Theo
Acaba de ver a Samantha con el gigantón musculado y mi pecho volvía a doler incluso más porque estaba abrasados y cada cierta cantidad de tiempo el estúpido a su lado le robaba besos rápidos pero que a mi perspectiva eran eternos sin contar que esos labios solo deberían pertenecer a mí.
Sabía lo que me producía verla con el tipo, pero a la misma vez me negaba a dejarla sola con él porque me daba la sensación de que él se controlaba cuando yo estaba al frente y lo agradecía, pero también lo prefería así, controlado frente a mi antes de que le hiciera quizás que cosas a Samantha cuando estaban solos. No quería ni pensar en esos momentos.
Mi teléfono sonó, pensé que era mi madre porque había estado toda la mañana llamándome, pero me sorprendí al darme cuenta de que era Rose, ella era una de mis chicas, tenía 48 años, pero estaba mejor que una chica de 20, me encantaba estar con ella porque aparte de ser hermosa y elástica era divorciada así que no tenía que correr cada vez que al marido se le ocurriera aparecer. Decidí que era lo mejor que me podía pasar en ese momento para sacar por algún momento a Sam de mi cabeza o mejor dicho para sacarme a la pareja de tortolitos de mi cabeza.
-mi hijo no vuelve hasta el sábado. - dijo cuándo conteste la llamada.
-termino a las 5, espérame solo con esa bata de seda blanca que tanto me gusta.- respondí con una voz grabe que guardaba para estas ocasiones.
-grrr…- fue lo último que escuche a través del teléfono.
Me sobe las manos dándome cuenta de que algo bueno me esperaba.
-era Rose. - casi grite porque al terminar la llamada la pareja había vuelto a besarse y esta vez parecía que se iba a volver más íntimo sin importar que aún me encontrara ahí.
-quien es Rose? - pregunto Max mirándome realmente interesado.
-una de las tantas mujeres sobre 40 años que frecuenta Theo, no le des importancia. - respondió Samantha mientras al verse despojada de la boca del gigantón decidió ir por el cuello de este a lo que el chico respondió tomándole el rostro y besándola suavemente como si fuera de porcelana y se fuera a quebrar.
- ¡por amor a Dios, búsquense un cuarto! - les grite enojado y agarre mis cosas como pude y me fui lo más rápido que pude de ese lugar, pero no fue lo suficientemente rápido ya que aun en la lejanía pude escuchar la risa de ambos lo cual de descoloco y me enojo aún más.
*****
Antes de que Rose me abriera la puerta yo ya estaba adentro y comiéndomela a besos, ella solo vivía con su hijo Aaron que era un compañero de la universidad pero el pasaba más tiempo con su novia que con su madre por lo que me hacía mucho más fácil la tarea de dejarla contenta.
Estaba enojado, no, enojadísimo y quería tener sexo agresivo intentado dejar toda la rabia que sentía en algo placentero, toba a Rose con rabia, apretaba con fuerza y me sentía como un maldito hombre de las cavernas, pero mi sangre estaba toda concentrada en mi cabeza, fijando imágenes de los tortolitos besándose frente a mi lo que me volvía cada vez más loco, pero al mismo tiempo no me dejaba concretarme en lo que estaba haciendo en ese mismo momento.
-ha pasado mucho tiempo. - dijo ella mientras mis labios se ocupaban de su cuello. –definitivamente te tengo que llamar más seguido, tal vez le compre un departamento a Aaron muy pronto.
-eso sería algo muy beneficiosos para nosotros. - cancelando los pensamientos que estaba teniendo sobre la feliz pareja intente ponerme manos a la obra para despejarme y relajarme un poco con esta deliciosa mujer que tenía entre mis brazos.
Rápidamente nos dirigimos a su habitación donde ella comenzó a tocar sobre mi pantalón para que empezará la acción pero después de varios minutos de besos y toqueteos me di cuenta de que mi mejor amigo no quería responder a las caricias de semejante mujer.
Vamos grandote, no me vayas a dejar en vergüenza.
-¿te sientes bien?- pregunto Rose al percatarse de que mi pene no quería responder a sus caricias.
-¿me das unos minutos baby?- avergonzado me fui directo al baño que conectaba con su habitación, me baje los pantalones y me di cuenta de que ni siquiera estaba cerca de que la acción comenzara. Me empecé a tocar pensando en todo lo que le haría a la mujer que me esperaba detrás de la puerta pero nada pasaba y de repente una loca idea apareció en mi cabeza.
Samantha me mira de arriba abajo disfrutando de la vista de mi desnudo solo para ella, se lamio los labios y se acerca a mí para que una vez que está lo suficientemente cerca se arrodilla frente a mí y abre la boca para recibirme por completo…
Y con esa imagen en mi cabeza mi m*****o revivió como si de respiración boca a boca se tratara.
Salí del baño con la imagen de Sammy arrodillada frente a mí para poder cumplir con mi deber con Rose, pero la verdad es que durante todo nuestra maratón s****l no pude sacarme a mi pequeña Sam de la cabeza, era a ella a quien quería bajo mi cuerpo, era a ella a quien quería estar besando y por sobre toda las cosas era a ella a quien quería estar amando.
*****
Derrotado entre a mi habitación donde me encontré con Rob estudiando en su cama llena de papeles por todos lados, recordé que tenía un examen al día siguiente pero no me sentía con el ánimo ni las ganas de estudiar por lo que me acosté y trate de dormir más temprano de lo normal pero nuevamente mi teléfono volvió a sonar. No debería haberlo prendido.
Sin mirar conteste.
-por favor dime que estás en tu habitación y no en la casa de alguna de las mujeres casadas.- dijo afligida y un poco confundida o nerviosa Sammy.
- ¿Qué paso? - me senté rápidamente en mi cama y preocupado porque hace mucho que ella no me llamaba para que la ayudara con algo que estaba sucediendo en su vida y sabía que lo de la mañana había sido algo por los viejos tiempos así que iba a tomar lo que fuera que me diera de su tiempo.
-necesito tu ayuda. ¿Nos podemos juntar en 20 minutos en el Starbucks de la siguiente cuadra? - pregunto entre asustada y entusiasmada.
-claro cariño, en 15 minutos estoy ahí.- sin dejar que reclamara por como la había llamado le corte y salí rápidamente dejando a mi mejor amigo confundido.
Antes del tiempo acordado ambos estábamos sentados frente al otro y yo estaba esperando que ella hablara.
-Max me pidió que fuera su novia.- me lo dijo sin anestesia y mi respiración se fue, mi pecho dolía. Me encogí del dolor pero no dije nada. -¿Qué opinas? ¿Qué debo responder? ¡No sé qué hacer! - su sonrisa nerviosa me decía que estaba emocionada con la petición, pero el que me preguntara a mí que opinaba al respecto también hablaba y decía claramente que no sabía qué hacer ni que era lo correcto.
Me quede mudo por algunos minutos mientras esperaba que mi garganta volviera a funcionar, había un nudo en ella que me decía que si siquiera movía la boca lagrimas comenzarían a aparecer. Ella no podía estar pidiéndome concejos con respecto a eso. Simplemente estaba rompiendo mi corazón en mil pedazos. No quería hacerle daño, pero no podía evitar pensar en mí, en como yo me sentía al respecto, en como yo la necesitaba y ella no lo veía.
-no sé. - fueron las únicas palabras que salieron de mi boca mientras que mi cabeza se negaba a levantarse para poder mirarla a los ojos. No quería mirarla porque me iba a romper, no quería ver sus ojos porque iba a ver juicio, no quería estar con ella teniendo esta conversación, nosotros deberíamos estar hablando de otra cosa completamente diferente, deberíamos estar hablando de nuestros sentimientos hacia el otro, deberíamos estar hablando de cuanto nos amábamos y de cómo era imposible estar sin el otro. Ella no debería estar pidiéndome opinión respecto a otro hombre. Pero al final de todo, la cruda verdad era que yo había permitido que todo esto ocurriera y que llegara a este punto al no querer asumir que desde siempre había querido a la chica que tenía frente a mí.
- ¿Cómo? - ella estaba confundida y un poco molesta, su ceja derecha más arriba que la izquierda me decía que estaba muy molesta y confundida. –Theo eres mi mejor amigo y a quien se supone que le pregunte este tipo de cosas como lo has hecho siempre tu cuando alguien te dice cosas importantes. - estaba enojada porque no la estaba ayudando y no la iba a poder ayudar de ninguna manera que ella quisiera o que le fuera útil con Max.
-no sé qué es lo que te puedo decir. Me ponen en una situación demasiado difícil. - mi corazón estaba amenazando con salirse de mi pecho. Seguía sin lograr mirarla a los ojos porque cada vez era más difícil estar ahí con ella sabiendo que después se iría con otro.
- ¡eres un maldito hijo de puta egoísta! - me grito sin importarle toda la gente que estaba a nuestro alrededor y yo solo pude cerrar los ojos y aguantar cada palabra que saliera de su boca. – por primera vez desde que nos conocemos te pido ayuda con un chico y ni siquiera te dignas a mirarme para decirme que no sabes que hacer ¿crees que para mí era fácil escucharte decir cosas denigrantes sobre todas las mujeres que has estado? ¡NO! No ha sido fácil pero te he escuchado y he tratado ser útil para ti.- se estaba levantando para irse pero la detuve por la muñeca.
-no puedo ayudarte.- dije mirándola a los ojos. Quería seguir hablando y decirle todas las cosas que había descubierto desde que había ido al doctor, quería decirle en ese mismo momento todo lo que sentía, toda mi verdad respecto a mis dolores a mis arranques de celos, pero ella no me dejo seguir.
-voy a decirle que si.- dijo en un susurro y mirando al suelo como si no le gustara su propia decisión.
- ¿Cómo? - no, no me podía estar haciendo esto. Volvió a mirarme con pena y ¿Qué era eso que veía en sus ojos? ¿arrepentimiento? ¿miedo? No lograba identificar el otro sentimiento que me miraba directo a mi alma.
-ya estoy cansada de que el mundo me vea como tu mejor amiga postulante a novia, supuestamente aguantando todo lo que me haces porque yo estoy eternamente enamorada de ti. Las cosas ya no son así y Max se preocupa por mí y soy la única para él. - se soltó de mi agarre y me dejo solo en medio de la cafetería con una solitaria lagrima corriendo por mi mejilla. Me había faltado valor y coraje para poder soltar todos mis sentimientos hacia ella.
Samantha estaba dolida conmigo porque a pesar de que ella siempre me apoyo con cada una de las mujeres que estuve yo ahora no pude hacer nada de eso pero lo que ella no sabía era que no había podido hacer nada no porque no quisiera, quería, pero no ayudarla con otro hombre, quería que ella supiera que era yo a quien debía estar aceptando en su vida como novio, que era yo quien la amaba de verdad y que para mí era la única mujer en el mundo que fuera lo suficientemente especial y maravillosa para dejarme pensar en una vida llena de excesos y fiestas para querer formar una familia.
Ella era la única que había logrado eso conmigo y nunca habría otra igual para mí.
Samantha
No pensaba dejar que Theo me siguiera manipulando para quedarme a su lado solterona para toda la vida, si era necesario me iba a obligar a querer a Max a como diera lugar porque a él si le importaba y me miraba de una manera en que nunca me habían mirado en toda mi vida. No iba a dejar pasar esta oportunidad de estar con un chico magnifico solo porque a mi mejor amigo se le ocurrió que él no era sincero o porque solo no le simpatizaba a él. Y aunque tal vez no fuera lo mejor porque no me sentía igual que Max yo sabía que bastaba solo un poco de tiempo para quererlo y mirarlo de la misma forma en que él lo hacía conmigo y yo quería por mí y por el quererlo como se merecía. Como ambos nos merecíamos.
- ¿Sam? - pregunto sorprendido Max cuando me vio de pie frente a su puerta, frente a él sin camisa, parecía que había estado acostado porque su rostro estaba somnoliento, pero a la vez curioso mirándome fijamente con una leve sonrisa por la sorpresa.
Si, definitivamente esto era lo que quería.
-he decidido que ya no tengo nada más que pensar.- dije con una sonrisa en mi rostro. –sí, sí quiero ser tu novia.
La felicidad en su rostro se podía notar a kilómetros de distancia y podía iluminar el estado completo. Este hombre había sido enviado para que me diera cuenta de que yo era válida y que merecía algo bueno, que era merecedora de lo mejor.
- ¿de verdad? - pregunto con mucha emoción. Él no sabía que más hacer, estaba con una sonrisa enorme pero su cuerpo dudaba si tomarme o no.
-de verdad. - confirme y me lance a sus brazos donde el me metió en su dormitorio, nos hizo girar mientras yo estaba entre sus brazos y luego me bajo lentamente y cuando mis pies estuvieron nuevamente en la tierra tomo tiernamente mi rostro entre sus manos, sus ojos miraron directamente a los míos y con gran intensidad habló:
-te prometo que te voy a ser la mujer más feliz de este mundo mientras estemos juntos. - y sin decir nada más me beso, uno como de esos de película, sus labios eran suaves y gentiles fue un beso maravilloso salvo que ni mi corazón ni mi estómago lo notaron.
A si sea lo último que haga voy a terminar amándote Max Glynne.