Bajo sus órdenes 🔻

1021 Words
🩷 —¿Por qué me preguntas eso?… yo quiero mi libertad. Irme lejos con mi hermano. Andrew no respondió de inmediato. Solo me observó, como si intentara medir algo que ni yo misma entendía del todo. —Lo sé —dijo al fin—, pero si quisieras quedarte… no sería una mala decisión. Sé que lo amas. Has pasado siete años aguantando a Amanda por él. Siete años. La cifra cayó entre nosotros como algo pesado, definitivo. —¿Has hablado con Eros? —pregunté. Andrew asintió despacio, con dudas, sin mirarme directamente. —¿Qué te ha dicho? —Lo mismo que me dijo hace siete años. Que eres su mujer y que me mantenga alejado de ti… —hizo una pausa— pero ahora añadió que no puede vivir sin ti. Mi pecho se tensó al escucharlo. Era tan cruel lo fácil que esas palabras podían desarmarme, incluso ahora. —¿Y Olivia? ¿Qué sabes de eso? Andrew se encogió de hombros y no dijo nada. Había dos opciones: no sabía nada… o lo que sabía no podía decirme. —No voy a ser la mujer que espera… El silencio que siguió fue incómodo, denso, casi tangible. Andrew dio un paso hacia mí, como si quisiera acortar una distancia que no era física. —Victoria… estoy arriesgando mucho al estar aquí. Y lo hago porque sé que mereces más. Pero cuando él se entere que no estás ahí, te buscará… —Estará ocupado —lo interrumpí—. Gane o pierda, todo será caos. Tengo que aprovechar, es mi única oportunidad. Para cuando se entere… ya estaré lejos. Lejos de él. Lejos de ese mundo. Lejos de todo lo que me había mantenido atada durante siete años. Pero la decisión no era tan simple, nunca lo fue. No solo dejaba atrás a Eros… dejaba mi vida, lo que construí durante siete años, una carrera que solo tenía sentido ahí. Si me quedaba, no era solo quedarme. Era aceptar que él podía tocarme después de otra mujer, aceptar que siempre habría alguien más… antes que yo. Levanté la mirada. —Estoy lista. Las palabras salieron firmes, sin temblor, sin espacio para dudas. Esta vez no me permití pensar demasiado. Salimos al pasillo y el silencio me golpeó de inmediato. No había nadie, todo estaba vacío… hasta que el ascensor se abrió. Jeff estaba ahí. Mi estómago se tensó al instante. —Maldición… —murmuré. Andrew tomó mi mano y avanzamos. Un paso, luego otro, pasando a su lado como si nada estuviera fuera de lugar. Jeff no se movió. No habló. No hizo absolutamente nada. Solo nos miró. Su mirada pasó de Andrew… a mí… y luego al bolso que llevaba. Por un segundo, creí que iba a detenernos… pero no lo hizo. Las puertas del ascensor se cerraron sin que moviera un dedo. Y en ese momento lo entendí. Amanda. No solo controlaba la campaña… controlaba a todos. Jeff nunca fue leal a Eros. Eros… él debía saberlo. Una parte de mí quiso detenerse, llamarlo, advertirle que todo a su alrededor no era lo que creía. Pero si lo hacía… volvería. Y yo no podía volver. —Victoria —susurró Andrew. Asentí sin mirarlo. Él había elegido… y no fui yo. Salir del edificio se sintió irreal. El aire frío golpeó mi rostro y por un segundo… respiré de verdad, como si llevara años sin hacerlo. Subimos al auto y en cuanto vi a Patricio dormido en el asiento trasero, todo volvió a su lugar. Él era mi prioridad, mi única familia, y tenía que hacer lo correcto por los dos. Andrew arrancó sin prisa. El trayecto fue silencioso, demasiado silencioso. Apoyé la cabeza contra la ventana mientras las luces de la ciudad pasaban rápidas, difusas… irreales. Era como si no perteneciera a ninguna de ellas, como si ya no perteneciera a ningún lugar. El vacío llegó más rápido de lo que esperaba. —¿No crees que fue demasiado fácil? —pregunté sin mirarlo. —No. Su respuesta fue inmediata, tranquila. Giré la cabeza hacia él, intentando encontrar algo más en su expresión. —¿Por qué? —Porque Eros todavía no sabe. Y no lo sabrá hasta que vaya al departamento y no te encuentre. Fruncí el ceño, aunque no insistí. —¿Estás seguro? —Sí. Jeff no le dirá nada. Volví a mirar por la ventana. —Llévame a otro lugar —dije de pronto. Andrew me miró de reojo. —¿Qué? —Tu departamento es el primer lugar donde me buscaría. —No vamos a mi departamento —respondió—. Te llevaré a casa de mis padres. Amanda arregló un auto para sacarte del país mañana. —¿Un auto? —Si viajas por avión, Eros te encontrará. El silencio volvió, más pesado esta vez. Asentí lentamente. Nunca me gustó que Amanda estuviera detrás de todo. Pero por primera vez… no estaba luchando contra ella. Ahora yo estaba bajo sus órdenes. Y eso debería haberme dado paz. Pero no lo hizo. Nada que viniera de ella podía ser algo bueno. No sabía qué esperaba al llegar. Quizá una casa grande, elegante, algo acorde al hombre que tenía al lado. Pero cuando el auto se detuvo… no fue eso lo que encontré. La casa era mediana, sencilla, cálida. Luces encendidas en las ventanas, cortinas claras, nada de lujo, nada de ostentación. Nada que se pareciera remotamente al mundo que acababa de dejar atrás. —Ya llegamos —dijo Andrew. Miré la casa unos segundos antes de bajar. —No imaginé que vivieras en un lugar así… ¿El gran Andrew Winchester? Él sonrió apenas, como si eso no fuera importante. —Hay muchas cosas que no sabes de mí. Dio un paso hacia la entrada y luego me miró otra vez. —No has sido la única que fue rescatada por la familia Cross. Mi estómago se tensó ante sus palabras. —¿Eso debería preocuparme? —pregunté. Andrew sostuvo mi mirada, firme. —Estoy contigo, Victoria. Luego abrió la puerta. —Pero puedes entrar… y descubrir todos mis secretos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD