no pasa la prueba, los Black Night no la aceptaran, y lo que es mucho peor, no podrá volver a nuestro clan. Todo aquel que falla la prueba queda exiliado y automáticamente forma parte del clan sin nombre. No podrá sobrevivir allí. - Tú mismo afirmas que es la mejor guerrera que has podido entrenar en toda tu vida, por supuesto que va a superar la prueba de admisión. - Lo que pasa es que no quieres que Alice la presente, para no alejarla de tu lado – los ancianos hablaban uno tras otro, como si hubieran ensayado dicha discusión una y otra vez en sus tiempos libres. - Sabes muy bien que no la mandaríamos a dicha prueba si no supiéramos que la va a pasar. Patrick cayo de rodillas, con los brazos inmóviles a cada lado de su cuerpo, como si estos no tuvieran vida. Los ancianos pudieron ver claramente el temblor en el labio inferior de Patrick, junto con las lágrimas que se asomaban en sus ojos. El más viejo de los ancianos se acercó a él, colocando su pálida y delgada mano en el hombro del Alfa mientras suspiraba. - Lo lamento mucho Patrick, pero es una decisión tomada. Tenemos que ver que es lo mejor para el clan, aunque eso implique tomar decisiones difíciles. Tu eres el indicado para informarle nuestra voluntad a la joven. --- Su cuerpo actuaba por sí solo cuando los ancianos le informaron que ya se podía retirar a descansar, caminó hacia la salida lentamente para abrir la puerta. En ese instante le llego un olor particular que lo saco de sus pensamientos; ella estaba ahí. Su mirada se movió rápidamente por todos lados, esculcando en la oscuridad sin encontrarla. Se había marchado antes de que él se diera cuenta y lo que es peor… lo había escuchado todo. El Alfa paso su mano por su cabello rubio tirándolo con rabia, esa era la peor manera para ella de enterarse sobre su destino. Ella sabía que el momento había llegado. Toda su vida había sido entrenada para ese momento y, aun así, sentía que había llegado demasiado pronto. Escuchar la noticia de la prueba de los Black Night le había caído como un balde de agua fría; corrió rápidamente hacia el bosque… tenía que procesar todo lo que había escuchado, a solas. Fue así como llego a orillas del rio, con la respiración agitada y el corazón desembocado como el de un caballo que acababa de salir de una carrera, retumbando en sus oídos y bloqueando sus sentidos. No se dio cuenta, pero allí sentada, recibió el alba que anunciaba el inicio de un nuevo día. Ya estaba mejor. Si algo le habían enseñado en su entrenamiento, era a ser totalmente inexpresiva, dominándolo a la perfección; no mostraba ni la más mínima expresión durante la batalla, en reuniones, en ceremonias, en conversaciones… siempre tenia el mismo rostro. Labios en línea recta, cejas igual, mirada sigilosa y penetrante, con el mismo tono de voz serio y monótono, careciente de sentimientos. De esa misma manera iba a recibir la noticia de la prueba de admisión, con la frente en alto y actitud indiferente… no permitiría que los ancianos vieran como le afectaba la noticia. - Estas escondido allí desde hace cuarenta y cinco minutos, sal de una buena vez. Se escucho una risita detrás de un arbusto. Un joven alto y fornido, con cabello rubio y ojos verdes salía entre la maleza con una amplia sonrisa en sus labios. - Pensé que no ibas a descubrir que estaba aquí, ¿Hace cuánto te disté cuenta de mi presencia? - Desde el momento en el que llegaste, puedo olerte a kilómetros de distancia Tomy. - ¡Vaya! ¿Tanto así te gusto? Alice simplemente le dirigió una mirada seria mientras levantaba la ceja izquierda. El joven no pudo evitar reír nuevamente. Se sentó al lado de la joven sin decir nada, pues sabia que no era un buen momento para bromas. Este asunto era muy delicado. - Papá me conto sobre la reunión con los sabios… - La joven no le respondió nada. Seguía con la mirada perdida en el rio, como si buscara algo importante que se le había caído allí. Tomas decidió seguir hablando. – Yo puedo hablar con los ancianos para interceder por ti, estoy seguro que si les doy mis razones para que te quedes ellos no dudarían en… - No. Tomas no pudo pronunciar palabra alguna después de eso. Si había alguien que no quería que Alice se marchara a otra manada, era él. Desde que Alice llego a la manada en los brazos de su madre, se habían vuelto mejores amigos, no había cosa que hiciera uno sin el otro, incluso eran compañeros de entrenamiento; cuando se enfrentaban entre sí, solo les bastaba verse a los ojos unos segundos para saber que movimiento iba a hacer el otro, de la misma manera, cuando tenían que enfrentar a otros, su trabajo era incomparable, pues tenían una coordinación y agilidad que todos los lobos jóvenes de la manada envidiaban. A medida que avanzaba el entrenamiento, Tomas se iba volviendo un mejor guerrero, amable y generoso, listo para reemplazar a su padre como Alfa de la manada. Pero, por otro lado, Alice se iba volviendo mucho más cerrada, su rostro no expresaba sentimiento alguno, haciéndola ver fría e insensible… pero para Tomas, era la mejor amiga que alguien podría tener. - Esto iba a pasar tarde o temprano Tomy, ambos lo sabíamos. - Prefiero que sea tarde, mucho más tarde. - Este siempre fue el propósito principal de mi entrenamiento, es lo que tengo que cumplir. Alice giro el rostro hacia el de su compañero, logrando ver y sentir el dolor que expresaban sus ojos. Tuvo que apartar la mirada, pues sentía que, si lo seguía viendo, las lágrimas iban a brotar de sus ojos sin compasión alguna. Nadie la había visto llorar en años y quería que siguiera siendo así. Se levanto, haciendo que su sombra se viera reflejada en el río, siendo seguida por la de Tomas. - Tengo que irme… - ¡Espera! – La tomo del brazo, haciendo que Alice frenara en seco. – Prométeme que, si no sale bien, me buscaras… por favor. Ante aquella suplica desesperada, la joven simplemente asintió, dando su palabra. Sin poder aguantar más las ganas, la trajo hacia él abrazándola fuertemente, queriendo quedarse así para siempre. Al cabo de un rato, volvieron a la aldea. Ella tenía que prepararse, pues ya era hora de irse. Solo tenía una maleta, donde cargaba lo necesario; sus cosas de aseo, su ropa y una que otra pertenencia personal, cosas simples que eran fundamentales para ella. Saliendo de su habitación, se encontró con el Alfa. - ¿Es todo? – Ella simplemente asintió – Bien, los ancianos quieren hablar contigo antes de que te vayas. Pero antes quisiera darte esto – Del bolsillo de su pantalón saco una caja pequeña de color n***o, ella lo miro frunciendo el ceño – Cuando tu madre aún vivía, me pidió que te lo entregara cuando considerara que estuvieras lista. La verdad lo has estado desde hace mucho tiempo, solo que no quería dártelo todavía. Pero ahora que te vas y tal vez no vuelva a verte… - Abrió la caja, mostrando un collar en su interior. Lo tomo y se lo coloco a la joven alrededor del cuello - …sé que esto te va proteger, sea cual sea tu destino. Alice vio el collar que descansaba en su pecho, aunque el dije que tenía era diminuto, ella pudo ver como la figura de un lobo hecho en plata le aullaba a la luna que estaba hecha de un material transparente que no pudo reconocer. - Gracias --- Todos los lobos que pertenecían a la manada formaban un semicírculo que estaba abierto en dirección hacia el bosque; los ancianos se ubicaban en todo el centro de este. El Alfa y Alice se detuvieron justo en frente de estos a una distancia aceptable. - Queremos que sepas que esta decisión es lo mejor para todos. - Tenemos fe de que pasaras la prueba con éxito y sin error alguno. - Hemos visto como te ha entrenado Patrick y lo comprometida que estuviste en cada momento hasta alcanzar la máxima excelencia que haya existido en unos de los nuestros. - Una vez dicho esto, lo único que resta por hacer… es desearte suerte Alice, que la Luna favorezca tu destino y te guíe de vuelta con nosotros. Alice sabía que lo último que los sabios querían era que la Luna la guiará de vuelta a la manada. Lo único que hizo frente a los cuatro ancianos que estaban frente a ella, fue hacer la reverencia correspondiente, y aunque sabia que ellos deseaban ver algo más de su parte, ella no estaba de humor para darles gusto. El Alfa hizo el amague de hablar, sin embargo, la anciana lo interrumpió: - Vamos a permitir que la acompañes Patrick, no tienes que pedirlo. – Se giro hacia Alice por última vez – Una vez más, buena suerte. Alice no tuvo el valor para ver a nadie, mucho menos a Tomas que estaba al lado derecho del semicírculo sosteniendo en sus brazos al pequeño Santiago, el otro hijo del Alfa y para ella, su hermanito del alma. Ambos tenían los ojos llenos de lágrimas; Tomas no las dejaba salir, en cambio Santiago las dejaba bajar libremente por sus mejillas... si Alice se atrevía siquiera a mirarlos, sabría que no tendría el valor de marcharse, simplemente se giró y empezó a caminar hacia el bosque junto con Patrick, hacia el lugar donde tendría que definir su destino.
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