Las mellizas aparecieron de inmediato. —¡Llamen al 911! ¡Rápido! ¡Díganles que es una sobredosis! Zeus ladraba sin parar. Se subía y bajaba del pecho de su amo, ansioso y asustado. Los minutos siguientes fueron un caos. Los bomberos llegaron antes que la ambulancia. Uno de ellos, al ver la situación, no dudó: cargó a Tiziano en brazos y corrieron hacia el vehículo de emergencia. El sonido de las sirenas retumbaba en la madrugada. Sienna no lo pensó dos veces. Le marcó de inmediato a Ginebra. —¿Hola? —Ginebra… tienes que venir al hospital. Tiziano… Tiziano se tomó todas las pastillas. Lo están atendiendo ahora. El silencio al otro lado fue seco. —No… no puede ser —dijo ella, apenas un susurro. Se sentó en la cama. El corazón le latía tembloroso dentro del pecho. Se maldijo una y

