Capítulo 7

3129 Words
Con un empujón-no agresivo- me hace entrar a un cuarto aparte donde dice que es exclusivo para bebes, ambos entramos y cierra la puerta de golpe. Me suelto de el y le miro furiosa, que demonios le sucede. Me entrega a Silas y me mira fijamente. No, nos miramos fijamente, él está atacándome con la mirada y yo lo ataco de la misma manera, no puedo creer que sea un tipo tan raro. -¿Por qué no hablaste conmigo esta mañana?- gruñe furioso. Niego con incredulidad, ¿es eso lo que en realidad le molesta? ¿Qué no aceptara hablar con él? -¿Para qué querías hablar? ¿Acaso es importante lo que tenías que decir?- me doy la vuelta con Silas en brazos y le pido que se acerque y acomode el cambiados. Lo hace y continúa viéndome enfurecido. -Tienes que cuidar a Silas esta noche, te quedaras en mi casa y cuides de él, no hay objeciones pero quería informarte.- le vuelvo a ver, ¿Esta bromeando conmigo? -Primero; en ningún momento acepte ser tu niñera.- arquea una ceja. -Estas cuidando de él ahora y creo que eso solo lo hacen las niñeras, además, no tienes de que quejarte ya te dije que voy a pagarte una suma de dinero.- ruedo los ojos, le quito la ropa a Silas y el olor a popo lo asquea haciendo que se aparte. Necesito talco. -Ya que estas haciendo nada, ¿Por qué no regresas a la mesa por la maleta de Tu Hijo?- recalco, me mira, entrecierra los ojos y asiente. Se da la vuelta y le veo salir, luce increíblemente ha puesto a pesar de que se comporte de esa manera. Como demonios puedo decirle que si a lo que me pide cuando lo dice de esa manera, conocerá ese sujeto el significado de la palabra "Amabilidad". -¿Por qué tienes un papi tan tonto Silas? A que es guapo pero un cabezón por completo, y eso que no lo conozco mucho.- le hago cosquillitas y se ríe. Le quito el gorrito que lleva y acaricio su cabello, es tan oscuro como el cabello de su padre, ¿viviré comparando al bebe con Magnus? No, espero que no. Espero varios minutos, primero porque no tengo idea de cómo cambiar un pañal, segundo porque el señor "Harás lo que te pido" no regresa. El problema con él es que es un patán pero es un hombre muy atractivo. Cuidar a Silas esta noche en su casa, supongo que no es una mala idea después de todo pero prácticamente no le conozco y no hemos hablado más que para discutir, lo que es extraño porque no suelo pelear con las personas. No es educado. Magnus entra al reservado nuevamente y esta vez parece más irritado, me mira y frunce el ceño como si le estuviese molestando verme. ¡A mí me molesta verlo! Me entrega la bolsa pero le digo que saque el talco y que me ayude a cambiarlo. -No voy a ayudarte, te esperare afuera.- dice, se da la vuelta y lo detengo. -No. Quédate conmigo.- digo mirándolo fijamente. Me mira y termina asintiendo, mueve la cabeza y niega soltándose de mi mano. -He dicho que te esperare afuera y ya, tu eres la niñera y tú tienes que hacerlo.- -No es que quiera tenerte aquí pero en verdad, no puedo cambiar un pañal y no tengo la menor idea de cómo se hace. Por favor, ayúdame.- digo con voz suave esperando que le afecte algo, me mira a mí y después a Silas.- resopla y gruñe algo entre dientes que no logro entender. -No creo que sea difícil.- dice. Se acerca al bebé, abre el pañal y al verlo está a punto de vomitar. –Joder. ¿Qué demonios le has dado de comer?- gruñe. Me rio de él y este sonríe de lado, vale, es que cuando está tranquilo todo es fácil de llevar. –Levantare sus piernas, quitas el pañal y lo tiras.- dice, asiento y lo hago en seguida. -¿Y ahora qué?- pregunto. Ambos nos miramos. –Toallas, aquí hay toallitas húmedas sujétalo de esa manera.- las tomo y comienzo a limpiarlo hasta que no haya rastro de nada, Silas se mueve y está riéndose. Espero que no de nosotros. -Es un milagro, estoy tocándolo y no está llorando.- dice. Le miro de reojo y está sonriéndole al bebé con dulzura. –Debería de enviarlo a la escuela militar.- gruñe. Le doy un golpe en el estómago a lo cual me mira sorprendido. -Deja de quejarte del bebé.- gruño molesta. -¡Yo fui a la escuela militar!- gruñe. Me encojo de hombros. Tomo el bote de talco y le hecho un poco, lo esparzo y después pongo el pañal. –Venga, colócalo tu porque ni idea de cómo hacerlo.- asiente, cambiamos de posición y ahora yo lo sostengo de las piernas. -¿Quién eres?- me pregunta de repente. Le miro sin entender. –Nunca te había visto o escuchado de ti, Ricardo no es quien de la noche a la mañana trae a alguien a su vida, ¿Por qué estas con él? ¿Dinero?- le miro por largos segundos. Como rayos podría estar con él por dinero, ¿tengo cara de pobre? -No, no creo que sea por dinero. Soy amiga de un viejo amigo de él, solo está haciéndome un favor al dejarme quedar en su casa.- respondo. Me mira y parece no creer. –Además no tiene nada de malo que esté viviendo con un hombre, ¿cierto?- me encojo de hombros. Levanto un poco a Silas y él pone el pañal, la verdad es que sabe hacerlo bien. -¿Cómo te llamas?- le vuelvo a ver ¿me lo está preguntando ahora? –Mi nombre es Magnus Constantine, puedes decirme señor Constantine.- -Te diré Magnus.- respondo, creo que sonríe. –Ellinor... Nassau, veinte años y te sorprendería saber de dónde vengo.- frunce el ceño, le acomodo el pañal a Silas y listo. -¿Suiza?- me encojo de hombros. –Veinte años, ¿no eres muy joven para estar viajando sola?- no le respondo. Le pido que me pase la ropa limpia y la busca, comienza a sacar todos los calcetines y parece molestarse, pues es su culpa. -¿Quién metió todos estos calcetines?- gruñe. -Supongo que el papa irresponsable que solo quiere librarse de cuidar a su hijo.- logra encontrar un pantaloncito y un suéter gris, ni el mismo sabe lo que le trae al bebé. -La antigua niñera había preparado la maleta así que no soy el culpable.- -¿Cuántas niñeras ha tenido Silas?- pregunto inquisitiva. -No lo sé, unas ocho o más pero ninguna ha sido tan buena como lo eres tú.- me muerdo el labio, ¿Por qué tengo ganas de sonreír? –Eso y que aún no has pasado por mi cama.- dice, le vuelvo a ver y le asesino, ¿se acostaba en serio con sus niñeras? Jesús.  -Acabas de conocerme y para ser sincera no eres lo que estoy buscando.- se acerca a mí, me toma de la mano. -En efecto, nunca podrías tener algo tan bueno como yo.- toca mi mano y le tengo casi encima. Retrocedo y casi caigo, que le pasa a este tipo. –Ves, entre nosotros podría haber algo en cualquier momento.- sonrío y asiento. Me sonríe fanfarrón. -Sí, y espero que sea un gran muro porque me molesta verte todo el tiempo.- frunce el ceño y se aleja de mí. Termino de cambiar a Silas y le pido el par de zapatos, me los entrega y se los pongo al bebé. -Prepara tus cosas que iremos a mi casa.- me dice, recoge las cosas de Silas en la maleta y sale dejándome ahí. Vuelvo a tener ganas de matarlo. Salgo detrás de él y antes de que se aleje lo tomo del brazo. Me vuelve a ver y me mira furioso como si le hubiese hecho algo malo. -¿Tu quien piensas que eres y quien piensas que soy?- -Creo que yo debería de hacerte esa pregunta a ti.- se suelta de mi agarre. Silas levanta la mano y le golpea la cara. –Perfecto, hasta mi hijo me rechaza por ti.- gruñe, se da la vuelta y camina hasta la salida del restaurante. Que tipo para ser raro. Camino hasta la mesa donde estaba anteriormente, me siento ahí y en señal de no hacerle caso a Magnus y a sus absurdas maneras de actuar pido un café. Moriré bebiendo café pero no es mi culpa que sea tan rico, busco con la mirada a Ricardo pero no está solo veo a Yasin preparando bebidas tras la barra. Siento a Silas en mis piernas y le doy una bolsita de salsa para que juegue. Pobre pequeño, es tan lindo y su padre tan extraño. No le conozco mucho, pues nos acabamos de conocer, pero en cierto modo parece solo tener miedo de no poder criar a Silas correctamente, eso y que según Ricardo tiene una vida atareada de trabajo y mujeres. Lo ultimo me cabrea, no puede preferir a una mujer caliente a su pequeño hijo.  -Señorita aquí está su café.- vuelvo a ver al chico que hace rato me anda rondando todo atento. Me agrada un poco. -Muchas gracias.- le digo al chico. Se queda frente a mí por unos segundos más. -¿Desea algo más señorita?- pregunta. -No, no quiere nada mas ahora retírate.- Magnus dice sentándose frente a mí. Silas hace ruiditos molestos y desvío mi atención a él. -¿Tienes hambre? Niego con la cabeza y levanto un poco la vista, se hace hacia atrás en la silla, cruza las piernas y con elegancia se desabrocha la chaqueta. Se le ve tan cómodo, tan a gusto frente a mí tratando de intimidarme con la mirada. Como ambos nos estamos viendo, aprovecho para analizar nuevamente sus facciones; su expresión impasible me molesta. Parece ligeramente interesado en mí. Frunzo el ceño. Sus ojos son los que me intrigan más, un intenso color caoba, piel morena y lo que me gusta bastante, lo que me atrae es esa barba perfecta que tiene. Él me está mirando de la misma manera detallada que le veo yo a él. -¿Te gusta lo que ves?- pregunta. -¿Te gusta a ti?- respondo. Nos miramos nuevamente. Sencillamente, no voy a ceder a las órdenes tontas que este tipo me da. Si, nos conocimos ayer y no de la mejor manera; discutimos. Nos volvimos a ver hoy otra vez; discutimos. No nos conocemos, no nos llevamos bien y de alguna manera me hace sentir extrañamente familiar con él. Le doy un trago a mi café. Lo saboreo y el parece seguir cada movimiento que hago, me importa poco porque si el no dice nada productivo yo tampoco lo hare. Me sostiene la mirada. Es desconcertante porque no tengo idea de lo que este tipo en verdad quiere, soy una desconocida, el es un desconocido y sobre todo, soy una princesa fugitiva ¿Qué tengo que hacer o decir? -¿Te gusta el café?- pregunta. -Me gusta.- respondo. Parece tranquilizar la mirada así que voy a profundizar en la conversación. –En especial este café, en casa usualmente bebemos te pero este café en verdad es de mi agrado, ¿le gusta a usted?- pregunto amable. Se inclina sobre la mesa acercando su cara a la mía, pongo a Silas entre el medio haciendo una barricada-bebé. -Tu mirada me resulta atractiva.- dice. Ladeo. No es lo que estaba preocupando. -Creo que tenemos la misma opinión, tu mirada me resulta reconfortante.- digo sincera, respira profundamente. -¿Me das de tu café?- pide, asiento y se lo entrego. Me dedica una sonrisa que por primera vez parece normal desde que nos hemos visto esta tarde. Estira la mano y acaricia la mejilla de Silas. -¿Qué tal se ha portado el bebé?- pregunta. Sonrío ampliamente. -Es una maravilla de bebé, le hemos bañado y nos ha mojado por completo tanto que hemos tenido que cambiarlo. Ha comido mucho y no quiere leche, pues claro, esa no es la leche que el bebé debería de estar bebiendo así que sería bueno que fuera de compras.- le digo, el me mira y se ha puesto serio nuevamente. Le da un trago al café y sin desviar la mirada de mí. Levanto las manitas de Silas y lo muevo como si estuviese bailando. El parece sonreír. Silas comienza a reír. -Me alegra ver que el bebé por fin este sonriendo de esa manera, siempre lloraba, lloraba y lloraba hasta el punto de agotarme.- dice honesto, le regalo una sonrisa reconfortante. –Es por eso que quiero que seas la niñera de Silas, sé que eres la indicada para cuidar de él, lo supe desde ayer que al momento de cogerlo en brazos se puso a reír.- estira la mano y sujeta la mía. El acto me sorprende pero no muestro ninguna emocional. Silas pone la mano sobre las nuestras y sonríe. -Por favor, ¿puedes ser la niñera de mi hijo?- pregunta. Está pidiendo las cosas con amabilidad, y es justa la manera que esperaba para poder decirle que sí, que me gustaría cuidar de este pequeño bebé. -Claro que si, seré la niñera de tu hijo.- sonrío con gusto, el sonríe también. Vuelvo a ver su mano sobre la mía y después arqueo una ceja. -¿Te gusto tanto?- pregunto, él se muerde el labio. -Tonterías, soy yo quien te gusta a ti ¿cierto?- se acerca nuevamente a mí. Pone los codos sobre la mesa acercándose. -Eres atractivo, y mucho.- sonríe con suficiencia. Se pasa un dedo por la barbilla. –Pero estoy aquí por tu hijo, no por ti así que es mejor que no te hagas ilusiones.- me encojo de hombros, no cambia la expresión juguetona y sonríe. -Entonces tendré que hacerte caer, Ellinor estoy seguro que no tardaremos mucho en dejar esto como más que una niñera-jefe.- -¡Eso si es que te lo permito!- gruñen a nuestro lado. Ricardo aleja a Magnus de mí y yo le miro tranquilizándolo, se lo dije esta tarde, no voy a dejarme llevar por él y por su "Depredador de mujeres". Magnus le mira molesto y Ricardo parece estarse disputando entre decir algo o no. -Ella no es como esas chicas y más te vale que respetes eso, ella es importante y no solo para mí ¿entendido?- le dice en italiano. -Ricardo, estoy segura de que nada entre el señor Constantine y yo va a suceder, pero estoy muy agradecida por tu preocupación.- respondo en el mismo idioma y este asiente. -¿Cuántos idiomas hablas?- me pregunta Magnus. -Solo unos cuantos.- me encojo de hombros. -Lo vez, es una chica que vale la pena y no es alguien como todas esa.- Ricardo gruñe molesto y se sienta en una silla a mi lado. Toma a Silas en brazos y lo hace reír. –El bebé parece estar más feliz que nunca, no lo había visto sonreír de esta manera nunca.- me vuelve a ver. –Eres una excelente niñera.- me dice, le sonrío feliz. -¿Ustedes tienen algo?- pregunta Magnus. Ambos nos giramos hacia él y negamos. –Pues parece que son muy cercanos, ¿Por qué no mejor te quedas con él?- gruñe. Ricardo me hace volver a verlo. -La verdad es que es una grandiosa idea, mi apartamento no es tan grande como el de Magnus y mucho menos como otro tipo de casas.- hace mohín, cierto mi palacio es inmenso. –Pero creo que sería bueno que te quedaras conmigo.- -Por supuesto que no, Ellinor vendrá conmigo y cuidara del bebé las veinticuatro horas al día y los siete días de la semana, si trabajara para mí lo más obvio es que este conmigo.- dice como si estuviese evitando que le quiten algo que le pertenece. –Y hablando de eso, tengo una gala benéfica a la que asistir así que es hora de irnos.- se levanta y me hace levantar. -Magnus deja que se quede conmigo esta noche, ella y el bebé, se hacia dónde vas y estoy completamente seguro de que no volverás temprano y Ellinor es nueva en la ciudad.- Ricardo se escucha suplicante. –Si quieres después de la fiesta o cuando estés preparado puedes ir por Silas.- le dice, les miro a ambos. ¿Por qué no regresaría temprano de la fiesta? Las galas benéficas usualmente son aburridas y depresivas. -Ella vendrá conmigo ahora.- dice firme. Ricardo niega. -No, ella se quedara conmigo hoy. Te conozco Constantine, y sé que no volverás esta noche así que deja que se queden conmigo Yasin viajara a casa de sus padres esta noche así que seremos solos los tres.- -¿Solo los tres?- pregunta con voz molesta. Me vuelve a ver a mí. –Supongo que tienes razón, no volveré esta noche así que lo mejor es que se queden en tu casa, no puedo asegurar que dormiré solo esta noche.- sonríe todo arrogante y para ser sincera no entendí muy bien lo que dijo. -Perfecto, Silas ya se ha quedado conmigo así que no creo que le moleste.- Ricardo me vuelve a ver y me guiña un ojo. Magnus coge a Silas en brazos y esta vez el bebé no llora, Silas me vuelve a ver y me acerco a los dos. Toco su manita y este sonríe, da saltitos y de reojo veo a Magnus sonriendo también. Le da un beso en la mejilla. -Te dejare esta noche con tu tío Rick así que pórtate bien bebé, nada de jueguito ¿está bien?- Silas le vuelve a ver y sonríe como si le entendiera. –Cuida de tu niñera que esta es la última, si renuncia por tu culpa estoy seguro que tendremos problemas.- le dice suavecito pero alcanzamos a escuchar. -Renuncian por tu culpa.- escupe Ricardo... Rick, le diré Rick de ahora en adelante. -Cállate imbécil.- le gruñe. Rick se ríe y yo también, mas es una sonrisa de ternura al verlo hablándole a Silas de esa manera. Qué bonito. Me vuelve a ver y me sostiene la mirada. –Estoy confiando en que cuidaras de mi hijo, por favor cuídalo como se debe.- -Claro que lo hare.- bufo, que poca fe. –No tienes de que preocuparte y por favor, que tengas una buena noche y regresa a casa a salvo.- digo sincera. Abre la boca y de manera muy extraña comienza a sonreír hasta dejar una sonrisa amplia frente a mí. -Lo hare, te aseguro que lo hare.- me guiña un ojo. Me entrega a Silas y este se acuesta en mi hombre. –Iré por ustedes en la mañana así que espero estén listo, ¿entendido?- vuelve ese tono autoritario y asiento. Me toca la mano suavemente y me hace volver a verlo. Nos miramos fijamente, él está mirándome con intensidad y tengo que sonreír para no decir que está actuando muy extraño. -Me iré ahora, Ricardo cuida de mi hijo... y de la niñera supongo.- dice despidiéndose. -Los cuidaría aunque no me lo pidieras.- gruñe molesto. Me mira nuevamente, niega y se retira a paso seguro y ligero. Le veo marcharse, es un hombre muy atractivo y no hay duda de eso, creo que si habláramos y nos conociéramos no estaríamos discutiendo todo el tiempo, y creo que nos llevaríamos mejor. Ricardo pone una mano sobre mi hombre y me obliga a verlo, está frunciendo el ceño, levanto la mano y le acaricio la barbilla. -Creo que este viaje está siendo más interesante de lo que pensé.- sonrío. Definitivamente no será una pérdida de tiempoestar aquí y algo me dice que algo interesante se aproxima, solo espero que nomi hermano.    
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD