Camino a casa desde Milán a la ciudad de Florencia va en el tren Marvin, un viaje que dura 4 horas y 33 minutos de tiempo, recorriendo una distancia de 315,1 km; en el trayecto que está haciendo recuerda su niñez; fue un niño muy sano, privilegiado, mis padres siempre enseñándome a ser valiente, competitivo y sobre todo respetuoso. Luego llegó Roggetto cómo quise a ese bebé, a veces no lo dejaba ni dormir quería jugar con él, mi pequeño hermano fue creciendo, ya me divertía con él.
Pasaron los años, ¡nos hicimos adolescentes, qué tiempos aquellos! él se aplicaba mis colonias dejándome los frascos vacíos, le encantaba la dulce Gabbana. Cuando tuve que ir a la academia militar este muchachito se empeñó de convencer a nuestro padre para ir con nosotros a Italia, es sorprendente ver cómo visitó todos los cuartos de los nuevos que ingresamos en la universidad Nunziatella, Dios qué desastre fue me tocó buscarle por todo el recinto, papá estaba muy enojado de hecho, cuando lo encontró lo castigó. Pero Roggetto es muy manipulador, abrazaba y le hacía monerías a nuestro padre para que le quitara el enojo, así lograba todo lo que se proponía.
Este recuerdo siempre lo llevo en mi en mi mente, fueron años grandiosos, transcurrió el tiempo coma aprovecha cada uno de los cursos en la carrera militar, mi hermano y papá siempre venían a visitarme, hasta que me gradué, en esa etapa vino toda la familia completa y mi madre ¡doña Leonor estaba muy orgullosa por mí! y mi corazón se desbordaba de amor por tener en ese momento a mis padres conmigo. ¡Fue grandioso!
Cuándo Roggetto, ingresa a la universidad de Roma Sapienza, yo estaba aquí en servicio militar coma Como marine mis padres se quedaron en Florencia, fue duro para ellos no tener a sus hijos en casa, claro todos habíamos crecido, sin embargo yo iba con mi hermanito a visitarlos a Florencia siempre, regresamos para continuar con nuestras vidas yo de militar y Roggetto de estudiante de arquitectura, Como pasa el tiempo este niño se graduó, otra vez mi padre es orgullosos del último Filio.
Roggetto, una vez graduado, fue a casa ayudar a la familia apoyó a papá en los viñeros, hizo arreglos en la estructuras de los galpones de almacenado, en los destiladoras, todo transcurrió bien. Pero el día 10 del mes de octubre del año 2002 estando mi padre en su empresa, se levantó de su asiento, caminó hacia el pasillo, en busca de un vaso de agua, cuando iba a solo unos pasos de su oficina, se desplomó, los empleados corrieron a socorrerlo pero todo fue muy rápido, un infarto cardíaco fulminante ¡acabó con la vida de mi padre! Lo confirmo el medico de nuestros viñedos Don Tomas Santorinne. Recuerdo cuando mi madre doña Leonor, estaba inconsolable me dijo vuestro padre se ha ido. ¡Dios! lo ha llamado, en ese momento, todo mi mundo se nubló, tuve que sentarme para no caerme. Corte la llamada.
Salí en ese momento a hablar con mi mayor Don Jean Franco Dianfoniotti. Le comuniqué lo sucedido en ese momento me expidieron la tarjeta de permiso por motivo de duelo, con una plaza de 25 días, agradezco siempre el gesto tan noble de mi superior.
Cuándo me dirigí a casa, Roggetto me llama, llorando diciéndome —hermano te necesitamos.
Yo le respondí, —voy en camino, por favor cuida a mamá mientras llego. Apenas estacionó el tren, busqué un carro para ir a mi hogar, pero ahí estaban mis amigos de juventud. Manolo, Mateo coma Antoniello, Gerardo, Gregorio, esperándome, apoyándome en estos momentos difíciles.... no tenía palabras por su incondicional solidaridad hacia ¡mí!
Pasaron los minutos, ellos parloteaban por el camino, y yo no veía la hora de llegar a mi destino, cuando estacionó el carro, salí corriendo a casa ¡abracé a mi madre! Mi viejita linda. Ella me dijo —Marvin llegaste ¡oh mamá mía qué dolore! quédate a mi lado no me abandones. Le dije tranquila madre aquí estoy, siempre estaré para ti.
En ese instante, se acerca Roggetto, él estaba muy joven solo con 21 años aún era un niño pero grandioso arquitecto, me dijo —hermano se nos fue papá. Estamos solos. Le respondí ¡no! ¡Solo no estamos! Aún tenemos a vuestra madre debemos luchar, ser fuertes y seguir adelante por ella.
Caminé hacia la sala de nuestra casa, ahí se encontraba el féretro con el cuerpo de mi padre. Acompañado de varios vecinos, familiares, amigos rezaban el rosario, me acerqué a su urna, ¡mi viejo estaba ahí! en ese momento, se me desplomó parte de mi vida, sentí que me arrancaron algo de mí. Le pedí perdón por no haber estado para él, sin embargo ¡solo Dios! Sabe, que estaba en servicio militar porque ese era mi sueño. Pero te honré en vida papá, soy lo que actualmente represento gracias a ¡ti! un teniente Marín de la fuerza naval de Italia.
Cuando llegó el día del sepelio; todos los amigos de la familia, Timoteo, Andrade, di Gregory, Antoniello, Ciros hablaron muy bien de ¡ti! sin contar tus empleados de los viñeros, fuiste y será un padre ejemplar, allá en el cielo y yo aquí siempre te llevare en mi corazón.
Cómo me hubiese gustado que estuvieras vivo, mi vida fuese diferente, ¡padre mío! Tuve que pedir la baja para acompañar a mamá. Estar al pendiente de los negocios (los viñedos, suplantación, la producción de los vinos, la capta), era una etapa difícil para doña Leonor y Roggetto, puesto que solo era un jovencito. La decisión que tomé fue la más idónea, no me arrepiento de ello, todo con tal de ¡cuidar a la familia! sé que tú me hubieses entiendo papá.
¡Tantos recuerdos! la Navidad del 2001 antes de tu partida, fuimos a la costa toscana, cómo te gustaba esa playa por las aguas cristalinas del mar Tirreno, compartimos como nunca, hasta cantaste la canción favorita tuya corazón es un gitano de Nicola Di Bari. La cual dice; al fondo el corazón tiene una herida, sufría, sufría, Le dije que no es nada más mentira, lloraba, lloraba, por ti, se ha hecho tarde, es ya noche no me detengas, déjame ir.... padre te fuiste. No sabes cómo llore yo por ti.
Cómo me hubiese gustado haber tenido a ¡mi amada Constanza! en esa época tan dura para mí. Me pregunto ¿dónde estabas tú mi amore? Dios gracias por enviarme una mujer buena como lo es ¡ella!
Pienso, que las cosas suceden por algo, para hacerte duro, fuerte, aprender de lo malo pero dejando ir el dolor para crecer como persona.
En esa Navidad que siempre recordaré en mi corazón, colocábamos luces de lluvia por todo el techo de la casa, eso parecía la plaza del centro de Florencia, luego guindábamos los calcetines en la chimenea, hasta un grillo le metíamos a esas medias, colocábamos las macetas de rosas navideñas por toda la casa, los tapetes de la abuela Claudia de Pizarro, y la colocábamos por toda la casa. Preparábamos chocolate caliente ese que hace mamá con canela y uvas pasas, cocinamos macarrones a la carbonilla, bebíamos vino tinto Florentino toscano, cuando mamá llegó ¡Dios! nos sacó de la cocina, pero luego se unía a nosotros. Después de cenar decorábamos el árbol que medía 3 m y medio de altura. Roggetto sacaba todos los adornos, le gustaban tanto porque las bambalinas estaban troqueladas con figuras navideñas otras tenían mensajes referente a la ocasión.
Colocábamos en nacimiento el cual estaba conformado por San José, la virgen María, los pastores, la burra, el buey medían 1.5 de alto por 25 cm de ancho cada estatuilla talladas en bronce puro, regalo que obsequió mis abuelos maternos a mis padres cuando ellos contrajeron nupcias. Esta decoración abarcaba todo el comedor completo, aunado con grama natural de nuestras propias parcelas de los viñedos.
Marvin, en ese momento se levanta de su asiento del tren camina hacia el baño, se lava la cara, luego va hacia la camarería para tomarse un café, regresa a su compartimiento observa el reloj, todavía falta una 1 hora y 30 minutos de camino, reclina el asiento, cierra sus ojos y se queda dormido. Pasan los segundos, minutos se hace en las 6:30 p.m. de la tarde, el tren llega a su destino, el Renfe, hace el llamado por el altavoz.
Éste se despierta escuchando, — ¡estimados pasajeros! Se les participa que el tren de Milán con destino Florencia, está empalmando en estos momentos, por favor recuerden de permanecer en sus asientos, tomen sus maletas y prepárense para descender del mismo.
Marvin se dispone a bajar va caminando por el pasillo hacia la salida, pone sus pies en tierra, toma sus maletas cuando recorre unos 3 m de distancia por la plataforma, ¡escucha una voz! Que le decía ¡Hey! ¡Hey! Marine Pizarro voltea para que veas quién te vino a buscar.
Cuando Marvin gira su cuerpo, esa voz que le llama se da cuenta que se trataba de Roggetto. Suelta las maletas corre hacia su hermano, lo alza de un solo alón, se abraza mutuamente y se saludan. — ¡Oh mammá mía! Qué falta me hacías viejo, mírate todo un galán los años en ti Marvin no te pasan.
Sonriente, con los ojos brillantes y muy contento Marwin le contesta a Roggetto!
— ¡oh! Pero tú tampoco te quedas atrás, cada día te pareces más a vuestro padre! oye ¡hermanito me da tanto gusto verte, así bien, sano, todo un Pizarro Marcoulli!
Roggetto— permettimi prenderle le valigie allá, macchina. Marvin le dice o claro que sí. Veo que ya no quieres palotear en español, se te pegó el italiano en Venecia. ¿Trajiste el carro deportivo?
Roggetto contesta —sí hermano no quería llegar tarde a ¡cercarti!, ya conoces a vuestra madre se enojaría conmigo, si llegases en taxi. Cuéntame ¿cuándo llegaste tú a Florencia?
Él le responde —hace unos días, todo en silencio porque le di la sorpresa a doña Leonor, si te imaginaras cómo se puso al verme. Pienso que al verte a ti se va a emocionar mucho...