El día siguiente, Jan se levanta con mucha hambre, y dice: — Voy a salir de este bosque. En ese instante, Jan se pone a recorrer el bosque por más de media hora a paso lento por el hambre. Cuando ve bastante humo desde lejos, y dice: — Debe de haber alguien allá adelante. Jan sigue caminando. Cuando ve una casa en medio del bosque. Y a un hombre arrodillado orando en la parte de afuera, y dice con alegría: — ¡Un hombre de fe! Jan comienza acercarse lentamente a la casa. Cuando ve que el hombre se levanta con gran enojo, y mira al cielo gritando: — ¡TIENES QUE LLEVARME A MI TAMBIÉN! ¡YO FUI FIEL CONTIGO! ¡NO ES JUSTO QUE ME HAYAS DEJADO AQUÍ! Jan sorprende al hombre, diciéndole: — ¿Quién eres tú para imponerle algo a Dios? Con gran sorpresa, el hombre mira a Jan, y le responde: —

