POV : JESSICA.
Todas mis esperanzas se habían reducido a cero, me habían dejado plantada en el altar, quería olvidar el dolor y deshacerme de el, pero no podía.
Ya había penetrado en mi sangre como un veneno...
Un veneno que iba directo a mi corazón.
Ivee me vio sortear entre la parnafernalia de la boda cuando entramos a casa. mientras buscaba en la cocina una botella brandy en la cocina.
Ella había accedido llamar a todos los invitados para ofrecer una disculpa por la cancelación de la boda y también para devolver los obsequios.
— No recuerdo dónde la dejé.
— Dije frustrada.
— Deja que te ayude a buscar.
— Dice mi hermana Abril.
Pero justo en ese instante la conseguí y con desesperación la abrí, para servirme un trago.
Ivee ya se había puesto en marcha con su tablet, yo me senté a su lado estaba demasiado débil para mantenerme de pie.
Me había convertido en una figura fantasmal que había sido atrapada en alguna parte entre la vida y la muerte.
— ¿Que quieres que le diga a todos?
— Pregunta Ivee.
— No lo sé, diles que Adam, murió.
— ¡Por Dios, Jess! Se razonable.
— Abril me reprende.
Pero estaba enojada y muy avergonzada, aunque salí sin que nadie me viera, casi podía ver el shock en los ojos de los invitados cuando papá les diera la noticia.
Incluso imaginaba las voces de todos mientras las preguntas surgían.
¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?
El mundo se volvía borroso cuando las lágrimas llenaban mis ojos y yo bebía otro trago más.
— Jessi, lo siento tanto.
— Ivee colocó su mano sobre la mía. Luego, Abril nos abrazó a las dos.
— Todo lo que quería encontrar era un amor verdadero como el de mamá y papá.
Pensé que lo había encontrado con Adam.
¿Cómo pude estar tan equivocada?
— Solloce.
— No lo sé cariño.
— Ivee cogió un pañuelo y me lo entrego.
La pantalla de la tablet se encendió y un correo de EventosAllen apareció a la vista.
Abril se separó de nosotras para terminar la tarea de Ivee.
Pero a medida que iba leyendo la expresión de su rostro cambiaba, primero fue de la tristeza al asombro y por último se veía muy enojada.
— ¡No me jodas JESSICA!
¿Cómo que un crucero internacional por el Caribe?
— Le quite la tablet de Ivee para chequear el correo.
Efectivamente la agencia se comunicó a mi correo de trabajo, informándome que aunque no hubo boda ellos no regresarían el dinero.
Ya que la salida estaba pautada para el día de mañana.
— Me levanté del Sofá y comencé a caminar en círculos.
Con todo lo que había sucedido olvidé lo del crucero, así que ahora me siento mucho peor que antes.
Quedé sin marido y sin departamento.
¿En que demonios estaba pensando?
En medio de las lágrimas comencé a contarle a mis hermanas, la estupidez que había hecho, Ivee cómo siempre fue comprensiva, pero Abril era explosiva ella no iba a dejar esto así como así.
Abril siempre lo tiene todo bajo control, su esposo, su trabajo, sus amigos cada centímetro de ella te dice que es abogada.
Es por ese motivo que me siento como la persona más idiota de este mundo.
— ¡Es que como pudiste Jessica!
¿Acaso estás pendeja?
— Me reclamo elevando su tono de voz con cada palabra que salía de sus labios.
— Si quieres mi opinión...
— No, no quiero tu opinión Abril.
— La interrumpí antes de que pudiera seguir con su discurso.
—Que-dijiste.
— La confusión en su rostro y el de Ivee se hizo notar.
— He lidiado toda mi vida con tu desaprobación hacía mis decisiones y te voy a decir algo que debí decirme a mí misma hace mucho.
— ¡A veces importo yo!
Ok.
— Exclamé.
— No todo el tiempo, pero de vez en cuándo, si.
Así como ahora.
No todos somos perfectos como tú, ni desconfiamos de todas las personas que nos rodean como lo haces tú.
Yo sé que cometí un error, que en este momento soy la mujer más imbécil del planeta.
Pero créeme que durante la última hora me lo he recalcado tantas veces que no necesito que vengan ustedes a hacerlo también...
— Hice una pausa para tomar aire, luego hice un gesto de frustración.
— Lo único que necesito ahora es que hagas tu trabajo de hermana mayor, abras otra botella y la bebas conmigo hasta que a mí se me olvide lo que Adam me hizo.
— Parecía asombrada y confusa pero después de unos segundos pudo recomponerse y extendió su brazo hacia Ivee.
— Por favor, alcanzarme la maldita botella. ¡Pero YA!
— Una vez que la tuvo tomó directo de la botella, luego me la tendió.
— Olvídate del crucero, Jess.
Ya encontraremos una solución.
— Ivee se acerca de nuevo para reconfortarme pero niego con mi cabeza.
— No voy a olvidarme del jodido crucero, los ahorros de mi vida están ahí.
Al menos voy a disfrutarlo...
— Pienso lo mismo que tú.
— Opina Abril y me miró como si una idea hubiese llegado a su cabeza.
— No irás sola, nosotras estaremos contigo.
[...]
Al día siguiente...
Había pasado la peor noche, el sueño me evadió por completo, estaba atrapada en el más áspero silencio y en la agonía de mis pensamientos.
Las imágenes de Adam se continuaban mostrando en mi mente, sus palabras eran como una grabación que no podía apagar.
Y cuando al final pude dormir, ellas infestaron mis sueños.
— ¡Listo!
Ya estamos aqui..
— Abril subió sus lentes de sol para admirar mejor el lugar.
Apenas puse un pie abordo en el buque blanco e inmaculado, me sentí fuera de lugar incluso tuve ganas de regresar y pedirle a alguien que me llevara a casa, pero no tenía casa ni tampoco había alguien esperando por mí.
Respiré profundo y continúe admirando la belleza mientras atravesaba la muchedumbre en el protocolo de embarque.
Quería llegar rápido a nuestro camarote para cambiar mis zapatos que me molestaban.
Seguimos las indicaciones hasta que llegamos a la cubierta y fuimos recibidas por un tripulante.
— ¿Disculpe, usted es la señora Murphy?
— Pregunta el chico con desconcierto.
— Casi lo fuí.
— Le respondo con enojo pues el simple hecho de escuchar el apellido de Adam me da retorcijon de estómago.
— Lo siento señora, estoy confundido.
¿Dónde se encuentra el Sr. Murphy?
— El señor Murphy falleció.
— Le respondí pasando por su lado ignorando de momento, entonces fue Abril la que se encargó de continuar la charla.
— Lo siento, querido.
— Le entrega unos billetes.
— Fue una ruptura.
— El chico hace un gesto de sorpresa y siento que me ve con lástima.
— ¡Ella lo dejó, el tipo es un idiota!.
— Ivee acapara su atención.
— Así que no hay nada que preguntar o ver.
Saquemos el nombre del señor Murphy de nuestra conversación y de nuestra estancia durante estos siete días.
¿De acuerdo?
— El chico comprende y asiente con su cabeza.
Después solo se dedica a mostrarnos el camino.
— Bienvenidas a la LOFT SUITE.
Cada elegante camarote que ofrece el ROYAL CARIBBEAN LINE. cuenta con servicios adicionales refinados. La habitación posee una esplendorosa vista al mar, la terraza es con piso de teca dónde puede disfrutar de una cena al aire libre o tomar el sol en privado.
— Comenzó a detallar en cuanto nos dió acceso al elegante camarote.
— Roomservice las 24 horas, servicio de limpieza a diario, espacio de almacenamiento con caja de seguridad para sus objetos valiosos.
También contara con la atención de un mayordomo dedicado, su paquete de recién casados le da acceso a los restaurantes, bares, piscinas, discotecas, casino, gimnasio, biblioteca el teatro entre otros.
— Cinco minutos después de instalarnos el chico dejó una tarjeta con su número en caso de necesitar algo más.
Iba a entrar a la habitación nupcial pero las chicas se opusieron rotundamente.
— Será mejor que entremos primero nosotras.
No sabemos lo que hay detrás de esta puerta.
— Rodé mis ojos hasta ponerlos en blancos.
Sabía muy bien lo que había detrás.
— Puedo hacerlo chicas.
— Abrí las puertas y tal cómo yo pensaba la habitación se encontraba decorada para recibir a una pareja de recién casados.
Yo misma lo había pedido específicamente.
Di un largo suspiro y comencé a quitar los globos y pétalos de rosas que se encontraban esparcidos por la cama.
Tomé una rosas sueltas y las coloque en un jarrón con agua.
Luego me acosté lentamente en la cama con la vista pegado en el techo.
— ¿Jess quieres que baje las persianas cariño? Podría ordenarte algo de comer, Imagino que quieres dormir un poco.
— Automáticamente me senté para contestarle.
— Imaginas mal, Abril.
No vine aquí para acostarme a dormir y llorar por un imbécil.
Vine aquí para olvidar mi triste realidad durante siete días.
Ya después tendré tiempo de llorar, de arrepentirme y también de juntar los pedazos de mi vida.
— Ambas guardaron silencio por un largo rato solo se miraban entre si.
Hasta que Ivee exclamó.
— El itinerario es muy variado en uno de los salones habrá bandas en vivo y también una sección de Karaoke.
— ¡Bien, entonces podemos ir y divertirnos!
— Dijo Abril.
— ¿Quieres hacerlo cariño?
— Sí, si me gustaría.
En las próximas horas tomamos un poco de sol, probamos la comida maravillosa, fuimos al spa, al gimnasio y por último hicimos un tour por la cubierta. Nos divertimos como no lo habíamos hecho en mucho tiempo y en todo ese tiempo no pensé ni un momento en Adam.
Pero en cuanto cayó la noche y estuve sola, los recuerdos del día anterior vagaron por mi mente.
— ¿Jessi? ¿Estás bien?
— Si porsupuesto.
— Le dije mientras retocaba mi maquillaje.
— ¿Estás lista para irnos?
— Ya casi, pero pueden seguir ustedes y yo las alcanzó allá.
— Le propuse y ella aceptó.
— Pero no te tardes mucho.
Estaremos en la galería sección AB731
— Allí estaré.
— Prometí mientras veía hacía otro lado.
La verdad es que era conciente del esfuerzo que hacían mis hermanas por hacerme sentir mejor.
Pero ver la lastima plasmada en sus ojos, me ponía enferma.
Creo que antes de ir a la galería podría visitar uno de esos Bares o el casino.
«Conocer personas nuevas podría ayudarme.»
[...]
Creo que el escote de mi vestido era extremadamente generoso, desde que llegué sentía varios ojos puestos en mí, no pensé que fuera tan discretos en esta discoteca, hubiese elegido mejor el casino.
Me acerqué a la barra para pedir otro trago al bartender, no sé cuántas horas habían pasado desde que ingresé pero definitivamente este lugar era impredecible y la noche realmente llevaba la palma, había gente bailando en el centro de la pista dejándose llevar por las luces y ese toque sensual que se impregnaba en el aire. A pesar de que se habían acercado a mi unos cuántos hombres ninguno de ellos llamaba mi atención solo queria bailar y distraerme.
El tiempo sigue corriendo y yo seguía pidiendo tragos hasta que un hombre de cabello gris se acercó de forma sugerente.
— ¿Le importa si tomo un respiro con usted?
— En absoluto.
— Le sonreí.
— ¿Viniste sola, dulce pastelillo?
— Preguntó.
— Lo estoy.
— Repuse arrastrando las palabras, el alcohol había hecho efecto.
— ¿Dónde está su pareja?.
— Indague.
— No tengo pareja pastelillo.
— Se humedecio los labios.
— Esta noche el destino nos ha unido.
Que suerte tenemos ¿Eh?
— Perdone ¿Que?
— Digo que fue el destino.
tú sola, yo solo.
— Mi cerebro no podía procesar bien.
— Te he visto en la pista de baile
La forma en que mueves esas caderas....
Creo que me gustaría admirarte más de cerca.
— Di un paso hacia atrás
«Corre, corre ahora mismo y lárgate de aquí Jessica»
Me gire y comencé a mirar hacía otro lado esperando que entendiera el mensaje pero sentí una mano en mi hombro desnudo.
— Entonces... ¿Dime por que estás sola?
— Oh, espere.
¿Entendió que había venido sola?
Seguramente escucho mal.
— No entendí mal, preciosa.
Se que vienes por un poco de sexo al igual que yo...
— Se relamio los labios y su expresión solo causo asco en mí.
Mire buscando ayuda pero todos estaban inmersos en su propio mundo.
Entonces lo ví.
Un hombre alto y moreno de gran porte, venía con sus ojos puestos en la pantalla de su móvil.
— Oh, ahí estás...
— Dije en voz alta, de nuevo las palabras casi se atascaron en mi garganta.
— Te tardaste muchísimo.
Lo abrace acercando su cabeza a la mía y lo bese, dejé escapar un gemido cuando comenzó a besarme devuelta.
Luego enroscó su lengua con la mía y me mordió el labio inferior antes de alejarse lentamente.
Al recuperar mi aliento de nuevo me aleje con lentitud, abrí mis ojos justos cuándo sus llamativos ojos azules se posaron en los míos.
Me di cuenta de que era más sexy que cualquier otro hombre que hubiera conocido en mi vida.
«Es que podría mirarlo durante horas»
— Agg está bien, ya entendí.
— Escuché al otro hombre pero yo no apartaba la mirada del desconocido.
— Así es como saludas a los desconocidos.
— Sonrió, su voz era grave pero podía notar que se encontraba un tanto ebrio al igual que yo.
— Hmmm.
— No pude decir nada más, mi mente ya no coordinaba las palabras que salían de mi boca.
— ¡Carajo! ¿Eres enorme, como santa Claus?
Sus ojos brillaron bajo las luces con picardía, tenía hoyuelos en ambas mejillas, y su traje azul de corte perfecto dejaba ver qué habían músculos tonificados debajo de todo eso.
— Sí.
Y si te portas bien puede que este santa te de un regalo.