Capítulo 1
Hanna Miller, se mudó a un pueblo con sus padres después de sufrir un accidente, ellos le ocultaron su pasado puesto que Hanna quedó con amnesia, pero lo que sus padres no sabían, era que su pasado regresaría cuando ella conociera a su profesor de Historia. "Liam Fisherman" Después de ocurrir muchas cosas entre ellos, él la deja sin importarle el sufrimiento que le ocasionaba, y Hanna decide no ser más la chica ingenua a la cual engañaron y rompieron el corazón.
Si Liam decide regresar por ella.
—¿Será Hanna capaz de perdonarlo?
—¿Podrá más el amor que el orgullo?
Si quieres saber lo que pasa, te invito a leer para que resuelvas todas tus dudas.
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Ya ha pasado un mes desde que Liam me dejó, y mi padre falleció.
Me la paso encerrada en mi habitación, no he salido a ninguna parte. Aria siempre viene por ahí, a ver como estoy. Me duele la ausencia de mi padre; en las noches tengo pesadillas en las cuales Liam se va con Lucy y me deja llorando en el estacionamiento, sé que tengo que superar todo esto...
Aunque guardo la esperanza de que Liam me busque y me pida perdón, yo..., estoy dispuesta a perdonarlo. Quizás soy una estúpida por pensar de tal forma, pero es que lo necesito conmigo.
Ahora me encuentro acostada en mi cama mirando a un punto fijo de la habitación. Tengo la misma pijama de hace dos días, no he comido nada, no he hablado con mi madre, ella sufre por mi actitud, pero siento que no voy a poder con tanto dolor, me duele la muerte de mi padre; pensé que los médicos lo salvarían pero no, ese día que Damián me llamó para decirme lo de Robert, fui al hospital y encontré a mi madre llorando, porque los doctores le dijeron que no había aguantado la cirugía. Recuerdo que me desmayé, cuando desperté estaba en una camilla y al primero que vi, fue a Petter, él sostenía mi mano y me dedicó una sonrisa mientras acariciaba mi cabello.
Desde ahí no lo he visto, tampoco a ninguno de mis amigos, sólo a Aria, y cuando viene no entablamos ningún tema de conversación, sólo me limito a responder sus preguntas.
Me muevo en la cama y me coloco en posición fetal mientras abrazo una almohada, de inmediato los recuerdos que pasé con mi padre llegan a mi mente. Sonrío débilmente al recordarlo y siento como salen las lágrimas, escucho unos pasos dirigirse hacia acá, sé que es mi madre ya que ahora ha dejado de ir al trabajo debido a que tiene miedo de que intente algo contra mi vida.
Ella se sienta a mi lado y me acaricia el cabello. Observo como una lágrima se desliza por su mejilla, tiene puesto un vestido n***o, unas enormes ojeras se hacen visibles debajo de sus ojos verdes, también los tiene rojos e hinchados, sus labios están resecos y quebradizos.
—Ven, ponte de pie para que te des una ducha. —Me ayuda a poner de pie, y me dirijo al baño.
Me miro al espejo, veo que mis ojos perdieron ese brillo que solían tener, ahora mi mirada está vacía, sin vida, tengo unas enormes ojeras debajo de mis ojos, mis labios están resecos y quebradizos; a decir verdad. Sólo lloré el día que mi padre falleció, desde ahí no he vuelto a llorar, y aunque mi madre me dice que lo haga, dado que eso ayuda a aliviar el dolor, no lo he hecho.
Abro el grifo y de inmediato siento como todos y cada uno de mis músculos se relajan. Al terminar de ducharme, envuelvo mi cuerpo en una toalla y salgo de allí. Me coloco ropa cómoda para después tumbarme en la cama, cómo pueden cambiar las cosas tan repentinamente, hace unas semanas era la chica más feliz del mundo, por decirlo así..., tenía a mi padre con vida, también a Liam a mi lado y ahora no está. Mi mejor amiga: April, estaba viva.
Veo que entra mi madre con una charola en las manos, la coloca al lado de la cama. La realidad es que no me apetece comer, pero por ella lo voy a hacer, sé que le duele verme en este estado de depresión, me siento en la cama y llevo unos cuantos bocados a la boca; cuando creo que es suficiente le entrego la charola para acostarme nuevamente. Ella se despide de mí, y se va. Miro la hora que yace en la pared. Son las 9 de la noche, suspiro cerrrando los ojos.
—No me dejes por favor, Liam, yo te amo. —Él intenta soltarse de mi agarre pero yo no se lo permito.
—Adiós Hanna. —Me enredo con mis pies y caigo al piso, sollozo al ver que Liam se aleja, la pelirroja lo espera y lo besa mientras que ella se burla de mí.
Lloro y lloro al ver que Liam se va con ella, después recibo una llamada.
—Diga. —Mi voz salió ronca de tanto gritar.
—Hola Hanna, soy Damián, espero que te guste mi sorpresa, lástima que Sophia no iba en el auto con Robert.
—¡No! —Abro los ojos abruptamente y me incorporo, sintiendo mi corazón latir frenético. Mi respiración se encuentra agitada, estoy toda empapada de sudor.
Me levanto de la cama y enciendo la luz. No puedo más, esto es mucho para mí. Paso las manos por mi cabello repetidas veces hasta el punto de jalar de el.
Siento rabia, rencor, odio, tristeza; son muchos sentimientos y emociones. Comienzo a romper las cosas. Estampo la lámpara contra la pared, tiro el ordenador al piso, todo lo que tenía en mi escritorio, lo que se encontraba en la mesita de noche; no puedo seguir así, siento las lágrimas caer por mis mejillas y entonces rompo en llanto.
No puedo más. Lloro y lloro por ser tan ingenua. Lloro por la muerte de mi padre, odio mi vida, odio lo que me está pasando. ¿Por qué a mí? Por qué no me mataron a mí, en vez de mi padre, quizás así me hubiese ahorrado todo este sufrimiento.
—¡Te odio Liam Fisherman! —Grito mientras me dejo caer al piso. —Te odio por todo el daño que me hiciste. —Digo una y otra vez.
Lloro de la rabia, la desesperación de querer que todo sea como antes; quiero a mi padre de vuelta, a mis amigos, quiero mi vida. Pero sé que nada volverá a ser igual. Siento un horrible dolor en mi pecho de tan sólo pensar en ello. Quiero odiar a Liam, no quiero sentir nada por él.
Me odio por amar a Liam, por amar a ese vampiro que me hizo tanto daño, ¿por qué? Por qué tenía que tratarme así de esa manera, como si yo le importara nada. Sigo rompiendo las cosas de mi habitación porque de alguna u otra forma siento que esto me ayuda, puesto que el dolor que llevo dentro ha disminuido, me he desahogado sólo un poco. Tiro de mi cabello, quiero poder olvidar todo, dejar de sentir, así nadie más podrá dañarme.
Sé que estaba dispuesta a perdonar a Liam si el regresaba pidiéndome perdón, pero no, se acabó tanta estupidez, si algún día lo veo, le haré pagar todo el daño que me hizo.
Siento como unos brazos me rodean, mi madre me abraza llorando. Me duele verla así porque sé que ella también sufre por todo lo que pasó, la abrazo con fuerza, hace mucho que necesitaba de sus cálidos abrazos. No sé qué habría pasado conmigo, si Sophia también hubiera muerto con mi padre, yo creo que habría enloquecido por tanto dolor.
—Ya pasó. —Murmura en mi oído.
—Por qué tenían que matar a mi padre, por qué Liam tenía que dejarme como si yo fuera una basura y no valiera nada. —Sollozo. —Lo odio, lo odio. —Lloro y lloro a causa del dolor que siento.
—Vamos cariño, sigue desahogándote, eso te servirá de mucho. —Dice mi madre acariciando mi cabello.
Después de no sé cuántos insultos dejo de llorar, ahora estoy abrazada con mi madre, me siento libre de esa presión que yacía en mi pecho. Decido ponerme de pie, y Sophia me imita, miro que son las 3 de la mañana en el reloj de se encuentra en la pared. No sé cómo no lo dañé al igual que las demás cosas en mi habitación.
—¿Te sientes mejor? —Sophia toma mis manos y me da un leve apretón.
—Sí, gracias por todo, mamá. —la abrazo dejando mi cabeza en su hombro. —Ve a descansar, yo..., estaré bien. —Deshago el abrazo y le dedico una sonrisa.
Me acuesto nuevamente en la cama, siento que el dolor en mi pecho ha disminuido, quizás y eso era lo que necesitaba desahogarme, me siento aliviada, tranquila. Tras varios minutos, el sueño se apodera de mí.
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Ya han pasado dos semanas desde que tuve esa pesadilla, admito que después no he vuelto a soñar más con lo mismo, a decir verdad..., me ayudó el haberme desahogado esa noche, ya que el dolor en mi pecho ha disminuido. Nuevamente estoy comiendo.
Paso tiempo con mi madre hablando de temas sin sentidos, para distraerme un poco. Aria lloró el día en que me vio de mejor semblante y me abrazó, estaba feliz porque ya estaba de vuelta. A mí también me hace feliz volver a disfrutar de su compañía, esta noche quedó en venir a dormir aquí, porque le dije que me iba a ser un nuevo look; y dijo que teníamos que hablar de ello, se comprometió a acompañarme mañana al centro comercial. Quiero dejar todo mi pasado atrás y eso incluye en mi aspecto físico.
Aún no he vuelto a la escuela, tengo pensado hacerlo después de mi cambio. Algo que agradezco y es que Liam renunció, ahora hay un nuevo profesor.
El timbre me saca de mis pensamientos, me dirijo a la puerta y cuando la abro. Logro ver a Aria.
—¡Hola amiga! —Chilla abrazándome.
—Hola Aria, ven pasa. —Deshago el abrazo y me hago a un lado para que entre. —¡Mamá, estaré en mi habitación con Aria! —Exclamo mientras subo las escaleras con mi amiga detrás.
—¡Bueno, les llevaré unas galletas y jugo! —Exclama desde la cocina.
Nos adentramos a la habitación y nos tumbamos en la cama, Aria se acuesta mirando hacia el techo.
Ella me cuenta sobre James, Lucas, Petter y Nicholas, me dice que hago falta en la escuela, que ellos me extrañan; mis amigos vinieron a verme varias veces, pero siempre le decía a mi madre que quería estar sola y que no los dejara pasar.
Siento que fui injusta con ellos, debido a que lo hacían era porque estaban preocupados por mí. Pero..., después de lo que pasó, siento odio hacia los vampiros y no quiero saber nada de ellos, no quiero saber nada de los Sullivan. Sé que es algo injusto; pero no puedo evitarlo. Los odio.
—¿De qué color te quieres pintar el cabello? —Inquiere, se coloca boca abajo, apoya los codos sobre el colchón, y entrelaza los dedos, luego recarga su barbilla sobre ellos.
—De n***o, también me voy a colocar un piercing en mi labio inferior. —Ella abre los ojos como platos.
—¿De verdad? —pregunta asombrada.
—Sí. —Suspiro y me siento en la cama.
—Hola Aria. —Saluda Sophia, mi amiga se limita a contestarle y sonreír. Coloca la charola a mi lado. —Aquí les traje éstas galletas. —Toma una y se la lleva a la boca.
Tras dos horas hablando, escucho voces provenientes de la planta baja, frunzo el ceño, Aria me mira confusa. Me encojo de hombros y salgo de mi habitación; al bajar las escaleras veo un hombre cabello castaño, de cuerpo esculpido, alto, tez bronceada, tiene puesto un jeans ajustado, una camisa, una chaqueta negra y unas botas del mismo color.
De repente se gira hacia mí, miro sus ojos de color miel, él me sonríe. Mi madre se encuentra de pie al lado de él.
—Es mejor que te vayas. —Dice ella con voz firme.
—No lo haré, he venido a hablar con Hanna y no me iré sin hacerlo. —Dice decidido.
¿Quién es este hombre y de qué tiene que hablar conmigo?, ¿por qué mi madre le dice que se vaya?, ¿ella lo conoce? O, ¿de dónde salió? Ya que nunca lo había visto.