Capítulo 6

4223 Words
Ese sujeto patán de lo peor acaba de dejarme a su hijo, acaba prácticamente de nombrarme niñera de su hijo y ha ignorado cada cosa que le he dicho. No puedo creerlo. Un día, llevo un día aquí y ya me encuentro en esta posición, que demonios cree ese sujeto que es ¿La Reina de Inglaterra? Dios. Nunca he conocido a alguien tan individual como él. -Disculpa, por favor disculpa a Constantine esto de ser padre lo ha tomado muy mal y siempre pasa lo menos de tiempo posible con Silas.- ofrece coger a Silas pero verle dormido en mi regazo me enternece y lo dejo estar. –Y es un completo idiota algunas veces, no puedo creer que actué de esa manera contigo ¿Qué se trae?- gruñe. La verdad es que parece un tipo algo extraño.  Me siento en una silla y cruzo la pierna, me pongo al pequeño en el pecho acunándolo para que se sienta mejor, Ricardo se sienta frente a mí. El pequeño Silas es un niño precioso, cualquier mujer debería de sentirse bien con semejante luz de vida. -Es un cabeza dura y sinceramente es un tipo con el que nunca trataría, nunca me han tratado de la manera que él lo hace.- oh bueno, sí, mi hermano pero creo que ese asunto es diferente. –Ayer que le conocí parecía estar furioso con el pequeño, estuve a punto de asesinarle pero supe contenerme.- suspiro. Quien diría que me lo volvería a encontrar aquí, que pequeñito es el mundo pero espero que no tanto. -¿Lo encontraste ayer en la noche? Seguramente fue después de que nos despedimos, ayer había una reunión de socios de un club extraño al que asiste y es posible que estuviese enfadado por eso.- se encoge de hombros no queriendo profundizar. –Constantine nunca creyó llego a ser padre y mucho menos de esta manera, Silas tiene suerte pero a la vez no tanta.- sonríe. -¿Por qué le aterra tanto la idea de ser padre y de cuidar a Silas?- pregunto, me interesa un poco el asunto. –No le conozco mucho pero pienso que si no se estuviese quejando a cada segundo y se preocupara un poco más en su hijo; podría ser un excelente padre.- acaricio la mejilla de Silas. Es un bebe precioso no puedo negarlo. -No lo sé creo que es miedo al compromiso, Constantine siempre ha sido un hombre con perspectivas diferentes, le gusta viajar, actividades extremas y... otro tipo de cosas que lo absorben de tiempo, un bebe le quita mucho de esto.- insisto que parece no querer profundizar pero lo comprendo solo soy alguien extraño. -¿Quién es la madre del niño?- pregunto. Me mira fijamente, abre la boca y parece suspirar. -Esa mirada tuya puede doblegar a cualquiera.- ladea. -¿Es eso un halago o una ofensa?- pregunto con una sonrisa. La verdad es que es una mirada rara y es intimidante hasta cuando me veo en el espejo. -Un halago supongo, siendo una princesa definitivamente es un halago.- sonríe de lado, no quiero doblegar a nadie. Me dice que no sabe de la madre de Silas, que cada vez que menciona el tema con Magnus este se enfurece y le pide no tocar tema. Ese hombre se escucha algo prepotente. Silas llego a manos de Magnus en diciembre veinticinco y según lo que menciona fue una sorpresa desgarradora para Magnus quien planeaba pasar el año en Estados Unidos solo. Raro. Me cuenta que es dueño de una banca internacional y me sorprendo al no haber escuchado de ella antes, seguramente no tenemos negocios con él. Ricardo me cuenta un par de cosas de Magnus y algunas me cuesta creerlas, no creo que haya algo en ese hombre que sea carismático y amable. Me cuenta que conoció a esa cosa en Italia hace un par de ellos y fue el quien lo persuadió de venir a Inglaterra, tuvo un vida difícil en Italia y fue Magnus quien lo ayudo a salir adelante aquí; parece estar muy agradecido con él y se nota que le aprecia bastante. Bonito. La amistad verdadera se debe apreciar como a un tesoro... o eso es lo que Eren dice. No profundizamos con el porque me pregunta de mi familia, menciono que mis padres si viven en Suiza y de la empresa de chocolates que tiene mi padre, ¿Qué hace un ex príncipe vendiendo chocolates? No lo sé, por lo menos el no hará un concurso para buscar un heredero. -¿Quieres que lo pongamos en el sillón?- pregunta. Vuelvo a verlo. –Lo mejor es que desayunes ayer parecías estar muy hambrienta y mencionaste algo de Kof... kof algo.- hace un mohín, asiento y me levanto con Silas en brazos. No lo sé, en las películas sale que siempre se llevan a los niños cuando se les deja solos en los sillones. Me pregunto si deberíamos de hace un rito. Ellinor basta, no seas ridícula, esas cosas no existen. -Creo que deberíamos dejarlo en el sillón.- respondo finalmente. Silas se remueve y suspira tranquilo. –Es un niño precioso, se parece mucho a Magnus.- -¿Es Magnus precioso también?- me detengo y le vuelvo a ver. El solo comienza a reír. Cierto que Silas se parece mucho pero, ¿Magnus? No. –Parece que le agradas mucho, no le había visto tan tranquilo nunca y eso que he tenido que cuidarlo en varias ocasiones.- caminamos hasta la sala y el acomoda dos sillones para poner a Silas allí. -Magnus no es feo pero no me gusta, es decir, su atractivo físico es impresionante y no niego que la primera que lo vi me sentí atraída... después de ver su personalidad me comprenderás que no puedo si quiera interesarme en alguien así.- me encojo de hombros, me vuelve a ver. Le pido que ponga una manta larga sobre el sillón y después una almohada, pongo a Silas ahí y no se queja. Venga, Ellinor no te encariñes con el pequeño porque con el papa que tiene no creo que llegues a mucho... aunque ahora soy su niñera. -Constantine no es mal tipo pero en lo que concierne a mujeres. Ellinor no sé si esto es necesario contigo pero no está demás decirlo; Constantine no es un hombre de relaciones largas y de una sola mujer. Soy su amigo y lo conozco, eres una princesa y no eres algo para el.- frunzo el ceño. Soy mucho de hecho. –Me refiero tu eres demasiado para un hombre con él, es mi amigo pero es un cabron con las mujeres.- ah, lo entiendo, puedo notarlo. Me invita a pasar nuevamente al comedor. Me encuentro de repente pensando en Magnus, es millonario, tiene un bebe, es un profesional y ahora sé que es un mujeriego, ¿me tiene que importar? La verdad es que no, pero de alguna manera me encuentro interesada en él. No es hombre de una sola mujer. ¿A qué se refiere con eso? significa que le van esos actos de varias personas en la intimidad, ¿o algo parecido? No sé y no quiero saber. Ricardo me sirve un delicioso desayuno inglés, me recuerda un poco a casa y me encuentro muy agradecida con él. Se sienta frente a mí con una taza de té, le pido nuevamente que me hable de él y lo hace. Treinta y cuatro años, sus padres fallecieron cuando era pequeño y vivió con sus abuelos toda su vida, una economía baja fue quien lo trajo a Inglaterra con Magnus y ahora puede ayudar a sus abuelos en Italia. Me cuenta un poco de su relación con Yasin, parece que son novios y llevan poco más de un año juntos, me dice que su orientación s****l no es conflicto con Magnus a pesar de que este siempre ha tratado de mostrarlo lo riesgoso que esto puede resultar. Ese tipo... si se aman que los deje ser. Una pregunta surge en mi mente, ¿Qué relación tiene o tenía con Eren? Estoy más que segura que nunca había escuchado el nombre Ricardo Di Porte en casa, ni una sola vez y pensándolo bien nunca le he conocido novias a Eren, ¿o sí? No, no lo recuerdo. -¿Qué relación tenías con Eren?- pregunto de la nada. Se atraganta con el té y me mira nervioso. –Eren es mi servidor, no puede mentirme o traicionarme, es una ley a la cual si falta podría penalizarse con la muerte.- digo. Abre los ojos y se muestra de repente preocupado. -¡Qué clase de trabajo es ese!- grita paranoico. Me comienzo a reír y le pido que baje el volumen porque Silas duerme. -Solo bromeo, en Liechtenstein ni siquiera tenemos fuerza armada. La policía local es solo por algún que otro problema, no somos violentos pero otro asunto es mi escape... me pregunto si sigue vivo.- me encojo de hombros. Si mi hermano le hace algo, voy a matarlo y es una promesa. -¡A que te refieres con eso!- grita paranoico. Uau. Que intenso. Me cruzo de brazos y le miró fijamente, el me mira y parece tranquilizarse. –No quería gritar, lo siento.- me muerdo el labio. Ricardo es intenso y atractivo. -Eres muy intenso y atractivo.- abre la boca y sonríe. –Supongo que la relación que tenías con Eren es igual o más intensa de lo que me estoy imaginando.- -Yo... no... no sé lo que estas tratando de decir.- le da un trago a su te. Le miro intrigada, uuh, aquí hay rollito intenso. -¿Deberíamos de despertar a Silas para ir a dar un paseo o te gustaría ir a dar un paseo a ti?- se levanta, estiro la mano y le miro. Él lo hace y parece nervioso. Oi. No me importa si hicieron cositas... o si, y quiero saber. -No cambies de tema, ¿Cómo es que Eren te conoce? Nunca hemos estado aquí y él siempre está a mi lado, ¿Cómo es que ustedes? Tampoco tenemos relación con Inglaterra por asuntos personales sobre...- me quedo callada, no es como que seamos enemigos, es solo algo de mi hermano. –En fin, libérate y dímelo todo.- le guiño un ojo. -Le conocí en Venecia, estaba desesperado buscando a una niña...- se queda callado y me mira. No lo comprendo. -¿Has estado en Venecia antes y de casualidad te has escapado de tus padres entonces?- pregunta indagando. Me pongo a pensar en el asunto. He estado varias veces en Italia, no en años recientes pero si cuando esta pequeña, unos cinco años atrás recuerdo que discutí con Emiliano porque me obligaba a vestir un ridículo vestido rosa y quería que fuese a un evento de caridad. Mis padres se molestaron conmigo y... sí, creo que sí. -¿Hace cinco años?- pregunto. Él asiente. –No lo sé, tengo un vago recuerdo.- me encojo de hombros. Hicieron que toda la policía italiana me buscara y fue algo muy dramático, es mejor no sacarlo a la luz. Qué clase de infancia he tenido, ¿existen hermanos que no te hagan sentir mal? Quiero uno de esos por favor. -Le conocí entonces, estaba muy preocupado por ti. Le ayude a buscarte pero de pronto recibió una llamada y me dijo que tenía que irse, le pedí su número telefónico pero se negó, entonces le pedí verle esa misma noche en un bar y acepto.- se queda callado. Que buena persona es Eren, quería hacer amigos. –Estuvo un mes en Italia y supongo que ustedes también, tuvimos una relación o algo así y cuando tuvo que marcharse le pedí que se quedara a mi lado y se negó, dijo que no podía dejar su trabajo y que debía terminar todo, que lo olvidara.- suspira. Eren tuvo una relación con él, eso solo significa que es homosexual y no me lo dijo, pero si ya le he visto con mujeres. Debe de ser de esas personas que están bien con cualquier persona, uau, es sorprende que no me lo haya contado. Me duele. Ricardo parece afectado por el recuerdo, ah, lo entiendo. -Estás enamorado de él ¿cierto?- me mira asombrado, niega. Hasta una mujer despistada como yo podría notarlo, me pregunto si debería hacer que se encontraran. –Sí, claro que no lo estas.- digo. Está hablando del pasado con ojos de maravilla y Eren es atractivo, como no podría amarlo. -Eren vendrá en unos días, semanas e incluso meses ¿quieres verlo?- pregunto. Me mira y solo esa expresión me dice que sí. ¡Súper! -Cuando me llamo, creí que... no importa lo que creí pero estaba feliz de que me haya buscado, que acepte de inmediato recibirte, pensé que eras su novia o algo por el estilo... hubiese preferido eso a enterarme que eres una princesa fugitiva.- niega incrédulo. -No es la gran cosa.- me encojo de hombros. Estoy feliz y espero que Eren también lo esté cuando vuelva a verlo, me imagino que no está mal tener una relación con otro hombre ¿o sí? Ha, aunque en mi país estuviese prohibido en cuanto tome posesión del trono cambiare un par de cosas. Gracias por los alimentos.- digo. El me mira extrañado. No, de hecho me mira por largos segundos completamente extrañado, no entiendo a esta clase de personas que me miran como si yo fuese algo extraño, lo soy, pero disimulen un poquito. Por dios. -¿Debería de hacer algo después de desayunar? Supongo que ustedes lavan sus propios platos, ¿cierto?- me mira, lo miro, parece intrigado y confundo, yo me encuentro sin emociones. -¿Nosotros?- pregunta. Me levanto de la mesa. –Nosotros.- repite. Se levanta conmigo. Recojo los platos y me dispongo a llevarlos al lavavajillas. Me sigue y parece estar inspeccionando mis movimientos, bien, no importa yo puedo ser un humano común y corriente. Tengo que ponerlos dentro, ¿cierto? Maldición. No sé cómo se hace. Ellinor piensa, piensa y piensa, ha, lo tengo ¡Jabón! ¿Pero de cuál? Comienzo a buscar algo que parezca jabón pero no encuentro nada parecido, doy una vuelta de ciento ochenta y me encuentro a Ricardo a punto de reír. -Me preguntaba... ¿si es necesario utilizar algún jabón especial a la hora de limpiar los platos?- pregunto, él se tapa la boca. –Me resulta interesante verte riendo pero ¿hay algo gracioso en esto?- ladeo, comienza a caminar hasta a mí. Coge los platos y los metes en una especie de caja, o no lo sé, está bajo esa cosa que tampoco se su nombre. -Solo déjalos ahí.- me dice, está tratando de reír. Me ofende. –Ellinor, majestad, no sé cómo demonios quieres aparentar una vida normal aquí cuando ni siquiera sabes lavar platos y te sigues expresando de manera tan rara.- -Soy una persona normal, puedo aprender a comportarme de manera ¿normal? Y pasar desapercibida será algo muy fácil.- -No lo creo tan fácil, con esos ojos bonitos cualquiera puede reconocerte y ese príncipe tuyo te encontrara y vendrá rápido por ti, ¿no temes que venga por ti?- asiento, si porque cuando venga por mi estará furioso o más que eso. No me importa. -Emiliano jamás pondrá un pie en Inglaterra y eso lo puedo asegurar, ni siquiera por su hermana rompería la promesa que ha hecho de no pisar esta tierra.- me doy la vuelta para ir a ver a Silas que creo que acaba de quejarse. Debería de llamar a ese tipo para que venga a ver a su hijo, dios, como puede confiarme a su hijo de esta manera. Camino hasta él y le miro removerse perezoso, trata de abrir los ojos pero solo es por segundos, quizás debería llevarlo a dar una vuelta (Nótese que no conoce Birmingham y no puede conducir), si quizás deberíamos de ir a conocer. Silas abre los ojos y me mira perezoso, parece querer llorar pero le acaricio el estomaguito para que no lo haga. Toca mi mano y me agarra un dedo, seguido se lo lleva a la boca y yo me rio. -Lo siento bebe pero comer humanos es prohibido, ¿quieres desayunar un poco de fruta?- pregunto, el pequeño solo sonríe. Cierra los ojos por segunditos pero no parece querer seguir durmiendo. Me pregunto cómo sería si tuviera el color de ojos y piel de su padre, cuando este mayor podría verse casi idéntico si fuese de esa manera. Sus pestañas son idénticas. -Silas parece feliz contigo, quizás si deberías de ser la niñera.- frunce el ceño meditándolo. Me pongo a pensar un momento en el asunto. ¿Niñera? No es mala idea pues me facilitaría pasar desapercibida, mientras no salga al visto publico todo podría estar bien y para ser sincera creo que si podría cuidar de un niño. -Magnus me cae mal.- gruño. Este se comienza a reir. –Pero Silas me agrada mucho.- me encojo de hombros. Por lo que Rick me ha comentado no puedo preocuparme de que ese tipo este en casa o que lleve personas a su casa. -¿Qué harás entonces? Yo voy a ayudarte en todo lo que me pides, Su Alteza.- hace una reverencia. Le sonrío. Creo que ya tengo un empleo. -Seré la niñera de Silas.- digo. Se recompone y veo una pizca de miedo, el mismo acaba de decir que puedo ser su niñera porque nos llevamos bien y para ser sincera no voy a involucrarme sentimentalmente con él. -No puedes aceptar, ¿tienes idea de lo que le ha pasado a todas las mujeres que han estado trabajando con Constantine? Todas terminan pidiendo más.- ladeo, no comprendo. -¿Pidiendo más? Ah, entiendo, no creo necesitar más dinero de lo que el mismo me ofrezca.- me encojo de hombros y cojo a Silas en brazos. Ricardo me mira seriamente. -No puedo permitir que estés bajo el mismo techo de Constantine.- dice de manera clara. Uau. Creí que eran amigos. –No me refiero a que tú seas mala, es que él, no sé cómo decirlo; se tira a cualquier mujer que pase frente a él y también le van otras cosas.- gruñe al final. ¿Tira? ¿Cómo votar? Le miro sin entender. -Tu eres muy inocente Ellinor; sexo, tiene sexo con todas y por eso es que no duran en sus trabajos, cuando se aburre de ellas las desecha.- ah, me pienso un segundo el hecho. No me afecta. –Ellinor tú tienes un prometido así que no deberías de arriesgarte.- frunzo el ceño. Me acerco a él y pongo una mano en su hombro. -No te preocupes. Solo puedo tener una relación íntima con aquel que ya ha sido elegido para mí, cierto, tengo un prometido pero no tengo ni la menor gana de tener algo con él. Con lo que respecta a Constantine ya me ha dicho repetidas veces que no le atraigo físicamente, y de todas maneras no soy como las mujeres fáciles que le rodean, si es este el caso, no voy a caer por él sí es lo que te preocupa.- acaricio su mejilla y él se sorprende. Silas hace que quite la mano y le doy un beso en la mejilla. Ricardo me mira sorprendido, le miro nuevamente y le guiño un ojo. -¿Por qué parece que tratas de seducir a los hombres con esa mirada?- sonrío ampliamente y niego, no trato de hacer tal cosa. Me acerco a él y le doy un beso en ambas mejillas. -No es de princesas seducir a un hombre. El beso en ambas mejillas de parte de la realeza significa confianza, cercanía y cariño. Te entrego eso ahora, confía en mí y yo confiare en ti.- le digo. Se toca la mejilla izquierda y asiente. -Ellinor me casaría contigo en este momento.- murmura. -En todo caso me rehusaría en este momento, no creo que puedas con el cargo de Príncipe de Liechtenstein.- ambos nos reímos. El resto de la mañana lo paso con él y con Silas, bañamos al pequeño en la bañera y este emocionado como nunca nos moja a ambos, Ricardo me dice que nunca había visto a Silas tan tranquilo y cómodo como ahora mismo. El pequeño es todo un artista, y nosotros lo somos más. Lo dejamos en el suelo y comienza a recorrer todo el lugar dando vueltas, me pregunto que si con un año y medio no debería de comenzar a dar unos pasitos para practicar, lo intentamos y el feliz de la vida comienza a reír y a tratar de andar mientras ambos lo sujetamos. -Ellinor.- me dice Ricardo. –Constantine está al teléfono y quiere hablar contigo.- le vuelvo a ver. -No quiero hablar con el.- digo como si nada. -Dice que es mejor que le atiendas o va a despedirte...- estiro la mano pidiéndole el móvil. Me lo entrega y parece preocupado. Me lo llevo al oído. -¡Ve a despedir a tu abuela!- dicho eso cuelgo. Silas está riéndose sobre mis brazos. -¿A que tienes un papi bobito? ¿A que si? ¡A que sí!- le hago cosquillas en las costillas y se ríe. -Creo que no debo de preocuparme porque estés trabajando con Constantine.- dice Ricardo. Pues claro, los términos entre ambos son muy intensos y es para mal. Ricardo me dice que deberíamos de ir a su restaurante y almorzar ahí, eso me serviría para conocer y para que Silas también lo haga y no se sienta atrapado en su piso. Acepto encantada. Me da un cambio de ropa para Silas y lo cambio con rapidez. En el camino se va despertando y esta vez no llora, se estira sobre mis brazos y me mira con esos impresionantes ojos azules. Ricardo me abre la puerta del coche y le digo que deberíamos de tener una silla para el bebé, me dice que Magnus se la ha de haber llevado en su apuro. Me pregunto qué está haciendo ese tipo en este momento. Llegamos al restaurante y Yasin me recibe alegre, a mí y al bebé pero este le mira resentido. Se abraza a mi cuerpo y no se despega a pesar de los coqueteos de Yasin. La cafetería-restaurante, es más grande de cómo lo recuerdo anoche, ayer todo estaba oscuro y yo estaba muy borracha así que no puedo dar fe de nada. Nos sentamos en una mesa alejada, paso la tarde ahí con ellos comiendo de todo lo que Ricardo y Yasin me ponen en frente. Le doy bocaditos a Silas que está más que feliz, no habla y solo hace ruiditos. Ricardo me entrega mi mochila y saco mi móvil, me tiento más de una vez a encenderlo llamar a mis padres pero desisto de la idea al pensar lo que podría pasar, no quiero arruinar nada. Alrededor de las cinco de la tarde estoy cansada y con ganas de dormir, me deprimo un poco al pensar en los problemas que he dejado. Silas me levanta un poco los ánimos pero me sigo sintiendo triste. Magnus vuelve a llamar y pide hablar conmigo pero me niego nuevamente, si quiere hablar conmigo que venga y vea a su hijo, y que hable conmigo. -Silas hueles muy mal, ¿deberíamos de cambiarte?- pregunto. Solo responde con una sonrisita, le miro la pequeña muestra de sus dientes por salir. –Quien quiere que lo cambien... quien quiere que lo cambien...- le hago cosquillitas. Cojo la maleta que ese individuo dejo y reviso lo que hay en su interior. Comienzo a sacar uno a uno, solo son calcetines... calcetines... calcetines... y más calcetines. Meto la mano hasta el fondo y cojo un bote de leche, ni siquiera es de la leche que el bebé debería de beber, con razón siempre la rechaza. Encuentro los pañales y un bote de talco, meto lo demás (todos los calcetines) a la maleta, y me levanto. Dejo las cosas ahí y me llevo a Silas conmigo. Busco los baños con la mirada y los encuentro a kilómetros de distancia. Silas va feliz de la vida en mis brazos, da saltitos y uno me pone en alerta haciéndome tirar el pañal. Me pongo a reír cuando ambos volvemos a ver hacia abajo, observamos el pañal pero alguien lo recoge; levantamos la mirada. -¿Quieres ayuda preciosa?- pregunta. Un hombre como de mi estatura, no muy guapo pero no muy feo está viéndome con una sonrisa. Me mira directamente a los ojos y abre la boca, creo que sus mejillas gordetas se ponen rojas. ¿Le daré miedo? –Ah... yo... ayuda, ¿quieres ayuda con el niño? Uau, que impresionante mirada.- dice. Le sonrío amablemente. -Le agradezco el ofrecimiento pero...- -Pero no la necesita.- uau, una mano fuerte se apodera de mi cintura. Llevo la mirada hacia mi lado y es Magnus. Uau. –Me quedare con esto.- le arrebata el pañal y le mira de manera despectiva. El hombre parece retroceder. -Amigo, tienes una chica muy hermosa a tu lado.- se despide y se retira. Nos quedamos ahí. Su mano me aprieta con mucha fuerza y por alguna extraña razón le siento arden de furia a mi lado, le vuelvo a ver. -¿Por qué no has querido hablar conmigo?- gruñe furioso. Le miro. Me deshago de su agarre y me retiro. –Espera un momento ahí, si estoy hablándote tienes que responder.- me toma nuevamente de la cintura y me da un empujoncito hacia delante. -Si quieres hablar conmigo tienes que venir y hacerlo personalmente.- gruño molesta. Este sujeto quién demonios se cree que es. –Ahora suéltame.- le pido. -No, hablaremos en este momento.- me mira, demonios, los ojos de este hombre son demasiado intensos y cuando me mira con esa furia, de verdad que me dan ganas de enviarle a algún calabozo. Me acerca a su cuerpo y Silas comienza a llorar. Magnus gruñe y solo de esa manera se aleja de mí, le agradezco al bebe y me lo llevo conmigo, ha, no va a seguirme y lo sé. Algunos hombres me saludan en el camino y de manera amable les sonrío, las personas aquí son muy amables. -Ven conmigo en este momento.- me toma del brazo, me quita a Silas de los brazos y tira de mí con fuerza. -¿Acaso quieres estar usando a mi hijo para conquistar?- gruñe. ¡Qué demonios sucede con este tipo! 
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