46.

1542 Words
❝FUGITIVO.❞ ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ Después de alejarse varias calles los mellizos Potter se dejaron caer sobre un muro bajo de la calle. La pelirroja apoyo su cabeza sobre el hombro de su hermano viendo como Lucifer se arrastraba hasta su pierna. -¿Y ahora? -preguntó Harry. -No lo se, quizas... Pero la pelirroja no termino de hablar ya que su hermano le hizo una señal para que se callara. -Creo que nos estas vigilando -dijo en un susurro el chico. Hydra se paro rápidamente acompañada de su hermano mientras sacaba su varita del bolsillo de su pantalón. -¡Lumos! -susurró Harry. La puerta de un garaje se iluminó y vieron allí, nítidamente, la silueta descomunal de algo que tenía ojos grandes y brillantes. Harry se echó hacia atrás. Tropezó con el baúl. Alargó el brazo tratando de sujetarse de su hermana para impedir la caída, la varita salió despedida de la mano y él aterrizó junto al bordillo de la acera. Hydra se rio olvidando todo. Sonó un estruendo y un segundo más tarde, un vehículo de ruedas enormes y grandes faros delanteros frenó con un chirrido exactamente en el lugar en que había caído Harry. Era un autobús de dos plantas, pintado de rojo vivo, que había salido de la nada. En el parabrisas llevaba la siguiente inscripción con letras doradas: AUTOBÚS NOCTÁMBULO El cobrador, de uniforme rojo salto del autobús y dijo en voz alta sin mirar a nadie: -Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado a su suerte. Alargue la varita, suba a bordo y lo llevaremos a donde quiera. Me llamo Stan Shunpike. Estaré a su disposición esta no... El cobrador se interrumpió para mirarlos Stan Shunpike era tan sólo unos años mayor que ellos no tendría más de dieciocho o diecinueve. Tenía las orejas grandes y salidas, y un montón de granos. -¿Qué es lo que tienes en la frente? -preguntó Stan mirando a Harry por lo que instintivamente Hydra cubrió su cuello con el pelo. -Nada -contestó Harry. -¿Cómo se llaman? -Neville Longbottom -respondió Harry. -¿Y tu? -Hermione Granger -contestó, fue el primer nombre que se le vino a la mente- Así que... así que este autobús... -dijo con rapidez, esperando desviar la atención de Stan- ¿Has dicho que va a donde yo quiera? -Sí -dijo Stan con orgullo- A donde quieras, siempre y cuando haya un camino por tierra. No podemos ir por debajo del agua. Nos has dado el alto, ¿verdad? Sacaste la varita y...¿verdad? -Sí -respondió Harry- Escucha, ¿cuánto nos costaría ir a Londres? -Once sickles, cada uno -dijo Stan- Pero por trece les damos además una taza de chocolate y por quince una bolsa de agua caliente y un cepillo de dientes del color que elijas. -Me gusta el verde -dijo Hydra mirando a su hermano esperando que pagara. Harry rebuscó otra vez en el baúl, sacó el monedero y entregó a Stan unas monedas de plata. En el autobús no había asientos; en su lugar; al lado de las ventanas con cortinas, había media docena de camas de hierro. A los lados de cada una había velas encendidas que iluminaban las paredes revestidas de madera. Un brujo pequeño con gorro de dormir murmuró en la parte trasera: -Ahora no, gracias: estoy escabechando babosas -y se dio la vuelta, sin dejar de dormir. -La de ustedes son éstas -susurró Stan. -¿Y mi cepillo verde? -preguntó Hydra mientras se sentaba junto a su hermano. Stan le mostro una variedad de cepillos de todos colores asi que la pelirroja tomo el verde y uno roja para Harry. -Éste es nuestro conductor; Ernie Prang. Ernie Prang, un brujo anciano que llevaba unas gafas muy gruesas. -Vámonos, Ernie -dijo Stan, sentándose en su asiento, al lado del conductor. -Aquí estábamos antes de que nos dieras el alto -explicó cuando el autobús comenzo a andar- ¿Dónde estamos, Ernie? ¿En Gales? -Sí -respondió Ernie. -¿Cómo es que los muggles no oyen el autobús? -preguntó Harry. -¿Ésos? -respondió Stan con desdén- No saben escuchar; ¿a que no? Tampoco saben mirar. Nunca ven nada. Stan había abierto un ejemplar de El Profeta y lo leía con la lengua entre los dientes. En la primera página, una gran fotografía de un hombre con rostro triste y pelo largo -¿Ese no salio en el noticiero muggle? -preguntó Hydra a nadie en especial. Stan volvió a la primera página y rió entre dientes. -Es Sirius Black -asintió- Por supuesto que ha salido en el noticiero muggle, Hermione. ¿Dónde han estado este tiempo? Desprendió la primera página del diario y se la entregó a Harry. -Deberían leer más el periódico. Hydra se acerco un poco más a su hermano para leer. BLACK SIGUE SUELTO El Ministerio de Magia confirmó ayer que Sirius Black, tal vez el más malvado recluso que haya albergado la fortaleza de Azkaban, aún no ha sido capturado. «Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para volver a apresarlo, y rogamos a la comunidad mágica que mantenga la calma», ha declarado esta misma mañana el ministro de Magia Cornelius Fudge. Fudge ha sido criticado por miembros de la Federación Internacional de Brujos por haber informado del problema al Primer Ministro muggle. «No he tenido más remedio que hacerlo», ha replicado Fudge, visiblemente enojado. «Black está loco, y supone un serio peligro para cualquiera que se tropiece con él, ya sea mago o muggle. He obtenido del Primer Ministro la promesa de que no revelará a nadie la verdadera identidad de Black. Y seamos realistas, ¿quién lo creería si lo hiciera?» Mientras que a los muggles se les ha dicho que Black va armado con un revólver (una especie de varita de metal que los muggles utilizan para matarse entre ellos), la comunidad mágica vive con miedo de que se repita la matanza que se produjo hace doce años, cuando Black mató a trece personas con un solo hechizo. -Da miedo mirarlo, ¿verdad? -dijo Stan. -La verdad es que no -contestó la pelirroja. -¿Mató a trece personas -preguntó Harry- con un hechizo? -Sí. Delante de testigos y a plena luz del día. Causó conmoción, ¿no es verdad, Ernie? -Sí -confirmó Ernie. -Black era un gran partidario de Quien Tú Sabes -dijo. -¿Quién? ¿Voldemort? -dijo Harry sin pensar. Hydra le pego un codazo. -¿Te has vuelto loco? -gritó Stan- ¿Por qué has mencionado su nombre? -El... esto, solamente se me olvido -dijo Hydra rápidamente mirando mal a su hermano. -Entonces... entonces, ¿Black era seguidor de Quien Tú Sabes? -soltó Harry como disculpa. -Sí, exactamente. Muy próximo a Quien Tú Sabes, según dicen... De cualquier manera, cuando los hermanos Potter acabaron con Quien Tú Sabes todos los seguidores de Quien Tú Sabes fueron descubiertos, ¿verdad, Ernie? Casi todos sabían que la historia había terminado una vez vencido Quien Tú Sabes, y se volvieron muy prudentes. Pero no Sirius Black. Según he oído, pensaba ser el lugarteniente de Quien Tú Sabes cuando llegara al poder. El caso es que arrinconaron a Black en una calle llena de muggles, Black sacó la varita y de esa manera hizo saltar por los aires la mitad de la calle. Pilló a un mago y a doce muggles que pasaban por allí. Horrible, ¿no? ¿Y sabes lo que hizo Black entonces? -¿Que? -Reírse. Se quedó allí riéndose. Y cuando llegaron los refuerzos del Ministerio de Magia, dejó que se lo llevaran como si tal cosa, sin parar de reír a mandíbula batiente. Porque está loco, ¿verdad, Ernie? ¿Verdad que está loco? -Si no lo estaba cuando lo llevaron a Azkaban, lo estará ahora -dijo Ernie con voz pausada- Yo me maldeciría a mí mismo si tuviera que pisar ese lugar, pero después de lo que hizo le estuvo bien empleado. -Bien -dijo Stan, dando palmadas- ¿a que parte de Londres van? -Al callejón Diagon -respondió Hydra. -De acuerdo. Circularon por Charing Cross como un rayo.  Ernie pisó el freno, y el autobús noctámbulo derrapó hasta detenerse delante de una taberna vieja y algo sucia, el Caldero Chorreante, tras la cual estaba la entrada mágica al callejón Diagon. -Gracias -dijeron los mellizos cuando bajaron- ¡adiós! Pero Stan no les prestaba atención. Todavía en la puerta del autobús, miraba con los ojos abiertos de par en par la entrada enigmática del Caldero Chorreante. -Conque están aquí, Hydra y Harry -dijo una voz. Hydra noto una mano en su hombro. -¡Caray! ¡Ernie, ven aquí! ¡Ven aquí! Estaban delante del mismísimo Cornelius Fudge, el ministro de Magia. Stan saltó a la acera, tras ellos. -¿Cómo ha llamado a Neville y Hermione, señor ministro? -dijo nervioso. Hydra rodo los ojos. -¿Neville y Hermione? -repitió frunciendo el entrecejo- Son Hydra y Harry Potter. -¡Lo sabía! -Sí -dijo Fudge irritado- Ahora ellos y yo tenemos que entrar en el Caldero Chorreante... Fudge los conducio al interior de la taberna. Hydra le mando una mirada a su hermano donde decia claramente "estamos en problemas"
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