CAPITULO 02

2762 Words
POV : JOHN. Solo habían tres cosas que odiaba más que al cruel circo que tenía por vida: El olor a productos de limpiezas, los sujetadores de corbatas y que la gente no respetara los carteles de «NO MOLESTAR» que se colgaban en las puertas de las habitaciones en los hoteles. Está mañana me habían golpeado la puerta, dos veces en los momentos menos oportunos. La primera vez: fue cuando intentaba follar. Si, justo cuando estaba por introducirle mi polla desde atrás a una mujer que había invitado a mi habitación. La segunda vez: fue mientras estaba en llamada con mi asesor financiero. Y, ahora, en el intervalo de dos horas, nuevamente estaban repicando una serie de golpes contra la puerta de madera. ¿Que diablos le pasa a las personas hoy? — ¡Señor Reed! — Está vez se trataba de una voz femenina distinta. — ¿Se encuentra ahí, señor Reed? — No respondí. Por el contrario seguí bajo los chorros de agua caliente en la ducha. Debía salir de esta situación pero mi humor no era el mejor que se diga. — ¡Señor Reed! Soy la Dra. Rundle. — La aguda voz regreso cinco minutos después. ¿La Dra quién? ¿Ese nombre de verdad existe? — Ya confirmé en recepción que se encuentra ahí adentro, así que responda o tendré que pensar que algo va mal y llamaré a la policía. — Joder...! ¡Ya me tienen harto!. — Cerré el grifo y salí inmediatamente de la ducha, sin molestarme en tomar una toalla. Atravesé el dormitorio de la suite y abrí la puerta para encontrarme cara a cara con una rubia de larga cabellera. — ¿Que carajos es lo que quiere? — Pregunté y ella frunció su entrecejo. — Atrevido cómo se le ocurre hablarme... — De repente se quedó sin habla y abrió sus ojos con exageración. — Por Dios... Su pene... Hmmm... — Sus mejillas enrojecieron y su voz aguda paso a convertirse más en un susurro. — ¡Usted está completamente desnudo!. — Guao, no me había fijado en eso. — Repuse con firmeza. — ¿Ahora dígame qué es lo que quiere? Dí instrucciones de que no quería que me molestaran. — Su mirada no se apartaba de mi polla hasta que de nuevo se concentró. — Vengo por un asunto muy serio, señor Reed. — ¡Ja! Seré capaz de tomarla en serio cuando levante la vista y me mire el rostro. — Se sonrojó de nuevo y con nerviosismo finalmente me miró. — Su madre me advirtió sobre que algo así podría pasar. — Se aclaró la garganta y luego reacomodó sus gafas de lectura. — Soy la médico de cabecera de su madre «Aurora Reed» y ella me ha enviado hasta acá por usted. Está realmente enferma, ella desea verlo, así que esto califica como una emergencia mayor señor. — Bajé la guardia al escuchar el nombre de mi madre. — ¿Que tan delicado es su estado de salud? — Indagué con preocupación. — Muy delicado. Estaré esperando por usted en el lobby, señor Reed. Baje cuánto antes por favor. — Son las siete y treinta, estaré allí en quince minutos. — Cerré la puerta sin que pudiera añadir nada más. Sí, ya sé que soy un desgraciado. Soy el hombre más políticamente incorrecto y mujeriego en el planeta, pero no me culpen a mí, sino a mi santa madre «Aurora Sweetie» La mejor bailarina de burlesque de toda la historia. Ella me convirtió en el hombre que todos siguen, admiran y desean, el hombre que no se deja intimidar por nadie y que siempre está dispuesto a una nueva conquista. La razón; es porque nací y crecí en un casino en el medio del mar, mi madre era... Para ser honesto, una especie de dama de compañía que adoraba el libertinaje y las malas costumbres. Mientras otros chicos llevaban una vida normal, iban a la escuela y paseaban en bicicleta. Yo estaba en el casino, viendo a las chicas bailar, jugando poker y fumando habanos de chicle. Digamos que era como la pequeña mascota de todas las damas en ese lugar, todas amaban el color de mi piel y también amaban el verde de mis ojos. Y así fue como comencé en este camino de tener muchas mujeres en mi vida pero solo un único y gran amor. «Mi madre» Debo decir, que no había nada normal en la forma en que me crié, pero tampoco fue una vida para nada aburrida, solo que con el tiempo mamá percibió que necesitaba una figura masculina en mi vida y como yo no tenía un padre, ella se aseguró de conseguir uno muy influyente para mí. «Amos Reed» El dueño de la flota de cruceros más prestigiosa a nivel nacional e internacional que se ha visto y quién se casó con mi madre unos años más tarde, adoptándome legalmente como su hijo y único heredero de ese gran imperio. Él me enseñó todo lo que hay que saber sobre este negocio y también sobre las chicas, se podría decir que se convirtió en el padre que siempre anhelé. Infortunadamente hace dos años que falleció de cáncer por causa del tabaco, dejando una gran responsabilidad sobre mis hombros para la cuál aún no estaba preparado. [...] Inmediatamente supe la noticia de la gravedad en la enfermedad de mi madre, volé hasta su lado, sin importar todos los asuntos que dejaba pendiente. — John, querido. — Extendió su mano hacia mí. — Ya estoy aquí madre. — Que bueno que llegaste, antes de partir, quiero pedirte algo muy importante. — Sus palabras eran suaves y muy débiles. — Mamá, no hables así, por favor. Estoy aquí contigo, te queda mucho por vivir. Dime... ¿Necesitas algo? — Cariño mio, lo único que deseo es verte feliz y realizado. Le he pedido a la Dra. Rundle que te traiga. Porqué no quisiera irme de este mundo sin que encuentres a una buena esposa y formes una familia. — Sus palabras fueron un balde de agua fría. Casarme y formar una familia no estaba en mis planes aún. Ese era el deseo del mundo entero, pero no el mío. Incluso huía de esto, toda mi vida había estudiado para ser un soltero profesional. ¿Cómo era posible que mi madre me hiciera esto? — Mamá. — Apreté su mano. — Sabes que no pienso tanto en el amor. Además, ¿qué tiene de especial conseguir una esposa y crear una familia tradicional? — No se trata solo de tener una familia tradicional, hijo. Se trata de encontrar a alguien con quien puedas compartir tu vida, tus sueños y formar un equipo. Alguien que te apoye en los momentos buenos y malos, que sea tu compañera fiel. No sabes cuánto me duele no poder conocer a mis nietos. — Sus palabras nuevamente crearon un vacío en mi estómago. — Pero no necesito a alguien para ser feliz. Puedo ser feliz solo y enfocarme en mi trabajo y también cuidar de tí. — No estaré aquí por siempre, John. Quiero que pienses en el amor, en esa conexión especial que solo puede brindarte una relación de pareja. No dejes que el temor al compromiso o a enfrentarte a tus propios miedos te impidan experimentar la belleza de compartir tu vida con alguien. —Sus ojos cansados se posaron en mí aunque no estaba de acuerdo con esto, sabía que podría ser la última voluntad de mi madre. — Está bien, mamá, te prometo que lo pensaré. Pero no quiero apresurarme en encontrar una esposa solo por complacerte. Quiero encontrar a alguien con quien realmente conecte. — Eso es lo que quiero, querido. No te pido que te apresures, solo te pido que mantengas abierto tu corazón y que no descartes la posibilidad de encontrar a alguien especial. No tengas miedo de enamorarte y de entregarte a una relación sana y amorosa. — Ella sonrió con ternura y me miró con un amor inmenso. Durante los próximos minutos que la abrace fuerte, entendí que jamás podría negarme a esta petición. Mis últimos días de juerga, fiesta y diversión habían llegado. Era momento de sentar cabeza. "Pero de ser así entonces lo disfrutaría en grande". [...] UN DÍA DESPUÉS... Miré por la panorámica del helicóptero privado el domingo por la noche, esperando que esta noche terminara mejor que la anterior. Todavía las palabras de mi madre resonaban en mis oídos, necesitaría más que unos tragos para silenciarlas. — Aterrizaremos en el ROYAL CARIBBEAN, he pedido que preparen el helipuerto. — Así es Morgan. — Pues ya hemos llegado. — Acercó el Helicóptero a la pista de forma segura hasta que aterrizó. — ¿A qué hora quiere que regrese? — Te lo haré saber luego. — Dije alejándome del lugar. Morgan era mi hombre de confianza, estaba acostumbrado a mis escapadas fiesteras, así que por eso me siento en confianza para ciertos temas. — ¿Morgan? ¿Eres casado verdad? — Me atreví a preguntar. — Así es señor, tengo doce años de casado. — Bien, y como es la vida de casado. — Digo y Capté la sorpresa en su rostro ante mi pregunta. — Creo que es mejor que no le de una respuesta verdadera a eso, Señor. — Se rie nervioso. «Acabas de hacerlo» — Gracias, Morgan. — Terminé de irme, quería pasar directo al casino pero terminé yendo a la entrada de una de las discoteca. — No le esperábamos está noche, señor Reed. — El guardia de seguridad retiró la cinta de terciopelo. — ¿Quiere que le avisé a la encargada? — No, no será necesario, no pienso quedarme mucho tiempo. Entré y me acerqué a un extremo de la barra, estuve alrededor de una hora pidiendo tragos y compartiendo con algunas chicas, pero aún no me decidía por invitar alguna de ellas a mi camarote especial. Ya casi cuando me iba me encontré cara a cara con la encargada. — ¿Señor Reed? — Se sonrojo un poco al notar mi presencia. —Habría preparado su reservado, si nos hubiera avisado que vendría. — Se disculpa un tanto apenada. — Nunca ofrecemos un reservado los días domingo pero para usted no existen limitaciones, voy a encargarme de eso personalmente. Iba a decirle que no se preocupara, que ya me marchaba a mi camarote pero mire hacía el fondo y vi una mujer muy sexy con un vestido brillante color n***o. Una que estaba haciendo que todos los hombres alrededor desviaran la mirada para admirarla. Era sin lugar a dudas la chica más impresionante que había visto en la vida. Observaba la pista con sus ojos castaños; llevaba el cabello recogido en una coleta y se mordía el labio inferior al disfrutar de una canción, le hizo seña al bartender para pedir un trago. Mientras más tiempo permanecía ella agitando la mano, mas observaba yo la forma en que su vestido se pegaba en su cuerpo; como sus labios con ese color lanzallamas hacían contraste con las luces del lugar. Aunque también podía observar que un hombre maduro la estaba incomodando. Será mejor acercarme hasta ella. — Puedo conseguirle lo que desee señor, hasta la compañía de una mujer, solo tiene que pedirlo. — Dijo la gerente. — No, de eso puedo encargarme yo mismo. Gracias. — Finalice aquella charla incomoda y rápidamente caminé hasta la castaña, trate de disimular un poco bajando la vista hacia mi móvil. Sorprendentemente la chica corrió hacia mis brazos y besarme sin previo aviso. ¡Diablos Mujer! Es mas que obvio que respondería ante aquel beso, después de separarnos dice algunas incoherencias pero se me hace gracia y le sigo el juego. — ¿Supongo que querías que ese hombre te dejara en paz? — Solté sin dejar de mirarla. — N-no era mi tipo. — Pobre desgraciado... — Me quedo mirando sus labios y ella se sonroja. — ¿Y cuál es tu tipo, preciosa? — Pregunté y ella vacilo un poco en responder. — El habitual. — ¿El habitual? — Le sonreí pues no sabía lo que eso significaba. — Si, exacto. Hago esto con mucha frecuencia ¿Sabes? solo voy directo al punto. Especialmente cuando es... Alguien con el que.... Quiero... Follar.... — Me sorprendió su respuesta. — Vaya, tu si que sabes lo que quieres. Entonces, es aquí cuando me dices que me marche contigo. — Digo, ella me da su copa y me observa de pie a cabeza. — Si, pero antes tengo unas condiciones para ti. — Muy bien, tú dime. — Uno: No te daré mi número de teléfono, ni mi nombre real. Así que puedes llamarme Ashley. — No recuerdo habértelo pedido, pero a mi puedes llamarme: Mr Big. — ¿Por que, Mr Big? — Pregunta divertida. — Ya lo sabrás... — Ok. Dos: Debemos ir a tu camarote, yo no puedo llevarte al mío. Y tres... Tendrás que dejar que me apoye en ti, porque apenas de un paso con estos zapatos, se que voy a caerme. — Negué con mi cabeza, mientras veía como se quitaba el calzado. «Esta mujer no es nada normal» — Excelente... Hay que largarnos de aquí. — Me incliné y tomé sus zapatos, ella pensó que se los iba a entregar, en cambio metí una mano por debajo de sus muslos y la levanté para cargarla sobre mis hombros. — Wow ¿¿Que haces?? — Ella dió un gritito por la sorpresa, luego sentí un mordisco en mi espalda. — Ah...! Espera, a que santa te lleve a la habitación. Una vez fuera de la discoteca la llevé a mi suite privada, logré abrir la cerradura en un tiempo récord y en el momento que la coloque en el suelo, se empujó sobre mí y lo retomamos justo donde lo dejamos hace unos minutos... Levante su pierna hasta mi cintura y continúe controlando su boca con la mía, sin perder un solo segundo. — ¿Dónde quieres que te folle? — Susurré contra sus labios. — En aquél sofá. — Señaló con la respiración agitada. Abrí la cremallera de su vestido y este cayó hasta el piso, se veía hermosa. No podía parar de besarla, sus labios me dejaron completamente indefenso. Comencé a bajar por su cuello y succioné uno de sus pezones, ella reprimió un gemido. — ¿Estás segura que has hecho esto antes? — Confirmé de nuevo antes de llevarla al sofá. — Por supuesto... — Se enredo un poco al hablar. — L-lo hago todo el tiempo. — Perfecto... Necesito hacer algo antes de comenzar a follarte. — ¿Cómo que algo? — Indagó recostandose en los cojines. — Algo cómo comerme tu coño hasta que te corras en mi boca. — Me arrodillé separando sus piernas para enterrar mi cabeza en el medio y chupar su coño hasta hacerla gritar de placer. — Sabes delicioso... — ¿En serio? — Murmuró. — ¿Verdad que soy bonita? ¡Hip! — Creo que eres preciosa. — Coloqué su pierna en mi hombro y su coño comenzó a latir en mis manos en cuanto introduje dos de mis dedos. — ¡Ay, por Dios! ¡Mr Big! — Se aferró a mi cabello mientras me tomé todo mi tiempo para devorarla. Entonces supe que esta chica era diferente a todas las demás y la iba a dejar hacer conmigo lo que quisiera por el resto de la noche... * * * * * * * * * Al día siguiente me despierto solo en mí habitación, extendí mi brazo para buscar a la castaña pero solo encuentro las sábanas frías. Me incorporo medio adormilado y echo un vistazo a la oscura habitación. No está aquí. Frunzo el ceño, y entonces recuerdo que ni siquiera se su nombre. Revisé la pantalla de mi móvil y me encuentro con un mensaje de la Dra Rundle, que me rompe el corazón en mil pedazos. «Mi madre ha fallecido» Inmediatamente salí de la cama, para realizar las llamadas correspondientes y le pedí a Morgan que preparara el Helicóptero para mí salida. Subí al helipuerto que está en la cubierta superior, lamentando no poder ubicar de nuevo a la castaña. Nuestro encuentro de la noche anterior solo quedaría como un bonito y ardiente recuerdo. Ahora tenía otras prioridades y una promesa que cumplir. "Te prometo que buscaré la felicidad que tanto deseas para mí, mamá. Si encuentro a alguien especial, formaré una familia maravillosa, como siempre lo soñaste"
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